Escrito por Friedrich Engels en Londres el 16 de marzo de 1855 y publicado en la Neue Oder-Zeitung (Breslau), núm. 131, del 19 de marzo de 1855. Una versión inglesa, con variantes, apareció en el New-York Daily Tribune, núm. 4353, del 2 de abril de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 120-123), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Londres, 16 de marzo. Las ilusiones con que la incapacidad oficial, la intriga ministerial inglesa y el bonapartismo interesado rodean las operaciones de guerra en Crimea empiezan a derretirse a la vez que el manto de nieve que ha cubierto el escenario de la acción en los últimos meses. El panfleto de Jérôme Bonaparte (hijo)1 declara expresamente que, mientras en Crimea todo iba mal,
«los generales al mando tenían órdenes del gobierno de ocultar y callar las dificultades con que tropezaba la toma de Sebastopol».
Esto lo confirman plenamente los partes de esos generales y, sobre todo, los rumores que repetidamente hicieron correr de que el asalto era inminente para tal o cual día. Desde el 5 de noviembre hasta comienzos de marzo se mantuvo al público, a este y al otro lado del Canal, en constante espera de esta escena final de espectáculo. Entretanto, la duración del sitio ha creado una especie de opinión pública en el propio campamento, fundada en las opiniones expresadas en voz alta por oficiales competentes, y los señores del estado mayor ya no pueden ir susurrando que en tal día se dará el asalto y caerá la ciudad. Cualquier soldado raso lo sabe ahora mejor. La naturaleza de las obras de defensa, la superioridad del fuego enemigo, la desproporción entre la fuerza sitiadora y su tarea y, sobre todo, la importancia decisiva del fuerte del Norte se comprenden en este momento demasiado bien en el campamento para volver a repetir los viejos cuentos. Nosotros mismos hemos recibido cartas de oficiales ingleses que no dejan lugar a dudas sobre este punto.
A finales de febrero los aliados tenían, según se dice, ante Sebastopol 58.000 franceses, 10.000 ingleses y 10.000 turcos, en total unos 80.000 hombres. Pero aun con 90.000 hombres seguirían siendo incapaces de mantener el sitio con una parte y destacar la otra para operaciones ofensivas contra los rusos en Bajchisarái; porque el ejército de campaña aliado solo podría presentarse ante Bajchisarái con 40.000 hombres, mientras que los rusos podrían oponerle al menos 60.000 en campo abierto, sin los flancos inexpugnables de la posición entre Inkerman y Balaklava. Así, los aliados siguen sitiados en su Quersoneso hasta que puedan avanzar más allá del Chernaya con unos 100.000 hombres; pero ese es precisamente el círculo vicioso en que se mueven: cuantas más tropas echan en esta ratonera apestada, más pierden por enfermedad, y sin embargo el único modo de salir con bien es enviar más tropas.
El otro expediente que han descubierto, la expedición turca a Eupatoria, resulta ser ahora una repetición completa del desatino original. Los turcos, una vez desembarcados en Eupatoria, son demasiado débiles para avanzar hacia el interior del país. Las trincheras en torno a la plaza parecen tan extensas que hace falta un ejército de unos 20.000 hombres para defenderlas. La extensión de un campamento fortificado destinado a albergar a 40.000 hombres tiene que ser, además, tan grande que en caso de ataque hará falta aproximadamente la mitad de la tropa para el servicio activo. Así, la ciudad requerirá unos 20.000 hombres para su defensa y solo 20.000 quedarán disponibles para operaciones en campaña. Pero 20.000 hombres no pueden atreverse a alejarse más de un par de millas de Eupatoria sin exponerse a toda clase de ataques en los flancos y en la retaguardia, e incluso al peligro de que los rusos les corten las comunicaciones con la ciudad. Los rusos, en cambio, dueños de una doble línea de retirada, hacia Perekop o hacia Simferópol —y además en su propio suelo—, siempre pueden evitar cualquier acción decisiva con los 20.000 turcos que salgan de Eupatoria. Por eso bastan 10.000 rusos situados a una jornada de marcha de la ciudad para tener en jaque a los 40.000 turcos concentrados en ella. Cada 10 o 12 millas de retirada por parte de los rusos reducen el número de turcos que pueden alejarse a mayor distancia de su base de operaciones. En otras palabras: Eupatoria es un segundo Kalafat, pero con la diferencia de que Kalafat tenía a su espalda el Danubio y no el mar Negro, y de que Kalafat era una posición defensiva, mientras que Eupatoria es una posición ofensiva.2 Si 30.000 hombres en Kalafat pudieron mantener una defensiva victoriosa, unida a salidas ofensivas ocasionales e igualmente victoriosas hasta cierta distancia, 40.000 hombres en Eupatoria son demasiados para defender una plaza que unos 1.000 ingleses y franceses mantuvieron durante cinco meses, y demasiado pocos, con mucho, para cualquier operación ofensiva. La consecuencia es que una brigada rusa, y desde luego una división rusa, basta de sobra para tener en jaque a toda la fuerza turca de Eupatoria.
La llamada batalla de Eupatoria3 fue un mero reconocimiento por parte de los rusos. Avanzaron, con 25.000 o 30.000 hombres, contra Eupatoria por el noroeste, el único lado atacable, ya que el sur está cubierto por el mar y el este por el lago pantanoso de Sasyk. El terreno al noroeste de la ciudad lo forman suaves ondulaciones que, a juzgar por los mapas y por la experiencia de esta última acción, no dominan la ciudad dentro del alcance de la artillería de campaña. Los rusos, con una fuerza 10.000 hombres inferior a la guarnición y expuestos además en los dos flancos, sobre todo en el derecho, al fuego de los buques de guerra de la bahía, nunca pudieron tener la intención seria de tomar la plaza al asalto. Por eso se limitaron a un reconocimiento enérgico. Empezaron abriendo un cañoneo en toda su línea a una distancia que excluía la posibilidad de causar daños serios; luego acercaron más y más sus baterías, manteniendo sus columnas lo más lejos posible fuera del alcance del fuego; más tarde adelantaron sus columnas como para atacar, a fin de obligar a los turcos a mostrar su fuerza, e hicieron un ataque real en un punto donde la protección que ofrecían los monumentos y las plantaciones de un cementerio les permitía acercarse mucho a las obras de defensa. Una vez cerciorados de la situación y la fuerza de las trincheras, así como del número aproximado de la guarnición, se retiraron, como habría hecho cualquier otro ejército mandado con sensatez. Habían logrado su propósito; que sus pérdidas fueran mayores que las de los turcos se daba por descontado. Este asunto tan sencillo lo han agrandado los comandantes aliados hasta convertirlo en una victoria gloriosa. ¿Qué prueba eso, sino la gran demanda y la escasa oferta de victorias reales? Fue sin duda un gran error de los rusos permitir que los aliados se mantuvieran cinco meses en Eupatoria hasta la llegada de los turcos. Una brigada rusa con un número suficiente de piezas de doce libras habría bastado para echarlos al mar, y unas cuantas obras ligeras de tierra levantadas en la playa quizá habrían mantenido incluso a los buques de guerra a una distancia respetable. Si las flotas aliadas hubieran destacado a Eupatoria buques de guerra en número abrumador, se habría podido incendiar la plaza y dejarla así inservible como futura base de operaciones para tropas de desembarco. Pero tal como están ahora las cosas, los rusos pueden estar muy satisfechos de haber dejado Eupatoria en poder de los aliados. Cuarenta mil turcos, el último resto del único ejército respetable que posee Turquía, bloqueados en un campamento donde 10.000 rusos pueden tenerlos en jaque y donde están expuestos a todas las enfermedades y sufrimientos de las masas humanas apiñadas: estos 40.000 turcos paralizados no son una merma insignificante de la fuerza ofensiva de los aliados.
Franceses e ingleses sitiados en el Quersoneso heracleótico, los turcos sitiados en Eupatoria, los rusos en libre comunicación con el lado norte y el lado sur de Sebastopol: este es el glorioso resultado de cinco meses de experimentos en Crimea. A ello se añaden además consideraciones militares y políticas que reservamos para la próxima carta.
El folleto anónimo De la conduite de la guerre d'Orient («Sobre la dirección de la guerra de Oriente»), publicado en Bruselas en 1855 y atribuido al príncipe Napoleón (Jérôme Napoléon Bonaparte, 1822-1891), hijo de Jérôme Bonaparte y primo de Napoleón III. ↩
Kalafat, en la orilla valaca del Danubio frente a Vidin, fue la cabeza de puente que los turcos de Omer Bajá sostuvieron con éxito contra los rusos en el invierno de 1853-1854. ↩
El ataque ruso a Eupatoria, en la costa occidental de Crimea, del 17 de febrero de 1855, rechazado por los turcos de Omer Bajá. ↩