Escrito en inglés por Friedrich Engels a primeros de mayo de 1861 y publicado en The Volunteer Journal, for Lancashire and Cheshire, núm. 36, del 11 de mayo de 1861. El original inglés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de la MEW: Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 281-284), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

El duque de Cambridge1 dijo en su discurso en la cena de la brigada de fusileros de Londres que le encantaría ver a los voluntarios en Aldershot.2 La única dificultad, a su parecer, era cómo llevarlos allí. Nos permitimos hacer algunas propuestas sobre la manera de vencer esa dificultad.

Sin duda no puede pensarse en enviar cuerpos de voluntarios enteros a Aldershot ni a ningún otro campamento. El modo en que están compuestos excluye toda posibilidad de hacerlo. No hay una sola compañía, y mucho menos un batallón, en que la mayoría de sus miembros pudiera disponer a la vez siquiera de quince días para semejante fin.

Pero si no podemos llevar a Aldershot a los voluntarios en cuerpos enteros, ¿no podrían ir allí uno a uno y aprender, aun así, muchísimo? Creemos que sí, si se organiza el asunto de modo que los voluntarios tengan todas las facilidades para aprovechar la ocasión.

Creemos que la gran mayoría de los voluntarios está formada por hombres que de vez en cuando pueden librarse de sus ocupaciones diarias durante quince días al año. Muchos toman con regularidad unas vacaciones de esa duración o más largas. Entre ellos hay sin duda un número considerable que no tendría nada que objetar, sino que, al contrario, emplearía de buena gana alguna vez su tiempo y su dinero en Aldershot si se le admitiera allí. No habría, pues, dificultad alguna en tener en Aldershot, entre mayo y finales de septiembre, un número variable de voluntarios que, durante ese tiempo, equivaliera por lo menos aproximadamente a la fuerza de un batallón. Si podemos llevar al campamento ese número variable, ¿cómo aprovecharlo?

Proponemos que se levante una serie de barracones o de tiendas para unos 600 voluntarios y que el mando de este campamento de voluntarios se confíe a un capitán, o mejor aún a un comandante de las tropas de línea, asistido por un ayudante y un brigada. El campamento debería abrirse hacia mayo, en cuanto se hubiera inscrito un número suficiente de voluntarios; cuando el campamento estuviera lleno, se admitiría a más aspirantes según hubiera sitio para ellos; todos esos voluntarios formarían un batallón; sobre la ropa debería llevarse un blusón de corte y color prescritos, para dar al conjunto aspecto de uniforme. Como sin duda habrá demasiados oficiales, no quedará más remedio que hacer que algunos oficiales sirvan temporalmente como sargentos y como soldados rasos. Lejos de verlo como un inconveniente, lo tenemos incluso por una ventaja. Ningún oficial de voluntarios está tan seguro de su propia instrucción personal que ese breve descenso a las filas de la tropa le resulte inútil; recuérdesele que todo oficial de línea tiene que llevar el fusil al hombro durante cierto tiempo año tras año. El reparto de los puestos temporales de oficial en el batallón podría regularse fácilmente: podrían empezar los capitanes más antiguos presentes, y después ir ocupando sus puestos otros por turno. Al comandante jefe podrían dársele quizá ciertas facultades para cubrir esos puestos, a fin de despertar una viva emulación entre los oficiales presentes. Pero son detalles cuya regulación costaría poco esfuerzo una vez que la idea se tomara en serio.

Un batallón así, con su efectivo cambiante, no alcanzaría nunca una eficacia muy grande, y ni el comandante jefe ni sus auxiliares tendrían una tarea fácil. Pero cumpliría un fin: formar en el ejército de voluntarios en general, y entre los oficiales y sargentos en particular, un núcleo de hombres que, en todo caso, habrían sido de verdad soldados, aunque solo fuera durante quince días. Puede parecer un plazo lastimosamente corto, pero no dudamos de que cada uno se sentiría al salir de Aldershot muy distinto de como se sentía al llegar. Hay una diferencia enorme entre un ejercicio de instrucción una o dos veces por semana, después de haber pasado todo el día en los negocios y en otras cosas, y la instrucción mañana, mediodía y tarde en un campamento, aunque sea solo durante quince días. En esos quince días, cada voluntario presente no tendrá otra ocupación que su formación militar; se afianzará en la instrucción hasta un grado que no puede alcanzar la instrucción de voluntarios tal como hoy se practica, por mucho que dure, y verá además bastante más de la vida del soldado de lo que podría esperar ver nunca en su propio cuerpo, a no ser que este acampara con ese fin. Todo voluntario que salga de Aldershot estará convencido de haber aprendido en esos quince días por lo menos tanto como en todo su servicio anterior de voluntario. Con el tiempo apenas habrá una compañía de voluntarios en la que no haya estado en Aldershot uno o más de sus miembros; y todo el mundo verá hasta qué punto esa penetración de elementos mejor instruidos mejorará la solidez y también el porte militar de los distintos cuerpos.

Hemos supuesto que el curso de instrucción de cada voluntario debería durar quince días, sencillamente porque casi todo el mundo podría encontrar la manera de disponer de ese corto tiempo. Pero nada debería impedir que a los voluntarios que puedan permitírselo se les deje permanecer un mes entero en el campamento.

Naturalmente, los voluntarios tendrían que mantenerse a sí mismos en el campamento. El gobierno tendría que poner las tiendas y los utensilios de campamento y quizá podría disponer el suministro de raciones de víveres, que los hombres pagarían. De este modo, sin causar al país gastos dignos de mención, el asunto resultaría barato para los voluntarios y todo se parecería más a la vida regular de campamento.

No dudamos de que, una vez hecho el experimento, los voluntarios lo acogerían en seguida con gusto; el batallón estaría siempre al completo, y quizá pronto se vería la necesidad de batallones semejantes en otros campamentos o en el mismo Aldershot. Si el excedente de oficiales fuera muy considerable, podría formarse en uno de los campamentos un «batallón de oficiales» especial con un periodo de instrucción algo más largo, y creemos que un batallón así cumpliría bien su fin por lo menos durante una temporada.

Hay, sin embargo, otra manera de hacer que los campamentos y las tropas de línea en general sirvan a los oficiales de voluntarios: agregar a esos oficiales por un tiempo a batallones del ejército regular. Esto puede hacerse sin alejar demasiado a los oficiales de su lugar de residencia. Durante ese tiempo (digamos un mes), los oficiales de voluntarios tendrían que prestar servicio como si estuvieran de verdad en el regimiento. Sin duda podrían hallarse medios de agregar a un batallón así por lo menos un oficial de voluntarios sin menoscabar en modo alguno las funciones y la posición de los oficiales de línea, que siempre se han mostrado tan bien dispuestos como cabe con los voluntarios. Si se recogiera esta propuesta, nos parecería aconsejable agregar a las tropas de línea solo a los oficiales de voluntarios que de un modo u otro hayan demostrado ser capaces de sacarle provecho. El oficial de voluntarios no ha de aprender en las tropas de línea los rudimentos, sino afianzar y perfeccionar sus conocimientos; ha de aprender cosas que no puede aprender en su cuerpo.

Nuestras dos propuestas, la formación de batallones variables en los campamentos y el permiso para que oficiales de voluntarios capacitados sirvan un mes en la línea, apuntan sobre todo a la formación de los oficiales. Repetimos una y otra vez que los oficiales son el punto débil del ejército de voluntarios; y añadimos que a estas alturas todo el mundo tiene que ver claro que el sistema actual de instrucción de los voluntarios no puede hacer eficaces a los oficiales en su conjunto, y que, por tanto, hay que encontrar nuevos medios de instrucción si se quiere que la fuerza no solo no retroceda, sino que mejore.

Presentamos estas propuestas solo con el fin de llamar la atención sobre la cuestión. No pretendemos presentar al público un plan cerrado, elaborado en todos sus detalles, que tenga en cuenta todas las eventualidades y esté maduro para ponerlo en práctica en el acto. Eso sería cosa de otros, si el asunto se tomara en serio. Pero sí queremos decir que todo el movimiento de voluntarios ha sido un experimento, y si la gente no está dispuesta a experimentar todavía un poco más para dar con el camino adecuado para mejorar el nuevo ejército que ha salido de ese experimento, el movimiento acabará por estancarse.

F. E.

  1. Jorge, duque de Cambridge (1819-1904), primo de la reina Victoria, comandante en jefe del ejército británico de 1856 a 1895. ↩

  2. Gran campamento militar permanente de Hampshire, establecido en 1854-1855 para la instrucción de las tropas en grandes unidades. ↩