Escrito por Karl Marx y Friedrich Engels en Londres el 20 de julio de 1855 y publicado en la Neue Oder-Zeitung (Breslau), núm. 337, del 23 de julio de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 373-375), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW; la fecha añadida lo distingue de la correspondencia del mismo título de principios de 1855. La parte militar coincide en buena medida con el editorial de Engels para el New-York Daily Tribune «Las perspectivas de la guerra». Se corrige una errata de la edición digital de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Londres, 20 de julio. El debate sobre la moción de Roebuck1 no ha terminado en absoluto como el ministerio se había figurado. Todavía ayer por la mañana profetizaba en sus órganos semioficiales que la moción de Roebuck sería rechazada por 5 votos contra 1. Anoche se consideraba feliz de haber sacado adelante, por 289 votos contra 182, la previous question, es decir, la negativa de la Cámara a decidir siquiera sobre la moción. La misma Cámara que obligó a dimitir a Aberdeen porque negaba una comisión de investigación salva a Palmerston negándose a llegar a una conclusión sobre el dictamen de su propia comisión. La prórroga del Parlamento prorroga el gabinete de Palmerston hasta la nueva legislatura. Entonces habrá vencido su plazo de vida. Sobre la sesión misma volveremos.

En este momento se ha producido una pausa en las operaciones de guerra en Crimea. No más intentos de asalto, los cañones casi han enmudecido, y si no se cruzara constantemente fuego de fusilería entre las dos líneas de atrincheramientos, si los aliados no adelantaran su posición hacia la colina de Malájov con minas y zapas, si los rusos no hicieran salidas ocasionales, podrían creerse suspendidas todas las hostilidades.

Es la calma que precede a la tormenta. Dentro de 2 o 3 semanas empezará una lucha cuerpo a cuerpo más feroz que las de Inkerman, el Mamelón Verde o el asalto del 18 de junio.2 El mes de agosto tiene que decidir hasta cierto punto: para entonces habrán llegado las fuerzas rusas que ahora están en camino y las filas de los aliados se habrán aclarado por las enfermedades. Empezará entonces la lucha a vida o muerte, y los aliados tendrán bastante que hacer para mantener su terreno en la meseta.

La toma del lado sur de Sebastopol en este año es una idea que hasta la prensa inglesa ha abandonado ya. Están reducidos a la esperanza de derribar Sebastopol pieza a pieza; y si se empeñan en avanzar con la misma prisa que hasta ahora, el sitio igualará en duración al de Troya. No hay razón alguna para creer que vayan a llevar a cabo su obra a mayor velocidad, pues ahora estamos informados de manera casi oficial de que el sistema erróneo seguido hasta aquí va a mantenerse con obstinación. El corresponsal en Crimea del Constitutionnel, un hombre de alto rango en el ejército francés (se dice que es el general Regnault de S[ain]t-Jean-d'Angély, comandante de la Guardia),3 ha anunciado al público que puede ahorrarse el trabajo de especular sobre una campaña en campo abierto y el eventual cerco del lado norte de Sebastopol. En las circunstancias actuales, dice, eso no podría hacerse sin levantar el sitio y sin abandonar a los rusos toda la meseta. Se ha decidido, por tanto, golpear con la mayor dureza posible sobre la posición ya atacada, hasta su completa destrucción. Los anuncios de esta carta pueden considerarse semioficiales, ya que hay toda clase de razones para creer no solo que Bonaparte los aprueba, sino incluso que revisa antes de imprimirse todo informe que procede de esa fuente. Regnault es uno de sus favoritos especiales: el ministro de la Guerra que en tiempos de la Asamblea Nacional Legislativa prestó su firma para la destitución de Changarnier.4

Cuál ha de ser la consecuencia de todo esto es fácil de predecir. El ejército ruso en Sebastopol y sus alrededores constaba del 3.º y el 4.º cuerpo, 2 divisiones del 5.º y 1 del 6.º, además de infantes de marina, marineros, tropas locales, cosacos y caballería, en total un ejército de 180 batallones o 90.000 hombres de infantería con 30.000 de artillería, caballería, etc., más unos 40.000 enfermos y heridos. Hasta el Moniteur francés estima su fuerza efectiva en armas en 110.000 hombres. Ahora bien, todo el 2.º cuerpo (50 batallones, 32 escuadrones y 96 cañones) y dos divisiones de granaderos con una división de caballería (24 batallones, 2 escuadrones, 72 cañones)5 están en marcha o ya en las cercanías de Sebastopol. Representan una fuerza adicional de 55.000 hombres de infantería, 10.000 de caballería y cosacos y 5.000 de artillería. Así, los rusos habrán concentrado pronto un ejército de por lo menos 175.000 hombres, bastante más de lo que puede quedarles a los aliados tras sus recientes pérdidas en las salidas y por las enfermedades. Que los rusos podrán así mantener por lo menos el terreno que tenían hasta ahora es tanto más de esperar cuanto que pueden relevar constantemente con tropas frescas a las tropas de la guarnición agotadas por los esfuerzos.

Los aliados, por otra parte, no tienen ninguna posibilidad de recibir refuerzos semejantes. Cuentan ahora con 21 divisiones de infantería (12 francesas, 4 inglesas, 3 turcas, 2 piamontesas), o sea, unos 190 batallones, 3 divisiones de caballería (1 francesa, 1 inglesa, 1 turca), o sea, unos 60 escuadrones, y un número proporcionado de cañones; pero como sus batallones, y sobre todo sus escuadrones, están muy mermados por las pérdidas de la campaña, su fuerza total no pasará de 110.000 hombres de infantería, 7.500 de caballería y 30.000-35.000 de artillería, tren y no aptos para el servicio. Si, por tanto, las fuerzas de las dos partes combatientes se equilibraban tanto antes de la llegada de los refuerzos rusos, la balanza tiene que inclinarse evidentemente contra los aliados en cuanto estos lleguen. Lo que se ha enviado hasta ahora son meros destacamentos de los depósitos para volver a completar los batallones y escuadrones en campaña, y no puede sumar mucho, si los informes de la prensa son fiables. Entretanto, 3 divisiones marcharán, según se dice, a Marsella y Tolón, donde se concentran vapores, mientras que en Inglaterra los regimientos destinados a Crimea han recibido orden de estar listos para embarcar de inmediato. Estos últimos sumarán aproximadamente una división de infantería y una de caballería. Así, durante agosto y septiembre podrán ir llegando a Crimea unos 33.000 hombres de infantería con quizá 2.500 de caballería y artillería. Pero esto depende por completo de la rapidez de su embarque. En cualquier caso, los aliados volverán a encontrarse en inferioridad numérica y pueden volver a quedar encerrados en la meseta donde se consumieron durante el último y triste invierno.

No nos atrevemos a decidir si esta vez los rusos lograrán expulsarlos de ese sólido refugio. Pero mantener su propio terreno es evidentemente todo lo que los aliados pueden esperar, a no ser que reciban refuerzos a escala gigantesca. Así, la guerra podría reducirse a una serie de encuentros y refriegas tan estériles como sangrientos, en los que cada bando enviará día tras día nuevas unidades a enfrentarse cuerpo a cuerpo con el enemigo, ya sea en las murallas de la ciudad, en los parapetos de las trincheras o en las alturas escarpadas en torno a Inkerman y Balaklava. De todas las posibilidades, la más probable es que las cosas sigan este curso. No puede concebirse ninguna situación de ejércitos enemigos en que mayor derramamiento de sangre conduzca a resultados menos importantes que los que cabe esperar de tales combates. Y a esto se ha llegado por la mediocridad de los generales en jefe de ambos bandos, por el diletantismo impotente de París y por la traición deliberada de Londres.

  1. La moción de John Arthur Roebuck (1801-1879), diputado radical, que censuraba a todos los miembros del gabinete de coalición de Aberdeen cuya política había llevado a los desastres del ejército en Crimea. ↩

  2. La batalla de Inkerman (5 de noviembre de 1854); la toma del Mamelón Verde por los franceses (7 de junio de 1855); el asalto fallido al Malájov y al Redán (18 de junio de 1855). ↩

  3. Auguste Regnault de Saint-Jean-d'Angély (1794-1870), general francés, comandante de la Guardia Imperial en Crimea. ↩

  4. Regnault fue ministro de la Guerra en enero de 1851, cuando Luis Bonaparte destituyó al general Changarnier del mando de la Guardia Nacional y de las tropas de París. ↩

  5. El editorial paralelo del New-York Daily Tribune, en la versión de la MEW, da aquí 32 escuadrones. ↩