Escrito por Karl Marx en Londres el 14 de mayo de 1855 y publicado en la Neue Oder-Zeitung (Breslau), núm. 227, del 18 de mayo de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 217-219), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Londres, 14 de mayo. El órgano privado de Palmerston, el Morning Post, publica hoy un artículo amenazador contra Prusia en el que se dice, entre otras cosas:

«En el mes de abril de 1854 se concedió, por una orden del Consejo Privado, permiso para importar productos rusos en el Reino Unido en barcos neutrales. Prusia ha aprovechado este permiso con asombrosa rapidez. Los siguientes datos estadísticos (tomados de las tablas oficiales presentadas al Parlamento) muestran comparativamente el importe de sus importaciones de sebo, cáñamo y lino de aquel país en los años 1853 y 1854. El excedente del segundo año muestra claramente la cantidad de productos rusos que han encontrado su camino al mercado británico por Memel y Danzig, a pesar de nuestro estricto bloqueo de los puertos rusos del Báltico. De Prusia se importa en el Reino Unido:

18531854
Sebo(quintales)54253.955
Cáñamo(quintales)3.447366.220
Lino(quintales)242.383667.879
Linaza(quarters)157.848116.267

Estas cifras muestran suficientemente el valor de esta nueva rama comercial para Prusia. El resultado es que Rusia, a pesar de nuestro bloqueo, está en condiciones de vender sus productos tan libremente como en tiempo de paz, mientras que nosotros tenemos que pagar por ellos un 50 por ciento más en forma de comisiones y beneficios para el comerciante prusiano. Confesamos que nuestra política actual es esencialmente inconsecuente. Pero el remedio no ha de buscarse en levantar el bloqueo de los puertos enemigos, sino en destruir, en la medida en que nuestro poder lo permita, el comercio por tierra que pasa por los territorios prusianos».

El movimiento antiaristocrático en Inglaterra solo puede tener un resultado inmediato: llevar al poder a los tories, es decir, al partido específicamente aristocrático. Si no, desemboca de momento, necesariamente, en algunas vaciedades whigs, en un par de reformas administrativas aparentes que no merecen ni mencionarse. El anuncio por Layard de sus resoluciones sobre el «estado de la nación» y la acogida que este anuncio tuvo en la Cámara de los Comunes provocaron los mítines de la City. Pero pisándoles los talones a los mítines de la City vino la moción de Ellenborough2 en la Cámara de los Lores, con la que los tories se apropian la nueva agitación reformista y la convierten en su escalera hacia el ministerio. El propio Layard ha cambiado en su moción las palabras «influencia aristocrática» por «influencia de familia», una concesión a los tories. Todo movimiento fuera de la Cámara adopta dentro de la Cámara la forma de la riña entre las dos fracciones de la clase gobernante. En manos de los whigs, la Liga contra las Leyes de Cereales se convirtió en un medio para derribar a los tories. En manos de los tories, la Asociación para la Reforma Administrativa se convirtió en un medio para derribar a los whigs. Solo que no hay que olvidar que de este modo se fue sacrificando, alternativamente por las dos fracciones, un fundamento del antiguo régimen tras otro, y el régimen mismo se conservó, podemos añadir. Ya hemos dejado constancia antes de nuestra opinión de que solo los tories se dejan obligar a grandes concesiones, porque solo bajo ellos la presión de fuera adquiere un carácter amenazador e incluso revolucionario. Los whigs representan la verdadera oligarquía de Inglaterra, el dominio de unas pocas grandes familias, como los Sutherland, los Bedford, los Carlisle, los Devonshire, etc.; los tories representan la squireocracy,3 el partido de los junkers, si se quiere, aunque entre el squire inglés y el junker del norte de Alemania hay que trazar amplias líneas de distinción. Los tories son, por eso, los recipientes de todos los prejuicios de la vieja Inglaterra en lo tocante a la Iglesia y el Estado, el proteccionismo y el anticatolicismo. Los whigs, los oligarcas, son ilustrados y nunca han vacilado en despojarse de los prejuicios que estorbaban su arrendamiento hereditario de los cargos del Estado. Los whigs, con su amistad, impidieron siempre que las clases medias se movieran; los tories, con su amistad, echaron siempre a las masas populares en brazos de las clases medias, que estas ponían a disposición de los whigs. En este momento ya no hay más diferencia entre whigs y tories que la de que estos representan a la plebe y aquellos a la flor y nata de la aristocracia. La fraseología aristocrática a la antigua está del lado de la plebe aristocrática; la fraseología liberal, del lado de la flor y nata aristocrática. En realidad, sin embargo, el partido tory, desde el final de los viejos tories (lord Bolingbroke,4 etc.), ha estado siempre gobernado por advenedizos: Pitt, Addington, Perceval, Canning, Peel y Disraeli.5 Los homines novi6 estuvieron siempre en las filas de los tories. Cuando Derby (él mismo un tránsfuga de los whigs) formó su ministerio,7 este contenía, aparte de él mismo, quizá dos apellidos antiguos más. Todo lo demás, simples squires y un literato. Los whigs, en cambio, que en ningún momento vacilaron en cambiar de casaca y de opiniones según las circunstancias, que en apariencia se renovaban y se metamorfoseaban constantemente a sí mismos, no necesitaban gente nueva. Podían perpetuar los apellidos de familia. Si se echa una mirada de conjunto a la historia inglesa desde la «gloriosa» revolución de 1688, se verá que todas las leyes dirigidas contra la masa del pueblo fueron iniciativa de los whigs, desde la ley que hizo septenales los Parlamentos8 hasta la más reciente legislación sobre los asilos de pobres y las fábricas.9 Pero la reacción whig se hizo siempre de acuerdo con las clases medias. La reacción tory iba dirigida todavía más contra la clase media que contra la masa del pueblo. De ahí la fama de liberalidad de los whigs.

  1. El quarter inglés de áridos equivalía a unos 290 litros. Para la linaza la Neue Oder-Zeitung daba por error quintales; se sigue la corrección de la MEW. ↩

  2. Edward Law, conde de Ellenborough (1790-1871), tory, antiguo gobernador general de la India; su moción en la Cámara de los Lores sobre la dirección de la guerra y la reforma de la administración se debatió el 14 de mayo de 1855. ↩

  3. El dominio de los squires, la nobleza terrateniente rural. ↩

  4. Henry St John, vizconde de Bolingbroke (1678-1751), jefe tory en tiempos de la reina Ana. ↩

  5. William Pitt el Joven (1759-1806), Henry Addington (1757-1844), Spencer Perceval (1762-1812), George Canning (1770-1827) y Robert Peel (1788-1850), primeros ministros tories o al frente de gobiernos tories; Benjamin Disraeli (1804-1881), novelista, jefe de los tories en la Cámara de los Comunes y ministro de Hacienda en 1852. ↩

  6. «Hombres nuevos», los que eran los primeros de su linaje en llegar a los altos cargos. ↩

  7. Edward Smith-Stanley, conde de Derby (1799-1869), ministro whig en el gabinete Grey de 1830-1834, se pasó a los conservadores; su primer gabinete, de febrero a diciembre de 1852, fue llamado el ministerio de los «don nadie» (Who? Who?). ↩

  8. La Septennial Act de 1716, que alargó a siete años la duración máxima de los Parlamentos. ↩

  9. La nueva ley de pobres de 1834, que creó los asilos de trabajo (workhouses), y las leyes de fábricas. ↩