Escrito por Karl Marx en Londres el 7 de mayo de 1855 y publicado en la Neue Oder-Zeitung (Breslau), núm. 215, del 10 de mayo de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 200-202), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. La nota de Marx va marcada como tal; las demás son nuestras. Texto original en alemán.

Londres, 7 de mayo. En tiempos de grandes agitaciones en Inglaterra, la City de Londres nunca supo ponerse a la vanguardia. Hasta ahora su adhesión a una agitación solo probaba que el fin de la agitación se había alcanzado, que se había convertido en un fait accompli. Así ocurrió con el movimiento por la reforma,1 en el que Birmingham tomó la iniciativa. Así con el movimiento contra las leyes de cereales,2 dirigido desde Manchester. Una excepción la constituye la ley de restricción bancaria de 1797.3 Los mítines de los banqueros y comerciantes de la City de Londres facilitaron entonces a Pitt prohibir al Banco de Inglaterra que continuara los pagos en metálico, después de que los directores del Banco le hubieran manifestado durante semanas que el Banco estaba al borde de la bancarrota y que solo podía salvarse con un golpe de Estado, con el curso forzoso de los billetes. Las circunstancias no exigían entonces mayor resignación por parte del Banco de Inglaterra para dejarse prohibir los pagos en metálico que por parte de los comerciantes de la City, cuyo crédito se sostenía o caía con el del Banco, para apoyar la prohibición de Pitt y recomendarla al país.4 Salvar el Banco de Inglaterra era salvar la City. De ahí entonces sus mítines «patrióticos» y su iniciativa «agitadora». La iniciativa que la City ha tomado en este momento, con los mítines celebrados el sábado pasado en la London Tavern y en el Guildhall y con la creación de una «Asociación para la Reforma Administrativa»,5 tiene el mérito de la novedad, el mérito, raro en Inglaterra, de no tener precedentes. Además, en esos mítines no se comió ni se bebió, lo que también es nuevo en los anales de la City, cuyo «patriotismo de sopa de tortuga» ya inmortalizó Cobbett.6 Por último, era nuevo que los mítines de los comerciantes de la City en la London Tavern y en el Guildhall se celebraran en horas de oficina, a plena luz del día. El actual estancamiento de los negocios puede tener algo que ver con este fenómeno, como en general puede ser un fermento de la efervescencia del espíritu de la City, y un fermento esencial. Con todo, no puede negarse la importancia de este movimiento de la City, por mucho que en el West End se esfuercen en tomarlo a risa. Los periódicos reformistas burgueses —Daily News, Morning Advertiser, Morning Chronicle (este pertenece desde hace algún tiempo a esa categoría)— tratan de demostrar a sus adversarios el «gran porvenir» de la asociación de la City. Pasan por alto lo que está más a mano. No han comprendido que la mera existencia de estos mítines ha decidido ya puntos muy esenciales, muy decisivos: 1. La ruptura entre la clase dominante fuera del Parlamento y la clase gobernante dentro de él; 2. un desplazamiento de los elementos de la burguesía que hasta ahora daban el tono en la política; 3. el desencanto con Palmerston.

Layard,7 como es sabido, ha anunciado sus propuestas de reforma para esta noche en la Cámara de los Comunes. La Cámara de los Comunes, como es sabido, lo acalló hace una semana con siseos, silbidos y gruñidos. Los príncipes del mundo comercial inglés respondieron en sus mítines de la City con vivas convulsos a Layard. Fue el héroe del día en la London Tavern y en el Guildhall. Los cheers de la City son la respuesta provocadora a los groans de la Cámara de los Comunes.8 Si la Cámara de los Comunes se muestra esta noche intimidada, su autoridad se ha acabado, abdica. Si renueva sus groans, los cheers contrarios resonarán tanto más fuerte. Y por Los abderitas9 se sabe a qué vías de hecho conduce la rivalidad entre cheers y groans. Los mítines de la City fueron un desafío directo a la Cámara de los Comunes, parecido a la elección de sir Francis Burdett por Westminster en la primera década de este siglo.10

Hasta ahora, como es sabido, la Escuela de Manchester, con sus Bright y sus Cobden,11 estaba a la cabeza del movimiento de la burguesía inglesa. Los fabricantes de Manchester se ven ahora desplazados por los comerciantes de la City. Su oposición ortodoxa a la guerra convenció a la burguesía, que en Inglaterra no puede quedarse quieta ni un momento, de que habían perdido, al menos de momento, la vocación de dirigirla. Los señores de Manchester solo pueden mantener ahora su «hegemonía» sobrepujando a los señores de la City. Esta rivalidad entre las dos fracciones más importantes de la burguesía, proclamada de hecho por los mítines de la City, de los que los Bright y los Cobden fueron excluidos y se excluyeron ellos mismos, anuncia cosas buenas para el movimiento popular. Ya podemos aducir como prueba que el secretario del comité de la City ha dirigido una carta a los cartistas de Londres pidiéndoles que nombren un miembro para su comisión permanente. Los cartistas han delegado con este fin a Ernest Jones.12 Los comerciantes no están, naturalmente, en una oposición tan directa a los obreros como los fabricantes, la millocracy,13 y así pueden darse, al menos para empezar, pasos comunes que eran imposibles entre los cartistas y los hombres de Manchester.

Palmerston —y este es el último gran hecho de los mítines de la City— ha sido por primera vez abucheado y silbado por el cuerpo electoral más importante del país. El hechizo de su nombre se ha roto para siempre. Lo que lo desacreditó en la City no fue su política rusa, que es más vieja que la guerra de los Treinta Años. Fue la burla desenvuelta, el cinismo pretencioso, fueron sobre todo los «malos chistes» con los que finge curar la crisis más terrible que Inglaterra ha conocido. Eso indignó a las conciencias burguesas, por mucho que surtiera efecto en la degenerada Cámara de los «Comunes».

Reforma administrativa con un Parlamento tal como está constituido ahora: cualquiera ve a primera vista lo ilógico de estos piadosos deseos. Pero en nuestro siglo hemos conocido papas reformadores.14 Hemos conocido banquetes reformistas con Odilon Barrots a la cabeza.15 No es de extrañar, pues, que la avalancha que se llevará por delante a la vieja Inglaterra aparezca primero como una bola de nieve en manos de comerciantes reformistas de la City.

  1. El movimiento por la reforma electoral que condujo a la ley de reforma de 1832; en Birmingham lo encabezó la Unión Política de Thomas Attwood. ↩

  2. La Liga contra las Leyes de Cereales (Anti-Corn-Law League), fundada en Manchester en 1838 por Cobden y Bright; las leyes de cereales, que gravaban la importación de grano, se derogaron en 1846. ↩

  3. La ley de 1797 que suspendió la obligación del Banco de Inglaterra de cambiar sus billetes por oro; la convertibilidad no se restableció hasta 1821. ↩

  4. (Nota de Marx.) Es increíble que todavía en las historias más modernas de la economía política se cite la conducta de la City en aquella ocasión como prueba del patriotismo inglés. Es todavía más increíble que el señor von Haxthausen, en su obra sobre Rusia (tomo 3, 1852), sea tan crédulo como para afirmar que Pitt, al suspender los pagos en metálico del Banco, retuvo el dinero en Inglaterra. ¡Qué no le habrán hecho creer en Rusia a un hombre que tiene semejante fe! ¿Y qué hemos de pensar de la crítica berlinesa, que cree a pies juntillas al señor von Haxthausen y, como prueba de ello, lo copia? ↩

  5. La Administrative Reform Association, fundada en mayo de 1855 por comerciantes y banqueros de la City para reclamar una administración del Estado eficaz y abierta al mérito, en lugar de reservada al patronazgo aristocrático. ↩

  6. William Cobbett (1763-1835), publicista radical inglés. La sopa de tortuga era el plato emblemático de los banquetes de la City. ↩

  7. Austen Henry Layard (1817-1894), arqueólogo de Nínive y diputado liberal, uno de los portavoces del movimiento por la reforma administrativa. ↩

  8. Cheers: aclamaciones; groans: gruñidos de desaprobación, en el uso parlamentario inglés. ↩

  9. Historia de los abderitas (1774-1780), novela satírica de Christoph Martin Wieland, en la que un pleito absurdo, el de la sombra del asno, divide a la ciudad de Abdera en dos partidos enfrentados. ↩

  10. Sir Francis Burdett (1770-1844), radical, elegido diputado por Westminster en 1807 frente a los candidatos de los partidos establecidos. ↩

  11. John Bright (1811-1889) y Richard Cobden (1804-1865), fabricantes y jefes de la Escuela de Manchester, librecambista y pacifista. ↩

  12. Ernest Jones (1819-1869), poeta y dirigente cartista, amigo de Marx y Engels. ↩

  13. «Millocracia»: la aristocracia de los dueños de fábricas (mills). ↩

  14. Pío IX, elegido en 1846, que en sus primeros años pasó por papa liberal y reformador. ↩

  15. Odilon Barrot (1791-1873), jefe de la oposición dinástica en la monarquía de Julio y uno de los promotores de la campaña de los banquetes por la reforma electoral de 1847-1848, que desembocó en la revolución de febrero. ↩