Escrito en inglés por Karl Marx entre el 17 de septiembre y el 15 de octubre de 1857 y publicado sin firma en The New American Cyclopaedia (Nueva York, D. Appleton and Company), vol. III, 1858, págs. 177-181. Traducido del texto de la enciclopedia (escaneos de dominio público del Internet Archive, con el OCR corregido sobre las imágenes de las páginas), cotejado con la versión alemana de Marx/Engels, Werke, tomo 14 (Berlín, 1961), págs. 154-163, por la Escuela de marxismo, 2026. La enciclopedia imprime el artículo en un solo párrafo y marca con una raya los cambios de asunto; aquí esos cambios se dan como párrafos. Las notas son nuestras. Texto original en inglés
BERNADOTTE, Jean-Baptiste-Jules, mariscal del Imperio francés, príncipe de Pontecorvo y, con el nombre de Carlos XIV Juan, rey de Suecia y Noruega, nacido el 26 de enero de 1764 en Pau, en el departamento de los Bajos Pirineos, y muerto el 8 de marzo de 1844 en el palacio real de Estocolmo. Era hijo de un abogado y se educó para esa profesión, pero sus inclinaciones militares lo llevaron a alistarse en secreto, en 1780, en la infantería de marina real, donde había llegado al grado de sargento cuando estalló la Revolución francesa. Desde entonces su ascenso fue rápido. En 1792 servía como coronel en el ejército de Custine; en 1793 mandó una media brigada; ese mismo año, gracias a la protección de Kléber, fue ascendido a general de brigada y, como general de división del ejército de Sambre y Mosa a las órdenes de Kléber y Jourdan, contribuyó a la victoria de Fleurus, el 26 de junio de 1794, al éxito de Jülich y a la capitulación de Maastricht. También prestó buenos servicios en la campaña de 1795-1796 contra los generales austriacos Clerfayt y Kray y el archiduque Carlos. Cuando a principios de 1797 el Directorio le ordenó llevar 20.000 hombres de refuerzo al ejército de Italia, su primer encuentro con Bonaparte en Italia decidió sus relaciones futuras. A pesar de su grandeza natural, Bonaparte abrigaba unos celos mezquinos y suspicaces hacia el ejército del Rin y sus generales. Comprendió enseguida que Bernadotte aspiraba a una carrera independiente. Este, por su parte, era demasiado gascón para apreciar en su justa medida la distancia que separa a un genio como Bonaparte de un hombre de talento como él. De ahí su antipatía mutua. Durante la invasión de Istria, Bernadotte se distinguió en el paso del Tagliamento, donde mandaba la vanguardia, y en la toma de la fortaleza de Gradisca, el 19 de marzo de 1797. Tras la llamada revolución del 18 de fructidor,1 Bonaparte ordenó a sus generales recoger en sus respectivas divisiones mensajes de adhesión a aquel golpe de Estado; pero Bernadotte primero protestó, luego fingió una gran resistencia a obedecer y al final envió un mensaje al Directorio, pero justo en sentido contrario al que se le pedía, y sin hacerlo pasar por manos de Bonaparte. Este, en su viaje a París, adonde iba a presentar al Directorio el tratado de Campoformio, visitó a Bernadotte en su cuartel general de Udine y lo colmó de halagos, pero al día siguiente, por una orden desde Milán, le quitó la mitad de su división del ejército del Rin y le ordenó llevar la otra mitad de vuelta a Francia. Tras muchas protestas, componendas y nuevas disputas, Bernadotte se dejó convencer por fin para aceptar la embajada en Viena. Allí, siguiendo las instrucciones de Talleyrand, adoptó una actitud conciliadora que los periódicos de París, inspirados por Bonaparte y sus hermanos, declararon llena de tendencias realistas, explayándose, en prueba de tales cargos, sobre la supresión de la bandera tricolor a la entrada de su palacio y de la escarapela republicana en los sombreros de su séquito. Reprendido por ello por el Directorio, Bernadotte, el 13 de abril de 1798, aniversario de una manifestación antijacobina vienesa, izó la bandera tricolor con la inscripción «Libertad, igualdad, fraternidad», y una turba vienesa asaltó su palacio, quemó su bandera y puso en peligro su vida. Como el Gobierno austriaco se negaba a dar la satisfacción exigida, Bernadotte se retiró a Rastatt con toda su legación; pero el Directorio, por consejo de Bonaparte, que había contribuido él mismo a provocar el escándalo, echó tierra al asunto y dejó en la estacada a su representante. El parentesco de Bernadotte con la familia Bonaparte, consecuencia de su matrimonio, en agosto de 1798, con la señorita Désirée Clary, hija de un comerciante de Marsella y cuñada de José Bonaparte, no hizo sino afianzar su oposición a Napoleón. Como comandante del ejército de observación del Alto Rin, en 1799, se mostró incompetente para el cargo y confirmó así de antemano el juicio de Napoleón en Santa Elena: que era mejor lugarteniente que general en jefe. Al frente del Ministerio de la Guerra, tras la émeute2 directorial del 30 de pradial,3 sus planes de operaciones fueron menos notables que sus intrigas con los jacobinos, con cuya influencia renaciente intentó crearse un séquito personal en las filas del ejército. Pero una mañana, el 13 de septiembre de 1799, encontró anunciada en el Moniteur su dimisión antes de saber que la había presentado. Le jugaron esa mala pasada Sieyès y Roger Ducos, los directores aliados de Bonaparte. Al mando del ejército del Oeste apagó las últimas chispas de la guerra de la Vendée. Tras la proclamación del Imperio, que lo hizo mariscal, se le confió el mando del ejército de Hannover. En ese puesto, como más tarde en el mando del ejército del norte de Alemania, procuró crearse entre los pueblos del norte una reputación de independencia, moderación y capacidad administrativa. Al frente del cuerpo acantonado en Hannover, que formaba el primer cuerpo de la Grande Armée, participó en la campaña de 1805 contra los austriacos y los prusianos.4 Napoleón lo envió a Iglau a vigilar los movimientos del archiduque Fernando en Bohemia; luego, llamado a Brünn, fue situado con su cuerpo en la batalla de Austerlitz en el centro, entre Soult y Lannes, y contribuyó a frustrar el intento del ala derecha aliada de desbordar al ejército francés. El 5 de junio de 1806 fue nombrado príncipe de Pontecorvo. En la campaña de 1806-1807 contra Prusia mandó el primer corps d’armée. Recibió de Napoleón la orden de marchar de Naumburg sobre Dornburg, mientras Davout, que estaba también en Naumburg, debía marchar sobre Apolda; la orden que tenía Davout añadía que, si Bernadotte se había reunido ya con él, podían marchar juntos sobre Apolda. Después de reconocer los movimientos de los prusianos y de asegurarse de que en dirección a Dornburg no había enemigo alguno, Davout propuso a Bernadotte una marcha conjunta sobre Apolda, y hasta se ofreció a ponerse a sus órdenes. Pero este, aferrándose a la interpretación literal de la orden de Napoleón, partió en dirección a Dornburg sin encontrar un enemigo en todo el día, mientras Davout tenía que soportar él solo todo el peso de la batalla de Auerstädt, que por la ausencia de Bernadotte terminó en una victoria indecisa. Solo el encuentro de los fugitivos de Auerstädt con los fugitivos de Jena y las combinaciones estratégicas de Napoleón neutralizaron las consecuencias del error deliberado cometido por Bernadotte. Napoleón firmó una orden para llevar a Bernadotte ante un consejo de guerra, pero, pensándolo mejor, la revocó. Después de la batalla de Jena, Bernadotte derrotó a los prusianos en Halle, el 17 de octubre, junto con Soult y Murat, persiguió al general prusiano Blücher hasta Lübeck y contribuyó a su capitulación en Radzau,5 el 17 de noviembre de 1806. Derrotó también a los rusos en las llanuras de Mohrungen, no lejos de Thorn, el 25 de enero de 1807. Tras la paz de Tilsit, según la alianza concertada entre Dinamarca y Napoleón, tropas francesas debían ocupar las islas danesas para actuar desde ellas contra Suecia. En consecuencia, el 23 de marzo de 1808, el mismo día en que Rusia invadió Finlandia, Bernadotte recibió la orden de avanzar sobre Selandia para penetrar con los daneses en Suecia, destronar a su rey y repartir el país entre Dinamarca y Rusia: extraña misión para un hombre destinado a reinar poco después en Estocolmo. Pasó el Belt y llegó a Selandia al frente de 32.000 franceses, holandeses y españoles; pero 10.000 de estos, con la ayuda de una flota inglesa, se las arreglaron para escapar a las órdenes del general La Romana.6 Bernadotte no emprendió nada ni consiguió nada durante su estancia en Selandia. Llamado a Alemania para intervenir en la nueva guerra entre Francia y Austria, recibió el mando del 9.º cuerpo, compuesto principalmente por sajones. La batalla de Wagram, el 5 y el 6 de julio de 1809, añadió nueva leña a sus desavenencias con Napoleón. El primer día, Eugène de Beauharnais, que había desembocado en las cercanías de Wagram y se había lanzado contra el centro de las reservas enemigas, no recibió el apoyo suficiente de Bernadotte, que hizo entrar en combate a sus tropas demasiado tarde y con demasiada poca fuerza. Atacado de frente y de flanco, Eugène fue rechazado con dureza sobre la guardia de Napoleón, y el primer empuje del ataque francés quedó así quebrado por la tibieza de Bernadotte, que entretanto había ocupado la aldea de Aderklaa, en el centro del ejército francés pero algo por delante de la línea francesa. Al día siguiente, a las 6 de la mañana, cuando los austriacos avanzaron para un ataque concéntrico, Bernadotte se desplegó delante de Aderklaa en lugar de poner ante su frente la aldea, fuertemente ocupada. Juzgando, a la llegada de los austriacos, que aquella posición era demasiado arriesgada, se replegó a una meseta a retaguardia de Aderklaa y dejó la aldea sin ocupar, de modo que la tomaron inmediatamente los austriacos de Bellegarde. Como el centro francés quedaba así en peligro, Masséna, que lo mandaba, envió una división a reconquistar Aderklaa, división que, sin embargo, fue desalojada de nuevo por los granaderos de D’Aspre. En ese momento llegó Napoleón en persona, asumió el mando supremo, trazó un nuevo plan de batalla y frustró las maniobras de los austriacos. Así pues, Bernadotte había vuelto a poner en peligro, como en Auerstädt, el éxito de la jornada. Él, por su parte, se quejó de que Napoleón, violando todas las reglas militares, hubiera ordenado al general Dupas, cuya división francesa formaba parte del cuerpo de Bernadotte, actuar con independencia de su mando. La dimisión que presentó le fue aceptada cuando Napoleón tuvo noticia de una orden del día dirigida por Bernadotte a sus sajones que no concordaba con el boletín imperial. Poco después de su llegada a París, donde se metió en intrigas con Fouché, la expedición de Walcheren (30 de julio de 1809) llevó al Ministerio francés, en ausencia del emperador, a confiar a Bernadotte la defensa de Amberes. Los desatinos de los ingleses hicieron innecesaria su intervención; pero aprovechó la ocasión para deslizar en una proclama a sus tropas la acusación contra Napoleón de no haber preparado los medios adecuados para la defensa de la costa belga. Fue destituido de su mando; a su regreso a París se le ordenó salir de la ciudad y marchar a su principado de Pontecorvo y, como se negó a cumplir la orden, se le citó en Viena. Tras unos vivos altercados con Napoleón en Schönbrunn, aceptó el gobierno general de los Estados romanos, una especie de destierro honroso.
Las circunstancias que llevaron a su elección como príncipe heredero de Suecia no se aclararon del todo hasta mucho después de su muerte. Carlos XIII, tras adoptar como hijo y heredero del trono sueco a Carlos Augusto, duque de Augustenburg, envió al conde Wrede a París a pedir para el duque la mano de la princesa Carlota, hija de Luciano Bonaparte. A la muerte repentina del duque de Augustenburg, el 18 de mayo de 1810, Rusia presionó a Carlos XIII para que adoptara al duque de Oldenburg, mientras Napoleón apoyaba las pretensiones de Federico VI, rey de Dinamarca. El viejo rey ofreció por su cuenta la sucesión al hermano del difunto duque de Augustenburg y despachó al barón Mörner con instrucciones para el general Wrede, que le encargaban ganar a Napoleón para la elección del rey. Pero Mörner, un joven que pertenecía al muy numeroso partido sueco que esperaba entonces la recuperación de su país únicamente de una alianza estrecha con Francia, al llegar a París tomó sobre sí, de acuerdo con Lapie, un joven oficial francés de ingenieros, con Signeul, el cónsul general sueco, y con el propio conde Wrede, presentar a Bernadotte como candidato al trono sueco; todos ellos cuidaron de ocultar sus pasos al conde Lagerbielke, el ministro sueco en las Tullerías, y todos estaban firmemente convencidos, por una serie de malentendidos que Bernadotte mantenía con habilidad, de que este era de verdad el candidato de Napoleón. En consecuencia, el 29 de junio Wrede y Signeul enviaron despachos al ministro sueco de Asuntos Exteriores anunciando ambos que Napoleón vería con gran placer que se ofreciera la sucesión real a su lugarteniente y pariente. A pesar de la oposición de Carlos XIII, la Dieta de los Estados, reunida en Örebro, eligió a Bernadotte príncipe heredero de Suecia el 21 de agosto de 1810. El rey se vio obligado además a adoptarlo como hijo con el nombre de Carlos Juan. Napoleón, a regañadientes y de mala gana, ordenó a Bernadotte aceptar la dignidad ofrecida. Bernadotte salió de París el 28 de septiembre de 1810, desembarcó en Helsingborg el 2 de octubre,7 abjuró allí de la fe católica, entró en Estocolmo el 1 de noviembre, asistió a la asamblea de los Estados el 5 de noviembre y desde ese momento empuñó las riendas del Estado. Desde la desastrosa paz de Fredrikshamn,8 la idea dominante en Suecia era la reconquista de Finlandia, sin la cual, según se creía, como escribió Napoleón a Alejandro el 28 de febrero de 1811, «Suecia había dejado de existir», al menos como potencia independiente de Rusia. Solo mediante una alianza estrecha con Napoleón podían los suecos esperar recuperar aquella provincia. A esa convicción debió Bernadotte su elección. Durante la enfermedad del rey, del 17 de marzo de 1811 al 7 de enero de 1812, Carlos Juan fue nombrado regente; pero eso era solo una cuestión de etiqueta, pues desde el día de su llegada llevaba todos los asuntos. Napoleón, demasiado advenedizo él mismo para respetar las susceptibilidades de su antiguo lugarteniente, lo obligó el 17 de noviembre de 1810, a pesar de un compromiso anterior, a adherirse al sistema continental y a declarar la guerra a Inglaterra. Le suprimió las rentas que le correspondían como príncipe francés, se negó a recibir los despachos que le dirigía directamente porque no era «un soberano igual a él» y le devolvió la orden de los Serafines que Carlos Juan había concedido al recién nacido rey de Roma.9 Estas mezquinas vejaciones no hicieron más que dar a Carlos Juan el pretexto para una línea de conducta decidida desde hacía tiempo. Apenas instalado en Estocolmo, recibió en audiencia pública al general ruso Suchtelen, detestado por los suecos por haber sobornado al comandante de Sveaborg,10 y llegó a consentir que ese personaje fuera acreditado como embajador ante la corte sueca. El 18 de diciembre de 1810 tuvo una entrevista con Chernyshov11 en la que se declaró «deseoso de ganarse la buena opinión del zar» y dispuesto a renunciar para siempre a Finlandia con la condición de que Noruega se separara de Dinamarca y se uniera a Suecia. Por medio del mismo Chernyshov envió una carta de lo más halagadora al zar Alejandro. A medida que se acercaba así a Rusia, los generales suecos que habían derrocado a Gustavo IV y favorecido su propia elección se apartaron de él. Su oposición, que encontraba eco en el ejército y en el pueblo, amenazaba con volverse peligrosa cuando la invasión de la Pomerania sueca por una división francesa, el 17 de enero de 181212 —medida que Napoleón ejecutó por un aviso secreto llegado de Estocolmo—, dio por fin a Carlos Juan un pretexto plausible para declarar oficialmente la neutralidad de Suecia. Pero en secreto, y a espaldas de la Dieta, concertó con Alejandro una alianza ofensiva contra Francia, firmada el 27 de marzo de 1812 en San Petersburgo, en la que se estipulaba también la anexión de Noruega a Suecia.
La declaración de guerra de Napoleón a Rusia hizo de Bernadotte por un tiempo el árbitro de los destinos de Europa. Napoleón le ofreció, a condición de que atacara Rusia con 40.000 suecos, Finlandia, Mecklemburgo, Stettin y todo el territorio entre Stettin y Wolgast. Bernadotte habría podido decidir la campaña y ocupar San Petersburgo antes de que Napoleón llegara a Moscú. Prefirió hacer de Lépido de un triunvirato formado con Inglaterra y Rusia.13 Induciendo al sultán a ratificar la paz de Bucarest, permitió al almirante ruso Chichagov retirar sus fuerzas de las orillas del Danubio y operar sobre el flanco del ejército francés. Medió también en la paz de Örebro, concluida el 18 de julio de 1812 entre Inglaterra, de una parte, y Rusia y Suecia, de la otra. Asustado por los primeros éxitos de Napoleón, Alejandro invitó a Carlos Juan a una entrevista, ofreciéndole al mismo tiempo el mando supremo de los ejércitos rusos. Carlos Juan, lo bastante prudente para rechazar esta última oferta, aceptó la invitación. El 27 de agosto llegó a Åbo, donde encontró a Alejandro muy abatido y más bien inclinado a pedir la paz. Como él mismo había ido demasiado lejos para retroceder, infundió ánimo al zar vacilante demostrándole que los éxitos aparentes de Napoleón debían llevarlo a la ruina. La entrevista desembocó en el llamado tratado de Åbo, al que se añadió un artículo secreto que daba a la alianza el carácter de un pacto de familia. En realidad, Carlos Juan no recibió más que promesas, mientras Rusia, sin el menor sacrificio, se aseguraba la alianza de Suecia, inestimable en aquel momento. Documentos auténticos han probado recientemente que en aquel momento solo de Bernadotte dependía que Finlandia fuera devuelta a Suecia; pero el soberano gascón, engañado por la lisonja de Alejandro de que «un día la corona imperial de Francia, al caer de la cabeza de Napoleón, podría posarse en la suya», consideraba ya a Suecia un mero pis aller.14 Tras la retirada francesa de Moscú rompió formalmente las relaciones diplomáticas con Francia, y cuando Inglaterra le garantizó Noruega por el tratado del 13 de marzo de 1813,15 entró en la coalición. Provisto de subsidios ingleses, desembarcó en mayo de 1813 en Stralsund con unos 25.000 suecos y avanzó hacia el Elba. Durante el armisticio del 4 de junio de 1813 desempeñó un papel importante en la reunión de Trachenberg, donde el emperador Alejandro lo presentó al rey de Prusia y donde se decidió el plan general de la campaña. Como comandante en jefe del ejército del Norte, compuesto por suecos, rusos, prusianos, ingleses, tropas hanseáticas y de Alemania del Norte, mantuvo unas relaciones muy equívocas con el ejército francés, urdidas por un individuo que frecuentaba su cuartel general como amigo y basadas en su suposición de que los franceses cambiarían con gusto el dominio de Napoleón por el de Bernadotte con tal de que este les diera pruebas de indulgencia y clemencia. En consecuencia, impidió a los generales que tenía a sus órdenes tomar la ofensiva, y cuando Bülow, contra sus órdenes, venció dos veces a los franceses, en Grossbeeren y en Dennewitz, detuvo la persecución del ejército vencido. Cuando Blücher, para obligarlo a actuar, marchó sobre el Elba y se reunió con él, solo la amenaza de sir Charles Stewart, el comisario inglés en su campamento, de cortarle los suministros lo indujo a moverse. Aun así, los suecos aparecieron en el campo de batalla de Leipzig solo para guardar las apariencias, y en toda la campaña no perdieron 200 hombres frente al enemigo. Cuando los aliados entraron en Francia, retuvo al ejército de Suecia en las fronteras de esta. Tras la abdicación de Napoleón fue en persona a París a recordar a Alejandro las promesas que le había hecho en Åbo. Talleyrand cortó en seco sus pueriles esperanzas diciendo al consejo de los reyes aliados que «no había más alternativa que Bonaparte o los Borbones; todo lo demás era mera intriga». Como Carlos Juan, tras la batalla de Leipzig, había invadido los ducados de Holstein y Schleswig al frente de un ejército de suecos, alemanes y rusos, Federico VI, rey de Dinamarca, ante unas fuerzas muy superiores, se vio obligado a firmar el 14 de enero de 1814 la paz de Kiel, por la que Noruega se cedía a Suecia. Pero los noruegos, que no aceptaban que se dispusiera de ellos con tan pocos miramientos, proclamaron la independencia de Noruega bajo los auspicios de Cristián Federico, príncipe heredero de Dinamarca. Los representantes de la nación, reunidos en Eidsvoll, adoptaron el 17 de mayo de 1814 una constitución que sigue en vigor y es la más democrática de la Europa moderna. Tras poner en movimiento un ejército y una flota suecos y apoderarse de la fortaleza de Fredrikstad, que domina el acceso a Christiania, Carlos Juan entró en negociaciones, aceptó considerar a Noruega como Estado independiente y aceptar la constitución de Eidsvoll, obtuvo el 7 de octubre el asentimiento del Storting reunido y el 10 de noviembre de 1814 se trasladó a Christiania para prestar allí, en su nombre y en el del rey, juramento a la constitución.
Al morir Carlos XIII el 5 de febrero de 1818, Bernadotte fue reconocido por Europa, con el nombre de Carlos XIV Juan, como rey de Suecia y de Noruega. Intentó entonces cambiar la constitución noruega, restablecer la nobleza abolida y asegurarse un veto absoluto y el derecho a destituir a todos los funcionarios, civiles y militares. Este intento dio lugar a graves conflictos y llegó a provocar, el 18 de marzo de 1828,16 una carga de caballería contra los habitantes de Christiania, que celebraban el aniversario de su constitución. Parecía inminente un estallido violento cuando la revolución francesa de 1830 llevó al rey a recurrir por el momento a medidas conciliadoras. Aun así, Noruega, por cuya adquisición lo había sacrificado todo, siguió siendo durante todo su reinado una fuente constante de complicaciones. Pasados los primeros días de la revolución francesa de 1830, había en Europa un solo hombre que considerara al rey de Suecia un pretendiente adecuado al trono francés, y ese hombre era el propio Bernadotte. Más de una vez repitió a los agentes diplomáticos franceses en Estocolmo: «¿Cómo es que a Laffitte no se le ha ocurrido pensar en mí?».17 El cambio de la situación de Europa y, sobre todo, la insurrección polaca le inspiraron por un momento la idea de hacer frente a Rusia. Como sus ofrecimientos en este sentido a lord Palmerston tropezaron con una negativa rotunda, tuvo que expiar su pasajera idea de independencia concertando el 23 de junio de 1834 una convención de alianza con el emperador Nicolás que hizo de él un vasallo de Rusia. Desde entonces su política en Suecia se distinguió por los atentados contra la libertad de prensa, la persecución del delito de lesa majestad y la resistencia a las reformas, incluso a reformas como la emancipación de la industria de las viejas leyes de los gremios y corporaciones. Jugando con los celos de los distintos estamentos que formaban la Dieta sueca, consiguió durante mucho tiempo paralizar todo movimiento, pero las resoluciones liberales de la Dieta de 1844, que la de 1845 debía convertir en leyes según la constitución, amenazaban a su política con el fracaso definitivo cuando le sobrevino la muerte.
Si Suecia, durante el reinado de Carlos XIV, se recuperó en parte de siglo y medio de miserias y desgracias, no se debió a Bernadotte, sino exclusivamente a las energías propias de la nación y a los efectos de una larga paz.
El golpe de Estado del 18 de fructidor del año V (4 de septiembre de 1797), con el que el Directorio, apoyado en el ejército, anuló las elecciones favorables a los realistas. ↩
«Motín». ↩
El 30 de pradial del año VII (18 de junio de 1799), los Consejos obligaron a dimitir a varios directores; Bernadotte fue ministro de la Guerra de julio a septiembre de 1799. ↩
Así en la enciclopedia y en la MEW. En la campaña de 1805 Francia luchó contra austriacos y rusos; Prusia no entró en guerra hasta 1806. ↩
Ratekau, cerca de Lübeck. Así, «Nov. 17», en la enciclopedia; la capitulación de Blücher fue el 7 de noviembre de 1806, y así lo da la MEW. ↩
Pedro Caro, marqués de La Romana, que en agosto de 1808, al saber del levantamiento de España, embarcó con la mayor parte de su división en barcos ingleses y volvió a la península. ↩
Así en la enciclopedia; la MEW dice «el 21 de octubre». ↩
Por la paz de Fredrikshamn (hoy Hamina), de septiembre de 1809, Suecia cedió Finlandia a Rusia. ↩
Napoleón Francisco José Carlos (1811-1832), hijo de Napoleón y de María Luisa, más tarde duque de Reichstadt. ↩
La fortaleza finlandesa de Sveaborg se rindió a los rusos en mayo de 1808, en la guerra de Finlandia, por capitulación de su comandante, el almirante Cronstedt. ↩
Alexandr Ivánovich Chernyshov, ayudante de campo del zar y su agente en París y Estocolmo. ↩
Así en la enciclopedia; la MEW da el 27 de enero de 1812. ↩
Lépido fue el tercer y menos importante miembro del segundo triunvirato romano, con Octavio y Marco Antonio. ↩
«Mal menor», último recurso. ↩
Así en la enciclopedia; el tratado anglosueco de Estocolmo se firmó el 3 de marzo de 1813, y esa fecha da la MEW. ↩
Así en la enciclopedia; la MEW dice «el 18 de mayo de 1828». ↩
Jacques Laffitte, banquero y político liberal francés que contribuyó decisivamente en 1830 a llevar al trono a Luis Felipe de Orleans. ↩