Escrito por Friedrich Engels y publicado en Das Volk (Londres), núm. 4, del 28 de mayo de 1859. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 13 (Berlín, 1961, pp. 358-360), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
La campaña de Italia, que dura ya casi un mes, ha tomado un curso singular e inesperado. Dos grandes ejércitos, de poco menos de 200.000 hombres cada uno, se concentraron frente a frente en los primeros días de mayo. Mientras los puestos avanzados se han acercado a tiro de cañón, las dos masas se observan, tienden las antenas ora aquí, ora allá, entran en ligero conflicto en algunos puntos, cambian de frente, prolongan una u otra ala, pero no llegan a chocar en masa. Esta manera de hacer la guerra parece impropia del sistema moderno de los golpes rápidos y decisivos; parece un retroceso respecto a los movimientos fulminantes y las campañas cortas de Napoleón.
Desde Napoleón, dos elementos nuevos han cambiado considerablemente la manera de hacer la guerra. El primero es la mejor protección de los Estados mediante campamentos atrincherados y grupos de fortalezas en puntos adecuados del terreno. Las fortalezas de la época napoleónica eran demasiado insignificantes, estaban demasiado aisladas unas de otras o se hallaban en un terreno estratégicamente demasiado indiferente para poner grandes obstáculos a su manera de hacer la guerra. Una victoria en campo abierto o una marcha envolvente apartaba al ejército enemigo de sus fortalezas.
Lo que las fortificaciones son capaces de hacer lo demostraron Danzig en 1813,1 el cuadrilátero de fortalezas de Lombardía2 en 1848, Komorn en 1849 y Sebastopol en 1855. Pues bien, la posición de los francopiamonteses detrás del Po y del Tanaro, entre Casale, Alessandria y Valenza, forma un sistema de fortalezas agrupadas de esa clase, que da protección a un ejército incluso frente a una superioridad considerable. Detrás de esta posición lograron los franceses lanzar, antes de que llegaran los austriacos, tantas tropas que un ataque perdió toda perspectiva de éxito decisivo, y con ello se ganó tiempo para traer las demás tropas francesas y completar el material del equipo. La ofensiva austriaca se detuvo así ante Casale y Valenza, y como no era posible ni un ataque frontal ni un serio movimiento envolvente de la posición, no le quedó otro remedio que hacer demostraciones sobre los flancos, al oeste del Sesia y al sur del Po, unidas a la recaudación de los recursos de esos distritos que podía aprovechar el ejército.
El segundo elemento que ha cambiado considerablemente la manera de hacer la guerra desde Napoleón es el vapor. Solo gracias a los ferrocarriles y a los barcos de vapor les fue posible a los franceses lanzar al Piamonte, durante los cinco días transcurridos entre la entrega del ultimátum austriaco y la entrada de los austriacos, tales masas de tropas que cualquier ataque austriaco contra la posición piamontesa tenía que quedar sin resultado, y reforzar esas masas durante la semana siguiente de tal modo que el 20 de mayo había en línea, entre Asti y Novi, por lo menos 130.000 franceses.
Pero la corrupción y el desorden en la administración, inevitables bajo el dominio de un caballero de industria como Luis Bonaparte, hacen que el material de campaña francés llegue lenta y defectuosamente. Contrastan favorablemente con ello el orden y la rapidez con que los cuerpos de ejército austriacos fueron trasladados a Italia en plena disposición de combate. Si la guerra se prolonga, esto tiene que influir por fuerza.
Los austriacos no pueden avanzar porque han topado con la posición entre las fortalezas piamontesas; los franceses tampoco, porque su equipo de guerra todavía no está completo. De ahí el estancamiento de los movimientos, y de ahí el interés inmerecido que se presta al pequeño encuentro de Montebello. Todo el asunto se reduce a lo siguiente. Los austriacos recibieron la noticia de que los franceses desplazaban su ala derecha en dirección a Piacenza, movimiento que hacía suponer la intención de cruzar el Po entre Pavía y Piacenza y envolver así la posición austriaca de la Lomellina en dirección a Milán. El quinto cuerpo de ejército austriaco (Stadion) envió, pues, tres brigadas al otro lado del Po, por un puente tendido en Vaccarizza (aguas abajo de Pavía), para ocupar la posición delante de Stradella y hacer un reconocimiento hacia Voghera. Estas tres brigadas toparon en Casteggio con los puestos avanzados de los aliados y en Montebello con la primera brigada de la división francesa de Forey, a la que rechazaron de Montebello. La segunda brigada francesa llegó poco después, y entonces los austriacos fueron expulsados del pueblo tras un combate tenaz; rechazaron un ataque contra Casteggio y empujaron en desorden a los franceses hasta Montebello, que sin duda habrían tomado (la mayor parte de sus tropas aún no había entrado en combate) si entretanto no hubiera llegado una brigada de la división francesa de Vinoy. A la vista de estos refuerzos, los austriacos detuvieron su avance. Habían alcanzado su objetivo, sabían ya dónde estaban las masas de tropas más próximas del ala derecha francesa, y se retiraron sin ser molestados de Casteggio hacia el Po y después, al otro lado, hacia el ejército principal, con la certeza de que los franceses todavía no habían emprendido ningún movimiento serio contra Piacenza. Los austriacos tienen toda la razón en mantenerse concentrados en la orilla izquierda del Po mientras no tengan un motivo preponderante para lanzar a la orilla derecha su ejército entero; cualquier división del ejército à cheval3 sobre el río sería un error, y el puente de Vaccarizza, con su cabeza de puente, basta para permitirles el paso en cualquier momento y para tomar de flanco un avance francés contra Stradella.
Garibaldi, al frente de 5.000 voluntarios, ha envuelto el ala derecha austriaca y se encuentra ahora en suelo lombardo. Según las últimas noticias, los austriacos ya están a su espalda, y corre gran peligro de quedar cortado, lo que sin duda sería muy grato al libertador Bonaparte.
El príncipe Napoleón, Plon-Plon,4 ha recibido el encargo de organizar en Livorno (Toscana) un cuerpo de ejército que ha de caer sobre el flanco de los austriacos. Los soldados franceses se enfadan y los austriacos se ríen.
El sábado y el domingo los sardos intentaron establecerse en la orilla izquierda del Sesia, pero los austriacos se lo impidieron.
La guarnición francesa de Danzig, al mando de Rapp, resistió el asedio ruso y prusiano de enero a noviembre de 1813. ↩
Las cuatro fortalezas de Peschiera, Mantua, Verona y Legnago, en la frontera entre Lombardía y el Véneto, en las que se apoyó Radetzky en 1848. ↩
A caballo, a ambos lados. ↩
Jérôme Napoléon Bonaparte (1822-1891), primo de Napoleón III, apodado Plon-Plon. ↩