Escrito en inglés por Karl Marx el 10 de septiembre de 1858 y publicado como editorial en el New-York Daily Tribune, núm. 5446, del 5 de octubre de 1858. Traducido del original inglés según la transcripción de Harold Newson del texto de Marx on China, 1853-1860 (Londres, 1951) en el Marx-Engels Archive (marxists.org), cotejado con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 12 (Berlín, 1961, pp. 565-569), por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen las erratas de lectura de la transcripción cotejándolas con la MEW y se rehacen las tablas; la palabra entre corchetes la suplió la edición inglesa de 1951. La MEW lo titula «Sobre el tratado británico-chino». Las notas son nuestras. Texto original en inglés.
El fracaso, desde el punto de vista comercial, del tratado chino de sir Henry Pottinger,1 firmado el 29 de agosto de 1842 y dictado, como los nuevos tratados con China, a boca de cañón, es un hecho que hoy recuerda hasta ese eminente órgano del librecambio británico, el Economist de Londres. Después de haberse destacado como uno de los más firmes apologistas de la reciente invasión de China, ese periódico se ve ahora obligado a «templar» las optimistas esperanzas que se han cultivado en otros sectores. El Economist considera los efectos del tratado de 1842 sobre el comercio británico de exportación «un precedente con el que guardarnos de las consecuencias de operaciones equivocadas». Es, sin duda, un consejo sensato. Las razones, sin embargo, que alega el señor Wilson2 para explicar el fracaso del primer intento de ampliar por la fuerza el mercado chino para los productos de Occidente parecen muy poco concluyentes.
La primera gran causa que se señala del sonado fracaso es el abarrotamiento especulativo del mercado chino durante los tres primeros años que siguieron al tratado de Pottinger y el descuido de los comerciantes ingleses respecto a la naturaleza de la demanda china. Las exportaciones inglesas a China, que en 1836 ascendían a 1.326.000 libras, habían caído en 1842 a 969.000 libras. Su rápida y continua subida en los seis años siguientes la muestran estas cifras:
| 1842 | 969.000 libras |
| 1843 | 1.456.000 libras |
| 1844 | 2.305.000 libras |
| 1845 | 2.295.000 libras3 |
Pero en 1846 no solo cayeron las exportaciones por debajo del nivel de 1836, sino que los desastres que alcanzaron a las casas de Londres que comerciaban con China durante la crisis de 1847 probaron que el valor calculado de las exportaciones de 1843 a 1846, tal como aparece en las tablas oficiales, no se había correspondido en modo alguno con el valor realmente obtenido. Si los exportadores ingleses se equivocaron así en la cantidad, no se equivocaron menos en la calidad de los artículos ofrecidos al consumo chino. En prueba de esta última afirmación, el Economist cita del señor W. Cooke,4 hasta hace poco corresponsal del Times de Londres en Shanghái y Cantón, los siguientes pasajes:
«En 1843, 1844 y 1845, cuando acababan de abrirse los puertos del norte, la gente en Inglaterra estaba loca de excitación. Una eminente casa de Sheffield envió un gran cargamento de cuchillos y tenedores y se declaró dispuesta a abastecer de cubiertos a toda China... Se vendieron a precios que apenas cubrían el flete. Una casa de Londres de nombre famoso envió un tremendo cargamento de pianos, “que corrieron la misma suerte”. Lo que ocurrió con los cubiertos y los pianos ocurrió también, de manera menos visible, “con las manufacturas de estambre y de algodón”. ... Manchester hizo un gran esfuerzo a ciegas cuando se abrieron los puertos, y ese esfuerzo fracasó. Desde entonces ha caído en la apatía y se confía al azar.»
Por último, para probar que la reducción, el mantenimiento o la mejora del comercio dependen del estudio de las necesidades del consumidor, el Economist reproduce de la misma autoridad el siguiente estado para el año 1856:
| 1845 | 1846 | 1856 | |
|---|---|---|---|
| Tejidos de estambre (piezas) | 13.569 | 3.415 | 7.428 |
| Camelotes | 13.374 | 8.034 | 4.470 |
| Long ells | 91.531 | 75.784 | 96.642 |
| Paños de lana | 62.731 | 56.996 | 38.553 |
| Algodones estampados | 100.615 | 81.150 | 281.784 |
| Algodones lisos | 2.998.126 | 1.859.740 | 2.817.624 |
| Hilo de algodón, en libras | 2.640.098 | 5.324.050 | 5.579.600 |
Ahora bien, todos estos argumentos y ejemplos no explican nada más que la reacción que siguió al exceso de comercio de 1843-1845. No es en modo alguno un fenómeno peculiar del comercio chino que a una súbita expansión del comercio le sigan violentas contracciones, o que un mercado nuevo, al abrirse, se vea atascado por el exceso de oferta británica, sin que los artículos que se arrojan sobre él estén muy finamente calculados en relación con las necesidades reales o con la capacidad de pago de los consumidores. De hecho, este es un rasgo permanente de la historia de los mercados del mundo. A la caída de Napoleón, tras la apertura del continente europeo, las exportaciones británicas resultaron tan desproporcionadas respecto a la capacidad de absorción del continente que «la transición de la guerra a la paz» resultó más desastrosa que el propio sistema continental.5 El reconocimiento por Canning6 de la independencia de las colonias españolas de América contribuyó también a provocar la crisis comercial de 1825. Se enviaron entonces a México y Colombia mercancías calculadas para el meridiano de Moscú. Y en nuestros días, pese a su elasticidad, ni siquiera Australia ha escapado a la suerte común de todos los mercados nuevos: ver desbordadas tanto su capacidad de consumo como sus medios de pago. El fenómeno peculiar del mercado chino es este: desde su apertura por el tratado de 1842, la exportación a Gran Bretaña de té y de seda, productos chinos, no ha dejado de crecer, mientras que el comercio de importación de manufacturas británicas en China ha permanecido, en conjunto, estacionario. Podría decirse que el saldo comercial continuo y creciente a favor de China guarda analogía con el estado de la balanza comercial entre Rusia y Gran Bretaña; pero en este último caso todo se explica por la política proteccionista de Rusia, mientras que los derechos de importación chinos son más bajos que los de cualquier otro país con el que comercia Inglaterra. El valor total de las exportaciones chinas a Inglaterra, que antes de 1842 podía estimarse en unos 7.000.000 de libras, ascendió en 1856 a la suma de unos 9.500.000 libras. Mientras que la cantidad de té importada en Gran Bretaña nunca llegó antes de 1842 a más de 50.000.000 de libras de peso, en 1856 se había hinchado hasta unos 90.000.000. Por otra parte, la importancia de la importación británica de sedas chinas data solo de 1852. Su progreso puede calcularse por las cifras siguientes:
| Seda importada, en libras de peso | Valor, en libras esterlinas | |
|---|---|---|
| 1852 | 2.418.343 | .... |
| 1853 | 2.838.047 | .... |
| 1854 | 4.576.706 | 3.318.112 |
| 1855 | 4.436.962 | 3.013.396 |
| 1856 | 3.723.693 | 3.676.116 |
Considérese ahora, por otro lado, el movimiento de las
Exportaciones británicas a China, valoradas en libras esterlinas.
| 1834 | 842.852 libras |
| 1835 | 1.074.708 |
| 1836 | 1.326.388 |
| 1838 | 1.204.356 |
Para el periodo que siguió a la apertura del mercado en 1842 y a la adquisición de Hong Kong por los británicos, encontramos las cifras siguientes:
| 1845 | 2.359.000 libras |
| 1846 | 1.200.000 |
| 1848 | 1.445.950 |
| 1852 | 2.508.399 |
| 1853 | 1.749.597 |
| 1854 | 1.000.716 |
| 1855 | 1.122.241 |
| 1856 | más de 2.000.000 |
El Economist intenta explicar la importación estacionaria y relativamente decreciente de manufacturas británicas en el mercado chino por la competencia extranjera, y de nuevo se cita al señor Cooke como testigo de esta proposición. Según esta autoridad, los ingleses son vencidos en el mercado chino, en buena lid, en muchas ramas del comercio. Los norteamericanos, dice, ganan a los ingleses en driles y en telas para sábanas. En Shanghái, en 1856, se importaron 221.716 piezas de driles norteamericanos frente a 8.745 inglesas, y 14.420 de telas norteamericanas para sábanas frente a 1.240 inglesas. En los artículos de lana, en cambio, se dice que Alemania y Rusia aprietan de firme a sus rivales ingleses. No necesitamos otra prueba que este ejemplo para convencernos de que el señor Cooke y el Economist se equivocan ambos en su apreciación del mercado chino. Consideran limitados al comercio anglo-chino unos rasgos que se reproducen exactamente en el comercio entre los Estados Unidos y el Celeste Imperio. En 1837, el exceso de las exportaciones chinas a los Estados Unidos sobre las importaciones en China fue de unas 860.000 libras. Durante el periodo posterior al tratado de 1842, los Estados Unidos han recibido por término medio cada año 2.000.000 de libras en productos chinos, por los que pagamos 900.000 libras en mercancías norteamericanas. De las 1.602.849 libras a que ascendieron en 1855 las importaciones totales en Shanghái, sin contar el numerario y el opio, Inglaterra suministró 1.122.241 libras, América 272.708 libras y otros países 207.900 libras; mientras que las exportaciones alcanzaron un total de 12.603.540 libras, de las cuales 6.405.040 fueron a Inglaterra, 5.396.406 a América y 102.088 a otros países. Compárense solo las exportaciones norteamericanas por valor de 272.708 libras con sus importaciones de Shanghái, que pasan de 5.000.000 de libras. Si, pese a ello, la competencia norteamericana ha hecho en alguna medida sensible mella en el tráfico británico, ¡qué campo tan limitado de empleo ha de ofrecer el mercado chino al comercio total de las naciones extranjeras!
La última causa que se asigna a la escasa importancia que ha adquirido el mercado chino de importación desde su apertura en 1842 es la revolución china;7 pero, pese a esa revolución, las exportaciones a China [aumentaron] relativamente en 1851-1852 dentro del aumento general del comercio, y durante toda la época revolucionaria el comercio del opio, en lugar de decaer, alcanzó rápidamente dimensiones colosales. Sea como fuere, se admitirá al menos que todos los obstáculos a las importaciones extranjeras que nacen del estado de desorden del imperio no pueden sino aumentar, en lugar de disminuir, con la reciente guerra pirata y las nuevas humillaciones acumuladas sobre la dinastía reinante.
Tras un examen cuidadoso de la historia del comercio chino, nos parece que, en términos generales, se ha sobrestimado mucho la capacidad de consumo y de pago de los celestes. Con el actual armazón económico de la sociedad china, que gira sobre la agricultura minúscula y las manufacturas domésticas como ejes, cualquier importación grande de productos extranjeros está descartada. Aun así, hasta la cuantía de 8.000.000 de libras, suma que puede calcularse a grandes rasgos como el saldo total a favor de China frente a Inglaterra y los Estados Unidos, podría absorber poco a poco una cantidad adicional de mercancías inglesas y norteamericanas si se suprimiera el comercio del opio. A esta conclusión se llega necesariamente al analizar el simple hecho de que las finanzas y la circulación monetaria chinas, pese a la balanza comercial favorable, están seriamente desordenadas por una importación de opio por valor de unos 7.000.000 de libras.
John Bull, sin embargo, acostumbrado a pavonearse de su elevado nivel moral, prefiere enjugar su balanza comercial desfavorable con periódicos tributos de guerra arrancados a China con pretextos piratas. Solo olvida que los métodos cartaginés y romano de hacer pagar a los pueblos extranjeros, reunidos en las mismas manos, chocan sin remedio entre sí y se destruyen el uno al otro.
Sir Henry Pottinger (1789-1856), diplomático y militar británico, que negoció en 1842 el tratado de Nankín, al final de la primera guerra del opio, y fue luego el primer gobernador de Hong Kong. ↩
James Wilson (1805-1860), fundador y director del Economist, secretario financiero del Tesoro de 1853 a 1858. ↩
Algunas cifras de las tablas de este artículo difieren en la MEW: 2.395.000 para 1845 en esta tabla; 8.415 (tejidos de estambre, 1846), 91.530 y 36.642 (long ells, 1845 y 1856) y 2.640.090 (hilo, 1845) en la tabla siguiente; 4.436.862 (seda, 1855) y 2.508.599 (exportaciones de 1852) más abajo. Sin el texto del Tribune no podemos decidir: seguimos el texto inglés. ↩
George Wingrove Cooke (1814-1865), corresponsal del Times en China en 1857-1858, autor de China (1858). ↩
El bloqueo continental decretado por Napoleón en 1806 contra el comercio británico. ↩
George Canning (1770-1827), ministro de Asuntos Exteriores británico de 1822 a 1827; Gran Bretaña reconoció a las repúblicas hispanoamericanas en 1824-1825. ↩
La rebelión de los Taiping, iniciada en 1850-1851. ↩