Escrito en alemán por Karl Marx en Londres el 1 de enero de 1862 y publicado en Die Presse (Viena), núm. 5, del 5 de enero de 1862. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 436-438), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Londres, 1 de enero de 1862

El movimiento contra la guerra gana día a día energía y extensión en el pueblo inglés. Mítines públicos en las más diversas partes del país insisten en que la disputa entre Inglaterra y Norteamérica se resuelva por arbitraje. Sobre el jefe del gabinete llueven memoriales en ese sentido, y la prensa de provincias independiente es casi unánime en su oposición a la gritería belicista de la prensa londinense.

Damos a continuación un informe más detallado del mitin celebrado el lunes pasado en Brighton,1 porque partió de la clase obrera y porque los dos oradores principales, los señores Coningham y White, son influyentes miembros del Parlamento que se sientan ambos en el lado ministerial de la Cámara.2

El señor Wood (un obrero) presentó la primera moción, que decía así:

«que la disputa entre Inglaterra y Norteamérica nació de una mala interpretación del derecho de gentes, y no de un insulto deliberado a la bandera británica; que, por tanto, este mitin opina que toda la cuestión litigiosa debe someterse al arbitraje de una potencia neutral; que una guerra con Norteamérica no puede justificarse en las circunstancias presentes y merecería, antes bien, la condena del pueblo inglés».

En apoyo de su moción, el señor Wood observó, entre otras cosas:

«Se dice que este nuevo insulto no es más que el último eslabón de una cadena de insultos que Norteamérica ha inferido a Inglaterra. Aun suponiendo que sea cierto, ¿qué probaría eso en favor de la gritería belicista en este momento? Probaría que, mientras Norteamérica estuvo unida y fuerte, aguantamos tranquilamente sus insultos, pero que ahora, en la hora de su peligro, aprovechamos la posición favorable para vengar el insulto. ¿No nos marcaría semejante proceder como cobardes a los ojos del mundo civilizado?»

El señor Coningham:

«… En este momento se está desarrollando en el seno de la Unión una política declaradamente emancipadora (aplausos), y expreso la seria esperanza de que no se permitirá ninguna intervención por parte del Gobierno inglés. (Aplausos.) … ¿Vais a consentir vosotros, ingleses nacidos libres, que se os enrede en una guerra antirrepublicana? Porque esa es la intención del Times y del partido que está detrás de él… Apelo a los obreros de Inglaterra, que son los más interesados en que se mantenga la paz, para que alcen su voz y, si es necesario, sus manos para impedir un crimen tan grande. (Grandes aplausos.) … El Times ha puesto en juego todos los medios para atizar el espíritu belicoso del país y para crear, con amargas burlas e insultos, un ánimo hostil entre los norteamericanos… Yo no pertenezco al llamado partido de la paz.3 El Times favorece la política de Rusia y en 1853 puso en juego todas sus fuerzas para inducir a nuestro país a contemplar tranquilamente las agresiones militares de la barbarie rusa en Oriente. Yo estuve entre quienes alzaron la voz contra esa falsa política. Cuando se presentó el proyecto de ley sobre las conspiraciones, que debía facilitar la entrega de los refugiados políticos, ningún esfuerzo del Times parecía excesivo para hacerlo pasar a la fuerza por la Cámara de los Comunes. Yo fui uno de los 99 miembros de la Cámara que se opusieron a ese atentado contra las libertades del pueblo inglés y que derribaron al ministro.4 (Aplausos.) Ese ministro está ahora a la cabeza del gabinete. Le profetizo que, si intenta enredar a nuestro país sin razones buenas y suficientes en una guerra con Norteamérica, su plan fracasará ignominiosamente. Le prometo una nueva derrota ignominiosa, una derrota mayor que la que sufrió con ocasión del proyecto de ley sobre las conspiraciones. (Grandes aplausos.) … No conozco el mensaje oficial que se ha enviado a Washington; pero la opinión predominante es que los juristas de la Corona han recomendado al Gobierno que se atenga al fundamento jurídico, muy estrecho, de que los comisionados del Sur no podían ser apresados sin el barco que los llevaba. A partir de ahí se exigiría, como conditio sine qua non, la entrega de Slidell y de Mason.5

»Supongamos que el pueblo del otro lado del Atlántico no permite a su Gobierno esa entrega. ¿Iréis a la guerra por los cuerpos de esos dos enviados de los negreros? … Existe en este país un partido de la guerra antirrepublicano. Acordaos de la última guerra rusa. Por la publicación en San Petersburgo de los despachos secretos quedó claro, más allá de toda duda, que los artículos publicados por el Times en 1855 los había escrito una persona que tenía acceso a papeles y documentos secretos del Estado ruso. El señor Layard6 leyó entonces en la Cámara de los Comunes los pasajes concluyentes, y el Times, en su consternación, cambió de inmediato de tono y a la mañana siguiente tocó el clarín de la guerra… El Times ha atacado repetidamente al emperador Napoleón y ha apoyado a nuestro Gobierno en su petición de créditos ilimitados para fortificaciones de tierra y baterías flotantes. Después de hacer eso y de dar la voz de alarma contra Francia, el Times quiere ahora dejar nuestras costas desguarnecidas frente al emperador francés, enredando a nuestro país en una guerra transatlántica… Es de temer que los grandes armamentos actuales no estén destinados únicamente al caso del Trent, sino a la eventualidad de un reconocimiento del Gobierno de los estados esclavistas. Si Inglaterra lo hace, se cubrirá de una vergüenza que pesará sobre ella eternamente.»

El señor White:

«Hay que decir, en honor de la clase obrera, que ella es la promotora de este mitin y que su comité corre con todos los gastos de su organización… El Gobierno actual nunca ha tenido el buen tino de tratar con el pueblo de manera sincera y verdadera… Ni por un momento he creído en la más remota posibilidad de que el caso del Trent desemboque en una guerra. He dicho a la cara a más de un miembro del Gobierno que ni un solo miembro del Gobierno cree en la posibilidad de una guerra por el caso del Trent. ¿Por qué, entonces, estos enormes preparativos? Creo que Inglaterra y Francia se han puesto de acuerdo para reconocer la independencia de los estados del Sur la próxima primavera. Para entonces Gran Bretaña tendría una flota de fuerza aplastante en aguas norteamericanas, y el Canadá estaría completamente armado para su defensa. Si los estados del Norte se inclinan entonces a hacer del reconocimiento de los estados del Sur un casus belli, Gran Bretaña estará preparada…»

El orador expuso luego los peligros de una guerra con los Estados Unidos, recordó la simpatía que mostró Norteamérica a la muerte del general Havelock,7 la ayuda que los marineros norteamericanos prestaron a los barcos ingleses en el desgraciado combate del Peiho,8 etc. Terminó observando que la guerra civil acabaría con la abolición de la esclavitud y que Inglaterra debía, por tanto, ponerse sin reservas del lado del Norte.

Aprobada por unanimidad la moción inicial, se presentó al mitin un memorial a Palmerston, que se debatió y se aprobó.

  1. El 30 de diciembre de 1861. ↩

  2. William Coningham (1815-1884) y James White (1809-1883), diputados liberales por Brighton; el «lado ministerial» es el de la mayoría que sostenía al gabinete de Palmerston. La MEW escribe «Conningham». ↩

  3. El grupo pacifista de los radicales librecambistas, encabezado por Richard Cobden y John Bright. ↩

  4. El proyecto de ley sobre la conspiración para el asesinato (Conspiracy to Murder Bill), presentado por Palmerston en febrero de 1858 tras el atentado de Orsini contra Napoleón III, a petición del Gobierno francés; su derrota en segunda lectura hizo caer el gabinete de Palmerston. ↩

  5. James Murray Mason y John Slidell, comisionados de la Confederación ante Londres y París, a quienes el capitán Wilkes, del buque de guerra federal San Jacinto, había sacado el 8 de noviembre de 1861 del vapor correo británico Trent. ↩

  6. Austen Henry Layard (1817-1894), arqueólogo y diputado liberal, crítico de la dirección de la guerra de Crimea. ↩

  7. Henry Havelock (1795-1857), general británico que mandó el socorro de Lucknow durante la sublevación india y murió allí en noviembre de 1857. ↩

  8. En el ataque británico a los fuertes de Taku, en la desembocadura del Peiho, el 25 de junio de 1859, rechazado por los chinos con grandes pérdidas, el comodoro norteamericano Josiah Tattnall, pese a la neutralidad de su país, ayudó a los británicos a retirar a sus heridos. ↩