Escrito en inglés por Friedrich Engels el 19 de octubre de 1855 y publicado en el New-York Daily Tribune como editorial, núm. 4538, del 5 de noviembre de 1855. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 561-566), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Noticias de la guerra las hay en abundancia. Además del parte de Gorchakov,1 que comentamos en otro lugar, llegaron con el vapor del sábado los informes oficiales sobre el combate de caballería de Kurula, cerca de Eupatoria, del que ya escribimos. A ello se suman las noticias de un asalto fallido de los rusos a Kars, de la destrucción de Tamán y Fanagoria por los aliados y del desembarco de una parte de las tropas aliadas en la península de Kinburn.
El combate de caballería cerca de Eupatoria lo libraron doce escuadrones franceses (el 4.º regimiento de húsares y los regimientos 6.º y 7.º de dragones). Según el parte del general d'Allonville,2 redactado con claridad y precisión, los franceses y los turcos hicieron un amplio reconocimiento hacia el interior del país por tres caminos distintos: uno hacia el sur y dos hacia el norte desde el lago Sasik. Las dos últimas columnas se reunieron en el pueblo de Dolchak, donde descubrieron que se acercaba la caballería rusa. A partir de aquí los partes dejan de coincidir. El general d'Allonville afirma que, mientras los franceses habían desmontado y daban de beber a sus caballos, dieciocho escuadrones rusos intentaron envolverlos por el sur y cortarles la retirada hacia Eupatoria, que él mandó entonces montar a sus hombres, se lanzó sobre el flanco de los rusos, los puso en fuga y los persiguió dos leguas. Gorchakov, en cambio, dice que los rusos solo disponían de un regimiento (el 18.º de lanceros), u ocho escuadrones; que los franceses los sorprendieron después de haber desmontado para quitar el avantrén a una batería de artillería, y que en esas circunstancias tuvieron que salvarse huyendo. Hace responsable de este error al general Korf. Por qué un regimiento entero de lanceros tuvo que echar pie a tierra y ayudar a quitar el avantrén a una batería de ocho piezas, y por qué no estaban allí los artilleros que debían haber hecho ese trabajo, es cosa que se deja a nuestra adivinación. Todo el parte de Gorchakov es tan confuso, tan poco militar, tan impregnado del deseo de disculpar este primer contratiempo de la caballería, que no se lo puede tomar por una exposición seria de los hechos. Al mismo tiempo vemos que se hace responsable de esta derrota al general Korf, como antes se hizo responsable de Silistra a Selvan, de Inkerman a Soimonov y del Chernaya a Read.3 Gorchakov mismo, aunque ha sido derrotado en todos los encuentros, sigue siendo siempre el invicto. No es a él a quien se infligen derrotas, ni mucho menos; siempre es algún desdichado subalterno el que echa por tierra los sabios planes del general con algún error grosero y el que, en castigo por esa falta, suele caer en el combate. En este caso, sin embargo, el culpable tiene la desgracia de seguir con vida. Quizá tenga después algo que decir sobre el despacho de Gorchakov. Entretanto tiene la satisfacción de que su adversario lo presenta con una luz mucho más favorable que su infalible comandante en jefe. Tras esta batalla de Eupatoria se envió allí, para reforzar a los franceses, la división británica de caballería ligera.
Se han emprendido otras dos expediciones en los flancos extremos del teatro de la guerra de Crimea. Una de ellas se envió desde Kerch y Yeni-Kale a la orilla opuesta del estrecho. Las pequeñas fortalezas de Tamán y Fanagoria fueron destruidas, se capturaron unos 100 cañones, y con ello los aliados se han asegurado por completo el acceso al mar de Azov. Esta operación se emprendió solo como medida de precaución; sus resultados inmediatos tienen poca influencia.
La segunda expedición tiene mayor importancia. Las flotas aliadas, que llevan a bordo unos 10.000 hombres, hicieron primero una maniobra de distracción ante Odesa, en la que sin embargo no se disparó un tiro, y luego pusieron rumbo a Kinburn. Esta plaza está cerca del extremo de una lengua de tierra que cierra por el sur la bahía formada por las desembocaduras del Dniéper y del Bug. En ese punto el brazo de mar tiene unas tres millas de ancho; el acceso a la bahía lo cierra un banco de arena que está a 15 pies bajo el agua (según las mejores cartas marinas). En el lado norte de ese acceso está Ochákov; en el lado sur, Kinburn. Las dos fortalezas se hicieron famosas en la campaña ruso-turca de 1787, cuando el Bug era la frontera entre los dos imperios y, por consiguiente, Ochákov pertenecía a los turcos y Kinburn a los rusos. Suvórov mandaba entonces el ala izquierda del ejército ruso (a las órdenes de Potemkin) y estaba destacado en Kinburn. Los turcos, entonces dueños del mar Negro, cruzaron desde Ochákov. Primero intentaron una maniobra de distracción y desembarcaron al sudeste, detrás de la ciudad de Kinburn; pero cuando vieron que Suvórov no se dejaba engañar por esa finta, desembarcaron con el grueso de sus fuerzas en la punta noroeste de la lengua de tierra, justo enfrente de Ochákov. Allí se atrincheraron y atacaron la fortaleza; pero Suvórov, con fuerzas muy inferiores a las de los turcos, hizo una salida, los atacó y, con ayuda de los refuerzos que fueron llegando, los arrojó al mar. Las pérdidas de los turcos fueron enormes. Suvórov mismo, sin embargo, resultó herido en este combate, al que siguió al año siguiente, 1788, el asalto de Ochákov.
Esta vez los aliados no desembarcaron por debajo, sino unas cuatro millas por encima de la ciudad de Kinburn, para cortar la comunicación por tierra con Jersón y con el interior de Rusia. Es muy probable que sus cañoneras corten pronto también las comunicaciones por mar. La lengua de tierra de Kinburn, a unas seis millas por encima de la ciudad, es, como la de Arabat, sumamente estrecha, tan baja y tan arenosa que se da con agua en cuanto se cava unos pies bajo la superficie. Por eso no se pueden levantar allí deprisa fortificaciones fuertes con fosos profundos, y las obras que los turcos levantaron en 1787 eran empalizadas o baterías cubiertas con sacos de arena. La fortificación propiamente dicha de Kinburn no puede ser, por la misma razón, muy temible, ya que es imposible asentar cimientos para escarpas de mampostería; aunque sin duda se han abierto anchos fosos de agua desde la guerra con los turcos. Con todo, creemos que Kinburn, si se la ataca con energía, no podrá resistir mucho tiempo a los aliados, y una vez que esté en sus manos les abrirá perspectivas de operaciones importantes en dirección a Jersón y Nikoláyev, es decir, en dirección a la base de operaciones del ejército ruso de Crimea. Este desembarco, pues, puede resultar muy importante si le siguen las operaciones correspondientes. Pero hasta la salida del vapor no había llegado ninguna noticia mínimamente decisiva, y podemos deducir de ello que también esta expedición se lleva con el estilo cachazudo y dormilón habitual de los aliados.
La derrota de los rusos ante Kars resultará muy probablemente el coronamiento de la campaña de Armenia. Los turcos, mal organizados y escasos de pertrechos de guerra de todo tipo, han hecho un papel lamentable en esta parte del teatro de la guerra. Incapaces de hacer la guerra en campo abierto, se contentaron con ocupar Kars, Erzurum y el terreno dominado directamente por estas fortalezas. El general Williams,4 que había entrado al servicio turco, mandaba la guarnición de Kars y vigilaba la construcción de unas defensas adecuadas. Durante la mayor parte del verano toda la campaña se redujo, por ambas partes, a escaramuzas, correrías y forrajeos en la región montañosa; el resultado general y principal fue que los rusos, ganando terreno poco a poco, lograron bloquear Kars y hasta cortar sus comunicaciones con Erzurum. Kars está en un valle lateral del alto Araxes; Erzurum, en las fuentes del Éufrates; Batum, en la desembocadura del Chorokh (Bathys), cuyo curso alto pasa cerca tanto de Kars como de Erzurum, de modo que uno de los caminos entre estas dos plazas sigue la cuenca del Chorokh hasta Olti, donde tuerce por las montañas hacia Kars. Olti era, pues, para los turcos el punto central, tanto más cuanto que allí se une al camino que acabamos de mencionar uno que viene de Batum, y Batum era el lugar del que cabía esperar los refuerzos más próximos y mayores. Si los rusos hubieran logrado tomar Kars, su primer paso habría sido establecerse en Olti y cortar así a Erzurum su línea de comunicación más próxima y mejor con el mar Negro y Constantinopla. Pero los turcos estaban tan desmoralizados que se retiraron hasta Erzurum y solo mantuvieron ocupado el paso de montaña entre el alto Éufrates y las fuentes del Araxes, mientras que Olti quedó casi del todo desatendido.
Cuando Kars estuvo más estrechamente cercada, intentaron por fin formar en Olti un convoy de víveres y forzar con una fuerte escolta la entrada en Kars. Parte de la caballería, inútil allí, había sido enviada fuera de Kars, y de hecho se abrió paso a través del territorio ocupado por los rusos hasta Olti; poco después partió el convoy; pero esta vez los rusos estaban más alerta: los turcos fueron completamente derrotados y el convoy cayó en manos de los rusos. Entretanto, en Kars empezó a hacerse sentir con dureza la falta de víveres. Omer Bajá fue enviado, en efecto, a Asia para tomar el mando y organizar en Batum un ejército capaz de combatir. Pero formar un ejército nuevo lleva mucho tiempo, y una marcha directa por Olti con el fin de socorrer Kars no era precisamente lo mejor que podía hacer Omer Bajá, ya que Kars puede verse obligada cualquier día a rendirse por falta de víveres antes de que llegue la ayuda.
En esta difícil situación se encontraban los turcos a finales de septiembre; Kars se daba prácticamente por perdida, y los rusos estaban seguros de rendirla por hambre con el simple bloqueo. Pero los rusos no parecen haber estado dispuestos a esperar a que en Kars se cociera la última harina y se sacrificara el último caballo. Ya fuera por temor al invierno que se acercaba, por el estado de los caminos, por falta de víveres, por órdenes superiores o por temor al cuerpo de socorro de Omer Bajá, el caso es que decidieron actuar enseguida y con energía. De Alexandrópol, fortaleza situada en la frontera a pocas leguas de Kars, llegaron cañones de sitio, y tras unos días de trabajos de trinchera y de bombardeo Kars fue asaltada por el grueso concentrado del ejército ruso al mando de Muraviov.5 La batalla fue terrible y duró ocho horas. Los bashibozuks y la infantería irregular, que tantas veces habían huido de los rusos en campo abierto, combatieron aquí en un terreno más favorable. Aunque las fuerzas atacantes debieron de ser de cuatro a seis veces más fuertes que la guarnición, todos los intentos de penetrar en la ciudad fueron vanos. Los turcos habían recobrado aquí por fin su valor y su buen juicio. Es verdad que los rusos lograron más de una vez llegar hasta las baterías turcas (con toda probabilidad, hasta las lunetas abiertas por la gola, de modo que quedaron dominados por el fuego de la segunda línea de defensa), pero no pudieron afianzarse en ninguna parte. Sus pérdidas, según se cuenta, fueron inmensas; se dice que los turcos enterraron 4.000 muertos; pero antes de creerlo necesitamos informaciones más detalladas y precisas.6
En cuanto a las operaciones de Omer Bajá, podía hacer dos cosas. O bien acudir en socorro de Kars y marchar por Olti a lo largo del Chorokh, con lo que habría corrido el riesgo de llegar demasiado tarde para ese fin, ya que habría tenido que llevar su ejército a la meseta armenia, donde los rusos están protegidos de un ataque frontal eficaz por una fuerte línea de fortalezas y donde Omer Bajá no habría tenido ocasión de atacar sus flancos; o bien habría tenido que marchar a lo largo del Rioni hasta Kutaisi y desde allí, por las montañas, al valle del Kura y hasta Tiflis. Allí no encontraría plazas fortificadas de ninguna importancia y amenazaría en el acto el centro del poder ruso en el sur del Cáucaso. No podía encontrarse medio más eficaz para obligar a Muraviov a retirarse de Armenia, y nuestros lectores recordarán que hemos señalado una y otra vez que solo esta dirección de las operaciones permite asestar un golpe duro al poder de los rusos en Asia. La base de operaciones adecuada para esta marcha sería Redut-Kalé; pero como allí no hay un puerto seguro, Omer Bajá se ha decidido por Sujum-Kalé, donde hay un buen puerto y un camino mejor a lo largo de la costa. Pronto sabremos si la estación no está ya demasiado avanzada para empresas tan serias.
El príncipe Mijaíl Gorchakov (1793-1861), jefe del ejército ruso en Crimea. ↩
Armand d'Allonville (1809-1867), general de caballería francés, que mandaba en Eupatoria. El combate, conocido también como de Kanghil, tuvo lugar el 29 de septiembre de 1855. ↩
Selvan, general ruso muerto en el asalto a Silistra de mayo de 1854; Fiódor Soimonov, muerto en la batalla de Inkerman (5 de noviembre de 1854); Nikolái Read, muerto en la batalla del Chernaya (16 de agosto de 1855). ↩
William Fenwick Williams (1800-1883), comisario británico ante el ejército turco de Anatolia, que dirigió la defensa de Kars con el rango de general turco. ↩
Nikolái Muraviov (1794-1866), virrey del Cáucaso y jefe del ejército ruso del Cáucaso desde 1854. ↩
El asalto ruso a Kars del 29 de septiembre de 1855, rechazado con grandes pérdidas. Kars capituló por hambre a finales de noviembre de 1855. ↩