Escrito en alemán por Karl Marx en Londres el 19 de diciembre de 1861 y publicado en Die Presse (Viena), núm. 353, del 24 de diciembre de 1861. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 423-426), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Londres, 19 de diciembre de 1861

Como es sabido, los antiguos egipcios habían desarrollado en alto grado la división del trabajo, en la medida en que se extiende al conjunto de la sociedad y no al taller individual. Casi cada parte del cuerpo tenía entre ellos su médico especial, cuya terapia estaba limitada por ley a ese terreno particular. El robo constituía el oficio de un gremio especial, cuyo jefe era una persona oficialmente reconocida.1 Pero ¡qué pobre parece la división del trabajo del antiguo Egipto comparada con la de la Inglaterra moderna! No es menos la rareza de ciertos ramos de actividad en Londres que la escala en que se practican lo que nos llena de asombro.

Uno de estos curiosos ramos de la industria es el espionaje. Se divide de entrada en dos grandes ramas: el espionaje civil y el espionaje político. Dejamos aquí por completo de lado este último. El espionaje civil se subdivide a su vez en dos grandes secciones: el espionaje oficial y el privado.

El oficial lo ejercen, por una parte, los detectives (descubridores), a sueldo del Estado o de las autoridades municipales, y por otra los common informers (delatores comunes), que espían por su cuenta y a los que la policía paga a destajo (jobwork).

El negocio del espionaje privado se divide en variadas subespecies, que pueden reunirse, sin embargo, en dos grandes rúbricas. Una abarca las relaciones privadas no comerciales; la otra, las comerciales. En la primera rúbrica, en la que el espionaje de la infidelidad conyugal desempeña un gran papel, la agencia del señor Field ha alcanzado fama europea.2 El negocio del espionaje comercial se conocerá más de cerca por el siguiente suceso.

El martes pasado el Court of Exchequer3 tenía que fallar una demanda por difamación en la que un semanario de aquí, Lloyd's Weekly News,4 era el demandado, y Stubbs y Compañía los demandantes. Stubbs y Compañía publican, en efecto, un periódico semanal titulado Stubbs' Gazette, órgano de la «Sociedad Stubbs para la Protección del Comercio». El periódico se envía privadamente a los suscriptores, que pagan 3 guineas al año, y no se vende, como otros periódicos, por números en las tiendas de los stationers,5 en la calle, en las estaciones de ferrocarril, etc. Es en realidad una lista de proscripción de malos pagadores, sea cual sea su estado. La «sociedad protectora» de Stubbs espía la solvencia de los particulares, y la Stubbs' Gazette la registra negro sobre blanco. El número de suscriptores asciende a 20.000.

Pues bien, el semanario de Lloyd había publicado un artículo en el que se decía, entre otras cosas: «Es deber de todo hombre de honor acabar con este vergonzoso sistema de espionaje». Stubbs pidió venganza judicial por esta difamación.

Después de que el abogado del demandante, el serjeant Shee,6 vertiera el torrente de su elocuencia irlandesa, el demandante Stubbs tuvo que someterse a la cross examination (en realidad, el fuego cruzado al que se somete a los testigos durante el interrogatorio) del serjeant Ballantine,7 abogado del semanario de Lloyd. Tuvo lugar el siguiente diálogo humorístico.

Ballantine: ¿Pide usted información a sus suscriptores?

Stubbs: Pido a los suscriptores que me comuniquen los nombres de las personas que consideran estafadores. Luego investigamos esos casos. No los investigo yo mismo. Tengo agentes en Londres y en otras grandes ciudades. Tengo en Londres 9 o 10 agentes que cobran un sueldo anual.

Ballantine: ¿Qué cobran esos caballeros por levantar la información?

Stubbs: De 150 a 200 libras esterlinas.

Ballantine: ¿Y un traje nuevo? Bien, cuando uno de estos caballeros tan bien pagados atrapa a un estafador, ¿qué ocurre entonces? —Publicamos su nombre.

Ballantine: ¿Si es un estafador redomado? —Sí. —¿Y si solo es medio estafador? —Entonces lo inscribimos en nuestro registro. —¿Hasta que esté en plena floración, y entonces lo publican ustedes? —Sí. —¿Publican ustedes autógrafos de estafadores? —Sí. —Y en provecho del comercio se exponen ustedes a gastos aún mayores. ¿Publican ustedes fotografías de estafadores? —Sí. —¿No tienen ustedes una oficina de policía secreta? ¿No están ustedes en relación con el señor Field? —Me alegra poder decir que no. —¿En qué consiste entonces la diferencia? —Me niego a responder a eso. —¿Qué entienden ustedes por sus «agentes legales»? —Eso se refiere al cobro de deudas. Entiendo por tales a los solicitors (algo intermedio entre el abogado y el huissier),8 que atienden los asuntos de los suscriptores en las condiciones mencionadas en el prospecto. —¡Vaya! ¿Así que es usted también cobrador de deudas? —Cobro deudas por medio de 700 solicitors. —¡Santo Dios, tiene usted 700 solicitors y el mundo sigue existiendo! ¿Mantiene usted a los solicitors o le mantienen los solicitors a usted? —Se mantienen a sí mismos. —¿Ha tenido usted otros pleitos? —Sí, media docena. —¿Los ha llevado alguna vez hasta el final? —Sí. —¿Ha sido alguna vez la sentencia a su favor? —Una vez. —¿Qué quieren decir ustedes con la sección de su periódico «Se buscan direcciones», a la que sigue toda una lista de nombres? —Deudores fugados, cuyo paradero no hemos podido averiguar ni nosotros ni nuestros suscriptores. —¿Cómo está organizado su negocio? —Nuestra oficina central está en Londres, con sucursales en Birmingham, Glasgow, Edimburgo y Dublín. Mi padre me dejó el negocio. Al principio lo llevaba en Manchester.

En su alegato, el abogado Ballantine cayó entonces sin piedad sobre Stubbs, cuya «actitud sonriente y satisfecha de sí mismo durante su declaración probaba en todo caso que no tenía más conciencia que un escarabajo pelotero de la porquería del elemento en que se movía». El comercio inglés tenía que haber caído muy bajo si necesitaba semejante protector. Este infame sistema de espionaje ponía en manos de Stubbs un arma terrible para el chantaje, etc.

El lord Chief Baron,9 que actuaba como juez, puso su resumen en la balanza de la defensa. Terminó con estas palabras: «Los jurados deben mucho a la libertad de prensa; pero los jurados no son independientes porque la prensa sea libre, sino que la prensa es libre porque los jurados son independientes. Tenían que considerar si el artículo incriminado iba más allá de los límites de la crítica honrada. Stubbs era una persona pública y quedaba, por tanto, expuesto a la crítica. Si creían que el semanario de Lloyd había traspasado el límite de la crítica honrada, les correspondía conceder al demandante una indemnización adecuada».

Los jurados se retiraron a su sala de deliberaciones. Tras un cuarto de hora de debate volvieron a la sala con el veredicto: el demandante Stubbs tiene razón; indemnización por su honor herido, un farthing. El farthing es la moneda inglesa más pequeña y corresponde al céntimo francés y al pfennig alemán. Stubbs salió del Guildhall entre las carcajadas del numeroso público, escoltado por cierto número de admiradores, a cuyas importunas ovaciones solo una rápida huida pudo sustraer su modesta grandeza.

  1. Marx sigue a Heródoto (Historias, II, 84) para los médicos especializados de Egipto, y a Diodoro de Sicilia (Biblioteca histórica, I, 80) para el gremio de los ladrones, que inscribían su nombre ante su jefe y le entregaban lo robado, que su dueño podía recuperar pagando la cuarta parte de su valor. ↩

  2. Charles Frederick Field (1805-1874), antiguo inspector de la policía de Londres, que abrió una agencia privada de investigaciones; inspiró a Dickens el inspector Bucket de Casa desolada. ↩

  3. El tribunal del Tesoro, uno de los tres tribunales superiores de derecho común de Inglaterra, presidido por el lord Chief Baron. ↩

  4. Lloyd's Weekly Newspaper, semanario popular de Londres fundado por Edward Lloyd. ↩

  5. Papeleros y vendedores de artículos de escritorio, que vendían también periódicos. ↩

  6. Serjeant-at-law, grado superior de la abogacía inglesa. William Shee (1804-1868), abogado y diputado irlandés. ↩

  7. William Ballantine (1812-1887), célebre abogado penalista de Londres. ↩

  8. Los solicitors preparaban los asuntos y trataban con los clientes, mientras que los barristers pleiteaban ante los tribunales superiores; el huissier francés es el agente judicial que notifica y ejecuta los embargos. ↩

  9. Sir Frederick Pollock (1783-1870), presidente del Court of Exchequer de 1844 a 1866. ↩