Escrito por Karl Marx en Londres el 6 de febrero de 1855 y publicado en la Neue Oder-Zeitung (Breslau), núm. 67, del 9 de febrero de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 47-49), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Londres, 6 de febrero. Dos crisis absorben en este momento a la opinión pública: la crisis del ejército de Crimea y la crisis ministerial. La primera ocupa al pueblo; la segunda, a los clubes y los salones. Las últimas cartas de Crimea, pintadas en gris sobre gris, hacen que la fuerza inglesa se reduzca de 14.000 a 12.000 hombres y anuncian el próximo levantamiento del sitio de Sebastopol. Entretanto, la cábala de salón se ventila en la Cámara de los Comunes. Lord John Russell y el señor Gladstone llenan otra vez una sesión entera con prolijas consideraciones sobre, en pro y en contra de la salida del gran Russell de un gabinete que ya no existe. Ninguna de las partes aporta hechos nuevos, pero se alegan los viejos. Lord John es su propio abogado; Gladstone, el abogado del duque de Newcastle. Las profundas investigaciones sobre la aptitud de este último para ministro de la Guerra reciben nuevo lustre de la circunstancia de que ya no queda ningún ejército que haya que administrar. Incluso esta Cámara de los Comunes, sin embargo, dio rienda suelta a su disgusto con el conocido gruñido tradicional cuando Gladstone, al final de su bien construido discurso, dejó caer estas palabras: «Desearía que todo el malentendido» (entre Russell y Newcastle) «pudiera deshacerse».

Así pues, no el voto de desconfianza de la Cámara, menos aún la ruina de un ejército inglés, nada más que un «malentendido» entre un viejo lord y un joven duque: a eso se reduce la crisis ministerial. Crimea no es más que un pretexto para la cábala de salón. El malentendido entre el ministerio y los Comunes no merece siquiera el honor de una mención. Aquello fue demasiado fuerte incluso para estos Comunes. Russell fracasó, Gladstone fracasó, toda la sesión fracasó.

Se comunicó a ambas cámaras que se había encargado a lord Palmerston formar un ministerio. Pero ha tropezado con obstáculos inesperados. Lord Grey1 se negó a hacerse cargo de dirigir una guerra que desaprobó desde el principio y que sigue desaprobando. Una suerte para el ejército, cuya disciplina habría quebrantado con la misma seguridad con que en su tiempo quebrantó la disciplina de las colonias. Pero también Gladstone, Sidney Herbert y Graham2 se mostraron reacios. Exigían la restauración de los peelitas con pelos y señales. Estos estadistas son conscientes de formar una camarilla muy pequeña, que dispone de unos 32 votos en la Cámara de los Comunes. Solo manteniendo juntos sus «grandes» talentos puede la pequeña camarilla esperar conservar su independencia. Una parte de los peelitas dirigentes dentro del gabinete y otra fuera de él equivaldría a la desaparición de este sólido club de estadistas. Palmerston hace entretanto lo imposible por imponerse al Parlamento, donde no tiene partido, como se ha impuesto a la reina. Su gabinete todavía no está formado y ya amenaza en el Morning Post con apelar del poder legislativo al pueblo. Amenaza con disolver la Cámara si esta se atreve a «no concederle la estima de que goza fuera del palacio de Westminster, en el pueblo». Ese «pueblo» se reduce a los periódicos que le pertenecen a medias o del todo. Allí donde el pueblo se ha hecho oír últimamente, por ejemplo en el mitin de Newcastle-upon-Tyne, desde donde se han dirigido peticiones al Parlamento para que procese al ministerio, Palmerston ha sido denunciado con la mayor violencia como el dirigente secreto de la difunta coalición.

Algunas cosas más, a modo de apéndice, para completar la necrología del «gabinete de todos los talentos». El 30 de noviembre de 1853 ocurrió el suceso de Sinope;3 el 3 de diciembre se supo en Constantinopla; el 12 de diciembre los representantes entregaron a la Puerta una nota que exigía concesiones a Rusia mayores que la famosa nota de Viena.4 El 14 de diciembre el ministerio inglés telegrafía a Viena que Sinope no debe interrumpir las conferencias de paz de Viena. Lord Palmerston asistió al consejo de ministros en que se tomó esta decisión. La aprobó, pero al día siguiente salió del gabinete con el pretexto de que el proyecto de reforma que preparaba Russell contradecía sus ideas conservadoras. El verdadero propósito era lavarse las manos ante el público por el suceso de Sinope. En cuanto logró ese propósito, volvió sin más al gabinete.

A principios de febrero de 1854 se reabre el Parlamento. Se le presentan, según se dice, los documentos diplomáticos sobre los embrollos de Oriente. Faltan los papeles más importantes. El Parlamento los recibe del emperador Nicolás, en lugar de los ministros británicos, vía San Petersburgo. La «correspondencia secreta y confidencial» publicada allí5 le demuestra al asombrado Parlamento con claridad meridiana que durante toda su legislatura anterior, tanto en 1853 como en 1854, sus ministros lo habían engañado deliberadamente sobre la política exterior. Obliga a los ministros a declarar la guerra el 27 de marzo. El 6 de febrero Palmerston había anunciado que presentaría un proyecto de ley para llamar a las milicias en Escocia e Irlanda. Pero en cuanto se declara la guerra aplaza su proyecto y no lo presenta hasta finales de junio. El 13 de febrero Russell presenta su proyecto de reforma, aplaza la segunda lectura hasta finales de abril, lo retira en marzo entre patéticos sollozos y es recompensado por sus colegas por este sacrificio recibiendo, él, que hasta entonces no tenía departamento ni sueldo y era por así decirlo ministro extraordinario, una sinecura ministerial con sueldo, la presidencia del Consejo Privado. El 6 de marzo el gran financiero Gladstone presenta su presupuesto. Se limita a duplicar el impuesto sobre la renta durante seis meses. Pide «solo la suma que baste para traer de vuelta a Inglaterra a los 25.000 hombres que están a punto de dejarla».

De esa preocupación le ha librado ahora su colega Newcastle. Ya el 8 de mayo se ve obligado a presentar un segundo presupuesto. El 12 de abril se declara contra todo empréstito público; el 21 de abril pide a la Cámara que sancione un empréstito de 6 millones para cubrir los costes de su desdichado experimento de conversión de la deuda pública. El 7 de abril lord Grey pronuncia su discurso sobre los defectos de la administración militar inglesa. El 2 de junio el ministerio aprovecha su caso de reforma, como aprovechó la reforma de la India y como aprovechó la reforma [relacionada con] el cólera,6 para crear un nuevo puesto. El ministerio de la Guerra se separa del ministerio de las Colonias. Todo lo demás sigue como estaba. Las realizaciones legislativas del ministerio en esta legislatura se resumen así: presenta 7 proyectos de ley importantes. Fracasa con 3: los proyectos sobre la residencia,7 sobre la enseñanza en Escocia y sobre la modificación de los juramentos parlamentarios. Retira 3: los proyectos contra el soborno electoral, para la transformación completa de la administración civil y de reforma parlamentaria. Un proyecto pasa, el de reforma de la Universidad de Oxford, pero tan emplastado de enmiendas que ya no se reconoce su forma original. Las grandes hazañas diplomáticas y militares están en la memoria de todos. Ese fue el «gabinete de todos los talentos».

  1. Henry George Grey, tercer conde Grey (1802-1894), whig, ministro de las Colonias de 1846 a 1852. ↩

  2. Sir James Graham (1792-1861), peelita, primer lord del Almirantazgo en el gabinete Aberdeen. ↩

  3. La destrucción de la flota turca por la rusa en el puerto de Sinope, en la costa turca del mar Negro. ↩

  4. La nota redactada en julio de 1853 por la conferencia de los representantes de Inglaterra, Francia, Austria y Prusia en Viena para mediar entre Rusia y Turquía; Rusia la aceptó y la Puerta solo con modificaciones. ↩

  5. La correspondencia de 1853 entre el gobierno británico y su embajador en San Petersburgo, Hamilton Seymour, sobre las conversaciones en que Nicolás I le propuso repartirse el Imperio otomano. Tras aludir a ella el Journal de Saint-Pétersbourg, el gobierno británico tuvo que publicarla en marzo de 1854. ↩

  6. Alusión a la creación en 1854 de la presidencia independiente de la Junta de Sanidad, confiada a sir Benjamin Hall, durante la epidemia de cólera. ↩

  7. La ley de residencia (Law of Settlement), que regulaba el derecho de los pobres a recibir asistencia en la parroquia donde estaban avecindados. ↩