Escrito en inglés por Friedrich Engels a comienzos de septiembre de 1860 y publicado como editorial en el New-York Daily Tribune, núm. 6058, del 24 de septiembre de 1860. El original inglés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 155-158), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Disponemos ahora de informaciones precisas sobre la conquista de la Baja Calabria por Garibaldi y la expulsión completa del cuerpo napolitano destinado a defenderla. En esta etapa de su carrera triunfal, Garibaldi se ha mostrado no solo como un jefe valiente y un estratega astuto, sino también como un general instruido en el arte militar. El ataque con el grueso de las fuerzas contra una cadena de fuertes costeros es una empresa que exige no solo talento militar, sino también saber militar, y es grato comprobar que nuestro héroe, que nunca en su vida pasó un examen militar y de quien difícilmente puede decirse que haya pertenecido jamás a un ejército regular, se movió en un campo de batalla de esta clase con la misma soltura que en cualquier otro.
La punta de la bota italiana la forma la cadena montañosa del Aspromonte, que termina con la cumbre del Montalto, de unos 4.300 pies de altura. Desde esta cumbre, las aguas corren por una serie de profundos barrancos que, con el Montalto por centro, se abren como los radios de un semicírculo cuya periferia forma la costa. Estos barrancos, cuyos cauces están secos en esta época del año, se llaman fiumare, y cada uno constituye una posición para un ejército en retirada. Es cierto que pueden rodearse por el Montalto, sobre todo porque hay caminos de herradura y senderos que siguen la cresta de cada estribación y la cadena principal del propio Aspromonte; pero la falta absoluta de agua en la zona alta haría de ello, en verano y con una fuerza numerosa, una maniobra bastante difícil. Las estribaciones de la montaña llegan hasta la costa, donde caen al mar en rocas escarpadas y quebradas de manera irregular. Los fuertes que guardan el estrecho entre Reggio y Scilla están levantados en parte en la playa, pero aún más a menudo sobre rocas bajas y salientes cerca de la costa. La consecuencia es que todos ellos están dominados y vigilados por las rocas más altas de las cercanías, y estos puntos dominantes quedan fuera del alcance de la artillería y casi siempre fuera del tiro de la vieja Brown Bess1, de modo que no se tuvieron en cuenta al construir los fuertes; pero con la introducción del moderno fusil rayado han cobrado una importancia decisiva. En estas circunstancias, estaba plenamente justificado un ataque de viva fuerza contra estos fuertes sin atenerse a las reglas de un sitio en regla. Lo que Garibaldi tenía que hacer era enviar una columna por la carretera, bajo el fuego de los fuertes, para simular un ataque frontal contra las tropas napolitanas, y llevar otra columna por las colinas —tan arriba de las fiumare como lo exigieran la naturaleza del terreno o la extensión del frente fijada por una posición defensiva napolitana—, rodeando así tropas y fuertes y teniendo en cada encuentro la ventaja de la posición dominante.
En consecuencia, el 21 de agosto Garibaldi envió a Bixio2 con una parte de sus tropas por la costa en dirección a Reggio, mientras él mismo, con un pequeño destacamento y las tropas de Missori3, que se le habían vuelto a unir, iba por la zona alta. Los napolitanos, ocho compañías o unos 1.200 hombres, ocupaban una fiumara en las inmediaciones de Reggio. Bixio, que atacó primero, envió una columna por la extrema izquierda a la playa arenosa, mientras él mismo avanzaba por la carretera. Los napolitanos cedieron muy pronto, pero su ala izquierda, en las montañas, resistió frente a los pocos soldados de la vanguardia de Garibaldi hasta que llegaron los hombres de Missori y la acorralaron. Entonces se retiraron al fuerte, que está en medio de la ciudad, y a una pequeña batería en la costa. Esta fue tomada por un valerosísimo asalto de tres compañías de Bixio, que entraron por una cañonera. Bixio bombardeó el fuerte grande con dos piezas pesadas napolitanas que había encontrado con munición en la batería. Pero esto no habría obligado a los napolitanos a rendirse si los tiradores de Garibaldi no hubieran ocupado las alturas dominantes, desde las que podían ver a los artilleros en las baterías y apuntarles. Esto surtió efecto. Los artilleros abandonaron la explanada de las piezas y corrieron a las casamatas; el fuerte se rindió. Parte de los hombres se unió a Garibaldi, pero la mayoría se fue a casa. Mientras esto ocurría en Reggio y la atención de los vapores napolitanos estaba puesta en este combate, en la destrucción del vapor Torino, encallado, y en un fingido embarque de los soldados de Medici4 en Mesina, Cosenz5 logró sacar del Faro Lagore6 a 1.500 hombres en 60 barcas y desembarcar con ellos en la costa noroeste, entre Scilla y Bagnara.
El 23 hubo un pequeño combate cerca de Salice, algo detrás de Reggio. Cincuenta garibaldinos, ingleses y franceses, al mando del coronel De Flotte7, derrotaron a un número cuatro veces mayor de napolitanos. En él cayó De Flotte. El mismo día, el general Briganti, que mandaba una brigada a las órdenes de Viale en la Baja Calabria, tuvo una entrevista con Garibaldi acerca de las condiciones de su paso al campo italiano. Pero esta entrevista no tuvo otro resultado que mostrar que los napolitanos estaban completamente desmoralizados. Desde ese momento ya no se trató de vencer, sino solo de rendirse. Briganti y Melendez, jefe de la segunda brigada móvil de la Baja Calabria, habían tomado posición muy cerca de la costa, entre Villa San Giovanni y Scilla, extendiendo su izquierda hasta las colinas junto a la Fiumara di Muro. Sus fuerzas reunidas pueden estimarse en algo más de 3.600 hombres.
Garibaldi, que se puso en comunicación con Cosenz, desembarcado a espaldas de esta fuerza, tendió en torno a ella una red completa y luego aguardó tranquilamente su capitulación, que se produjo el 24 hacia el anochecer. La desarmó y permitió a los hombres irse a casa si querían, cosa que hicieron también la mayoría. El fuerte de Punta di Pezzo se rindió igualmente, y los puestos de la Allafiumare, de Torre del Cavallo y de Scilla siguieron el ejemplo, desanimados tanto por el fuego de fusilería desde las alturas dominantes como por la defección general de los demás fuertes y de las tropas en campaña. Así, en menos de cinco días no solo se aseguró el dominio completo de ambas orillas del estrecho, sino que se conquistó toda la Baja Calabria, y las tropas enviadas a defenderla fueron hechas prisioneras y licenciadas a sus casas.
Esta serie de derrotas dejó al ejército napolitano incapaz de toda nueva resistencia. Los oficiales de los batallones restantes de Viale en Monteleone decidieron defender su posición durante una hora para guardar las apariencias y luego deponer las armas. La insurrección hacía rápidos progresos en las demás provincias. Regimientos enteros se negaban a marchar contra los insurrectos, y hasta hubo deserciones en unidades que cubrían Nápoles. Así quedó por fin abierto al héroe de Italia el camino de Nápoles.
Nombre popular del viejo fusil de chispa de ánima lisa del ejército británico. ↩
Nino Bixio (1821-1873), uno de los principales lugartenientes de Garibaldi. ↩
Giuseppe Missori (1829-1911), oficial garibaldino que había pasado el estrecho unos días antes con una pequeña fuerza y se había hecho fuerte en el Aspromonte. ↩
Giacomo Medici (1817-1882), general garibaldino. ↩
Enrico Cosenz (1820-1898), general garibaldino, más tarde jefe del estado mayor del ejército italiano. ↩
El Faro es la punta nordeste de Sicilia, frente a Calabria, junto a la cual hay unas lagunas litorales. ↩
Paul de Flotte (1817-1860), oficial de marina francés, socialista, diputado de París en la Asamblea Legislativa; desterrado tras el golpe de Estado de 1851, cayó en Calabria con Garibaldi. ↩