Escrito por Karl Marx en Londres el 24 de agosto de 1855 y publicado en la Neue Oder-Zeitung (Breslau), núm. 397, del 27 de agosto de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 501-502), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título lo pusieron los editores de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Londres, 24 de agosto. Sir Charles Napier1 publica en los diarios de hoy una carta en la que se confirma en lo esencial nuestra opinión sobre el asunto de Sveaborg. Reproducimos de ella el siguiente extracto:

«Por lo que yo mismo he escrito, y por el despacho del almirante Dundas, se ve que, si se hubiera seguido al pie de la letra mi plan, Sveaborg estaría ya destruida. Resulta que los aliados solo tenían 43 cañoneras y bombardas, y que muchas bombardas quedaron fuera de combate. Deberían haber tenido por lo menos 100. Sir James Graham,2 en 1854, en una carta que me dirigió, calculaba que hacían falta 200. Si se hubiera dispuesto de ese número, se habría podido continuar el bombardeo relevando a los hombres, del mismo modo que se los releva en las trincheras. Los morteros habrían tenido tiempo de enfriarse, y el bombardeo habría podido continuar hasta que no quedara piedra sobre piedra y se hubiera abierto paso para que los navíos de línea entraran y remataran la obra. En lugar de eso, el Almirantazgo no parece haber previsto que los morteros no pueden estar eternamente en su puesto, aunque los informes de Sebastopol tendrían que habérselo enseñado. Así, una operación que parece haberse dirigido con gran juicio solo tuvo un éxito muy parcial, pues el almirante Dundas admite en su informe que las defensas marítimas rusas apenas sufrieron daño. Si los medios del almirante Dundas hubieran sido mayores, habría podido continuar su bombardeo mientras durara el buen tiempo, y las flotas, en lugar de volver a Nargen, habrían podido echar el ancla en Sveaborg.

»El primer año, el Almirantazgo podía quizá disculparse por la falta de medios, pero desde luego no el segundo. En vez de construir cañoneras y bombardas, construyó baterías flotantes de hierro que apenas podían flotar y que, aun cuando hubieran podido flotar, habrían sido inútiles, porque a menos de 400 yardas de Sveaborg tenían asegurada su destrucción y a más de 400 yardas no podían causar ningún daño.

»El primer ensayo con hierro le costó al país un millón, ¿y adónde ha ido a parar? El segundo, no mucho menos de medio millón, y esas baterías de hierro no han salido todavía de nuestros puertos y probablemente no saldrán nunca. Eso pasa por tener a gente incapaz a la cabeza. Los ministros se han visto obligados a reformar el departamento de Guerra. ¿Cuándo pensarán en reformar el Almirantazgo? Mientras no lo hagan, el dinero del pueblo se tira. El Almirantazgo no parece haber entendido el efecto de un bombardeo, aunque durante más de un año le predije lo que iba a ocurrir; y si hubieran leído historia, sabrían que la Martinica fue tomada con bombardas, donde no había casamatas para toda la guarnición, como tampoco las hay en Sveaborg. El almirante Dundas dice que no formaba parte de su plan intentar un ataque general de los navíos de línea contra las defensas y que, por tanto, sus operaciones se limitaron a destruir la fortaleza y los arsenales hasta donde fue posible con morteros.

»Si el almirante Dundas hubiera tenido a su disposición medios suficientes, habría incluido en su plan un ataque contra las defensas y habría concentrado toda su flota, dispuesta a aprovechar el terror y la confusión que habían de causar las cañoneras y las bombardas. Solo el calor del incendio provocado habría mantenido a la guarnición lejos de los cañones; la flota se habría encontrado en Sveaborg y habría volado al diablo las obras de la fortaleza, las islas, etc., en vez de destruir solo edificios de madera y arsenales y aplazar otra vez hasta el año próximo el verdadero trabajo.»

Napier termina su carta como sigue:

«Sir James Graham fue uno de los ministros que enviaron el ejército británico a Sebastopol a mediados de septiembre, sin medios de transporte, sin víveres, tiendas, ropa ni hospitales, para pasar un invierno desolado y perecer; y fue el ministro que quiso inducirme a tomar a fines de octubre una flota británica y estrellarla contra las rocas de Sveaborg, y para vergüenza suya encontró a dos oficiales de marina que firmaron su carta insultante contra mí, y esa gente sigue en el Almirantazgo. Así es como se dirige la marina de este país. Los dos veranos en el Báltico servirán de lección al Almirantazgo. Tiene en su poder mis planes de ataque contra Kronstadt y probablemente también los planes del almirante Dundas. Así que es de suponer que sir James Graham y sus dos compinches se pondrán en marcha el verano próximo y ejecutarán ellos mismos esos planes.»

  1. Charles Napier (1786-1860), almirante británico, mandó la flota del Báltico en 1854; a su regreso se le retiró el mando. ↩

  2. James Graham (1792-1861), primer lord del Almirantazgo de 1852 a febrero de 1855. ↩