Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 8 y el 12 de abril de 1859 y publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 5624, del 30 de abril de 1859. Traducido del original inglés según la transcripción de Tony Brown en el Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 13 (Berlín, 1961, pp. 292-299), por la Escuela de marxismo, 2026. La numeración de las dos cartas es la de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.

I

Londres, 8 de abril de 1859

La crisis financiera de la India, que en este momento comparte con los rumores de guerra y la agitación electoral el privilegio de acaparar el interés público en Inglaterra, ha de considerarse desde un doble punto de vista. Supone a la vez una necesidad pasajera y una dificultad permanente.

El 14 de febrero, lord Stanley1 presentó en la Cámara de los Comunes un proyecto de ley que autorizaba al Gobierno a contratar en Inglaterra un empréstito de 7.000.000 de libras para cubrir los gastos extraordinarios de la administración de la India en el año en curso. Unas seis semanas después, las felicitaciones que John Bull se dedicaba a sí mismo por lo poco que había costado la rebelión india quedaron bruscamente interrumpidas por la llegada del correo terrestre,2 que traía un grito de angustia financiera del Gobierno de Calcuta. El 25 de marzo, lord Derby3 se levantó en la Cámara de los Lores para anunciar que, además del empréstito de 7.000.000 de libras que el Parlamento tenía ante sí, haría falta otro empréstito de 5.000.000 de libras para la India a fin de atender a las necesidades del año en curso, y que aun así quedarían por pagar, con fondos de alguna fuente todavía por descubrir, ciertas reclamaciones de indemnizaciones y de presas por un mínimo de 2.000.000 de libras. Para presentar las cosas de manera agradable, lord Stanley, en su primera declaración, solo había atendido a las necesidades del Tesoro de la India en Londres y había dejado al Gobierno británico de la India con sus propios recursos, que, por los despachos recibidos, no podía ignorar que estaban lejos de bastar. Al margen por completo de los gastos del Gobierno metropolitano, o de la administración de la India en Londres, lord Canning4 calculaba el déficit del Gobierno de Calcuta para el año en curso de 1859-1860 en 12.000.000 de libras, contando ya con un aumento de los ingresos ordinarios de 800.000 libras y una reducción de los gastos militares de 2.000.000. Tal era su penuria que había dejado de pagar a una parte de su administración civil; tal su crédito que los títulos del Estado al 5 por ciento se cotizaban con un descuento del 12 por ciento; y tal su apuro que solo pudo salvarse de la bancarrota con el envío desde Inglaterra a la India de 3.000.000 de libras en plata en el plazo de unos pocos meses. Tres cosas quedan claras, pues. Primera: la declaración inicial de lord Stanley era una «treta» y, lejos de abarcar todas las obligaciones de la India, ni siquiera tocaba las necesidades inmediatas del Gobierno de la India en la propia India. Segunda: durante todo el período de la insurrección, si exceptuamos el envío desde Londres a la India, en 1857, de 1.000.000 de libras en plata, el Gobierno de Calcuta tuvo que arreglárselas solo y sufragar con sus propios recursos la mayor parte de los gastos extraordinarios de la guerra que, naturalmente, había que desembolsar en la India: el acuartelamiento de unos 60.000 europeos más, la reposición de los tesoros saqueados y la sustitución de todos los ingresos de las administraciones locales que habían desaparecido. Tercera: al margen de las necesidades del Gobierno metropolitano, hay que cubrir este año un déficit de 12.000.000 de libras. Mediante operaciones en cuyo carácter dudoso preferimos no detenernos, esa suma ha de reducirse a 9.000.000 de libras, de las que 5.000.000 se tomarán prestadas en la India y 4.000.000 en Inglaterra. De estos últimos, ya se ha embarcado en Londres para Calcuta 1.000.000 de libras en barras de plata, y otros 2.000.000 se enviarán en el plazo más breve posible.

De esta sucinta exposición se desprende que sus amos ingleses trataron muy injustamente al Gobierno de la India y lo dejaron en la estacada para echarle tierra a los ojos a John Bull; pero, por otra parte, hay que reconocer que las operaciones financieras de lord Canning superan en torpeza incluso a sus hazañas militares y políticas. Hasta finales de enero de 1859 había logrado reunir los medios necesarios con empréstitos en la India, emitidos en parte en títulos del Estado y en parte en letras del Tesoro; pero, cosa extraña, sus esfuerzos, que habían dado resultado durante la época de la revolución, fracasaron por completo desde el momento en que la autoridad inglesa quedó restablecida por la fuerza de las armas. Y no solo fracasaron, sino que hubo un pánico en torno a los valores del Estado; hubo una depreciación sin precedentes de todos los fondos públicos, con protestas de las Cámaras de Comercio de Bombay y de Calcuta y, en esta última ciudad, asambleas públicas de traficantes de dinero ingleses e indígenas que denunciaban la vacilación, la arbitrariedad y la impotente necedad de las medidas del Gobierno. Ahora bien, el capital prestable de la India, que hasta enero de 1859 había provisto de fondos al Gobierno, empezó a fallar a partir de entonces, cuando al parecer se había rebasado la capacidad de endeudamiento. En efecto, los empréstitos, que de 1841 a 1857 sumaban en total 21.000.000 de libras, absorbieron solo en los dos años de 1857 y 1858 unos 9.000.000, casi la mitad del dinero tomado en préstamo durante los dieciséis años anteriores. Este agotamiento de los recursos, si bien explica que hubiera que ir subiendo el tipo de interés de los empréstitos del Estado del 4 al 6 por ciento, dista mucho, claro está, de explicar el pánico comercial en el mercado de valores indios y la completa incapacidad del gobernador general para atender a las necesidades más urgentes. El enigma se resuelve con el hecho de que se ha convertido en una maniobra habitual de lord Canning sacar nuevos empréstitos a un interés más alto que el de los empréstitos abiertos ya existentes, sin aviso previo al público y en la mayor incertidumbre sobre las operaciones financieras que se proyectan a continuación. La depreciación de los fondos a consecuencia de estas maniobras se ha calculado en no menos de 11.000.000 de libras. Apretado por la pobreza del Tesoro, asustado por el pánico en la bolsa y espoleado por las protestas de las Cámaras de Comercio y las asambleas de Calcuta, lord Canning creyó que lo mejor era portarse como un buen chico y tratar de satisfacer los deseos del mundo del dinero; pero su notificación del 21 de febrero de 1859 demuestra una vez más que el entendimiento humano no depende de la voluntad humana. ¿Qué se le pedía? Que no abriera a la vez dos empréstitos en condiciones distintas y que dijera de una vez al público del dinero la suma que se necesitaba para el año en curso, en lugar de engañarlo con sucesivos anuncios que se contradecían unos a otros. ¿Y qué hace en su notificación? Primero dice que en el mercado indio se reunirán mediante empréstito, para el año 1859-1860, 5.000.000 de libras al 5½ por ciento, y que

«cuando se haya realizado esa cantidad, el empréstito de 1859-1860 quedará cerrado y no se abrirá ningún otro empréstito en la India durante ese año».

En la misma proclama, y barriendo todo el valor de las garantías que acaba de dar, prosigue:

«En el curso del año 1859-1860 no se abrirá en la India ningún empréstito con un tipo de interés más alto, salvo por instrucciones del Gobierno metropolitano.»

Pero eso no es todo. De hecho abre un doble empréstito en condiciones distintas. Mientras anuncia que «la emisión de letras del Tesoro en las condiciones notificadas el 26 de enero de 1859 se cerrará el 30 de abril», proclama «que se notificará una nueva emisión de letras del Tesoro a partir del 1 de mayo», con un interés de casi el 5¾ por ciento y amortizables al cabo de un año desde la fecha de emisión. Los dos empréstitos se mantienen abiertos a la vez, y entretanto el abierto en enero todavía no se ha cerrado. El único asunto financiero que lord Canning parece capaz de entender es que su sueldo anual asciende a 20.000 libras sobre el papel y a unas 40.000 en la práctica. Por eso, pese a las burlas del gabinete Derby y a su notoria incapacidad, se aferra a su puesto por «sentido del deber».

Los efectos de la crisis financiera india en el mercado interior inglés ya se han hecho visibles. En primer lugar, los envíos de plata por cuenta del Gobierno, que vinieron a engrosar los grandes envíos por cuenta comercial y coincidieron con una época en que el suministro ordinario de plata de México se retiene por el estado de desorden de aquel país, han hecho subir, naturalmente, el precio de la plata en barras. El 25 de marzo había llegado al precio artificial de 62¾ peniques por onza de ley, lo que provocó tal afluencia de plata de todas partes de Europa que el precio en Londres volvió a bajar a 62⅜ peniques, mientras que el tipo de descuento en Hamburgo subía del 2½ al 3 por ciento. A consecuencia de estas fuertes importaciones de plata, el cambio se ha vuelto contra Inglaterra y ha empezado una salida de oro en barras que por ahora no hace más que aliviar la plétora del mercado monetario de Londres, pero que a la larga puede afectarlo seriamente, acompañada como irá de grandes empréstitos continentales. Con todo, la depreciación en el mercado monetario de Londres de los títulos del Gobierno de la India y de los valores ferroviarios garantizados, que no podrá menos que perjudicar a los empréstitos del Gobierno y de los ferrocarriles que aún han de lanzarse en el curso de esta temporada, es sin duda el efecto más grave que la crisis financiera india ha tenido hasta ahora en el mercado interior. Las acciones de muchos ferrocarriles indios, aunque el Gobierno les garantiza un interés del 5 por ciento, se cotizan ahora con un descuento del 2 o el 3 por ciento.

Sin embargo, mirándolo todo en conjunto, considero el pánico financiero indio del momento como un asunto de importancia secundaria comparado con la crisis general del Tesoro de la India, que quizá examine en otra ocasión.

II

Londres, 12 de abril de 1859

El último correo terrestre, lejos de mostrar alivio alguno de la crisis financiera de la India, revela un estado de desbarajuste apenas previsto. Los expedientes a que se ve empujado el Gobierno indio para atender a sus necesidades más urgentes pueden ilustrarse mejor que con nada con una medida reciente del gobernador de Bombay.5 Bombay es el mercado por el que sale el opio de Malwa,6 unas 30.000 cajas al año por término medio, en remesas mensuales de 2.000 o 3.000 cajas, contra las que se giran letras sobre Bombay. Cobrando 400 rupias por cada caja que entra en Bombay, el Gobierno obtiene del opio de Malwa unos ingresos de 1.200.000 libras al año. Pues bien: para rellenar su Tesoro exhausto y conjurar la bancarrota inmediata, el gobernador de Bombay ha publicado una notificación que eleva el derecho sobre cada caja de opio de Malwa de 400 a 500 rupias; pero, al mismo tiempo, declara que ese derecho aumentado no se cobrará hasta después del 1 de julio, de modo que los tenedores de opio de Malwa gozan del privilegio de introducir la droga con los derechos antiguos durante cuatro meses más. Entre mediados de marzo, cuando se publicó la notificación, y el 1 de julio solo hay dos meses y medio en los que puede importarse opio, porque el monzón empieza el 15 de junio. Los tenedores de opio de Malwa aprovecharán, naturalmente, el plazo que se les concede para enviar opio con el derecho antiguo y, por consiguiente, volcarán en esos dos meses y medio todas sus existencias en la Presidencia.7 Como el remanente de opio de las cosechas vieja y nueva que queda en Malwa asciende a 26.000 cajas y el precio del opio de Malwa llega a 1.250 rupias por caja, los comerciantes de Malwa tendrán que girar contra los comerciantes de Bombay nada menos que 3.000.000 de libras, de las que más de 1.000.000 han de ir a parar al Tesoro de Bombay. El propósito de esta treta financiera es transparente. Con vistas a anticipar los ingresos anuales del derecho sobre el opio y a inducir a los comerciantes del artículo a pagarlo de inmediato, se les pone delante, in terrorem,8 la perspectiva de un aumento del derecho. Aunque sería del todo superfluo extenderse sobre el carácter empírico de este recurso, que llena el Tesoro en el presente creando un vacío equivalente unos meses más tarde, no podría darse ejemplo más elocuente del agotamiento de medios y arbitrios por parte de los sucesores del Gran Mogol.

Pasemos ahora al estado general de las finanzas de la India tal como ha resultado de la reciente insurrección. Según las últimas cuentas oficiales, los ingresos netos que los británicos sacan de su finca india ascienden a 23.208.000 libras, digamos 24.000.000. Estos ingresos anuales nunca han bastado para cubrir los gastos anuales. De 1836 a 1850, el déficit neto ascendió a 13.171.096 libras, es decir, por término medio y en números redondos, a 1.000.000 al año. Incluso en el año 1856, cuando el Tesoro estaba excepcionalmente lleno gracias a las anexiones, los robos y las extorsiones en gran escala de lord Dalhousie,9 ingresos y gastos no cuadraron exactamente, sino que, por el contrario, a la habitual cosecha de déficits se añadió uno de alrededor de un cuarto de millón. En 1857 el déficit fue de 9.000.000 de libras, en 1858 llegó a 13.000.000, y para 1859 el propio Gobierno de la India lo calcula en 12.000.000. La primera conclusión a la que llegamos es, pues, que aun en circunstancias ordinarias los déficits se iban acumulando y que en circunstancias extraordinarias tienen que alcanzar tales dimensiones que llegan a la mitad de los ingresos anuales o más.

La pregunta que se plantea a continuación es: ¿en qué medida han ensanchado los últimos acontecimientos este hueco ya existente entre los gastos y los ingresos del Gobierno de la India? La nueva deuda permanente de la India que resulta de la represión del motín la calculan los financieros ingleses más optimistas entre cuarenta y cincuenta millones de libras, mientras que el señor Wilson10 estima el déficit permanente, es decir, el interés anual de esa nueva deuda que habrá que pagar con los ingresos anuales, en no menos de tres millones. Pero sería un gran error creer que ese déficit permanente de tres millones es el único legado que los insurrectos han dejado a sus vencedores. Los costes de la insurrección no están solo en tiempo pasado, sino que en alto grado están por venir. Aun en tiempos tranquilos, antes de que estallara el motín, los gastos militares se tragaban por lo menos el sesenta por ciento del total de los ingresos ordinarios, ya que pasaban de 12.000.000 de libras; pero ahora la situación ha cambiado. Al comienzo del motín, la fuerza europea en la India contaba con 38.000 hombres efectivos, mientras que el ejército indígena reunía 260.000. Las fuerzas militares empleadas actualmente en la India suman 112.000 europeos y 320.000 soldados indígenas, incluida la policía indígena. Puede decirse con razón que estas cifras extraordinarias se reducirán a una medida más moderada cuando desaparezcan las circunstancias extraordinarias que las hincharon hasta su tamaño actual. Sin embargo, la comisión militar nombrada por el Gobierno británico ha llegado a la conclusión de que en la India hará falta una fuerza europea permanente de 80.000 hombres, con una fuerza indígena de 200.000, con lo que los gastos militares se elevarán casi al doble de su nivel original. Durante los debates sobre las finanzas de la India en la Cámara de los Lores, el 7 de abril, todos los oradores con autoridad admitieron dos puntos: por un lado, que un gasto anual con cargo a los ingresos de la India de poco menos de veinte millones solo para el ejército era incompatible con unos ingresos netos de solo veinticuatro millones; y, por otro, que era difícil imaginar un estado de cosas que durante una serie indefinida de años permitiera a los ingleses dejar sin peligro la India con una fuerza europea menor que el doble de la que había antes de estallar el motín. Pero, aun suponiendo que bastara con añadir de forma permanente a las fuerzas europeas no más de un tercio de sus efectivos originales, llegamos a un nuevo déficit anual permanente de cuatro millones de libras por lo menos. El nuevo déficit permanente que se deriva, por un lado, de la deuda consolidada contraída durante el motín y, por otro, del aumento permanente de las fuerzas británicas en la India no puede, pues, según el cálculo más moderado, quedar por debajo de siete millones de libras.

A esto hay que añadir otras dos partidas: una que procede de un aumento de las obligaciones y otra de una disminución de los ingresos. Según una relación reciente del Departamento de Ferrocarriles de la Oficina de la India en Londres, la longitud total de los ferrocarriles aprobados para la India es de 4.817 millas, de las que solo hay abiertas hasta ahora 559. El capital total invertido por las distintas compañías ferroviarias asciende a 40.000.000 de libras, de las que se han desembolsado 19.000.000 y quedan por exigir 21.000.000; el 96 por ciento de la suma total se ha suscrito en Inglaterra y solo el 4 por ciento en la India. Sobre esos 40.000.000 de libras el Gobierno ha garantizado un interés del 5 por ciento, de modo que el interés anual con cargo a los ingresos de la India llega a 2.000.000 de libras, que hay que pagar antes de que los ferrocarriles estén en funcionamiento y antes de que puedan dar algún rendimiento. El conde de Ellenborough11 calcula la pérdida que esto supondrá para las finanzas de la India en los próximos tres años en 6.000.000 de libras, y el déficit permanente que acabarán dejando estos ferrocarriles en medio millón al año. Por último, de los 24.000.000 de libras de ingresos netos de la India, 3.619.000 proceden de la venta de opio al extranjero, una fuente de ingresos que, como hoy se reconoce en general, quedará considerablemente mermada por el reciente tratado con China.12 Resulta evidente, pues, que, aparte de los gastos extraordinarios que todavía exija completar la represión del motín, habrá que cubrir un déficit anual permanente de por lo menos 8.000.000 de libras con unos ingresos netos de 24.000.000, que quizá el Gobierno, imponiendo nuevos tributos, consiga elevar a 26.000.000. El resultado necesario de esta situación será cargar al contribuyente inglés con la responsabilidad de la deuda india y, como declaró sir G. C. Lewis13 en la Cámara de los Comunes,

«votar cuatro o cinco millones al año como subsidio para lo que se ha llamado una valiosa dependencia de la Corona británica».

Habrá que reconocer que estos frutos financieros de la «gloriosa» reconquista de la India no tienen un aspecto encantador, y que John Bull paga unos derechos protectores altísimos por asegurar a los librecambistas de Manchester el monopolio del mercado indio.

  1. Edward Henry Stanley (1826-1893), conservador, hijo de lord Derby; presidente de la Junta de Control y, desde agosto de 1858, primer secretario de Estado para la India. ↩

  2. El overland mail, el correo de la India que llegaba por tierra a través de Egipto en lugar de dar la vuelta a África. ↩

  3. Edward Geoffrey Smith Stanley, conde de Derby (1799-1869), jefe de los conservadores y primer ministro en 1852, 1858-1859 y 1866-1868. ↩

  4. Charles John Canning (1812-1862), gobernador general de la India desde 1856 y primer virrey desde 1858. ↩

  5. John Elphinstone, lord Elphinstone (1807-1860), gobernador de Bombay de 1853 a 1860. ↩

  6. Región de la India central, gran productora de opio, formada en buena parte por principados indígenas; su opio salía al mar por Bombay. ↩

  7. La Presidencia de Bombay, una de las tres grandes divisiones administrativas de la India británica. ↩

  8. Latín: «para infundir temor», como amenaza. ↩

  9. James Andrew Broun-Ramsay, marqués de Dalhousie (1812-1860), gobernador general de la India de 1848 a 1856; anexionó el Punjab, Oudh y varios principados cuyos soberanos morían sin heredero directo. ↩

  10. James Wilson (1805-1860), economista y político liberal, fundador de The Economist; a finales de 1859 fue enviado a la India como responsable de sus finanzas. ↩

  11. Edward Law, conde de Ellenborough (1790-1871), conservador, gobernador general de la India de 1842 a 1844 y presidente de la Junta de Control en 1858. ↩

  12. El tratado de Tianjin (1858), impuesto a China en la segunda guerra del opio. ↩

  13. Sir George Cornewall Lewis (1806-1863), liberal, ministro de Hacienda de 1855 a 1858. ↩