Escrito por Karl Marx en Londres el 13 de agosto de 1855 y publicado en la Neue Oder-Zeitung (Breslau), núm. 379, del 16 de agosto de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 486-489), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título lo pusieron los editores de la MEW. La nota de Marx va marcada como tal. Se corrigen unas pocas erratas evidentes de la edición digital de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Londres, 13 de agosto. Las repetidas y destempladas salidas de los periódicos del gobierno contra el gran mitin por Polonia celebrado el miércoles pasado en St. Martin's Hall1 hacen necesarias algunas glosas marginales. La iniciativa del mitin partió evidentemente del propio ministerio. Se puso por delante a la «Sociedad Literaria de los Amigos de Polonia»,2 formada por partidarios de Czartoryski,3 por un lado, y por la aristocracia inglesa amiga de Polonia, por otro. Desde su nacimiento, esta sociedad fue un instrumento ciego en manos de Palmerston, que la manejaba y controlaba por medio de lord Dudley Stuart,4 fallecido hace poco. Los mensajes y las delegaciones polacas que todos los años enviaba a Palmerston eran uno de los grandes medios de mantener viva su fama «antirrusa». Los partidarios de Czartoryski, por su parte, sacaban de esta relación importantes ventajas: figurar como los únicos representantes respetables, por así decirlo «oficiales», de la emigración polaca, tener a raya al partido demócrata de la emigración y disponer de los considerables recursos materiales de la sociedad como dinero de enganche para su propio partido. Violenta y prolongada es la disputa entre la Sociedad Literaria y la «Centralización» de la Sociedad Democrática Polaca.5 En 1839 esta última celebró en Londres un gran mitin público en el que desenmascaró las intrigas de la Sociedad «Literaria», expuso el pasado histórico de los Czartoryski (lo hizo Ostrowski, autor de una historia de Polonia escrita en inglés) y proclamó en voz alta su oposición a los «restauradores» diplomático-aristocráticos de Polonia. Desde ese momento quedó quebrantada la posición usurpada de la Sociedad «Literaria». Dicho sea de paso, los acontecimientos de 1846 y de 1848-18496 añadieron a la emigración polaca un tercer elemento, una fracción socialista, que, sin embargo, combate junto con la demócrata al partido de Czartoryski.

El propósito del mitin promovido por el gobierno era triple: formar una legión polaca para deshacerse en Crimea de una parte del «extranjero polaco»; refrescar la popularidad de Palmerston y, por último, poner en sus manos y en las de Bonaparte cualquier posible movimiento polaco. Los periódicos del gobierno afirman que una conspiración bien urdida, obra de agentes rusos, frustró el propósito del mitin. Nada más ridículo que esta afirmación. La mayoría del público de St. Martin's Hall la formaban cartistas londinenses. La enmienda contraria al gobierno7 la presentó un urquhartista y la apoyó otro urquhartista: Collet y Hart.8 Las hojas impresas repartidas en la sala, de este tenor:

«El mitin ha sido convocado por aristócratas ingleses que solo aspiran a mantener el viejo sistema de gobierno británico, etc.», «Polonia condena toda alianza con los actuales poderosos de Europa, no quiere ser restaurada por ninguno de los gobiernos existentes, no quiere rebajarse a instrumento de intrigas diplomáticas, etc.»,

estas hojas estaban firmadas por el presidente y el secretario del «Comité Democrático Polaco». Si se tiene en cuenta que en Londres los cartistas, los urquhartistas y la emigración polaca propiamente «demócrata» mantienen entre sí relaciones que son cualquier cosa menos amistosas, se desvanece toda sospecha de «conspiración». Las ruidosas interrupciones del mitin las provocó exclusivamente la negativa, poco parlamentaria, del presidente, lord Harrington,9 a leer la enmienda de Collet y someterla a votación. Las aumentó la ocurrencia del coronel Szulczewski, secretario de la «Sociedad Literaria de los Amigos de Polonia», de llamar a un agente de policía para hacer detener a Collet. El tumulto llegó, naturalmente, a su punto culminante cuando lord Harrington, sir Robert Peel y sus amigos huyeron de la tribuna y abandonaron el campo. En cuanto se nombró presidente a George Thompson10 en lugar de Harrington, la calma se restableció en el acto.

Los ejemplares de la clase dominante inglesa que descollaron en este mitin por Polonia no estaban en absoluto hechos para infundir un respeto especial por el patriciado. El conde de Harrington es quizá un hombre muy bueno, pero es sin duda un orador muy malo. Era imposible asistir a una exhibición más penosa. Solo a costa del mayor esfuerzo lograba su señoría balbucear dos palabras seguidas. Hasta este momento no ha terminado una sola frase de su discurso. Entretanto, se lo han hecho los taquígrafos. Su señoría es militar, y sin duda valiente, pero, a juzgar por cómo dirigió el mitin por Polonia, está hecho para cualquier cosa antes que para dirigir. Como orador, lord Ebrington,11 el partero del proyecto de ley dominical, apenas supera al conde de Harrington. Su fisonomía delata obstinación; la forma de su cráneo es la de un ariete. Tiene un mérito indiscutible: no se le puede derrotar con argumentos. Napoleón declaró una vez que los ingleses no sabían cuándo estaban derrotados. En este aspecto, Ebrington es un inglés modélico.

Tras los lores vinieron los baronets. Lord Ebrington presentó la moción del gobierno para la restauración de Polonia; sir Robert Peel le siguió y habló como su padrino. En muchos aspectos no cabe imaginar mayor contraste que el que hay entre el «diputado por Tamworth» (Peel) y el «diputado por Marylebone» (Ebrington). El primero es un farsante desenvuelto y natural; el segundo, un petimetre afectado y puritano. Uno divierte; el otro asquea. Sir Robert Peel12 da la impresión de un viajante de vinos elevado a la nobleza; lord Ebrington, la de un inquisidor convertido al protestantismo. Tony Lumpkin y Beau Brummell13 enrollados en una sola persona darían, poco más o menos, un despropósito como el que exhiben la persona, el atuendo y los modales de Peel. Es una mezcla extraordinaria de payaso y dandi. Palmerston tiene mucha debilidad por la extravagancia de Tamworth. La encuentra útil. Cuando quiere saber hacia dónde sopla el viento popular, iza a sir Robert Peel como veleta. Cuando quiso saber si la opinión pública inglesa sancionaría la expulsión de Victor Hugo, etc., hizo hablar a sir Robert Peel, que denunció a los refugiados e hizo la apología de Bonaparte. Lo mismo ahora con respecto a Polonia. Lo usa como «antena». Para este papel, no demasiado digno, Peel está extraordinariamente dotado. Es lo que los ingleses llaman a chartered libertine,14 un tarambana con patente, un excéntrico privilegiado, de cuyas salidas y entradas, idas y venidas, palabras y obras no se tiene por responsable a ningún ministerio ni a ningún partido. Sir Robert llegó al mitin por Polonia acolchado y, según se dice, maquillado a la manera de los artistas. Parecía llevar corsé, lucía en el ojal una rosa encarnada, iba perfumado como una modista y blandía en la diestra un enorme paraguas con el que marcaba el compás de su discurso. Por una casualidad de lo más irónica, a los lores y baronets les siguió, pisándoles los talones, el señor Tite,15 ex vicepresidente de la Asociación para la Reforma Administrativa. Desde que, por influencia de esta asociación, fue nombrado Solón de Bath, inauguró, como es sabido, su carrera parlamentaria votando en contra de la moción de Scully en favor de un poco de reforma administrativa y a favor de los empréstitos turcos de Palmerston, mientras que en la votación de la moción de Roebuck16 se abstuvo con gran moderación. Los lores y baronets parecían señalarle entre risitas: ¡ahí tenéis a nuestro sustituto! Es innecesario describir más de cerca al señor Tite. Lo hizo Shakespeare cuando inventó al inmortal Shallow, al que Falstaff compara con uno de esos hombrecillos que se tallan en cortezas de queso a la hora del postre.17

Frente a todos estos señores, Hart, un joven plebeyo desconocido, dio desde sus primeras palabras la impresión de ser un hombre llamado a arrastrar y dominar a las masas. Ahora se comprende el disgusto del gobierno por el mitin por Polonia. Fue una derrota no solo para Palmerston, sino más aún para la clase que él representa.

  1. El miércoles 8 de agosto de 1855. ↩

  2. Literary Association of the Friends of Poland, fundada en Londres en 1832. ↩

  3. Adam Jerzy Czartoryski (1770-1861), príncipe polaco, presidente del gobierno nacional durante la insurrección de 1830-1831 y luego, desde París, jefe de la emigración aristocrática y conservadora. ↩

  4. Lord Dudley Coutts Stuart (1803-1854), diputado whig, defensor de la causa polaca. ↩

  5. La Sociedad Democrática Polaca, fundada en 1832 por emigrados de la insurrección de 1830-1831; su órgano dirigente se llamaba la Centralización. ↩

  6. La insurrección de Cracovia de 1846 y la revolución de 1848-1849. ↩

  7. (Nota de Marx.) La enmienda de Collet, adoptada por el mitin, decía textualmente: «Que este mitin, aunque desea de corazón la restauración de la nacionalidad polaca, no puede olvidar que la destrucción de esta nacionalidad se debe principalmente a la conducta pérfida de Palmerston de 1830 a 1846; que, mientras Palmerston siga siendo servidor de la Corona, toda propuesta de restaurar Polonia solo puede ser trampa y engaño. Que la verdad de esta afirmación la prueba también el hecho de que conduce la guerra de manera que cause a Rusia el menor daño posible, mientras que las condiciones de paz que propone destruirían por completo la integridad y la independencia de Turquía.» ↩

  8. Collet Dobson Collet (1812-1898), periodista inglés, partidario de David Urquhart (1805-1877), diplomático y publicista turcófilo, adversario implacable de Palmerston, al que acusaba de servir a Rusia. ↩

  9. Leicester Stanhope, quinto conde de Harrington (1784-1862), militar y filoheleno. ↩

  10. George Thompson (1804-1878), orador abolicionista y radical inglés. ↩

  11. Hugh Fortescue, vizconde de Ebrington (1818-1905), diputado liberal por Marylebone. ↩

  12. Sir Robert Peel (1822-1895), tercer baronet, hijo del primer ministro del mismo nombre y diputado por Tamworth. ↩

  13. Tony Lumpkin, el mozo zafio y bromista de la comedia de Oliver Goldsmith She Stoops to Conquer (1773); George Bryan «Beau» Brummell (1778-1840), árbitro de la elegancia en la época de la Regencia. ↩

  14. «Un libertino con privilegio»: expresión de Shakespeare (Enrique V, acto I, escena 1), dicha allí del aire. ↩

  15. William Tite (1798-1873), arquitecto, diputado liberal por Bath. La Asociación para la Reforma Administrativa la fundaron en mayo de 1855 comerciantes y banqueros de la City para reclamar la reforma de la administración del Estado tras los desastres de Crimea. ↩

  16. La moción de John Arthur Roebuck (1801-1879), debatida en julio de 1855, para censurar a los miembros del gabinete responsables de la conducción de la guerra de Crimea. ↩

  17. Shakespeare, Enrique IV, segunda parte, acto III, escena 2. ↩