Escrito por Friedrich Engels (correspondencia fechada en Londres el 11 de septiembre de 1855) y publicado en la Neue Oder-Zeitung (Breslau), núm. 429, del 14 de septiembre de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 525-528), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Una versión inglesa, con variantes, apareció en el New-York Daily Tribune núm. 4506, del 28 de septiembre de 1855. El título lo pusieron los editores de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Londres, 11 de septiembre. Los cañones de St. James's Park y de la Torre anunciaron anoche a las 9 a Londres la caída del lado sur de Sebastopol. En los teatros Lyceum, Haymarket y Adelphi los empresarios tuvieron por fin la satisfacción de provocar los hurras, el «God save the Queen» y el «Partant pour la Syrie»1 a raíz de despachos oficiales, y no, como hasta ahora, con falsos pretextos.
La campaña de Crimea ha llegado por fin a su punto de inflexión. Desde hacía una semana, más o menos, los telégrafos rusos admitían que el fuego aliado había causado daños considerables en las líneas de Sebastopol y que el daño se había reparado «en lo posible», es decir, no del todo. Ayer supimos que el sábado 8 de septiembre, por la tarde, los aliados habían asaltado 4 bastiones, habían sido rechazados ante uno de ellos, habían tomado dos, de los que tuvieron que volver a evacuar uno, pero habían conservado finalmente el cuarto y más importante, la torre de Malájov (bastión de Kornílov), cuya pérdida obligó a los rusos a destruir y evacuar el lado sur.
La llegada de considerables refuerzos después de la batalla del Chernaya puso a los generales aliados a salvo de cualquier posible empresa del ejército ruso junto a Inkerman; pues, aunque el resto de las divisiones rusas 4.ª y 6.ª y las dos divisiones de granaderos se sumaran a ese ejército, los aliados se encontraban ahora en situación de resistir con éxito a cualquier número de tropas que los rusos pudieran lanzar al otro lado del Chernaya, y conservaban al mismo tiempo fuerzas suficientes para proseguir el sitio y aun emprender un asalto. Hay que reconocer que el gobierno francés fue esta vez extraordinariamente rápido en el envío de las tropas que debían contrapesar los refuerzos ya en marcha desde Polonia y Volinia. El número de tropas francesas embarcadas para Oriente desde comienzos de julio debe estimarse en 50.000 por lo menos. En estas circunstancias, y con el efecto correspondiente de las baterías de morteros inglesas y francesas adelantadas, las trincheras avanzaron hasta el foso bajo la protección de un fuego vigoroso. Hasta dónde avanzaron, y si se coronó el glacis secundum artem, no lo sabemos todavía. El fuego tomó cada vez más el carácter de un bombardeo regular; el tiro vertical se empleó con éxito para hacer insostenible la plaza a los cuerpos de tropas mayores, y finalmente se ordenó el asalto.
En el Mamelón,2 los rusos habían construido la primavera pasada una serie de secciones a prueba de fuego y de bomba con ayuda de traverses y blindes. Estas disposiciones les daban una protección excelente contra el fuego enemigo, pero en el asalto se vio que no había quedado espacio para concentrar un número suficiente de tropas para defender la obra. Sección tras sección, defendida por pocos hombres, cayó en manos de los franceses y les sirvió luego de alojamiento inmediato. El mismo error parece haberse cometido al construir las defensas del Malájov. Se había recargado en exceso la obra, y en cuanto los franceses se apoderaron del punto dominante de la colina, las propias obras rusas les dieron protección contra el fuego ruso. Como el Gran Redán (bastión n.º 3) y el Redán de la bahía de Carenaje (bastión n.º 1 de los rusos) están en un terreno más llano, no admitían las defensas escalonadas y complicadas que podían instalarse en el Malájov. Aquí parece, por tanto, que se había hecho en el bastión una simple coupure que cortaba el ángulo saliente y exponía su interior a un fuego abrumador. Las tropas para su defensa podían por eso concentrarse más atrás, y el interior de la obra protegerse con salidas desde la coupure. A consecuencia de esta disposición, que se adopta generalmente en tales casos, las líneas inglesas y las columnas francesas destinadas al asalto de estas posiciones pudieron avanzar fácilmente por la muralla exterior casi abandonada, pero, una vez frente a la coupure, las aplastó la lluvia de balas y tuvieron que abandonar el asalto.
Inmediatamente después de la toma del Malájov, el general de Salles, en el ataque izquierdo francés, intentó establecerse en el bastión Central (n.º 5, entre los bastiones del Mástil y de la Cuarentena). Fue rechazado. No sabemos si este asalto se emprendió bajo su responsabilidad personal o si formaba parte del plan original. Tampoco sabemos si las trincheras francesas se habían adelantado lo suficiente hacia el bastión para justificar este intento temerario.
La toma de la colina del Malájov fue en el acto el punto de inflexión del sitio. El Malájov domina por completo la Karabélnaya y la ladera oriental de la colina sobre la que está edificada la ciudad de Sebastopol. Toma por la espalda los fuertes marítimos del lado sur del puerto y hace insostenible para los buques de guerra rusos todo el puerto interior y la mayor parte del exterior. Con la caída del Malájov se rompía la continuidad de las líneas de defensa de Sebastopol justo en el punto del que dependía la seguridad del conjunto. La posesión del Malájov significaba, pues, la posesión de la Karabélnaya, la destrucción de la ciudad por el bombardeo, la toma de flanco y de revés del bastión del Mástil y la desaparición de las últimas posibilidades de conservar Sebastopol. Hasta entonces Sebastopol era un campamento fortificado para un gran ejército, como lo son todas las fortalezas modernas importantes. Con la toma del Malájov había descendido al rango de simple cabeza de puente para la guarnición rusa del lado norte, y además de una cabeza de puente sin puente. Algunos buques rusos del puerto habían sido incendiados ya por las bombas de las baterías aliadas. El Malájov, una vez artillado con cañones franceses, habría hecho imposible a los buques rusos restantes encontrar un fondeadero seguro, salvo muy al pie de los fuertes Nicolás y Alejandro, donde solo hay sitio para muy pocos. De ahí que los rusos hundieran y quemaran navíos de línea y vapores de guerra. La toma de posesión completa del lado de la Karabélnaya impondrá a los aliados el comienzo de las operaciones en campo abierto. Aunque no podrán establecer muchas baterías ni numerosas tropas en este barrio de la ciudad, a causa del fuego del lado norte, han logrado en todo caso reducir la parte rusa de Sebastopol a menos de la mitad de lo que abarcaba antes del 8 de septiembre, y a una fortaleza que solo puede albergar un número limitado de defensores. No solo está completamente quebrantada la fuerza ofensiva de la guarnición, sino que su fuerza defensiva se ha debilitado considerablemente. Bastará un número mucho menor de hombres para proseguir el sitio, y las tropas así liberadas, junto con las fuerzas que están ahora en camino o en el campamento de Maslak,3 podrán emplearse en una expedición a Eupatoria. Cuanto más se estudia la posición recíproca de los aliados y los rusos en el Chernaya, más se convence uno de que ahora ninguno de los dos puede desalojar al otro sin una gran superioridad numérica y sacrificios extraordinarios. Por eso gana cada vez más terreno en el campamento aliado la opinión de que hay que embarcar de 60.000 a 70.000 hombres hacia Eupatoria para marchar desde allí contra las líneas de comunicación rusas en Simferópol. Los rusos se verían así obligados a una batalla en campo abierto, cuyo éxito, en las circunstancias actuales, parece asegurado para los aliados. Pero todo depende de que aprovechen el momento presente con rapidez y energía.