Escrito en alemán por Karl Marx en Londres y publicado en Die Presse (Viena), núm. 346, del 17 de diciembre de 1861. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 421-422), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
La noticia de la suerte del Harvey Birch y de la estancia del crucero Nashville en el puerto de Southampton1 llegó a Nueva York el 29 de noviembre, pero no parece haber provocado el espectáculo sensacional con el que aquí se contaba en ciertos círculos, tanto como se lo temía en otros, contrarios a la guerra. Esta vez una ola rompió contra otra. Nueva York estaba precisamente agitada por las escaramuzas previas a la elección de alcalde del 3 de diciembre.2 El enviado del Times en Washington, el señor Russell, que echa a perder su talento celta con una anglomanía impostada,3 afecta un asombro con encogimiento de hombros ante el tumulto de esta elección de alcalde. El señor Russell halaga, naturalmente, la ilusión del cockney londinense de que una elección de alcalde en Nueva York es la misma bufonada anticuada que una elección de lord mayor en Londres. Como es sabido, el lord mayor de Londres no tiene nada que ver con la mayor parte de Londres. Es el regente nominal de la City, un ser de fábula que trata de demostrar su realidad produciendo buenas sopas de tortuga en los banquetes y malas sentencias en las causas por faltas de policía. Un lord mayor de Londres solo es todavía un personaje de Estado en la fantasía de los autores parisinos de vodeviles y de faits divers.4 El alcalde de Nueva York es, en cambio, un poder real. Al comenzar el movimiento de secesión, el alcalde anterior, el famoso Fernando Wood, estuvo a punto de proclamar Nueva York república urbana independiente, de acuerdo, naturalmente, con Jefferson Davis.5 Su plan fracasó ante la energía del Partido Republicano de la Empire City.
El 27 de noviembre Charles Sumner, de Massachusetts, miembro del Senado norteamericano, donde en tiempos del asunto de Kansas un senador del Sur lo agredió a bastonazos,6 pronunció ante un concurrido mitin en el Cooper Institute de Nueva York una brillante conferencia sobre el origen y los resortes secretos de la rebelión de los esclavistas. Al término de su discurso el mitin adoptó la siguiente resolución:
«La doctrina sentada por el general Frémont sobre la emancipación de los esclavos de los rebeldes, así como las manifestaciones posteriores del general Burnside, del senador Wilson, de George Bancroft (el célebre historiador), del coronel Cochrane y de Simon Cameron, en las que se apunta a la eventual extirpación de la esclavitud como causa de la rebelión, expresan una necesidad moral, política y militar. A juicio de este mitin, el espíritu público del Norte simpatiza ya plenamente con cualquier plan práctico que se proponga para extirpar este mal nacional, y considera semejante resultado como el único desenlace consecuente de esta lucha entre la civilización y la barbarie.»7
El New-York Tribune observa a propósito del discurso de Sumner, entre otras cosas:
«La alusión del señor Sumner a los debates sobre la cuestión de la esclavitud que se avecinan en el Congreso despierta la esperanza de que ese cuerpo comprenda por fin dónde están realmente la debilidad del Sur y la fuerza del Norte, y de que recurra al medio decisivo, el único con el que puede aplastarse rápida y definitivamente la rebelión.»
En una carta privada de México se dice, entre otras cosas:
«El embajador inglés hace de amigo entusiasta de la administración del presidente Juárez… Personas bien enteradas de las intrigas españolas aseguran que el general Márquez ha recibido de España el encargo de volver a reunir las fuerzas dispersas del partido clerical, tanto sus elementos mexicanos como los españoles. Ese partido aprovechará luego la ocasión que pronto ha de presentarse para implorar de su majestad católica un rey para el trono de México. Para ese puesto ya se habría elegido a un tío de la reina. Como el hombre es viejo, en el curso natural de las cosas pronto saldría de escena, y como se evitaría toda cláusula sobre el nombramiento de su sucesor, México volvería así a manos de España, de modo que en México triunfaría la misma política que en Haití.»8
El 19 de noviembre de 1861 el crucero confederado Nashville apresó e incendió en el canal de la Mancha al mercante de la Unión Harvey Birch y entró luego en Southampton, donde permaneció varias semanas. ↩
La ganó el republicano George Opdyke; Fernando Wood, que aspiraba a la reelección, fue derrotado. ↩
William Howard Russell (1820-1907), irlandés, el corresponsal más famoso del Times, que había cubierto la guerra de Crimea. ↩
Gacetillas de sucesos. ↩
Fernando Wood (1812-1881), alcalde demócrata de Nueva York, propuso en enero de 1861 que la ciudad se separara de la Unión y se constituyera en ciudad libre. ↩
Charles Sumner (1811-1874), senador republicano por Massachusetts y abolicionista, fue apaleado en el Senado en mayo de 1856, tras un discurso sobre Kansas, por el diputado de Carolina del Sur Preston Brooks. Marx escribe «Karl Sumner». ↩
Ambrose Everett Burnside (1824-1881), general de la Unión; Henry Wilson (1812-1875), senador republicano por Massachusetts; George Bancroft (1800-1891), autor de una History of the United States. ↩
Benito Juárez (1806-1872), presidente de México; Leonardo Márquez (1820-1913), general del partido conservador o clerical, vencido en la guerra de Reforma (1858-1861). En marzo de 1861 España se había anexionado de nuevo Santo Domingo, la parte oriental de la isla de La Española (Haití era el nombre corriente de toda la isla). ↩