Escrito en inglés por Friedrich Engels el 6 de julio de 1858 y publicado como editorial en el New-York Daily Tribune, núm. 5381, del 21 de julio de 1858. Traducido del original inglés según la transcripción de Tony Brown en el Marx-Engels Archive (marxists.org), cotejado con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 12 (Berlín, 1961, pp. 518-522), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.

La guerra de la India va pasando poco a poco a esa fase de guerra de guerrillas dispersa que más de una vez hemos señalado como la próxima y más peligrosa de su desarrollo. Los ejércitos insurrectos, tras sus sucesivas derrotas en batallas campales y en la defensa de ciudades y campamentos atrincherados, se disuelven poco a poco en cuerpos menores, de dos a seis u ocho mil hombres, que actúan hasta cierto punto con independencia unos de otros, pero siempre dispuestos a unirse para una expedición breve contra cualquier destacamento británico al que puedan sorprender aislado. El abandono de Bareilly sin dar un golpe, después de haber arrastrado a la fuerza de campaña activa de sir C. Campbell1 a unas ochenta millas de Lucknow, fue a este respecto el punto de inflexión para el ejército principal de los insurrectos; el abandono de Kalpi tuvo el mismo significado para el segundo gran cuerpo de indígenas. En ambos casos se abandonó la última base central de operaciones defendible, y como así se hacía imposible la guerra de un ejército, los insurrectos emprendieron retiradas excéntricas, separándose en cuerpos menores. Estas columnas móviles no necesitan una gran ciudad como base central de operaciones. Pueden encontrar medios de subsistencia, de reequipamiento y de reclutamiento en los diversos distritos por los que se mueven; y una pequeña ciudad o una aldea grande, como centro de reorganización, puede valer para cada una de ellas tanto como Delhi, Lucknow o Kalpi para los ejércitos mayores. Con este cambio la guerra pierde mucho de su interés; los movimientos de las diversas columnas de insurrectos no pueden seguirse en detalle y aparecen confusos en los partes; las operaciones de los jefes británicos escapan en gran medida a la crítica por la inevitable oscuridad que envuelve las premisas en que se basan; el éxito o el fracaso quedan como único criterio, y son sin duda el más engañoso de todos.

Esta incertidumbre sobre los movimientos de los indígenas es ya muy grande. Tras la toma de Lucknow se retiraron excéntricamente: unos al sudeste, otros al nordeste, otros al noroeste. Estos últimos eran el cuerpo más fuerte, y Campbell los siguió a Rohilkhand. Se habían concentrado y reorganizado en Bareilly; pero cuando llegaron los británicos abandonaron la plaza sin resistencia y se retiraron de nuevo en distintas direcciones. No se conocen los detalles de esas distintas líneas de retirada. Solo sabemos que una parte se dirigió hacia las montañas de la frontera del Nepal, mientras que una o más columnas parecen haber marchado en dirección opuesta, hacia el Ganges y el Doab (el territorio entre el Ganges y el Yamuna). Pero en cuanto Campbell ocupó Bareilly, los insurrectos que se habían retirado hacia el este se unieron con algunos cuerpos de la frontera de Oudh y cayeron sobre Shahjahanpur, donde se había dejado una pequeña guarnición británica, mientras otras columnas insurrectas acudían a toda prisa en esa dirección. Por suerte para la guarnición, el brigadier Jones2 llegó con refuerzos ya el 11 de mayo y derrotó a los indígenas; pero también estos recibieron refuerzos de las columnas que se concentraban sobre Shahjahanpur y volvieron a cercar la ciudad el 15. Ese día Campbell, dejando una guarnición en Bareilly, marchó en su socorro; pero hasta el 24 de mayo no los atacó y los rechazó, y las diversas columnas de insurrectos que habían cooperado en esta maniobra volvieron a dispersarse en distintas direcciones.

Mientras Campbell estaba así ocupado en la frontera de Rohilkhand, el general Hope Grant3 llevaba sus tropas de acá para allá por el sur de Oudh sin otro resultado que las bajas de sus propias fuerzas por la fatiga bajo un sol de verano indio. Los insurrectos eran demasiado rápidos para él. Estaban en todas partes menos donde él los buscaba, y cuando esperaba encontrarlos de frente, hacía tiempo que habían vuelto a ganarle la retaguardia. Más abajo, en el Ganges, el general Lugard4 andaba ocupado en la persecución de una sombra semejante en el distrito entre Dinapur, Jagdishpur y Buxar. Los indígenas lo tenían constantemente en movimiento y, tras alejarlo de Jagdishpur, cayeron de pronto sobre la guarnición de esa plaza. Lugard volvió, y un telegrama informa de que obtuvo una victoria el día 26. Es evidente que la táctica de estos insurrectos es idéntica a la de las columnas de Oudh y de Rohilkhand. Con todo, la victoria de Lugard difícilmente tendrá mucha importancia. Bandas así pueden permitirse ser derrotadas muchas veces antes de quedar desmoralizadas y débiles.

Así, a mediados de mayo, todas las fuerzas insurrectas del norte de la India habían renunciado a la guerra en gran escala, con la excepción del ejército de Kalpi. Esta fuerza había organizado en un tiempo relativamente corto un centro de operaciones completo en aquella ciudad; tenía víveres, pólvora y otros pertrechos en abundancia, gran número de cañones y hasta fundiciones y fábricas de mosquetes. Aunque estaba a menos de 25 millas de Cawnpore, Campbell la había dejado en paz: se limitó a observarla con una fuerza situada en el Doab, en la orilla occidental del Yamuna. Los generales Rose y Whitlock5 llevaban mucho tiempo en marcha hacia Kalpi; por fin llegó Rose y derrotó a los insurrectos en una serie de combates ante Kalpi. Entretanto, la fuerza de observación del otro lado del Yamuna había bombardeado la ciudad y el fuerte, y de pronto los insurrectos evacuaron ambos y deshicieron este su último gran ejército en columnas independientes. Por los partes recibidos no están nada claros los caminos que tomaron; solo sabemos que unos se han ido al Doab y otros hacia Gwalior.

Así, todo el territorio que va del Himalaya a los montes de Bihar y de Vindhya, y de Gwalior y Delhi a Gorakhpur y Dinapur, hierve de bandas insurrectas activas, organizadas hasta cierto punto por la experiencia de doce meses de guerra y alentadas, en medio de una serie de derrotas, por el carácter indeciso de cada una de ellas y por las pequeñas ventajas obtenidas por los británicos. Es verdad que se les han quitado todas sus plazas fuertes y sus centros de operaciones; han perdido la mayor parte de sus pertrechos y de su artillería; las ciudades importantes están todas en manos de sus enemigos. Pero, por otro lado, los británicos no tienen en todo este vasto territorio más que las ciudades, y del campo abierto, nada más que el lugar donde se encuentran en cada momento sus columnas móviles; se ven obligados a perseguir a sus ágiles enemigos sin esperanza alguna de darles alcance, y tienen que emprender este modo agotador de guerra precisamente en la estación más mortífera del año. El indígena de la India soporta el calor del mediodía de su verano con relativa comodidad, mientras que la mera exposición a los rayos del sol es una muerte casi segura para el europeo; puede marchar cuarenta millas en esa estación cuando su adversario del norte se derrumba a las diez; para él, hasta las lluvias cálidas y las junglas pantanosas son relativamente inocuas, mientras que la disentería, el cólera y las fiebres siguen a todo esfuerzo que hagan los europeos en la estación de las lluvias o en parajes pantanosos. No tenemos partes detallados sobre el estado sanitario del ejército británico; pero por el número relativo de los insolados y de los alcanzados por el enemigo en el ejército del general Rose, por la noticia de que la guarnición de Lucknow está enfermiza y de que el 38.º regimiento, que llegó el otoño pasado con más de 1.000 hombres, apenas cuenta hoy con 550, y por otros indicios, podemos concluir que el calor del verano, en abril y mayo, ha hecho su trabajo entre los hombres y muchachos recién llegados que han sustituido a los curtidos veteranos de la India de la campaña del año pasado. Con los hombres que tiene, Campbell no puede emprender las marchas forzadas de Havelock6 ni un asedio durante la estación de las lluvias como el de Delhi. Y aunque el gobierno británico vuelve a enviar fuertes refuerzos, es dudoso que basten para reponer el desgaste de la campaña de este verano contra un enemigo que se niega a combatir a los británicos si no es en las condiciones más favorables para él.

La guerra de los insurrectos empieza ahora a tomar el carácter de la de los beduinos de Argelia contra los franceses, con la diferencia de que los hindúes distan mucho de ser tan fanáticos y de que no son una nación de jinetes. Esto último es importante en un país llano de inmensa extensión. Hay entre ellos muchos mahometanos que serían buena caballería irregular; pero las principales naciones de jinetes de la India no se han sumado hasta ahora a la insurrección. La fuerza de su ejército está en la infantería, y esta arma, que no es apta para hacer frente a los ingleses en campo abierto, se vuelve un lastre en la guerra de guerrillas en la llanura, porque en un país así el nervio de la guerra dispersa es la caballería irregular. Veremos hasta qué punto puede remediarse esta carencia durante las vacaciones forzosas que los ingleses tendrán que tomarse durante las lluvias. Esas vacaciones darán en todo caso a los indígenas la ocasión de reorganizar y completar sus fuerzas. Además de la organización de la caballería, hay otros dos puntos importantes. En cuanto llegue la estación fría, la guerra de guerrillas por sí sola no bastará. Hacen falta centros de operaciones, almacenes, artillería, campamentos atrincherados o ciudades para mantener ocupados a los británicos hasta que pase la estación fría; de lo contrario, la guerra de guerrillas podría extinguirse antes de que el próximo verano le dé nueva vida. Gwalior parece ser, entre otros, un punto favorable, si los insurrectos se han apoderado de verdad de él. En segundo lugar, la suerte de la insurrección depende de que sea capaz de extenderse. Si las columnas dispersas no consiguen pasar de Rohilkhand a Rajputana y al país de los marathas; si el movimiento queda confinado al distrito central del norte, entonces no hay duda de que el próximo invierno bastará para dispersar a las bandas y convertirlas en dacoits,7 que pronto serán más odiosos para los habitantes que los propios invasores de rostro pálido.

  1. Sir Colin Campbell (1792-1863), luego lord Clyde, comandante en jefe de las tropas británicas en la India de 1857 a 1860. ↩

  2. John Jones (1811-1878), brigadier británico, al mando de la columna que socorrió Shahjahanpur en mayo de 1858. ↩

  3. Sir James Hope Grant (1808-1875), general británico, al mando de las operaciones en Oudh en 1858. ↩

  4. Sir Edward Lugard (1810-1898), general británico, al mando de las operaciones contra los insurrectos de Kunwar Singh en Bihar en 1858. ↩

  5. Sir Hugh Rose (1801-1885), al mando de la Fuerza de Campaña de la India Central, y George Cornish Whitlock (1798-1868), al mando de una columna del ejército de Madrás. ↩

  6. Sir Henry Havelock (1795-1857), general británico, que en el verano de 1857 marchó desde Allahabad sobre Cawnpore y Lucknow. ↩

  7. Bandoleros que asaltaban en cuadrilla, en el lenguaje angloindio. ↩