Escrito en inglés por Friedrich Engels a primeros de agosto de 1861 y publicado en The Volunteer Journal, for Lancashire and Cheshire, núm. 49, del 10 de agosto de 1861. El original inglés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de la MEW: Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 301-303), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen algunas erratas de la edición digital de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
La revista de Newton1 del año pasado fue un gran éxito, tanto mayor cuanto que se vio afectada por dificultades de toda clase. Era el primer intento de reunir a los voluntarios de Lancashire en un solo cuerpo de tropas. Las disposiciones del ferrocarril fueron cualquier cosa menos lo que habrían debido ser; el terreno estaba en un estado lamentable; el tiempo fue muy malo. A pesar de todo, la cosa salió extraordinariamente bien, y nuestros voluntarios volvieron a casa mojados, hambrientos y sedientos, pero con la orgullosa conciencia de haber sorprendido a todo el mundo con la manera serena, firme y soldadesca con que habían cumplido su cometido.
¿Puede decirse lo mismo de la revista de este año? Nos tememos que no. Las disposiciones del ferrocarril fueron excelentes, el terreno estaba en un estado espléndido, el tiempo fue bueno; los voluntarios habían recibido un año más de instrucción; y, sin embargo, estamos convencidos de que la mayoría volvió a casa menos satisfecha de su jornada y del éxito del día que el año pasado. ¿De quién fue la culpa?
Cuando las tropas llegaron al terreno, las banderas que señalaban el lugar de las distintas brigadas estaban en su sitio, y en general los guías de los batallones se colocaron en seguida. Pero a toda una serie de batallones, sobre todo a los que llegaron primero, se los hizo marchar de un lado a otro, hacer alto, volver a marchar y volver a hacer alto un buen rato antes de llevarlos a los puestos que se les habían asignado. El resultado fue que cuerpos que estaban en el terreno de media hora a una hora antes del comienzo de la revista no tuvieron tiempo de formar pabellones con los fusiles y dejar a los hombres siquiera unos minutos de descanso para refrescarse. Eso no fue desde luego culpa de los jefes de batallón.
Después del saludo general empezaron las evoluciones. Pero apenas hubo evoluciones. La primera brigada se desplegó e hizo una serie de disparos: una descarga por compañías del centro hacia el flanco, una descarga por batallón, tres descargas de fuego por filas. Entretanto se desplegó la segunda brigada y, terminado el tiroteo, relevó a la primera línea. Esto se hizo formando las dos líneas de a cuatro y pasando la segunda línea, de a cuatro, por los intervalos de la primera. El propio reglamento califica este movimiento de adecuado solo para la parada y que no debe emplearse nunca en combate (p. 113). Luego la segunda brigada hizo los mismos ejercicios de fuego, mientras la tercera se desplegaba para formar una segunda línea y la primera se retiraba en columnas a retaguardia. Observamos que la primera brigada tardó un rato en hacerlo y no se puso en marcha hasta que el fuego de la segunda brigada estaba casi terminado. Luego avanzaron la tercera y después la cuarta brigada y les tocó el turno de hacer fuego, tras lo cual todo el cuerpo de tropas formó columnas en masa y desfiló.
Así pues, en lugar de evoluciones, hubo a todas luces solo dos puntos en los que los voluntarios presentes podían demostrar su competencia: el fuego y la marcha. Pues bien, protestamos contra que se haga de un tiroteo con cartuchos de fogueo el criterio para juzgar a un cuerpo de voluntarios como el reunido en Newton. Había regimientos que habían gastado cantidades enormes de cartuchos de fogueo y que, en consecuencia, habían logrado hacía tiempo notables resultados en descargas cortas y nutridas. Había otros igual de buenos, o quizá mejores, que cumplen su cometido en la instrucción de compañía y de batallón y en el tiro al blanco, pero que antes apenas habían disparado nunca cartuchos de fogueo. Y había un gran número de pequeños cuerpos rurales, formados en batallones con motivo de este acto, que nunca habían tenido ocasión de hacer una descarga por batallón, por la sencillísima razón de que con ellos aún no había podido hacerse instrucción de batallón. El fuego por descargas, mientras se juzgue solo por el sonido y no por el efecto, es con mucho la más fácil de todas las tareas del soldado; un batallón seguro en todos los demás aspectos lo aprenderá en muy poco tiempo, y si la gran mayoría de los batallones presentes hizo muy malas descargas, tenemos que decir que hasta nos agrada; muestra, en efecto, que no han perdido el tiempo ejercitándose en un arte que pueden aprender en una semana en cualquier momento y que se presta mucho a degenerar en juego y exhibición.
La única ventaja del programa fue que toda la infantería presente tuvo algo que hacer. En todos los demás aspectos fue realmente muy pobre. No hubo combate de tiradores, apenas hubo evoluciones, y la prueba de aptitud que se fijó no solo fue un engaño, sino del todo injusta para la masa de los cuerpos presentes. En cuanto a la espléndida carga de caballería que cerró la maniobra, preferimos no decir nada. El público la tomó por una diversión de primera.
En el desfile volvimos a comprobar la debilidad constante de los voluntarios: el soberbio desprecio de las distancias. Solo un regimiento desfiló guardando más o menos la distancia correcta; pero no era el mismo regimiento que se había distinguido especialmente por sus descargas. Creemos que, en el estado actual de la instrucción, guardar bien las distancias es más difícil y más importante que hacer descargas exactas. En conjunto, el desfile mostró menos progresos desde el año pasado de lo que cabía esperar, pero tenemos que hacer constar que en este aspecto los pequeños cuerpos rurales eran los que más habían progresado. Esto merece tanto más reconocimiento público cuanto que esos pequeños cuerpos tienen que luchar con las mayores dificultades, la mayoría no cuenta con la ayuda de un instructor y no tiene a su lado más autoridad militar superior que su suboficial instructor.
Hemos observado con pesar entre los voluntarios de Lancashire la difusión de la casaca escarlata e incluso del morrión de piel de oso;2 parece indicar un afán de boato que no puede servir al movimiento. Pero es un asunto que nos llevaría muy lejos de Newton, y por eso volveremos sobre él en otra ocasión.
F. E.
Revista de los cuerpos de voluntarios de Lancashire celebrada en 1860, y de nuevo en 1861, en Newton-le-Willows, entre Liverpool y Manchester. ↩
La casaca roja era el uniforme de la infantería de línea británica, y el morrión de piel de oso, el tocado de la infantería de la guardia; la mayoría de los cuerpos de fusileros voluntarios vestía de gris o de verde. ↩