Escrito en inglés por Karl Marx (correspondencia fechada en Londres el 8 de septiembre de 1860) y publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 6063, del 29 de septiembre de 1860. El original inglés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 159-163), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Se añade la fecha al título para distinguirlo de otros artículos del mismo nombre. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Londres, 8 de septiembre de 1860
La Tribune fue el primer periódico que llamó la atención sobre la inquietante disminución del comercio británico de exportación con las Indias Orientales, una disminución que se hizo más patente en los principales artículos de comercio, como los tejidos y los hilados de algodón1. La reacción se deja sentir en Lancashire y en Yorkshire justo en el momento en que el mercado interior se encoge a causa de una cosecha que empieza cinco semanas enteras más tarde que la del año pasado y que, pese a las mejores perspectivas desde el jueves 30 de agosto, quedará en todo caso por debajo del rendimiento medio. Por eso la Cámara de Comercio británica ha dado la voz de alarma y ha bombardeado al Gobierno con protestas contra la nueva ley arancelaria india, que ha elevado del 5 al 10 por ciento el derecho sobre las principales importaciones procedentes de Gran Bretaña, es decir, un 100 por ciento. La prensa inglesa, que hasta entonces había evitado con cuidado tocar este punto, se ha visto así obligada por fin a abandonar su reserva. El Economist de Londres nos sirve «El comercio de la India» y «La causa de su depresión». Aparte de que el Economist pasa por ser la primera autoridad inglesa en cuestiones de este tipo, sus artículos sobre la India tienen un interés especial por su relación con el despacho del señor Wilson, actual ministro de Hacienda de la India2. La mejor respuesta a la primera parte del artículo, que intenta descargar a la última legislación arancelaria india de toda responsabilidad en la contracción actual del mercado indio, es que el gobernador general de Calcuta3 se ha visto obligado a reunir en Calcuta una comisión de representantes de las administraciones fiscales de Calcuta, Bombay y Madrás y de sus distintas cámaras de comercio, encargándole examinar y revisar el arancel introducido hace poco. Este arancel no provocó, como ya señalé cuando di a conocer por primera vez este asunto a sus lectores, la crisis comercial india; pero aceleró su estallido al introducirse de repente en un momento en que el comercio indio estaba ya hinchado por encima de su capacidad natural. La saturación del mercado indio con mercancías británicas y del mercado inglés con mercancías indias la reconoce abiertamente el Economist.
«Creemos», dice, «que todo el mundo admitirá que los enormes beneficios obtenidos en el comercio indio durante una parte del año pasado provocaron de repente un aumento de los envíos a los mercados mayor que el que requería el consumo, en lo que a este país se refiere, y un comercio especulativo muy extenso de los capitalistas nativos para abastecer los mercados del interior desde los puertos. Por ejemplo, en 1859 la exportación de tejidos de algodón a la India británica ascendió a 12.043.000 libras esterlinas, frente a 9.299.000 en 1858 y 5.714.000 en 1857; en hilados, la exportación ascendió en 1859 a 2.546.000 libras, frente a 1.969.000 en 1858 y 1.147.000 en 1857. Durante mucho tiempo las mercancías se vendían tan deprisa como llegaban, y mientras los precios subían no faltaron mahajuns4 emprendedores que hacían compras y las llevaban a los mercados del interior, y, según las mejores informaciones que hemos podido obtener, no cabe duda de que en el noroeste se acumularon grandes existencias de mercancías en todos los mercados. En este punto coinciden los informes de Mirzapur, Allahabad, Lucknow, Agra, Delhi, Amritsar y Lahore.»
El Economist pasa luego a enumerar por extenso algunas circunstancias que contribuyeron a agravar en cierta medida la saturación de los mercados indios. La causa principal, los grandes envíos continuos desde Inglaterra, ni siquiera la menciona. En primer lugar, el rendimiento de la cosecha de otoño de 1859 en todo el norte de la India quedó muy por debajo de la media a causa de la sequía general y sufrió daños tanto en calidad como en cantidad. De ahí los altos precios de los alimentos en invierno y primavera, que en la estación siguiente subieron aún más ante la perspectiva de una hambruna. Además, junto a la escasez y la carestía hacían estragos las epidemias.
«En todo el noroeste reinaba el cólera en las ciudades densamente pobladas en proporciones tan espantosas que en muchos casos la vida cotidiana se interrumpió y la población huía como ante un ejército invasor enemigo.»
Pero, peor aún,
«la India superior se ha visto azotada, durante un mes o seis semanas antes de la salida del último correo, por una calamidad espantosa. La estación de las lluvias, de la que depende por entero la cosecha de otoño, suele llegar a mediados o, como muy tarde, a finales de junio. Este año, hasta mediados de julio no había caído ni una gota de lluvia. Desde la frontera noroccidental hasta la Baja Bengala, desde el paso del Khyber hasta Benarés, incluidos los grandes territorios entre el Sutlej, el Jumna y el Ganges, todo era una superficie árida, dura y compacta de tierra reseca. Solo en los poquísimos lugares regados por los ríos que los atraviesan o por las derivaciones de las grandes obras de riego, los canales del Jumna y del Ganges, era posible el cultivo. La perspectiva de una hambruna como la de 1837 y 1838 suscitaba en todas partes la mayor inquietud. Los precios seguían subiendo. El ganado moría en masa o se llevaba a las montañas en lugar de usarlo para labrar la tierra; se dice que la gente está al borde de morir de hambre.»
Pero, según noticias telegráficas llegadas y publicadas en Calcuta durante los ocho días anteriores a la salida del último correo, el 27 de julio, los peores temores no se han confirmado. Por fin había caído lluvia suficiente, todavía a tiempo de evitar una hambruna, si no de asegurar una buena cosecha. Los detalles que da el Economist prueban sobradamente que en el futuro próximo no hay la menor perspectiva de que se reanime el comercio indio, que ya en el primer semestre de 1860 bajó en 2.000.000 de libras esterlinas respecto del primer semestre de 1859. Los mercados australianos muestran también todos los síntomas de contracción que trae consigo un comercio excesivo. El comercio con Francia, que gracias al tratado comercial5 debía cobrar de repente proporciones enormes, ha bajado por el contrario en más de 1.000.000 de libras esterlinas, como puede verse por el siguiente cuadro:
| Los seis meses hasta el 30 de junio | 1859 | 1860 |
|---|---|---|
| Importaciones de Francia | 9.615.065 £ | 8.523.983 £ |
| Exportaciones a Francia | 2.358.912 £ | 2.324.665 £ |
| Total | 11.973.977 £ | 10.848.648 £ |
El fuerte retroceso de la importación británica de Francia puede deberse a los altos precios de los alimentos en Francia este año, ya que en 1859 el grano y la harina fueron uno de los principales artículos de exportación de Francia a Inglaterra. Se concede gran importancia al consumo, que se supone creciente, de productos ingleses en los Estados Unidos como compensación de la gran exportación actual de alimentos al Reino Unido. Pero, aunque siempre habrá cierto equilibrio entre la exportación y la importación de un país, la conclusión anterior parece algo precipitada si la juzgamos por la evolución del comercio angloamericano en los primeros semestres de 1859 y 1860. Encontramos allí:
| 1859 | 1860 | |
|---|---|---|
| Exportación británica a los Estados Unidos | 11.625.920 £ | 9.366.647 £ |
| Importación británica de los Estados Unidos | 17.301.790 £ | 25.618.472 £ |
Es decir, que en el mismo tiempo en que las importaciones británicas de los Estados Unidos aumentaron en más de 8.000.000, las exportaciones británicas a los Estados Unidos disminuyeron en más de 2.000.000 de libras esterlinas. Las únicas ramas del comercio internacional británico que han crecido son el comercio angloturco, el anglochino y el angloalemán. Ahora mismo, Turquía se ve sacudida por la intromisión rusa y francesa. China se ve sacudida por los propios ingleses6, y Alemania, mientras padece en muchas partes una mala cosecha, está en vísperas de graves sacudidas políticas en el interior y de serios choques con el exterior. Sobre el comercio anglochino quiero observar además que parte de su crecimiento se debe sin duda a las necesidades de la guerra; que parte de la exportación aumentada a China se hizo a costa de muchas mercancías retiradas del mercado indio y lanzadas a modo de prueba al mercado chino; y, por último, que la importación de China sigue teniendo mucha más importancia que la exportación a China, como se ve por las cifras siguientes:
| Los seis meses hasta el 30 de junio | 1859 | 1860 |
|---|---|---|
| Importaciones de China, incluido Hong Kong | 5.070.691 £ | 5.526.054 £ |
| Exportación a China, sin Hong Kong | 1.001.709 £ | 1.622.525 £ |
| Exportaciones a Hong Kong | 976.703 £ | 1.236.262 £ |
| Total | 7.049.103 £ | 8.384.841 £ |
Entretanto, quiebras inesperadas en la mayoría de las ramas de los negocios siguen creando un sentimiento general de desconfianza. El siguiente resumen del pasivo y el activo de las últimas quiebras en el comercio del cuero, tal como se han averiguado hasta ahora, muestra que el activo asciende por término medio a solo 5 chelines y 6 peniques por libra, de modo que a los tenedores de letras de las casas quebradas les queda una pérdida de 1.471.589 libras esterlinas.
Pasivo
| Casas | ||
|---|---|---|
| En quiebra | 9 | 1.530.991 £ |
| En liquidación o en concurso de acreedores | 15 | 499.806 £ |
| Sin detalles publicados | 10 | - |
| Total | 34 | 2.030.797 £ |
Activo
| Importes | Por libra | Descubierto | ||
|---|---|---|---|---|
| En quiebra | 9 | 342.652 £ | 4 chel. 6 pen. | 1.188.339 £ |
| En liquidación o en concurso de acreedores | 15 | 216.556 £ | 8 chel. 8 pen. | 283.250 £ |
| Sin detalles publicados | - | - | - | |
| Total | 34 | 559.208 £ | 5 chel. 6 pen. | 1.471.589 £ |
Marx había tratado el asunto en el artículo «El comercio británico» publicado en la Tribune el 16 de julio de 1860 y en otros posteriores. ↩
James Wilson (1805-1860), economista y político liberal, fundador y director de The Economist; desde 1859 era miembro de Hacienda del Consejo del virrey de la India, donde reformó el sistema fiscal; murió en Calcuta en agosto de 1860. ↩
Charles John Canning (1812-1862), gobernador general y, desde 1858, primer virrey de la India. ↩
Prestamistas y comerciantes indios. ↩
El tratado de comercio anglofrancés firmado el 23 de enero de 1860 por Cobden y Chevalier, que rebajaba los aranceles entre los dos países. ↩
Alusión a la segunda guerra del opio (1856-1860): en agosto de 1860 las tropas anglofrancesas avanzaban sobre Pekín. ↩