Escrito en inglés por Karl Marx a comienzos de septiembre de 1857 y publicado como editorial en el New-York Daily Tribune, núm. 5123, del 21 de septiembre de 1857. Traducido del original inglés según la transcripción del Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 12 (Berlín, 1961, pp. 281-284), por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la transcripción inglesa. Se corrigen algunas erratas evidentes de la transcripción, cotejadas con la versión alemana. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.

La situación actual de los asuntos de Asia sugiere la pregunta: ¿cuál es el valor real de su dominio indio para la nación y el pueblo británicos? Directamente, es decir, en forma de tributo, de excedente de los ingresos indios sobre los gastos indios, no llega absolutamente nada al Tesoro británico. Al contrario, la salida anual de dinero es muy grande. Desde el momento en que la Compañía de las Indias Orientales emprendió en gran escala la carrera de la conquista —hace ahora justamente un siglo, más o menos—,1 sus finanzas cayeron en apuros, y se vio obligada repetidas veces a acudir al Parlamento, no solo en busca de ayuda militar que la asistiera para conservar los territorios conquistados, sino de ayuda financiera que la salvara de la bancarrota. Y así han seguido las cosas hasta el momento actual, en que se pide a la nación británica una cantidad tan grande de tropas, a la que seguirán, sin duda, las correspondientes peticiones de dinero. Al proseguir hasta ahora sus conquistas y levantar sus establecimientos, la Compañía de las Indias Orientales ha contraído una deuda de más de 50.000.000 de libras esterlinas, mientras que el gobierno británico ha corrido con los gastos, desde hace años, de transportar en ambos sentidos y mantener en la India, además de las fuerzas indígenas y europeas de la Compañía de las Indias Orientales, un ejército permanente de treinta mil hombres. Siendo así, es evidente que la ventaja que saca Gran Bretaña de su imperio indio tiene que limitarse a los beneficios y ventajas que corresponden a súbditos británicos individuales. Estos beneficios y ventajas, hay que confesarlo, son muy considerables.

En primer lugar tenemos a los accionistas de la Compañía de las Indias Orientales, en número de unas 3.000 personas, a quienes la carta reciente2 garantiza, sobre un capital desembolsado de seis millones de libras esterlinas, un dividendo anual del diez y medio por ciento, que asciende a 630.000 libras al año. Como las acciones de las Indias Orientales están repartidas en títulos transferibles, cualquiera que tenga dinero suficiente para comprarlas puede hacerse accionista; con la carta vigente se cotizan con una prima del 125 al 150 por ciento. Acciones por valor de 500 libras, que cuestan, digamos, 6.000 dólares, dan a su tenedor derecho a hablar en las juntas de propietarios, pero para votar tiene que tener 1.000 libras en acciones. Los tenedores de 3.000 libras tienen dos votos; los de 6.000, tres, y los de 10.000 o más, cuatro. Sin embargo, los propietarios tienen poco que decir, salvo en la elección de la Junta de Directores, de la que eligen a doce miembros, mientras que la Corona nombra a seis; pero estos nombrados por la Corona tienen que estar habilitados por haber residido diez años o más en la India. Un tercio de los directores cesa cada año, pero pueden ser reelegidos o vueltos a nombrar. Para ser director hay que ser propietario de 2.000 libras en acciones. Los directores tienen un sueldo de 500 libras cada uno, y su presidente y su vicepresidente el doble; pero el principal aliciente para aceptar el cargo es el gran poder de patronazgo que lleva aparejado en el nombramiento de todos los funcionarios civiles y militares de la India, un patronazgo que, sin embargo, comparte en gran medida la Junta de Control, la cual, en cuanto a los cargos más importantes, lo acapara en lo sustancial. Esta Junta consta de seis miembros, todos ellos consejeros privados, y por lo general dos o tres de ellos son ministros del gabinete; el presidente de la Junta lo es siempre: es de hecho un ministro para la India.

Vienen luego los beneficiarios de ese patronazgo, divididos en cinco clases: civil, eclesiástica, médica, militar y naval. Para servir en la India, al menos en la rama civil, es necesario cierto conocimiento de las lenguas que allí se hablan, y para preparar a los jóvenes que han de entrar en su servicio civil, la Compañía de las Indias Orientales tiene un colegio en Haileybury. Un colegio correspondiente para el servicio militar, en el que, sin embargo, las materias principales que se enseñan son los rudimentos de la ciencia militar, se ha establecido en Addiscombe, cerca de Londres. El ingreso en estos colegios era antes un favor de los directores de la Compañía, pero con las últimas modificaciones de la carta se ha abierto a la competencia mediante un examen público de los candidatos. Al llegar a la India, a un funcionario civil se le asignan unos 150 dólares al mes hasta que, tras aprobar el examen necesario en una o más de las lenguas indígenas (lo que ha de hacer en los doce meses siguientes a su llegada), se le adscribe al servicio con unos emolumentos que varían de 2.500 a cerca de 50.000 dólares anuales. Esto último es el sueldo de los miembros del Consejo de Bengala; los miembros de los Consejos de Bombay y de Madrás...3 reciben unos 30.000 dólares anuales. Nadie que no sea miembro de un Consejo puede recibir más de unos 25.000 dólares al año, y para obtener un puesto que valga 20.000 dólares o más tiene que haber residido en la India doce años. Nueve años de residencia habilitan para sueldos de 15.000 a 20.000 dólares, y tres años para sueldos de 7.000 a 15.000 dólares. Los puestos del servicio civil se dan nominalmente por antigüedad y mérito, pero en realidad, en gran medida, por favor. Como son los mejor pagados, hay una gran competencia por obtenerlos, y los oficiales militares dejan sus regimientos con ese fin en cuanto tienen ocasión. La media de todos los sueldos del servicio civil se cifra en unos 8.000 dólares, pero no incluye los gajes y las asignaciones extraordinarias, que a menudo son muy considerables. Estos funcionarios civiles sirven como gobernadores, consejeros, jueces, embajadores, secretarios, recaudadores de rentas, etc.; su número total suele ser de unos 800. El sueldo del gobernador general de la India es de 125.000 dólares, pero las asignaciones extraordinarias alcanzan a menudo una suma todavía mayor. El servicio eclesiástico comprende tres obispos y unos ciento sesenta capellanes. El obispo de Calcuta tiene 25.000 dólares al año; los de Madrás y Bombay, la mitad; los capellanes, de 2.500 a 7.000 dólares, además de los derechos. El servicio médico comprende unos 800 médicos y cirujanos, con sueldos de 1.500 a 10.000 dólares.

Los oficiales militares europeos empleados en la India, incluidos los de los contingentes que los príncipes dependientes están obligados a suministrar, suman unos 8.000. La paga fija en la infantería es, para los alféreces, de 1.080 dólares; para los tenientes, de 1.344; para los capitanes, de 2.226; para los mayores, de 3.810; para los tenientes coroneles, de 5.520, y para los coroneles, de 7.680. Esta es la paga en acantonamiento. En servicio activo es mayor. La paga en la caballería, la artillería y los ingenieros es algo más alta. Obteniendo puestos de estado mayor o empleos en el servicio civil, muchos oficiales doblan su paga.

Tenemos aquí unos diez mil súbditos británicos que ocupan puestos lucrativos en la India y cobran su paga del servicio indio. A ellos hay que añadir un número considerable que vive en Inglaterra, adonde se han retirado con pensiones que en todos los servicios se pagan tras un cierto número de años de servicio. Estas pensiones, con los dividendos y los intereses de las deudas pagaderas en Inglaterra, consumen de quince a veinte millones de dólares que se sacan cada año de la India, y que pueden considerarse de hecho otro tanto de tributo pagado al gobierno inglés indirectamente a través de sus súbditos. Los que se retiran cada año de los diversos servicios se llevan consigo sumas muy considerables ahorradas de sus sueldos, que vienen a añadirse a la sangría anual de la India.

Además de los europeos empleados efectivamente al servicio del gobierno, hay en la India otros residentes europeos, en número de 6.000 o más, ocupados en el comercio o en especulaciones privadas. Salvo unos pocos plantadores de añil, de azúcar y de café en los distritos rurales, son principalmente comerciantes, agentes y fabricantes que residen en las ciudades de Calcuta, Bombay y Madrás o en sus inmediaciones. El comercio exterior de la India, que comprende importaciones y exportaciones por valor de unos cincuenta millones de dólares cada una, está casi por entero en sus manos, y sus beneficios son sin duda muy considerables.

Es evidente, pues, que hay individuos que ganan mucho con la relación inglesa con la India, y naturalmente su ganancia va a aumentar la suma de la riqueza nacional. Pero frente a todo esto hay que poner una partida muy grande en contra. Los gastos militares y navales pagados del bolsillo del pueblo de Inglaterra por cuenta de la India no han dejado de aumentar con la extensión del dominio indio. A esto hay que añadir el gasto de las guerras de Birmania, Afganistán, China y Persia. De hecho, todo el coste de la reciente guerra rusa puede cargarse con razón a la cuenta de la India, pues el miedo y el pavor a Rusia que llevaron a esa guerra nacieron enteramente de los recelos sobre sus designios respecto a la India. Añádase a esto la carrera de conquista sin fin y de agresión perpetua en que la posesión de la India envuelve a los ingleses, y bien puede uno preguntarse si, en conjunto, este dominio no amenaza con costar tanto como cabe esperar que llegue nunca a rendir.

  1. La batalla de Plassey (1757), con la que la Compañía se adueñó de Bengala. ↩

  2. La ley de 1853 que renovó la carta de la Compañía de las Indias Orientales. ↩

  3. Así, con puntos suspensivos, en la transcripción inglesa que seguimos; la versión alemana de la MEW no señala ninguna omisión. ↩