Escrito por Karl Marx en Londres el 24 de febrero de 1855 y publicado en la Neue Oder-Zeitung (Breslau), núm. 97, del 27 de febrero de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 87-89), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Londres, 24 de febrero. La Cámara de los Comunes estaba ayer abarrotada, porque se habían anunciado declaraciones ministeriales sobre la ruptura de la primera administración Palmerston.1 Los parlamentarios, apiñados, aguardaban impacientes la llegada del noble vizconde, que apareció por fin una hora después de abierta la sesión, recibido con risas por un lado y con cheers (aplausos) por el otro. Los ministros desertores —Graham, Gladstone, Herbert—2 tomaron asiento en los bancos de los llamados radicales (la escuela de Manchester), donde el señor Bright3 parecía hacerles los honores. Un banco por delante de ellos estaba entronizado Cardwell,4 que también había dimitido. Lord Palmerston se levantó para proponer que se tomara en consideración de inmediato la comisión de Roebuck.5 Sir James Graham empezó entonces las confesiones ministeriales, y aún estaba en el umbral de su castillo retórico en el aire cuando Palmerston se puso a acompañarlo con señales inequívocas de un sueño profundo.
La polémica de Graham contra la comisión investigadora se limitó, en el fondo, a sostener que era una intromisión de la Cámara de los Comunes en la prerrogativa de la Corona. Sabemos que desde hace siglo y medio es costumbre de los ministerios ingleses invocar frente a la Corona los privilegios de la Cámara y frente a la Cámara la prerrogativa de la Corona. En la práctica, Graham amenaza con un peligro para la alianza anglo-francesa a consecuencia de las pesquisas de la comisión. ¿Qué era eso sino insinuar que el aliado francés iba a resultar la causa principal de las desgracias que se lamentan? En cuanto a su salida del ministerio, el ministerio había considerado desde el principio la moción de Roebuck como un voto de censura encubierto. Por eso se había sacrificado a Aberdeen y a Newcastle6 y se había disuelto el antiguo gabinete. El nuevo gabinete, salvo Canning y Panmure,7 se compone del antiguo personal; ¿cómo iba, pues, la moción de Roebuck a admitir de repente una interpretación nueva? No era él, sino lord Palmerston, quien había cambiado de opinión del viernes al martes. No era él el desertor, sino su noble amigo. Además —y esta fue una confesión ingenua—, Graham dio como razón de su salida del gabinete renovado que se había convencido
«de que la actual administración no tiene la confianza de la Cámara en mayor grado que la que se retiró hace unas semanas».
En el curso de su exposición, Graham dejó caer estas palabras:
«Al formarse la nueva administración, quise saber del noble lord» (Palmerston) «si habría algún cambio en la política exterior del conde de Aberdeen y, asimismo, si se modificaría algo en las condiciones de paz establecidas. Lord Palmerston me dio la más completa seguridad de que en estos aspectos todo seguiría igual».
(Citamos estas palabras tal como se pronunciaron en la Cámara de los Comunes, no tal como se imprimieron, en forma más perifrástica, en los periódicos.)
Bright recogió en el acto esta declaración de Graham para hacer constar que no deseaba derribar el gobierno de Palmerston ni odiaba personalmente al noble lord, sino que, al contrario, estaba convencido de que Palmerston y Russell8 tenían lo que le había faltado al injustamente perseguido Aberdeen, a saber, la popularidad suficiente para concluir la paz sobre la base de los cuatro puntos.9
Sidney Herbert: la moción de Roebuck se dividía en dos partes muy distintas. Primero proponía investigar el estado del ejército ante Sebastopol; segundo, investigar la gestión de los departamentos del gobierno encargados especialmente del mantenimiento del ejército. La Cámara tenía derecho a hacer lo segundo, pero no lo primero. ¿Será por esta razón por lo que Herbert se opuso el 26 de enero tan violentamente a «lo segundo» como se opone ahora, el 23 de febrero, a «lo primero»? Cuando él (Herbert) aceptó su puesto en el gabinete actual, lord Palmerston, de acuerdo con su discurso del viernes pasado, había declarado que la comisión era inconstitucional y que había quedado descartada con la salida de Aberdeen y de Newcastle. Palmerston ni siquiera dudaba de que la Cámara rechazaría ahora sin debate la moción de Roebuck. La comisión, en la medida en que no se propusiera acusar al gobierno, sino investigar el estado del ejército, resultaría un enorme simulacro. Lord Palmerston, al no tener el valor de obrar conforme a su convicción repetidamente formulada, debilitaba al gobierno. ¿De qué servía un hombre fuerte si seguía una política débil?
Gladstone no añade, en realidad, nada a las declaraciones de sus colegas, salvo esa clase de argumentación que había llevado al difunto Peel,10 con ocasión de la salida de Gladstone de su administración —se trataba entonces del instituto de Maynooth—,11 a declarar que había creído entender las razones de la salida de su amigo antes de que su amigo se pusiera a exponerlas al Parlamento en un discurso de dos horas.
Palmerston juzgó superfluo entrar en las declaraciones de sus excolegas. Lamentaba su salida, pero sabría consolarse. A su modo de ver, la comisión no se proponía una censura, sino una investigación sobre el estado del ejército. Se había opuesto a que se nombrara la comisión, pero se había convencido de que la decisión de la Cámara no tenía vuelta atrás. El país no podía quedarse sin gobierno, y por eso él seguiría siendo gobierno, con comisión o sin ella. A la pregunta de Bright respondió que las negociaciones de paz iban en serio y que las instrucciones de Russell se habían redactado sobre la base de los cuatro puntos. Sobre el estado de su propio ministerio no comunicó nada a la Cámara.
Palmerston, pese a la súbita ruptura de su primera administración, ha obtenido ya sin duda victorias, si no en la opinión pública, sí en el gabinete y en el Parlamento. Con la misión de Russell en Viena se ha librado de un rival molesto y caprichoso. Con su compromiso con Roebuck ha convertido la comisión parlamentaria de investigación en una comisión del gobierno, que solo cuenta como cuarta junto a las tres nombradas por él mismo. Ha puesto, como dice Sidney Herbert, un «enorme simulacro» en lugar de una realidad. La salida de los peelitas le ha dado la posibilidad de formar un gabinete de puros ceros con él mismo como única cifra. Que la formación de semejante ministerio verdaderamente palmerstoniano tropieza, sin embargo, con dificultades casi insuperables está fuera de duda.
Henry John Temple, vizconde Palmerston (1784-1865), formó gobierno el 6 de febrero de 1855, tras la caída del gabinete de coalición de lord Aberdeen; el 22 de febrero dimitieron tres de sus ministros peelitas y tuvo que recomponer el gabinete. ↩
Sir James Graham, primer lord del Almirantazgo; William Ewart Gladstone, ministro de Hacienda, y Sidney Herbert, secretario de las Colonias: los peelitas, antiguos partidarios de Robert Peel, que dimitieron del gabinete Palmerston el 22 de febrero de 1855 porque este aceptó la comisión de Roebuck. ↩
John Bright (1811-1889), fabricante de Rochdale, librecambista y diputado, uno de los jefes de la escuela de Manchester junto con Richard Cobden; se opuso a la guerra de Crimea. ↩
Edward Cardwell (1813-1886), peelita, presidente de la Junta de Comercio en el gabinete Aberdeen; no siguió en el gabinete de Palmerston. ↩
John Arthur Roebuck (1801-1879), diputado radical. Su moción del 26 de enero de 1855 para nombrar una comisión que investigara el estado del ejército ante Sebastopol y la gestión de los departamentos encargados de él se aprobó el 29 de enero por 305 votos contra 148 y derribó el gabinete Aberdeen. ↩
George Hamilton-Gordon, conde de Aberdeen (1784-1860), primer ministro del gabinete de coalición de 1852-1855, y Henry Pelham-Clinton, duque de Newcastle (1811-1864), su ministro de la Guerra. ↩
Charles John Canning, vizconde Canning (1812-1862), director general de Correos, que con Palmerston entró en el gabinete, y Fox Maule, lord Panmure (1801-1874), ministro de la Guerra desde febrero de 1855. ↩
Lord John Russell (1792-1878), jefe whig, enviado por Palmerston a las conferencias de paz de Viena de 1855. ↩
Los cuatro puntos fijados en agosto de 1854 por Inglaterra, Francia y Austria como condición de la paz con Rusia: protectorado colectivo sobre los Principados del Danubio, libre navegación del Danubio, revisión del tratado de los Estrechos de 1841 y renuncia de Rusia al protectorado sobre los súbditos ortodoxos del sultán. ↩
Sir Robert Peel (1788-1850), primer ministro conservador en 1834-1835 y 1841-1846. ↩
El seminario católico de Maynooth, en Irlanda, cuya subvención estatal aumentó el gobierno de Peel en 1845; Gladstone dimitió entonces de la presidencia de la Junta de Comercio. ↩