Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 21 de septiembre de 1861 y publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 6405, del 14 de octubre de 1861. Traducido del original inglés según la transcripción del texto del Tribune hecha por Tony Brown en el Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 314-317), por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen, cotejadas con la versión alemana, algunas erratas de la transcripción. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.
Londres, 21 de septiembre de 1861
La continua subida de los precios del algodón en rama empieza por fin a repercutir seriamente en las fábricas de algodón, cuyo consumo de algodón es ahora un 25 por ciento inferior al consumo pleno. A este resultado se ha llegado por un ritmo de producción que disminuye día a día: muchas fábricas trabajan solo cuatro o tres días por semana, parte de la maquinaria está parada, tanto en los establecimientos que han empezado a trabajar a jornada reducida como en los que todavía trabajan a jornada completa, y algunas fábricas han cerrado temporalmente del todo. En algunos sitios, como en Blackburn, por ejemplo, la jornada reducida se ha acompañado de una rebaja de salarios. Sin embargo, el movimiento de reducción de jornada está apenas en sus comienzos, y podemos predecir con total seguridad que dentro de unas semanas el ramo habrá pasado en general a trabajar tres días por semana, a la vez que se parará buena parte de la maquinaria en la mayoría de los establecimientos. En conjunto, los fabricantes y comerciantes ingleses han tardado muchísimo, y a regañadientes, en reconocer la delicada situación de su abastecimiento de algodón.
«Toda la última cosecha americana», decían, «hace tiempo que se envió a Europa. La recogida de la nueva cosecha apenas ha comenzado. No nos habría llegado ni una bala de algodón más de las que nos han llegado aunque nunca se hubiera oído hablar de la guerra ni del bloqueo1. La temporada de embarques no empieza hasta bien entrado noviembre, y lo habitual es que se llegue a finales de diciembre antes de que haya grandes exportaciones. Hasta entonces importa poco que el algodón se retenga en las plantaciones o que se envíe a los puertos en cuanto se embala. Si el bloqueo cesa en cualquier momento antes de fin de año, lo probable es que para marzo o abril hayamos recibido un suministro de algodón tan completo como si el bloqueo no se hubiera declarado nunca.»
En lo más recóndito del espíritu mercantil se acariciaba la idea de que toda la crisis americana, y por consiguiente el bloqueo, habrían terminado antes de fin de año, o de que lord Palmerston rompería el bloqueo por la fuerza. Esta última idea se ha abandonado por completo, pues, aparte de todas las demás circunstancias, Manchester se dio cuenta de que dos inmensos intereses, el del dinero, que ha hundido un capital enorme en las empresas industriales del norte de América, y el comercio de grano, que tiene en el norte de América su principal fuente de suministro, se unirían para frenar cualquier agresión no provocada por parte del Gobierno británico. Las esperanzas de que el bloqueo se levantara a tiempo para las necesidades de Liverpool o de Manchester, o de que la guerra americana acabara con un compromiso con los secesionistas, han cedido ante un fenómeno desconocido hasta ahora en el mercado inglés del algodón, a saber, las operaciones americanas con algodón en Liverpool, en parte de especulación, en parte para reexpedirlo a América. Por eso, en las dos últimas semanas el mercado algodonero de Liverpool ha vivido una excitación febril: las inversiones especulativas de los comerciantes de Liverpool en algodón se han visto respaldadas por las inversiones especulativas de los fabricantes de Manchester y de otros lugares, ansiosos de proveerse de existencias de materia prima para el invierno. El volumen de estas últimas transacciones queda bien probado por el hecho de que una parte considerable del espacio libre de los almacenes de Manchester está ya ocupado por esas existencias, y de que a lo largo de la semana que empezó el 15 de septiembre y terminó el 22 de septiembre el algodón americano middling subió 3/8 de penique por libra, y el fair, 5/82.
Desde el estallido de la guerra americana los precios del algodón no han dejado de subir, pero la ruinosa desproporción entre los precios de la materia prima y los precios de los hilados y los tejidos no se declaró hasta las últimas semanas de agosto. Hasta entonces, cualquier baja seria de los precios de las manufacturas de algodón, que cabía esperar de la considerable disminución de la demanda americana, se había compensado con la acumulación de existencias en primeras manos y con consignaciones especulativas a China y la India. Esos mercados asiáticos, sin embargo, no tardaron en saturarse.
«Las existencias», dice el Calcutta Price Current3 del 7 de agosto de 1861, «se acumulan; desde nuestro último número han llegado nada menos que 24.000.000 de yardas de tejidos de algodón lisos. Las noticias de la metrópoli indican que se siguen haciendo envíos por encima de nuestras necesidades, y mientras esto siga así no cabe esperar ninguna mejora... También el mercado de Bombay está muy sobreabastecido.»
Otras circunstancias contribuyeron a estrechar el mercado indio. A la reciente hambruna de las provincias del noroeste le han seguido los estragos del cólera, mientras que en toda la Baja Bengala unas lluvias excesivas, que dejaron el país bajo el agua, dañaron gravemente las cosechas de arroz. En cartas de Calcuta llegadas a Inglaterra la semana pasada se informaba de ventas que daban un rendimiento neto de 9¼ peniques por libra de hilo torcido del número 404, que no puede comprarse en Manchester por menos de 11 3/8 peniques, mientras que las ventas de shirtings5 de 40 pulgadas, comparadas con los precios actuales de Manchester, arrojan pérdidas de 7½, 9 y 12 peniques por pieza. También en el mercado chino los precios bajaron por la acumulación de las existencias importadas. En estas circunstancias, al disminuir la demanda de manufacturas británicas de algodón, sus precios no pueden, como es natural, seguir el paso de la subida progresiva del precio de la materia prima; al contrario, en muchos casos el hilado, el tejido y el estampado del algodón tienen que dejar de cubrir los costes de producción. Tómese como ejemplo el siguiente caso, expuesto por uno de los mayores fabricantes de Manchester, referido al hilado grueso:
| Por libra | Margen | Coste del hilado por libra | |
|---|---|---|---|
| 17 de septiembre de 1860 | |||
| Coste del algodón | 6¼ d. | 4 d. | 3 d. |
| Urdimbre del número 16 vendida a 10¼ d. | íd. | íd. | |
| Beneficio: 1 d. por libra | |||
| 17 de septiembre de 1861 | |||
| Coste del algodón | 9 d. | 2 d. | 3½ d. |
| Urdimbre del número 16 vendida a 11 d. | íd. | íd. | |
| Pérdida: 1½ d. por libra |
El consumo de algodón indio crece rápidamente, y con una nueva subida de los precios el suministro indio llegará en proporciones crecientes; pero sigue siendo imposible cambiar, con unos pocos meses de plazo, todas las condiciones de la producción y desviar la corriente del comercio. Inglaterra paga ahora, de hecho, la pena de su prolongado mal gobierno de aquel vasto imperio indio. Los dos obstáculos principales con que tiene que lidiar ahora en sus intentos de sustituir el algodón americano por el indio son la falta de medios de comunicación y de transporte en toda la India y la mísera situación del campesino indio, que le incapacita para aprovechar las circunstancias favorables. De ambas dificultades los ingleses solo pueden culparse a sí mismos. La industria moderna inglesa descansaba, en general, sobre dos pilares igual de monstruosos. Uno era la patata como único medio de alimentar a Irlanda y a una gran parte de la clase obrera inglesa. Este pilar lo barrió la enfermedad de la patata y la consiguiente catástrofe irlandesa6. Hubo que adoptar entonces una base más amplia para la reproducción y el mantenimiento de los millones de trabajadores. El segundo pilar de la industria inglesa era el algodón cultivado por esclavos de los Estados Unidos. La actual crisis americana obliga a los ingleses a ampliar su campo de abastecimiento y a emancipar el algodón de las oligarquías que crían esclavos y consumen esclavos. Mientras las manufacturas inglesas de algodón dependieron del algodón cultivado por esclavos, podía afirmarse con verdad que descansaban sobre una doble esclavitud: la esclavitud indirecta del hombre blanco en Inglaterra y la esclavitud directa de los hombres negros al otro lado del Atlántico.
El 19 de abril de 1861, una semana después del ataque confederado a Fort Sumter, Lincoln decretó el bloqueo de los puertos de los estados secesionistas. ↩
Middling y fair eran calidades del algodón en las cotizaciones de Liverpool; middling era la calidad media de referencia y fair una calidad superior. ↩
Boletín comercial de precios y mercados publicado en Calcuta. ↩
El número del hilo indicaba su finura: cuántas madejas de 840 yardas pesaban una libra. ↩
Tejido de algodón para camisas, uno de los principales artículos de exportación de Lancashire a la India. ↩
La plaga de la patata de 1845-1847 provocó la gran hambruna irlandesa, que costó alrededor de un millón de muertos y otro tanto de emigrados; contribuyó a la abolición de las leyes de cereales en 1846. ↩