Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 2 de noviembre de 1861 y publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 6440, del 23 de noviembre de 1861. El original inglés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 352-356), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Se añade la fecha al título para distinguirlo de los artículos del mismo nombre de 1860. Se corrigen algunas erratas evidentes de la edición digital de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Londres, 2 de noviembre de 1861

Los informes estadísticos del Board of Trade1 inglés correspondientes a los nueve meses hasta el 30 de septiembre de 1861 muestran una fuerte disminución de las exportaciones y un aumento aún mayor de las importaciones. Una comparación de los cuadros de exportación de los tres últimos años da el siguiente resultado general:

Valor de las exportaciones en los nueve meses hasta el 30 de septiembre

AñoValor
185998.037.311 libras esterlinas
1860101.724.346 libras esterlinas
186193.795.332 libras esterlinas

Una comparación de las exportaciones de este año con las del mismo periodo de 1860 muestra que han retrocedido en 7.929.014 libras esterlinas, y la parte con mucho mayor de este retroceso total, a saber, 5.671.730 libras, se atribuye a la súbita contracción del comercio con América2. En qué medida la pérdida general por esta causa ha afectado a las distintas ramas de la industria británica puede verse en el cuadro adjunto:

Valor de las exportaciones a los Estados Unidos en los nueve meses hasta el 30 de septiembre (en libras esterlinas)

185918601861
Cerveza y ale78.06078.84325.642
Carbón y antracita144.556156.665200.244
Tejidos de algodón2.753.7822.776.4721.130.973
Loza y porcelana448.661518.778191.606
Pasamanería y artículos de moda1.204.0851.083.438542.312
Artículos de lino1.486.2761.337.778493.654
Ferretería y cuchillería865.066776.772446.095
Metales - Hierro - en lingotes205.947165.05279.086
en barras, pernos y varillas642.822546.493148.587
carriles de ferrocarril de todas clases744.505665.619168.657
hierro fundido16.48917.0569.239
hierro forjado de todas clases357.162378.842125.752
Acero sin labrar372.465457.490216.246
Cobre, chapas y clavos99.42244.97110.005
Plomo en bruto53.45166.0151.451
Hojalata935.692833.644274.488
Semillas oleaginosas122.57072.9151.680
Sal63.87684.81859.809
Tejidos de seda, pañuelos y cintas197.605102.39388.360
Otros artículos de seda129.55793.22722.984
Sosa439.584399.153142.311
Licores (británicos)53.17356.42312.430
Tejidos de lana - paños de todas clases586.701535.130250.023
tejidos varios, franelas, mantas, etc.1.732.2241.612.284652.399
Tejidos de estambre1.052.053840.507377.597
Total14.785.78413.698.7785.671.630

Además de la disminución causada por el retroceso del comercio con América, las exportaciones generales muestran todavía un descenso de 2.257.284 libras esterlinas. La mayor parte de esta pérdida se produjo en el curso de septiembre, cuando el alto precio del algodón y la consiguiente subida de los artículos e hilados de algodón empezaron a dejarse sentir con fuerza en los mercados de la Norteamérica británica, la India Oriental y Australia. Durante los nueve meses hasta septiembre de 1861, los países que, después de los Estados Unidos, más redujeron sus compras de mercancías británicas fueron Turquía y Alemania. En el comercio de exportación a Francia no se observa ningún aumento digno de mención, y el único incremento apreciable se limita a un producto agrícola, la lana de oveja y de cordero. Durante los nueve primeros meses de 1860 Inglaterra exportó a Francia 4.735.150 libras de lana por valor de 354.047 libras esterlinas. En el periodo correspondiente de este año esta exportación ha subido a 8.716.083 libras de peso por valor de 642.468 libras esterlinas. El único otro fenómeno digno de mención en los informes de exportación se refiere a Italia. Las exportaciones británicas al nuevo reino3 aumentan a ojos vistas, hecho que puede explicar en buena parte las simpatías inglesas por la libertad de Italia. Así, por ejemplo, la exportación de artículos británicos de algodón a Cerdeña, Toscana, Nápoles y Sicilia ha subido de 756.892 libras esterlinas en 1860 a 1.204.287 libras en 1861; la de hilados de algodón, de 348.158 libras en 1860 a 538.373 libras en 1861; la de hierro, de 120.867 libras en 1860 a 160.912 libras en 1861.

Los cuadros de importación solo abarcan los ocho primeros meses del año en curso. Su resultado general lo muestran las cifras siguientes:

Valor real de las importaciones

AñoValor
185988.993.762 libras esterlinas
1860106.894.278 libras esterlinas
1861114.588.107 libras esterlinas

La parte principal de este aumento de las importaciones se debe a un fuerte incremento de las compras de trigo extranjero, que de 6.796.131 libras esterlinas en los ocho primeros meses de 1860 había subido a 13.431.487 libras en el periodo correspondiente de 1861. En cuanto al algodón en rama, la cantidad importada en ese periodo solo había retrocedido ligeramente, mientras que el precio de la mercancía había subido mucho, como se desprende de las cifras siguientes:

Cantidad de algodón importada en los nueve primeros meses

Cantidad (en quintales)Valor (en libras esterlinas)
18598.023.08224.039.197
186010.616.34728.940.676
18619.616.08730.809.279

En este momento no hay en Inglaterra política general. Todo y todos están absorbidos por la cuestión industrial y la crisis americana. En un artículo anterior4 llamé su atención sobre el estado febril del mercado algodonero de Liverpool. Durante las dos últimas semanas ha mostrado, en efecto, todos los síntomas de la manía ferroviaria de 18455. Cirujanos, dentistas, médicos, abogados, cocineras, obreros, escribientes y lores, cómicos y clérigos, soldados y marineros, periodistas y maestras de internado, hombres y mujeres, todos especulaban con algodón. Muchas de las partidas compradas, vendidas y vueltas a vender eran de solo una, dos, tres o cuatro balas. Cantidades más considerables se quedaban en los mismos almacenes aunque cambiaran veinte veces de dueño. Quien había comprado algodón a las diez lo ofrecía a las once y sacaba una ganancia de medio penique por libra. Muchas partidas pasaban así por varias manos en el plazo de doce horas. Esta semana, sin embargo, se ha producido una especie de reacción, debida únicamente a la circunstancia de que un chelín es un número redondo, pues se compone de doce peniques, y de que la mayoría de la gente había decidido vender en cuanto el precio de la libra de algodón llegara a un chelín. En consecuencia se produjo de repente un gran aumento de las ofertas de algodón y, por tanto, una reacción en su precio. Pero esto solo puede ser pasajero.

En cuanto los británicos se hayan familiarizado con la idea de que una libra de algodón puede costar 15 peniques, se vendrá abajo la barrera momentánea que frena la especulación y la fiebre especulativa volverá a estallar con redoblada violencia. En este proceso hay un elemento favorable a los Estados Unidos. Va en contra del partido de los que quieren romper el bloqueo. Los especuladores han publicado ya protestas en las que se dice, no sin razón, que todo paso belicoso del Gobierno británico sería un acto de abierta injusticia hacia los comerciantes que, confiando en que el Gobierno británico se atendría a su reconocido y declarado principio de no intervención, habían hecho sus cálculos, especulado en el interior, hecho sus pedidos en el extranjero y comprado algodón sobre la base de una estimación del precio que alcanzaría en el curso de unos acontecimientos naturales, probables y previsibles.

The Economist de hoy publica un artículo muy necio en el que, con estadísticas sobre la población y la extensión de los Estados Unidos, llega a la conclusión de que hay espacio suficiente para erigir por lo menos siete imperios gigantescos y de que, por tanto, «el sueño de un dominio universal» debería desterrarse del corazón de los unionistas. La única conclusión razonable que The Economist habría podido sacar de sus propios datos estadísticos, a saber, que los partidarios del Norte, aunque quisieran, no podrían renunciar a sus reivindicaciones sin entregar a la esclavitud los enormes estados y territorios «en los que la esclavitud persiste todavía, pero no puede afirmarse como institución permanente», esta única conclusión razonable el periódico se las arregla con éxito para no rozarla siquiera.

Además de sus propias dificultades comerciales, a Inglaterra la inquieta al mismo tiempo el estado crítico de las finanzas francesas. Las maniobras del Banco de Francia para detener la salida de metales preciosos hacia Inglaterra mediante las letras pro forma obtenidas de los Rothschild y de otras grandes casas solo han traído, como era de prever, un alivio pasajero en sus apuros. Francia se ha dirigido ahora sucesivamente en demanda de ayuda a los bancos de Berlín, Hamburgo y San Petersburgo, pero en lugar de traer alivio todos estos intentos no han hecho más que delatar lo desesperado de la situación. El aprieto en que se encuentra realmente el Gobierno francés queda de manifiesto en dos medidas tomadas en el curso de quince días. Para mantener la cotización de los bonos del Tesoro hubo que subir su tipo de interés al 7½ %, mientras que a Víctor Manuel se le ordenó aplazar en parte el pago del plazo vencido del nuevo empréstito italiano6, en el que los capitalistas franceses tienen una participación muy elevada. Él, naturalmente, accedió al ruego de su protector.

En las Tullerías hay ahora dos influencias opuestas, que proponen dos remedios secretos contrarios para la curación provisional de la enfermedad financiera. Los bonapartistas de pura sangre, Persigny7 y el Crédit mobilier8, acarician un plan según el cual el Banco de Francia debe someterse al control directo y completo del Gobierno, para ponerlo en total dependencia del Ministerio de Finanzas y emplear el poder así conseguido en la emisión ilimitada de papel moneda estatal no convertible. El otro partido, representado por Fould9 y otros renegados de regímenes anteriores, propone un nuevo empréstito, cuyo importe se calcula de manera diversa: los más modestos en 16.000.000 de libras esterlinas, los más audaces en 30.000.000.

  1. Ministerio de Comercio británico, que publicaba cada mes las estadísticas del comercio exterior. ↩

  2. Así en el texto. La cifra coincide prácticamente con el total de 1861 del cuadro siguiente (5.671.630 libras), que es el valor de las exportaciones de ese año a los Estados Unidos y no su disminución, que según el propio cuadro rondaría los ocho millones. ↩

  3. El Reino de Italia, proclamado en marzo de 1861 con Víctor Manuel II de Cerdeña como rey. ↩

  4. «El comercio británico del algodón», publicado en el New-York Daily Tribune el 14 de octubre de 1861. ↩

  5. La fiebre especulativa de 1845 en las acciones de ferrocarriles, que terminó en el crac de 1847. ↩

  6. El primer empréstito del nuevo Reino de Italia, emitido en el verano de 1861. ↩

  7. Victor Fialin, conde de Persigny (1808-1872), viejo compañero de conjuras de Luis Bonaparte y ministro del Interior de 1860 a 1863. ↩

  8. Banco de crédito por acciones fundado en 1852 por los hermanos Émile e Isaac Péreire, muy ligado al régimen bonapartista. ↩

  9. Achille Fould (1800-1867), banquero, ministro de Finanzas de Luis Bonaparte en varias ocasiones; volvió al ministerio en noviembre de 1861. ↩