Escrito en alemán por Friedrich Engels a finales de junio de 1862 y publicado en Die Presse (Viena), núm. 181, del 3 de julio de 1862. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 511-513), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Hace unos tres meses y medio, el 8 de marzo de 1862, el combate naval entre el Merrimac y las fragatas Cumberland y Congress en Hampton Roads cerró la larga era de los buques de guerra de madera. El 9 de marzo de 1862, el combate naval entre el Merrimac y el Monitor en esas mismas aguas abrió la era de la guerra entre buques acorazados.1

Desde entonces, el Congreso de Washington ha aprobado sumas considerables para la construcción de diversos buques acorazados y para terminar la gran batería naval de hierro del señor Stevens (en Hoboken, cerca de Nueva York).2 El señor Ericsson3 está terminando además seis buques construidos según el modelo del Monitor, pero de mayores dimensiones y provistos de dos torres giratorias, cada una flanqueada por dos grandes cañones. El Galena, un segundo acorazado, no construido por el señor Ericsson y según un modelo distinto del Monitor, fue terminado y unido después al Monitor, primero para vigilar al Merrimac y más tarde para limpiar las orillas del río James de los fuertes de los rebeldes; hasta siete u ocho millas de Richmond, esa tarea está cumplida. El tercer acorazado del río James es el Naugatuck,4 llamado al principio Stevens, por su inventor y anterior propietario.

Un cuarto acorazado, el New Ironsides, se construye en Filadelfia y estará en condiciones de navegar dentro de unas semanas. El Vanderbilt y otro gran vapor se están transformando en arietes; una masa de otros buques de guerra de madera, como el Roanoke, van camino de su renacimiento como acorazados. El Gobierno de la Unión había hecho construir además en el Ohio de 4 a 5 cañoneras blindadas con planchas de hierro, que prestaron buenos servicios en Fort Henry, Fort Donelson y Pittsburg Landing. Por último, el coronel Ellet5 equipó con sus amigos varios arietes aplanando y revistiendo de hierro la proa de viejos vapores en Cincinnati y otros lugares del Ohio. No los armó con cañones, sino con tiradores selectos, de los que tan rico es el Oeste. Luego ofreció los arietes, la tripulación y sus propios servicios al Gobierno de la Unión. Más adelante volveremos sobre el primer hecho de armas de esos arietes improvisados.

Del otro lado, los confederados tampoco se habían quedado inactivos. Empezaron en Norfolk la construcción de nuevos buques de hierro y la transformación de otros viejos. Antes de que hubiesen terminado allí su obra, Norfolk cayó en manos de las tropas de la Unión y todos esos buques fueron destruidos. Los confederados construyeron además en Nueva Orleans tres arietes de hierro de gran potencia, y un cuarto acorazado de masa enorme y magníficamente armado estaba a punto de terminarse cuando cayó Nueva Orleans. A juicio de oficiales de marina de la Unión, este último buque, de haber estado ya en condiciones de combatir, habría expuesto a toda la marina de la Unión al mayor de los peligros, porque el Gobierno de Washington no tenía nada que oponer a ese monstruo como adversario de su talla. Su coste ascendía a dos millones de dólares. Como es sabido, fueron los propios rebeldes los que destruyeron el buque.6

En Memphis, los confederados habían construido nada menos que ocho arietes, cada uno de los cuales llevaba cuatro o seis cañones de grueso calibre. Y fue en Memphis donde tuvo lugar, el 6 de junio, la primera «batalla de los arietes» en el Misisipi. Aunque la flotilla de la Unión que bajaba por el Misisipi contaba con cinco cañoneras acorazadas, fueron dos de los arietes del coronel Ellet, el Queen y el Monarch, los que decidieron en lo esencial el combate. De los ocho arietes enemigos, cuatro fueron destruidos, tres capturados y uno escapó. Después de que las cañoneras de la flotilla de la Unión abrieran un vivo cañoneo contra los barcos rebeldes y lo mantuviesen durante un rato, el Queen y el Monarch se metieron de lleno entre la escuadra enemiga. El fuego de las cañoneras cesó casi por completo, porque los arietes del coronel Ellet se habían enredado con los enemigos en un ovillo que impedía a los artilleros distinguir entre amigos y enemigos.

Los arietes de Ellet, como ya se ha dicho, no llevaban cañones, sino una multitud de tiradores selectos. Sus máquinas de vapor y sus calderas solo estaban protegidas por obras de madera. Unas potentes máquinas de vapor y una proa muy afilada de madera de roble, revestida de hierro, constituían todo el equipo de estos arietes. Hombres, mujeres y niños acudieron a miles desde Memphis a las escarpadas orillas del Misisipi para presenciar desde allí, en algunos puntos a apenas media milla inglesa del teatro del combate, con angustiosa expectación, la «batalla de los arietes». Apenas duró más de una hora. Mientras los rebeldes perdieron 7 barcos y 100 hombres, unos 40 de ellos ahogados, solo un barco de la Unión corrió serio peligro, solo un hombre resultó herido y ninguno muerto.7

Con excepción del único ariete de hierro que escapó del combate naval de Memphis, los confederados tienen ahora quizá todavía un par de arietes y acorazados en Mobile. Aparte de estos y de las pocas cañoneras de Vicksburg, amenazadas a la vez por Farragut, que remonta el río, y por Davis,8 que lo baja, su flota ya ha pasado a mejor vida.

  1. El Merrimac, fragata de vapor de la Unión hundida en Norfolk en 1861, fue reflotado por los confederados y convertido en acorazado con el nombre de Virginia. El 8 de marzo de 1862 hundió en Hampton Roads (Virginia) las fragatas de madera Cumberland y Congress; al día siguiente combatió sin resultado decisivo con el Monitor, primer buque de torre giratoria, construido por John Ericsson. ↩

  2. La batería de Stevens, gran acorazado proyectado desde 1842 por Robert Livingston Stevens (1787-1856) y su hermano Edwin Augustus Stevens (1795-1868), ingenieros de Hoboken; nunca llegó a terminarse. ↩

  3. John Ericsson (1803-1889), ingeniero sueco establecido en los Estados Unidos, constructor del Monitor. ↩

  4. En la MEW, «Bengaluche». El Naugatuck, pequeño buque semisumergible construido por Edwin A. Stevens y cedido por él a la Unión, combatió junto al Monitor y el Galena en Drewry's Bluff, en el río James, el 15 de mayo de 1862. ↩

  5. Charles Ellet (1810-1862), ingeniero civil norteamericano, constructor de puentes colgantes; en 1862 organizó con el grado de coronel una flotilla de arietes en el Misisipi y murió de las heridas recibidas en la batalla de Memphis. ↩

  6. El Mississippi, quemado por los confederados al caer Nueva Orleans, en abril de 1862. ↩

  7. El único herido fue el propio coronel Ellet, que murió de esa herida el 21 de junio. ↩

  8. Charles Henry Davis (1807-1877), oficial de marina de la Unión, al mando de la flotilla del alto Misisipi en la batalla de Memphis. ↩