Escrito por Karl Marx en Londres el 21 de mayo de 1855 y publicado en la Neue Oder-Zeitung (Breslau), núm. 237, del 24 de mayo de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 239-240), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Londres, 21 de mayo. Todos los periódicos londinenses publican hoy un manifiesto de los reformistas de la City, o más bien de su comité ejecutivo, al «pueblo de Inglaterra». El estilo del documento es seco, comercial, no tan elevado como las circulares comerciales que salen periódicamente del mismo lugar y que ofrecen en venta al mundo café, té, azúcar, especias y otros productos de los países tropicales en trenzados de frases más o menos dispuestos con gusto. La Asociación promete aportar materiales para una fisiología en toda regla de los diversos departamentos del gobierno y revelar todos los misterios de Downing Street, de la Downing Street de la sabiduría hereditaria. Eso es lo que promete. Por su parte exige que los cuerpos electorales de Inglaterra, en lugar de candidatos impuestos, como hasta ahora, por los clubes aristocráticos, envíen al Parlamento candidatos elegidos libremente según su corazón y recomendados solo por su mérito. Reconoce, pues, como normales los cuerpos electorales privilegiados existentes, esos mismos cuerpos electorales de los que confiesa que su venalidad, su dependencia de un par de clubes y su falta de independencia son la cuna de la actual Cámara de los Comunes y, por tanto, del actual gobierno. No quiere disolver estas corporaciones exclusivas, ni siquiera ampliarlas, sino solo moralizarlas. ¿Por qué no apelar entonces directamente a la conciencia de la propia oligarquía, en lugar de amenazarla con abolir sus privilegios? En todo caso tiene que ser un trabajo más fácil convertir a los jefes oligárquicos que a los cuerpos electorales oligárquicos. La asociación de la City quiere, por lo visto, suscitar un movimiento antiaristocrático, pero un movimiento dentro de los límites de la Inglaterra legal1 (como lo llamaba Guizot), de la Inglaterra oficial. ¿Y cómo piensan remover la ciénaga podrida de estos cuerpos electorales? ¿Cómo empujarlos a emanciparse de intereses y costumbres que los convierten en vasallos de un par de clubes distinguidos y en pilares de la oligarquía gobernante? ¿Con una fisiología de Downing Street? No del todo. También con la presión de fuera, con mítines de masas y cosas parecidas. ¿Y cómo quieren poner en movimiento a la masa popular no oficial, sin derecho de voto, para que actúe sobre el círculo privilegiado de los cuerpos electorales? Invitándola a renunciar a la Carta del Pueblo2 (que en el fondo no contiene más que la exigencia del sufragio universal y las condiciones sin las cuales este no puede llegar a ser en Inglaterra una realidad) y a reconocer los privilegios de estas corporaciones, que, según confiesan los propios reformistas de la City, están en descomposición. La asociación de la City tiene ante sí el ejemplo de los «reformadores financieros y parlamentarios».3 Sabe que este movimiento, a cuya cabeza estaban Hume, Bright, Cobden, Walmsley y Thompson, fracasó porque pusieron en lugar de la Carta del Pueblo la llamada «pequeña Carta», porque solo querían hacer concesiones a la masa popular, solo cerrar un compromiso con ella. ¿Y se imaginan que conseguirán sin concesiones lo que aquellos no pudieron conseguir a pesar de la concesión? ¿O deducen del movimiento contra las leyes de cereales que es posible poner en movimiento al pueblo inglés por reformas parciales? Pero el objeto de aquel movimiento era muy general, muy popular, muy tangible. El símbolo de la Liga contra las Leyes de Cereales era, como es sabido, una hogaza de pan grande y ancha frente al pan diminuto de los proteccionistas. Una hogaza de pan, sobre todo en el año de hambre de 1846, habla, naturalmente, un dialecto popular muy distinto que una «fisiología de Downing Street». No hace falta recordar un conocido librito, La fisiología de la City. En él se muestra con todo detalle que, por bien que estos señores lleven su propio negocio, en la administración de negocios comunes, como todas las compañías de seguros, siguen más o menos fielmente el modelo de la Downing Street oficial. Su administración de los ferrocarriles, con sus estafas escandalosas, sus fraudes y su total descuido de las medidas de seguridad, es tan notoria que más de una vez se ha planteado en la prensa, en el Parlamento y fuera del Parlamento la cuestión de si no habría que poner los ferrocarriles bajo control directo del Estado y quitarlos de las manos de los capitalistas privados. La fisiología de Downing Street no «servirá», pues, de nada, como dicen los ingleses. This will not do, sir!4
El pays légal de Guizot: el reducido cuerpo de los electores censitarios de la monarquía de Julio, frente al país real. ↩
La Carta del Pueblo (People's Charter) de 1838, programa del cartismo: sufragio universal masculino, voto secreto, distritos electorales iguales, supresión del requisito de propiedad para los diputados, dietas para los diputados y elecciones anuales. ↩
La National Parliamentary and Financial Reform Association, fundada en 1849 por Joseph Hume, Joshua Walmsley y otros radicales, que propugnaba una reforma electoral limitada, la «pequeña Carta», en lugar de la Carta del Pueblo. ↩
«¡Esto no sirve, señor!». ↩