Escrito por Karl Marx en Londres el 13 de marzo de 1855 y publicado en la Neue Oder-Zeitung (Breslau), núm. 127, del 16 de marzo de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 117-119), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Londres, 13 de marzo. Irlanda se ha vengado de Inglaterra: socialmente, dotando a cada gran ciudad inglesa fabril, marítima o comercial de un barrio irlandés; políticamente, dotando al Parlamento británico de la «Brigada Irlandesa».1 En 1833 Daniel O'Connell2 denunciaba a los whigs como «viles, sanguinarios y brutales». En 1835 se convirtió en el instrumento más útil de los whigs, y la administración Melbourne,3 aunque la mayoría inglesa estaba contra ella, se sostuvo de abril de 1835 a agosto de 1841 gracias al apoyo de O'Connell y de su Brigada Irlandesa. ¿Qué se interponía entre el O'Connell de 1833 y el O'Connell de 1835? El llamado pacto de Lichfield House,4 un pacto por el que el ministerio whig aseguraba a O'Connell el «patronazgo» del gobierno en Irlanda y O'Connell aseguraba al ministerio whig los votos de la Brigada en el Parlamento. Apenas cayeron los whigs, empezó la agitación del «rey Dan» por la derogación de la Unión,5 pero en cuanto los tories fueron derrotados, el King Dan volvió a rebajarse a abogado corriente. Con la muerte de O'Connell no murió en absoluto la influencia de la Brigada Irlandesa. Se vio, al contrario, que esa influencia no se debía al talento de un solo hombre, sino al poder de circunstancias generales. Los dos grandes partidos tradicionales del Parlamento inglés, tories y whigs, se mantenían aproximadamente en equilibrio. No es de extrañar, pues, que las nuevas fracciones, numéricamente débiles, que ocuparon sus escaños en el Parlamento reformado —la escuela de Manchester y la Brigada Irlandesa— tuvieran que inclinar la balanza y decidir. De ahí la importancia del «barrio irlandés» en el Parlamento británico. Después de O'Connell ya no era posible poner en movimiento a las masas irlandesas con la «derogación» de la unión con Inglaterra. La cuestión «católica» tampoco podía servir ya más que ocasionalmente. Desde la emancipación de los católicos ya no podía ser tema permanente de agitación. Los políticos irlandeses se vieron, pues, en la necesidad de hacer lo que O'Connell siempre había evitado y rechazado: ir a la raíz del mal irlandés y hacer de las relaciones de propiedad de la tierra y de su reforma la consigna electoral, es decir, la consigna que ayudaba a salir elegido para el Parlamento. Una vez sentados en el Parlamento, los derechos de los arrendatarios, etc., servían —como antes la derogación— para concluir un nuevo pacto de «Lichfield House».

La Brigada Irlandesa había derribado al ministerio Derby.6 Se había procurado un sitio, aunque subalterno, en el ministerio de coalición. ¿Para qué lo utilizó? Ayudó a la coalición a «burkear»7 las medidas para reformar las relaciones de la propiedad territorial irlandesa que los tories, creyendo en el patriotismo de la Brigada Irlandesa y para ganársela, habían decidido proponer ellos mismos. Palmerston, que como irlandés de nacimiento8 conoce su «barrio irlandés», ha renovado por su parte el pacto de «Lichfield House» de 1835 sobre la base más amplia. A Keogh, el jefe de la Brigada, lo ha nombrado attorney-general9 de Irlanda; a Fitzgerald, también diputado católico liberal por Irlanda, solicitor-general; a un tercer miembro de la Brigada, consejero jurídico del lord lugarteniente de Irlanda, de modo que todo el estado mayor jurídico del gobierno irlandés es ahora católico e irlandés. A Monsell, el Clerk of Ordnance10 de la coalición, lo ha confirmado de nuevo tras algunas vacilaciones, aunque Monsell, como ha observado con razón Muntz (diputado por Birmingham y fabricante de armas), es incapaz de distinguir un mosquete de un fusil de aguja. Para proveer los puestos de coronel y otros grados superiores de la milicia irlandesa ha dado instrucciones a los lugartenientes de los condados para que den preferencia en todas partes a los protegidos de los curas irlandeses aliados con la brigada parlamentaria. Que la política de Palmerston ha surtido ya efecto lo muestra el paso del serjeant11 Shee al lado ministerial. Se ve además en que el obispo católico de Athlone ha impuesto la reelección de Keogh y en que el clero católico ha favorecido también la reelección de Fitzgerald.12 Allí donde el bajo clero católico se toma en serio el «patriotismo irlandés» y hace oposición a los miembros de la Brigada que se han pasado al gobierno, recibe reprimendas de sus obispos, iniciados en el secreto diplomático.

«Reina un entendimiento completo», exclama lastimeramente un periódico protestante y tory, «entre lord Palmerston y el clero irlandés; si Palmerston entrega Irlanda a los curas, los curas elegirán diputados que entregarán Inglaterra a lord Palmerston».

La Brigada Irlandesa sirve a los whigs para dominar el Parlamento inglés; los whigs echan a la Brigada puestos y sueldos; el clero católico permite a unos comprar y a otros vender con la condición de que unos y otros reconozcan, consoliden y amplíen su influencia. Pero es un fenómeno muy notable que, en la misma medida en que crece políticamente la influencia irlandesa en Inglaterra, decae socialmente el poder celta en Irlanda. El «barrio irlandés» del Parlamento y el clero irlandés parecen igualmente inconscientes de que a sus espaldas una revolución anglosajona está transformando de raíz la sociedad irlandesa. Esta revolución consiste en que el sistema agrícola irlandés deja paso al inglés, el sistema de pequeños arriendos al de grandes arriendos, igual que los viejos terratenientes dejan paso a capitalistas modernos.

Los momentos principales que han preparado esta transformación son los siguientes: el año del hambre de 1847, que mató a cerca de un millón de irlandeses; la emigración a América y Australia, que barrió del suelo a otro millón y sigue llevándose nuevos miles; la insurrección fracasada de 1848,13 que quebró la última fe de Irlanda en sí misma; por último, la ley del Parlamento que entregó las fincas de la vieja nobleza irlandesa endeudada al martillo del ejecutor y del subastador,14 y la expulsó de la tierra igual que la muerte por hambre había expulsado a sus pequeños arrendatarios, subarrendatarios y braceros.

  1. El grupo de diputados irlandeses en la Cámara de los Comunes que, con sus votos, podía decidir la suerte de los gobiernos. ↩

  2. Daniel O'Connell (1775-1847), abogado, jefe del movimiento irlandés por la emancipación de los católicos y por la derogación de la Unión con Gran Bretaña. ↩

  3. William Lamb, vizconde Melbourne (1779-1848), primer ministro whig en 1834 y de 1835 a 1841. ↩

  4. Acuerdo concluido en febrero de 1835 en Lichfield House, la residencia londinense de lord Lichfield, entre los whigs, los radicales y los diputados irlandeses de O'Connell para derribar el gobierno tory de Peel. ↩

  5. La agitación por la derogación (repeal) del Acta de Unión de 1800, que había suprimido el Parlamento irlandés; culminó en los grandes mítines de 1843, bajo el gobierno tory de Peel. ↩

  6. En diciembre de 1852 los votos irlandeses contribuyeron a derrotar el presupuesto de Disraeli y a derribar el gobierno tory de lord Derby. ↩

  7. Del inglés to burke, «ahogar, sofocar sin ruido», por William Burke, ejecutado en Edimburgo en 1829 por asfixiar a sus víctimas para vender los cadáveres a los anatomistas. ↩

  8. Palmerston había nacido en Londres, pero su título nobiliario era irlandés y tenía fincas en Irlanda. ↩

  9. El attorney-general y el solicitor-general son los dos principales juristas de la Corona; William Keogh (1817-1878) y John David Fitzgerald (1816-1889). ↩

  10. William Monsell (1812-1894), diputado católico irlandés, secretario (clerk) de la Intendencia de Artillería desde 1852. ↩

  11. Serjeant-at-law, abogado de la más alta categoría ante los tribunales de derecho común; William Shee (1804-1868), diputado católico irlandés. ↩

  12. En Inglaterra, el diputado que aceptaba un cargo retribuido de la Corona tenía que someterse a una nueva elección. ↩

  13. El levantamiento de la Joven Irlanda, sofocado en julio de 1848. ↩

  14. La ley de fincas gravadas (Encumbered Estates Act) de 1849, que permitía vender en subasta las fincas hipotecadas a petición de los acreedores. ↩