Escrito en inglés por Karl Marx hacia el 17 de octubre de 1856 y publicado como editorial en el New-York Daily Tribune, núm. 4848, del 1 de noviembre de 1856. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 12 (Berlín, 1961, pp. 64-70), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrige una errata evidente de la edición digital de la MEW. La MEW no da el día del número del Tribune; el 1 de noviembre se deduce de la numeración del periódico. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Del último balance del Banco de Francia hemos sacado que su reserva metálica había llegado a la baja suma de unos treinta millones de dólares, tras haber disminuido un veinticinco por ciento solo en el mes pasado. Si esta salida continuara, las reservas del banco se agotarían para fin de año y se suspenderían los pagos en metálico. Para prevenir este peligro extremo se han tomado dos medidas. Por un lado, la policía ha de impedir que se funda plata para la exportación, y por otro, el Banco de Francia ha decidido duplicar su reserva metálica con grandes sacrificios, firmando con los señores Rothschild un contrato para el suministro de seis millones de libras. Esto significa que el banco, para compensar su déficit de oro, agranda aún más la desproporción entre los precios a que compra el oro, por un lado, y a que lo vende, por otro. En virtud de este contrato se retiraron del Banco de Inglaterra 50.000 libras en oro el 11 de octubre y 40.000 el 13, y el Asia, que llegó ayer aquí, trae noticias de otra retirada de más de medio millón. En consecuencia, reinaba en Londres el temor general de que el Banco de Inglaterra volviera a apretar el tornillo subiendo su tipo de descuento, para impedir que sus propios fondos emigraran a Francia. Como preparación para ello, el banco se ha negado ahora a dar préstamos sobre toda clase de efectos públicos, salvo los bonos del Tesoro.

Pero todo el oro que el Banco de Francia logre atraer a sus cámaras se escapará con la misma rapidez con que entra: en parte como pago de deudas exteriores para compensar la balanza comercial; en parte porque se retirará hacia el interior de Francia para sustituir a la plata que desaparece de la circulación, cuyo atesoramiento avanza naturalmente al paso de la creciente violencia de la crisis, y por último para las necesidades de las enormes empresas industriales creadas en los últimos tres o cuatro años. Las grandes compañías de ferrocarriles, por ejemplo, que para proseguir sus obras y pagar sus dividendos y primas contaban con emitir nuevos empréstitos, ahora imposibles, hacen intentos desesperados por tapar el agujero de sus cajas. Así, el ferrocarril del Oeste de Francia necesita sesenta millones de francos; el del Este, veinticuatro; el del Norte, treinta; el del Mediterráneo, veinte; el de Orleans, cuarenta, y así sucesivamente. Se calcula que la suma total que necesitan todas las compañías de ferrocarriles juntas asciende a trescientos millones. Bonaparte, que se había jactado de desplazar la política poniendo de moda el juego general con el dinero, se esfuerza ahora por desviar la atención del mercado de dinero con toda clase de cuestiones políticas, como la cuestión de Nápoles, la cuestión del Danubio, la cuestión de Besarabia y la cuestión del nuevo Congreso de París; pero todo en vano. No solo Francia, sino toda Europa está plenamente convencida de que la suerte de lo que se llama la dinastía bonapartista, así como el estado actual de la sociedad europea, dependen del desenlace de la crisis comercial cuyo comienzo parece estar viviendo ahora París.

Como ya hemos señalado, la súbita subida del precio de la plata respecto del oro dio el primer motivo para el estallido de la crisis. Esa subida, pese a la inmensa producción de oro de California y Australia, solo puede explicarse por la salida constantemente creciente de plata del mundo occidental hacia Asia, y especialmente hacia la India y China. Desde comienzos del siglo XVII, Asia, en particular China y la India, no ha dejado nunca de ejercer una influencia importante sobre los mercados de metales preciosos de Europa y América. Como la plata es el único medio de cambio en esos países orientales, el tesoro con que la América española inundó Europa se fue en parte por el comercio con Oriente, y la importación de plata de América a Europa se compensaba con la exportación de plata de Europa a Asia. Es cierto que al mismo tiempo había una exportación de oro de Asia a Europa, pero, si se dejan aparte los envíos de los montes Urales de 1840 a 1850, esa exportación era demasiado insignificante para tener resultados sensibles.

La circulación de la plata entre Asia y Occidente tuvo naturalmente sus periodos sucesivos de flujo y reflujo, que dependían de las oscilaciones de la balanza comercial. En conjunto, sin embargo, pueden distinguirse tres épocas de rasgos generales en la historia de este movimiento mundial: la primera empieza con el siglo XVII y termina hacia 1830; la segunda va de 1831 a 1848, y la última, de 1849 hasta el presente. En la primera época la exportación de plata a Asia aumentó en general; en la segunda la corriente disminuyó, hasta que por fin se inició una contracorriente y Asia, por primera vez, devolvió a Europa una parte de los tesoros que había absorbido durante casi dos siglos y medio; en la tercera época, que se halla todavía en su fase ascendente, las tornas han vuelto a cambiar y la absorción de plata por Asia se produce en una escala sin precedentes.

En tiempos anteriores, tras el descubrimiento de la plata en América, e incluso tras la fundación del dominio portugués en la India, la exportación de plata de Europa a Asia apenas era perceptible. Hicieron falta mayores cantidades de este metal cuando, a comienzos del siglo XVII, los holandeses, y luego también los británicos, extendieron su comercio con Asia oriental, pero sobre todo desde el rápido aumento del consumo de té en Inglaterra durante el siglo XVIII, porque los pagos ingleses por el té chino se hacían casi exclusivamente en plata. En la última parte del siglo XVIII la salida de plata de Europa hacia Asia oriental había alcanzado tal volumen que absorbía una parte importante de la plata importada de América. Además, había comenzado ya una exportación directa de América a Asia, aunque en conjunto se limitaba a la cantidad que las flotas mexicanas de Acapulco llevaban a Filipinas. Esta absorción de plata por Asia se hizo tanto más sensible en Europa en los primeros treinta años del siglo XIX cuanto que los envíos americanos, a causa de las revoluciones estalladas en las colonias españolas, bajaron de más de cuarenta millones de dólares en 1800 a menos de veinte millones en 1829. Por otro lado, de 1796 a 1825 se cuadruplicó la plata embarcada de los Estados Unidos a Asia, mientras que después de 1809 no solo México, sino también Brasil, Chile y Perú empezaron a exportar plata directamente a Asia oriental, aunque en menor escala. El exceso de la plata importada de Europa en la India y China sobre el oro exportado de allí ascendió de 1811 a 1822 a más de treinta millones de libras.

Un gran cambio se produjo durante la época que empieza en 1831. La Compañía de las Indias Orientales no solo se había visto obligada a ceder su monopolio del comercio entre Europa y sus dominios orientales, sino que, salvo sus monopolios indo-chinos, había sido disuelta por completo como empresa comercial.1 Al quedar así el comercio de las Indias Orientales en manos de la iniciativa privada, la exportación de manufacturas británicas a la India empezó a superar con mucho la importación de materias primas indias en Gran Bretaña. Por eso la balanza comercial se inclinó cada vez más decididamente a favor de Europa y, en consecuencia, la exportación de plata a Asia bajó rápidamente. Todo obstáculo que el comercio británico encontraba en los demás mercados del mundo empezó a compensarse con su nueva expansión en Asia. Si la conmoción comercial de 1825 había llevado ya a un aumento de las exportaciones británicas a la India, la crisis anglo-norteamericana de 1836 les dio un impulso mucho más poderoso, mientras que en 1847 la crisis británica recibió incluso sus rasgos característicos del comercio excesivo con la India y otras partes de Asia.

Las exportaciones a Asia, que en 1697 apenas llegaban a la quincuagésima segunda parte de todas las exportaciones británicas, eran en 1822 cerca de una catorceava parte, en 1830 cerca de una novena parte y en 1842 más de una quinta parte. Mientras este cambio económico afectó solo a la India y a la parte occidental de Asia, la salida de plata de Europa a Asia disminuyó, pero no cesó, y menos aún dio paso a un reflujo de Asia a Europa. La circulación metálica no experimentó un giro tan decidido hasta que la filantropía inglesa impuso a China un comercio regular de opio, derribó la muralla china con el fuego de los cañones y abrió por la fuerza el Imperio Celeste al trato con el mundo profano.2 Mientras se le sangraba así la plata por su frontera india, China se veía inundada en su costa del Pacífico por las manufacturas de Inglaterra y América. Así ocurrió también que en 1842, por primera vez en los anales del comercio moderno, grandes cargamentos de plata fueran efectivamente de Asia a Europa.

Este vuelco completo en la circulación entre Asia y Occidente resultó, sin embargo, de corta duración. En 1849 se inició una reacción poderosa y creciente. Así como China había provocado el cambio de marea en la primera y la segunda época, así lo provocó también en la tercera. La insurrección china3 no solo frenó el comercio de opio con la India, sino que puso fin a la compra de manufacturas extranjeras, pues los chinos exigían el pago en plata y recurrían al medio predilecto de las economías orientales en tiempos de conmoción política y social: el atesoramiento. El exceso de las exportaciones chinas sobre las importaciones ha aumentado considerablemente por las últimas malas cosechas de seda en Europa. Según los informes del señor Robertson, cónsul británico en Shanghái, la exportación de té de China ha aumentado en los últimos diez años alrededor de un sesenta y tres por ciento, y la de seda un doscientos dieciocho por ciento, mientras que la importación de manufacturas ha disminuido un sesenta y seis por ciento. Estima que el saldo anual medio de la plata importada de todas las partes del mundo es 5.580.000 libras más alto que el de hace diez años. Siguen las cifras exactas del desarrollo de las exportaciones e importaciones chinas en el periodo de 1849 a 1856, cerrándose cada año el 30 de junio:

Exportaciones de té

A Gran Bretaña e Irlanda (libras de peso)A los Estados Unidos (libras de peso)
184947.242.00018.072.000
185586.509.00031.515.000
185691.035.00040.246.000

Seda

A Gran Bretaña e Irlanda (libras de peso)A los Estados Unidos (balas)
184917.228—
185551.486—
185650.4896.458
Valor real de las exportaciones de China a Gran Bretaña en 18558.746.000 libras
Valor real de las exportaciones de China a los Estados Unidos en 18552.500.000 libras
Total11.246.000 libras
A deducir el 20 % por fletes y gastos2.249.200 libras
Total a favor de China8.996.800 libras

Importaciones

Manufacturas de Inglaterra, 18522.503.000 libras
Manufacturas de Inglaterra, 18551.000.000 libras
Manufacturas de Inglaterra, 18561.277.000 libras
Opio y algodón de la India, 18533.830.000 libras
Opio y algodón de la India, 18553.306.000 libras
Opio y algodón de la India, 18563.284.000 libras
Valor total de las importaciones, 18554.306.000 libras
Saldo a favor de China, 1855, en cifras redondas4.690.000 libras
Valor de las exportaciones chinas a la India, 18551.000.000 libras
Saldo total a favor de China con todas las partes del mundo (1855), en cifras redondas5.690.000 libras

Esta salida de plata de Europa a Asia por cuenta de China se ve reforzada por la salida particular hacia la India, surgida en los últimos años porque la balanza comercial se ha vuelto contra Europa, como puede verse por el cuadro siguiente:

Importaciones británicas de la India, 185614.578.000 libras
A deducir 3.000.000 de libras por remesas de la Compañía de las Indias Orientales3.000.000 libras
Total de importaciones11.578.000 libras
Importaciones indias de Gran Bretaña8.927.000 libras
Saldo a favor de la India2.651.000 libras

Hasta 1825, en que se dictó una disposición sobre el patrón plata exclusivo, el oro era medio legal de pago en la India. Como unos años después el oro se cotizaba en los mercados comerciales más alto que la plata, la Compañía de las Indias Orientales se declaró dispuesta a aceptarlo en los pagos al gobierno. Pero tras los descubrimientos de oro en Australia, la Compañía, que temía una depreciación del oro tanto como el gobierno holandés y no veía con el menor agrado la perspectiva de recibir oro y pagar en plata, volvió de repente al patrón plata exclusivo de 1825. Con ello cobró la mayor importancia la necesidad de pagar en plata el saldo deudor con la India, y surgió en la India una demanda enorme de este metal. Como por ello el precio de la plata respecto del oro subía en la India más deprisa que en Europa, los comerciantes británicos encontraron lucrativo exportar plata a la India con fines especulativos, tomando como contrapartida productos brutos indios y dando así un nuevo estímulo a las exportaciones de la India. En total, de 1848 a 1855 se exportó solo de Southampton plata por valor de veintiún millones de libras, además de una cantidad muy grande desde los puertos del Mediterráneo; se calcula que en el año en curso han ido de Southampton a Oriente diez millones.

A juzgar por estos cambios en el comercio con la India y por el carácter de la revolución china, no cabe esperar que la salida de plata hacia Asia termine pronto. No es, pues, una opinión precipitada la de que esta revolución china está destinada a ejercer sobre Europa una influencia mucho mayor que todas las guerras rusas, los manifiestos italianos y las sociedades secretas de este continente.

  1. Por la Ley de la Carta de 1813 la Compañía de las Indias Orientales perdió el monopolio del comercio con la India, y por la de 1833 el del comercio con China y toda actividad comercial. ↩

  2. La primera guerra del opio (1839-1842), que terminó con el tratado de Nankín (1842). ↩

  3. La rebelión de los Taiping, iniciada en 1850-1851. ↩