Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 10 y el 14 de julio de 1860 y publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 6016, del 6 de agosto, y núm. 6032, del 24 de agosto de 1860. El original inglés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 78-88), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Los encabezamientos de los cuadros se han reordenado para su presentación. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
I
New-York Daily Tribune, núm. 6016, del 6 de agosto de 1860.
Londres, 10 de julio de 1860
Los informes de los inspectores de fábricas que acaban de publicarse comprenden solo tres informes: el distrito que hace poco dejó el señor Leonard Horner1 se ha unido en parte al distrito de sir John Kincaid (Escocia) y en parte al del señor Redgrave, que comprende ahora 3.075 fábricas y estampaciones, mientras que el distrito del señor Robert Baker (Irlanda y algunas partes de Inglaterra) se mantiene en sus antiguos límites. Lo que sigue es un resumen general que muestra el número total de accidentes comunicados a los tres inspectores durante los seis meses hasta el 30 de abril de 1860:
Accidentes causados por la maquinaria
| Adultos v. | Adultos m. | Jóvenes v. | Jóvenes m. | Niños v. | Niños m. | Juntos v. | Juntos m. | Total | |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Accidentes mortales | 14 | 3 | 7 | 2 | 2 | 2 | 23 | 7 | 30 |
| Amputación de la mano o del brazo derechos | 5 | 6 | 3 | 1 | 1 | - | 9 | 7 | 16 |
| Amputación de la mano o del brazo izquierdos | 4 | 1 | 7 | 3 | 1 | - | 12 | 4 | 16 |
| Amputación de parte de la mano derecha | 23 | 24 | 29 | 22 | 15 | 7 | 67 | 53 | 120 |
| Amputación de parte de la mano izquierda | 16 | 17 | 21 | 18 | 8 | 7 | 45 | 42 | 87 |
| Amputación de parte de la pierna o del pie | 5 | - | 1 | - | - | - | 6 | - | 6 |
| Fractura de miembros y de huesos del tronco | 30 | 11 | 43 | 11 | 11 | 4 | 84 | 26 | 110 |
| Fractura de mano o de pierna | 39 | 43 | 30 | 37 | 20 | 15 | 89 | 95 | 184 |
| Heridas en la cabeza y en la cara | 20 | 17 | 23 | 29 | 11 | 4 | 54 | 40 | 94 |
| Laceraciones, contusiones y otras lesiones no enumeradas arriba | 268 | 255 | 315 | 352 | 128 | 66 | 711 | 673 | 1.384 |
| Total | 424 | 377 | 479 | 465 | 197 | 105 | 1100 | 947 | 2.047 |
Accidentes no causados por la maquinaria
| Adultos v. | Adultos m. | Jóvenes v. | Jóvenes m. | Niños v. | Niños m. | Juntos v. | Juntos m. | Total | |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Total | 83 | 30 | 59 | 26 | 21 | 10 | 163 | 66 | 229 |
Los informes atestiguan unánimes la extraordinaria actividad de los negocios durante este semestre. La demanda de fuerza de trabajo ha sido tan grande que en algunas ramas de la industria la oferta de obreros resultó insuficiente. Esta dificultad se dio menos en las fábricas de lana, donde la maquinaria perfeccionada permitió a los fabricantes prescindir de trabajo manual, que en las de algodón y de estambre, donde muchas máquinas estuvieron paradas por falta de brazos, sobre todo jóvenes. Para hacer frente a esta escasez pasajera de fuerza de trabajo se han empleado en el pasado algunos métodos perversos. Cuando, en la infancia del sistema fabril, los fabricantes andaban escasos de brazos, los conseguían directamente mediante peticiones a los administradores de la beneficencia de parroquias lejanas, que enviaban cierto número de aprendices, niños de tierna edad, contratados con los fabricantes por una serie de años. Una vez colocados los niños como aprendices, los funcionarios de la ley de pobres felicitaban a las parroquias respectivas por haberse librado de bocas inútiles, mientras los fabricantes se ponían a sacar el mayor partido del trato, manteniendo a los niños con los medios más económicos y exprimiéndoles toda la fuerza de trabajo que eran capaces de dar. Por eso la primera de la serie de leyes fabriles, aprobada en 1802, en el año 42 del reinado de Jorge III (capítulo 73), lleva el título de «An Act for the Preservation of the Health and Morals of Apprentices and other employed in Cotton and other Mills, and Cotton and other Factories»2 y no pretendía más que suavizar los males del sistema de aprendices. Pero, a medida que se perfeccionaba la maquinaria, empezó a faltar otra clase de fuerza de trabajo cuando los negocios se animaban y la población de los alrededores no bastaba para proveer de brazos a las hilaturas. Esos fabricantes mandaron a buscar a Irlanda y trajeron familias irlandesas. Pero Irlanda ha dejado de ser el mercado capaz de cubrir a petición de Inglaterra la demanda de fuerza de trabajo, y los fabricantes tienen que buscar ahora, en los condados del sur y del oeste de Inglaterra, familias a las que los salarios actuales de los condados del norte puedan atraer a empezar en un nuevo campo de trabajo. Se han enviado agentes por todo el país para exponer las ventajas que se ofrecen a las familias que se trasladen a los distritos fabriles, y están autorizados a concertar acuerdos para la emigración al norte. Se dice que estos agentes han puesto en camino a muchas familias. Sin embargo, el traslado de un hombre con su mujer y sus hijos a una ciudad fabril tiene el inconveniente particular de que los miembros más jóvenes de la familia, a los que se puede enseñar rápidamente y cuyos servicios se aprovechan en un tiempo relativamente corto, están muy solicitados, mientras que no hay especial demanda de la fuerza de trabajo del hombre y de su mujer, que no tienen experiencia en el trabajo fabril. Esto ha llevado a algunos fabricantes a volver en cierta medida al antiguo sistema de aprendices y a concertar con las autoridades de beneficencia el trabajo de niños pobres desamparados durante un tiempo determinado. En estos casos los fabricantes dan a los niños alojamiento, ropa y comida, pero no les pagan un salario regular. Con la vuelta a este sistema parecen haber revivido también las quejas por sus abusos. No hay que pasar por alto, sin embargo, que este tipo de fuerza de trabajo solo se demanda cuando no se puede conseguir otra, porque resulta muy caro. El salario corriente de un muchacho de 13 años sería de unos 4 chelines semanales; pero alojar, vestir y alimentar a 50 o 100 muchachos así, atender a su asistencia médica y a una vigilancia adecuada y pagarles alguna retribución no puede hacerse por 4 chelines por cabeza y semana.
Una comparación de los salarios pagados a los obreros fabriles en 1839 y en 1859 muestra el hecho interesantísimo de que los salarios han subido, al menos nominalmente, en las fábricas en las que la jornada se limitó a 60 horas semanales, mientras que, con pocas excepciones, han bajado realmente en las estampaciones, blanqueos y tintorerías, en las que la jornada de los niños, los jóvenes y las mujeres no tiene límite y donde a veces trabajan 14 y 15 horas diarias. Los cuadros siguientes se refieren a la industria algodonera de Manchester y sus alrededores:
Salarios semanales
| Ocupación | 1839 (69 horas semanales): chelines | peniques | 1859 (60 horas semanales): chelines |
|---|---|---|---|
| Maquinistas de la máquina de vapor | 24 | - | 30 |
| Mozos de almacén | 7 | - | 8 |
| Almacenistas | 18 | - | 22 |
| Cardado: cardadoras (mujeres jóvenes y muchachas) | 7 | - | 8 |
| Ayudantes (hombres jóvenes) | 11 | - | 14 |
| Capataces | 25 | - | 28 |
| Cardadores (muchachos de 14 a 18 años) | 6 | - | 7 |
| Estiradoras (mujeres jóvenes) | 6 | 6 | 8 |
| Hilatura: hiladores de mule | 16-18 | - | 20-22 |
| Anudadores (mujeres y hombres jóvenes) | 8 | - | 10 |
| Capataces | 20 | - | 20 |
| Sección de doblado: dobladoras (mujeres) | 7 | - | 9 |
| Colocadoras (muchachas) | 4 | - | 5 |
| Capataces | 24 | - | 28 |
| Peones (hombres jóvenes) | 10 | - | 13 |
En el devanado, el chamuscado y los telares mecánicos hubo también una ligera subida de los salarios. Las predicciones de quienes advertían a los obreros fabriles de que la reducción de su jornada les acarrearía graves perjuicios han quedado, pues, completamente refutadas. Si, por otra parte, comparamos el movimiento de los salarios en aquellas ramas en que la jornada diaria no tiene límite legal, encontramos lo siguiente:
Estampado de indianas, tinte, blanqueo, 60 horas semanales
| Salario semanal 1839 (en chelines) | Salario semanal 1859 (en chelines) | |
|---|---|---|
| Mezcladores de colores | 35 | 32 |
| Estampadores a máquina | 40 | 38 |
| Capataces | 40 | 40 |
| Grabadores de moldes | 35 | 25 |
| Estampadores a mano | 40 | 28 |
| Tintoreros | 18 | 16 |
| Lavadores y peones | 16 y 15 | 16 y 15 |
Tinte de fustán, 61 horas semanales
| Salario semanal 1839 (en chelines) | Salario semanal 1859 (en chelines) | |
|---|---|---|
| Preparadores | 18 | 22 |
| Blanqueadores | 21 | 18 |
| Tintoreros | 21 | 16 |
| Aprestadores | 21 | 22 |
La parte con mucho más interesante de los informes del señor Alexander Redgrave y de sir John Kincaid se refiere al desarrollo y la expansión de sociedades cooperativas para la construcción y explotación de hilaturas en Lancashire y, hasta cierto punto, también en Yorkshire. Estas sociedades cooperativas, que se han multiplicado desde la aprobación de la Limited Liabilities Act3, se componen por lo general de obreros. Cada sociedad tiene un capital de 10.000 libras o más, dividido en acciones de 5 y de 10 libras; tiene derecho a tomar fondos en una proporción determinada respecto del capital suscrito, y el dinero prestado consiste en pequeños préstamos aportados por obreros fabriles y personas de la misma clase. En Bury, por ejemplo, harán falta más de 300.000 libras para poner en marcha las hilaturas cooperativas que se han construido o se están construyendo allí. En las hilaturas de algodón, los hiladores y otras personas empleadas en ellas son con frecuencia accionistas de la misma hilatura; trabajan por un salario y cobran intereses por sus acciones. En las tejedurías de algodón, los socios alquilan a menudo telares y trabajan en ellos. Esto es un aliciente para los obreros, porque no hace falta un gran capital para que puedan poner en marcha su propia empresa. Compran el hilo listo para el telar, tejen la tela, y el proceso de fabricación queda concluido; o reciben el hilo de algún fabricante que hace negocios con ellos y le devuelven el tejido. Pero este sistema cooperativo no se limita a la hilatura y el tejido del algodón. Se ha extendido al comercio de toda una variedad de artículos de consumo, como harina, ultramarinos, paños, etcétera.
El informe siguiente, presentado por el señor Patrick, uno de los subinspectores de sir John Kincaid, contiene algunas informaciones valiosas sobre el progreso de este nuevo sistema de propiedad fabril, que, sin embargo, me temo que se verá sometido a una dura prueba en la próxima crisis industrial.
«16 de mayo de 1860
»Desde hace unos 12 años existe en Rochdale una sociedad cooperativa con el nombre de New Bacup and Wardle Commercial Company. Es una sociedad de responsabilidad ilimitada, registrada conforme a la Joint Stock Companies Act. Empezó su actividad en la Clough House Mill de Wardle, cerca de Rochdale, con derecho a reunir un capital de 100.000 libras en acciones de 12 libras y 10 chelines, de las que se desembolsaron 20.000 libras. Luego lo elevó a 30.000 libras y hace 5 años construyó cerca de Stackstead una gran fábrica, Far Holme Mill, con 100 caballos de vapor, además de la Clough House Mill, y en el semestre que terminó el pasado octubre pagó un dividendo del 44% sobre el capital desembolsado». (El señor Patrick informa el 11 de junio de que la New Bacup and Wardle Commercial Company, con el nombre de Far Holme Mill, Bacup, acaba de anunciar otro dividendo del 48% sobre el capital desembolsado). «Ahora ha elevado su capital a la suma de 60.000 libras y ha ampliado mucho su Far Holme Mill, cerca de Stackstead, para lo que hacen falta dos nuevas máquinas de 40 caballos cada una, que está montando en estos momentos. La gran mayoría de los accionistas son obreros que trabajan en la fábrica, pero cobran un salario como obreros y no tienen más que ver con la dirección que votar en la elección anual del comité de dirección. Esta mañana he recorrido la Far Holme Mill y puedo informar de que, en lo que toca a las leyes fabriles, no está peor llevada que cualquier otra de mi distrito. Aunque no he hecho esa pregunta a los interesados, creo que han tomado un préstamo al 5% de interés.
»En los alrededores de Bacup ha habido durante unos seis años otra sociedad, que funcionaba con el nombre de Rossendale Industrial Association.
»Construyó una fábrica, pero, según me han informado, no salió adelante porque le faltaba suficiente capital circulante. También esta estaba organizada según el sistema cooperativo. La firma se ha transformado ahora en la Rossendale Industrial Company y es una sociedad registrada conforme a la Limited Liabilities Act, con autorización para reunir un capital de 200.000 libras. Se emitieron acciones de 10 libras cada una por valor de 4.000 libras, y se tomaron prestadas unas 4.000 libras. Estas 4.000 libras las prestaron pequeños capitalistas en sumas de 150 libras para abajo, hasta 10, sin dar garantía alguna. Cuando empezó esta sociedad cooperativa, todos los accionistas eran obreros. Además de la Wear Mill, que según dicen construyó la Rossendale Industrial Association, ha comprado ahora a los señores B. y T. Mum las Irwell Mills de Bacup y explota ahora ambas.
»La prosperidad y el éxito de la New Bacup and Wardle Commercial Company parecen haber favorecido el nacimiento de las nuevas sociedades que se han fundado ahora en mis inmediaciones y que montan grandes fábricas para llevar a cabo sus negocios. Una es la New-Church Cotton Spinning and Weaving Company; está registrada conforme a la Limited Liabilities Act y ha de reunir las 100.000 libras en acciones de 10 libras, de las que ya se han pagado 40.000 y se han tomado prestadas 5.000 con hipoteca al 5%. Esta sociedad ha empezado ya a trabajar haciéndose cargo de una fábrica en desuso con 40 caballos de vapor, la Vale Mill de New-Church; además construye las Victoria Works, que necesitarán una máquina de 100 caballos de vapor. Cuando estén terminadas, lo que será en febrero del año próximo, la compañía espera dar empleo a 450 personas.
»Otra sociedad es la Rawtenstall Cotton Manufacturing Company, también de responsabilidad limitada, con un capital nominal de 50.000 libras en acciones de 5 libras y autorización para tomar prestadas hasta 10.000 libras. Hay ya desembolsadas unas 20.000 libras, y está levantando en Hareholme una fábrica que necesita una máquina de 70 caballos de vapor. Me han dicho que en estas dos sociedades nueve décimas partes de los accionistas proceden de la clase de los obreros fabriles.
»Hay todavía otra sociedad cooperativa que ha brotado en los últimos seis meses, la Old Clough Cotton Company. Compró a los señores B. y T. Mum dos fábricas viejas, las llamadas Irwell Springs, y funciona según el mismo principio que las demás; pero como hoy no he podido ir allí, no estoy en condiciones de dar todos los detalles sobre ella. Sin embargo, me han indicado que su fuerza es de 13 caballos y el número de obreros empleados de 76, y creo que todos los accionistas proceden de la clase de los obreros fabriles.
»Se dan también casos de personas que alquilan una parte de la fábrica, uno o dos locales, o a veces solo parte de un local. Aunque trabajan exactamente igual que sus obreros, son entonces dueños de esa parte, emplean obreros como cualquier fabricante y pagan salarios, pero sin dar participación en su empresa a los obreros que emplean. En su tiempo había muchos más en Bacup que hoy. Algunos lo han dejado, mientras que otros han prosperado y han construido sus propias fábricas o han alquilado grandes edificios. De estos hay en Rochdale más que en ningún otro lugar de mi distrito».
II
New-York Daily Tribune, núm. 6032, del 24 de agosto de 1860.
Londres, 14 de julio de 1860
Tras el resumen que di en mi último artículo de los informes fabriles de sir John Kincaid y del señor Redgrave, me queda ocuparme del informe del señor Robert Baker, inspector de fábricas para Irlanda y para parte de Cheshire, Lancashire, Gloucestershire, Yorkshire, Staffordshire, Leicestershire, Herefordshire, Shropshire, Worcestershire y Warwickshire. El número total de accidentes en el distrito del señor Baker fue de 601, de los que el 9% correspondió a niños, mientras que el 33% afectó a personas de más de 18 años. Un análisis más detenido de estos accidentes muestra, en primer lugar, que la proporción de accidentes respecto del número de empleados es mayor en las ramas de la industria donde la maquinaria utilizada no está sujeta a ningún control legal y, en segundo lugar, que en las fábricas textiles, donde se emplea la misma clase de máquinas, la mayoría de los accidentes se producen en las hilaturas más grandes. Sobre el empleo de los 198.565 obreros que pertenecen a su distrito, el señor Baker da para el último semestre el siguiente resumen:
| Personas empleadas | Accidentes causados por la maquinaria | |
|---|---|---|
| en hilaturas de algodón | 107.106 | 1 por cada 261 |
| en hilaturas de lana | 14.982 | 1 por cada 348 |
| en hilaturas de lino | 33.918 | 1 por cada 389 |
| en hilaturas de seda | 33.874 | 1 por cada 2.251 |
| en hilaturas de estambre | 2.896 | 1 por cada 424 |
| en otras fábricas | 5.789 | ninguno |
En todas estas fábricas textiles las máquinas están protegidas, es decir, provistas de los dispositivos para la seguridad de los obreros cuyo uso prescriben las cláusulas sanitarias de las leyes fabriles. Si ahora nos volvemos, por ejemplo, a Nottingham, donde un gran número de personas, sobre todo niños, trabajan en máquinas que no están protegidas como exige la ley, encontraremos que en 1859 se registraron allí 1.500 accidentes en los libros del General Hospital y 794 en los del dispensario de pobres, lo que suma en total 2.294 personas, sobre un número de empleados que no pasa de 62.583. Eso da en la circunscripción de Nottingham una tasa de accidentes de 1 por cada 27, proporción al lado de la cual los accidentes en las fábricas textiles provistas de dispositivos de seguridad parecen casi insignificantes. En Birmingham, a su vez, donde se encuentran ocupaciones de toda clase, con fuerza de vapor y sin ella, donde solo hay dos pequeñas fábricas textiles y donde por lo general no hay obligación de proteger las máquinas en que trabajan los obreros jóvenes, la proporción de accidentes respecto del número de empleados fue de 1 por cada 34. La gran ventaja que traen consigo las cláusulas sanitarias de las leyes fabriles y las disposiciones más generales que las desarrollan se ve también al comparar todos los accidentes comunicados a los inspectores en los semestres hasta el 31 de octubre de 1845 y el 30 de abril de 1846 con los de los semestres hasta octubre y abril de 1858 y 1859. En este último periodo la reducción general de los accidentes fue del 29%, aunque el número de obreros, calculando por lo bajo, había aumentado un 20%.
En cuanto a la distribución de los accidentes entre fábricas grandes y pequeñas, considero decisivos los siguientes hechos aducidos por el señor Baker: durante el último semestre, de las 758 fábricas de algodón de su distrito, que emplean a 107.000 personas, todos los accidentes ocurridos se produjeron en 167 fábricas, que emplean a unas 40.000 personas, de modo que en 591 fábricas, que emplean a 67.000 personas, no hubo ningún accidente. Del mismo modo, de 387 hilaturas menores, todos los accidentes se produjeron en 28 de ellas; de las 153 hilaturas de lino, todos los accidentes se dieron en 45, y de 774 fábricas de seda, todos los accidentes ocurrieron en 14; de modo que en gran parte de cada rama de trabajo no hubo accidentes causados por la maquinaria, y en cada rama la mayoría de los accidentes se produjo en las fábricas más grandes. Este último fenómeno lo explica el señor Baker por dos causas: en las fábricas más grandes el paso de las máquinas viejas, no protegidas, a las nuevas se hace con relativa lentitud y de forma gradual, y, en segundo lugar, en estas fábricas mayores la concentración de la fuerza de trabajo crece con la misma rapidez con que disminuye el control responsable que se ejerce sobre tales empresas.
«Estas dos causas —dice el señor Baker— influyen muchísimo en que se produzcan accidentes. En cuanto a la primera, las máquinas viejas que todavía existen, que nunca han estado protegidas y en las que quedan aún muchas ruedas sin proteger, son tanto más funestas precisamente porque, con la seguridad de las máquinas nuevas, se olvida el peligro de las viejas que quedan; en cuanto a la segunda, la lucha constante por cada minuto, en la que el trabajo es impulsado por una fuerza invariable que se cifra en unos mil caballos, conduce necesariamente a peligros. En tales fábricas los instantes son los elementos del beneficio: se exige en cada momento la atención de todos. Aquí puede observarse, por tomar prestada una sentencia de Liebig4, una lucha constante entre la vida y las fuerzas inorgánicas, en la que las fuerzas intelectuales dirigen y las fuerzas animales tienen que moverse y acomodarse a las revoluciones de los husos. No pueden aflojar el ritmo, por mucho que les cueste el esfuerzo, sea por la tensión excesiva o por el calor; ni pueden interrumpir el trabajo un instante, ni siquiera desviar la atención hacia otras cosas que los rodean, porque en cada demora hay pérdida. Así ocurre que se ponen los dedos en ruedas que se consideran seguras, por su posición o por la lentitud de su movimiento, cuando la atención se dirige indebidamente a otra parte. Así ocurre que obreros que se apresuran a producir cierto número de libras de hilo en un tiempo dado olvidan mirar debajo de su máquina por sus pequeños piecers5. Así se producen muchos accidentes por lo que se llama descuido propio».
Durante el último semestre, todas las fábricas textiles, salvo las de seda, de Irlanda y de los distritos ingleses del señor Baker fueron muy lucrativas. El único obstáculo que parece haber puesto límites a las diversas ramas de la industria fue la creciente escasez de materia prima. En la industria algodonera, la construcción de nuevas hilaturas, el desarrollo de nuevos sistemas de ampliación y la demanda de fuerza de trabajo no fueron nunca superados en tiempos anteriores. Nada ha sido más llamativo que las nuevas medidas destinadas a buscar materia prima. Así, a imitación de la Asociación para el Suministro de Algodón de Lancashire6, se ha fundado en Belfast una Asociación para el Suministro de Lino. Mientras que en los cinco años hasta 1853 inclusive la importación media de lino, más la cosecha de lino de Irlanda, ascendió a 113.409 toneladas anuales, en los últimos cinco años, incluido 1858, fue solo de 101.672 toneladas, lo que equivale a una reducción de 12.000 toneladas anuales, con un valor anual de exportación aumentado en 1.000.000 de libras. El precio de la lana, que ya estaba por encima de la media durante el periodo que abarcaban los últimos informes fabriles, no ha dejado de subir desde entonces. La rápida expansión de la fabricación de lana y la mayor demanda de carne de carnero, tanto en Gran Bretaña como en las colonias, pueden considerarse causas permanentes de esta subida de los precios de la lana. Como causa accidental que amenaza con reducir la producción habitual de lana puede considerarse el carácter particular de la estación: muchas ovejas murieron en invierno por pastos malos o inadecuados, y muchos corderos perecieron durante la primavera por el frío, la falta de alimento y una enfermedad que causaba la muerte en pocas horas.
La única industria que durante los últimos seis meses se ha visto seriamente frenada por la conclusión del tratado de comercio anglo-francés y por el temor a los efectos de la competencia extranjera es la fabricación de seda. La presión ejercida por ello ha ido aumentando poco a poco, de modo que en el momento en que escribo este artículo hay más de 13.000 tejedores sin trabajo solo en Coventry, porque todos los telares están parados. Esta crisis es tanto más lamentable cuanto que en Coventry, como observé en un artículo sobre los informes fabriles, habían brotado varias fábricas de seda domésticas (cottage), en las que los obreros empleaban a sus propias familias y aquí y allá a unos cuantos jornaleros. Estas fábricas de seda habían aumentado considerablemente en número desde principios de 1860. Son en realidad un regreso de los antiguos fabricantes domésticos, solo que con el añadido de la fuerza de vapor, pero muy distintas del nuevo sistema cooperativo de Lancashire y Yorkshire. En ellas el cabeza de familia es a la vez el maestro, el tejedor y el arrendatario de la fuerza de vapor; a veces es también el patrono de su familia y de otros trabajadores. O bien ha comprado del todo sus dos telares, o los ha tomado a crédito y paga tanto por semana por ellos; o los ha arrendado, probablemente a su casero, que es constructor y especulador. Arrienda además la fuerza de vapor que necesita. Se dice que hoy la diferencia entre el trabajo hecho así en el telar del tejedor y el trabajo del maestro es tan grande como, por ejemplo, entre la cinta de seda francesa y la inglesa. Es de prever, sin embargo, y el señor Robert Baker parece compartir esta suposición en su informe, que este trabajo doméstico combinado con el empleo de la fuerza mecánica no será capaz de resistir las sacudidas comerciales. Probablemente el fabricante inglés, para poder hacer frente a su rival francés, se verá obligado a volver a invertir capital en gran escala, lo que aniquilará a las fábricas de seda domésticas que compiten con él a la puerta de su casa.
Leonard Horner (1785-1864), geólogo, inspector de fábricas de 1833 a 1859; Marx elogia en El capital su labor en defensa de los obreros. ↩
«Ley para la preservación de la salud y la moral de los aprendices y otros empleados en hilaturas de algodón y otras y en fábricas de algodón y otras». ↩
Ley de sociedades de responsabilidad limitada de 1855, extendida a las sociedades por acciones en 1856. ↩
Justus von Liebig (1803-1873), químico alemán. ↩
Niños empleados para anudar los hilos rotos en las máquinas de hilar. ↩
La Cotton Supply Association, fundada en Manchester en 1857 para fomentar el cultivo de algodón fuera de los Estados Unidos. ↩