Escrito por Karl Marx en Londres el 9 de mayo de 1855 y publicado en la Neue Oder-Zeitung (Breslau), núm. 219, del 12 de mayo de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 210-212), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Londres, 9 de mayo. El Morning Chronicle, el Advertiser, el Daily News, etc., terminan todos sus filípicas contra el asesino Pianori1 con giros más o menos tímidos contra el número del Moniteur que publica el acta de acusación contra Pianori al mismo tiempo que el decreto que ordena pagar a Cantillon, antiguo suboficial francés y hoy tendero en Bruselas, el legado napoleónico de 10.000 francos, recompensa de su intento de asesinar a Wellington.2 El que más se retuerce y se contorsiona, y de la manera más cómica, es el Chronicle, serio de profesión. Napoleón III, opina, no debe de saber nada de este extraño homenaje a Napoleón I, tan falto de tacto en este momento. El nombre de «Cantillon» ha debido de extraviarse en las castas columnas del Moniteur por un lapsus pennae.3 O un funcionario subalterno demasiado celoso ha dotado por su cuenta a Cantillon con los 10.000 francos, etc. El digno Chronicle parece imaginar que la burocracia francesa está organizada según el modelo de la inglesa, donde, ciertamente, como vemos por el último interrogatorio ante la comisión parlamentaria de investigación,4 un subalterno del Board of Ordnance5 puede encargar por su cuenta cierto tipo de cohetes, a espaldas de sus superiores y por valor de miles de libras, o donde, como explica Palmerston a la Cámara de los Comunes, hay que retener durante semanas documentos diplomáticos destinados al Parlamento porque la «persona» encargada en el ministerio de Asuntos Exteriores de traducir esos documentos sufre de catarro o de reúma.
Desde hace unos días la prensa londinense trata de volver de su admiración por Austria y de preparar a su público para un brusco paso a una tonalidad opuesta. Como de costumbre, los our own correspondents6 tienen que romper el hielo. Así, el Morning Chronicle se hace escribir desde Berlín:
«No puede imputarse al gabinete prusiano ningún acto positivo de engaño ni ninguna falta formal a la palabra dada. Si los gabinetes occidentales han sido engañados, fue culpa suya o de aquellos cuyo oficio es abrirles los ojos. Pero ¿puede decirse lo mismo de Austria? ¿Ha sido su conducta tan franca como la de Prusia? Esta ha hecho a las potencias occidentales todo el daño que estaba en su mano, abierta y francamente. Nos desafía y se burla de nosotros sin máscara ni reservas. Aquella ha coqueteado con Inglaterra y Francia durante veinte meses, se ha reído de nosotros en secreto, ha despertado esperanzas oficial y privadamente, nos ha atraído de comisión en comisión, ha dado seguridades del carácter más formal y, como predijeron hace tiempo quienes no estaban cegados por una confianza excesiva, está ahora a punto de dejarnos en la estacada si no aceptamos condiciones de paz lo más ventajosas posible para Rusia y del todo perjudiciales para Francia e Inglaterra. ¡En efecto! Después de que Austria sirviera a Rusia de escudo en el Prut y permitiera a Gorchakov destacar casi todas sus fuerzas de Besarabia a Crimea, se presenta ahora e insiste en una paz que deje las cosas como están. Si eso es todo lo que hemos de esperar de la amistad austriaca, entonces, cuanto antes se arroje la máscara, mejor».
Por otra parte, el Times se hace informar desde Viena:
«El barón Hess,7 comandante en jefe de los cuerpos de ejército 3.º y 4.º, ha redactado hace poco y presentado a su imperial señor un memorándum en el que demuestra que, en las circunstancias actuales, no es aconsejable para Austria declarar la guerra a Rusia. Probablemente se levantará un clamor contra mí por tocar de manera tan pública un asunto tan delicado, pero en mi opinión es un servicio a Inglaterra y a Francia decirles que tienen que contar con sus propios recursos y que apenas cabe esperar la ayuda de Austria. Si hubiera podido persuadir a Prusia y a la Confederación8 de que cubrieran su flanco izquierdo con un ejército de 100.000 hombres, probablemente se habría comprometido hace tiempo, a pesar de los muchos obstáculos que se oponían, a tomar la ofensiva contra Rusia. Los argumentos que desarrolla el barón Hess en su memorándum no se conocen con certeza, pero los austriacos de simpatías rusas, siempre los mejor informados en estas materias, aseguran que vienen a ser aproximadamente los siguientes: las potencias occidentales han demostrado hasta la evidencia que necesitan todos sus propios recursos y los de Turquía para resistir a los rusos en Crimea. Sería, pues, sumamente imprudente por parte de Austria, si no puede asegurarse la ayuda de la Confederación Germánica, meterse en una guerra con Rusia. Todo el mundo reconoce que esta tiene en Polonia un ejército de 250.000 hombres, incluidos los cuerpos de la Guardia y de granaderos, y como está situado allí en el radio de siete de las fortalezas más fuertes del Imperio ruso, ninguna fuerza que no sea al menos el doble de fuerte puede esperar sacarle ventaja. Asimismo se habría tenido en cuenta el estado ruinoso de las finanzas; la incapacidad de Francia para poner 100.000 hombres a disposición de Austria; la impotencia, puesta al desnudo, del gobierno británico; lo poco que puede fiarse de Prusia, etc. La semana pasada se añadió todavía una nueva razón: lo perecedero de las cosas en general, la incertidumbre de una vida humana en particular y el dilema en que se vería Austria si algo le sucediera a Luis Napoleón mientras estuviera en guerra con Rusia».
Giovanni Pianori (1827-1855), antiguo combatiente de la República romana, disparó contra Napoleón III en los Campos Elíseos el 28 de abril de 1855; fue guillotinado el 14 de mayo. ↩
Marie-André Cantillon, antiguo suboficial, intentó en 1818 matar en París al duque de Wellington, entonces jefe de las tropas aliadas de ocupación; absuelto, recibió de Napoleón I, en un codicilo de su testamento, un legado de 10.000 francos. ↩
«Desliz de pluma». ↩
La comisión de investigación de la Cámara de los Comunes sobre el estado del ejército ante Sebastopol, nombrada en enero de 1855 a propuesta de Roebuck. ↩
La Junta de Artillería e Ingenieros (Board of Ordnance), encargada del material de guerra; se suprimió en 1855. ↩
«Nuestros corresponsales», fórmula con que los diarios ingleses presentaban sus correspondencias. ↩
Heinrich von Hess (1788-1870), general austriaco, jefe del Estado Mayor General. ↩
La Confederación Germánica. ↩