Escrita por Friedrich Engels el 12 o el 13 de diciembre de 1867 y publicada en el Staats-Anzeiger für Württemberg (Stuttgart), núm. 306, del 27 de diciembre de 1867. Traducida de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 16 (Berlín, 1962, pp. 229-231), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Karl Marx, El capital. Crítica de la economía política, tomo primero, Hamburgo, Meissner, 1867

Si nos ocupamos de la obra arriba citada, no es desde luego por la tendencia específicamente socialista que el autor ya exhibe abiertamente en el prólogo.

Lo hacemos porque, prescindiendo de esa tendencia, contiene desarrollos científicos y material de hechos que merecen toda la atención. Tampoco entraremos aquí en la parte científica, porque queda más lejos de nuestros propósitos, y nos limitaremos por tanto a lo puramente fáctico.

No creemos que exista obra alguna —en lengua alemana o extranjera— en la que se den los rasgos analíticos fundamentales de la historia de la industria moderna, desde la Edad Media hasta hoy, en un resumen tan claro y completo como en las páginas 302 a 495 del presente libro, en los tres capítulos: cooperación, manufactura y gran industria. Cada uno de los aspectos del progreso industrial se destaca aquí en su lugar según su mérito, y aunque la tendencia específica asoma aquí y allá, hay que hacer al autor la justicia de reconocer que en ningún lugar amolda los hechos a su teoría, sino que, al contrario, procura presentar su teoría como resultado de los hechos. Estos hechos los ha tomado siempre de las mejores fuentes y, en lo que toca a la situación más reciente, de fuentes tan auténticas como desconocidas hoy por hoy en Alemania: los informes parlamentarios ingleses. Los hombres de negocios alemanes que no consideren su industria solo desde el punto de vista de la ganancia cotidiana, sino que la vean como un eslabón esencial de todo el gran desarrollo industrial moderno de todos los países, y que por eso se interesen también por lo que no pertenece directamente a su ramo, encontrarán aquí una rica fuente de instrucción y nos agradecerán que se la hayamos señalado. Hace ya mucho que pasó el tiempo en que cada ramo de negocio existía por separado y tranquilamente por su cuenta; hoy todos dependen unos de otros y de los progresos que se hacen tanto en países lejanos como muy cerca, y de las coyunturas cambiantes del mercado mundial. Y si, como es bien posible, los nuevos tratados del Zollverein1 traen pronto consigo una reducción de la protección aduanera vigente hasta ahora, a todos nuestros fabricantes se les plantea la exigencia de familiarizarse con la historia de la industria moderna en general, para aprender de ella de antemano cómo han de conducirse mejor ante tales cambios. La cultura superior que hasta ahora nos ha salvado siempre a los alemanes, pese a la fragmentación política, sería también en este caso la mejor arma que podríamos emplear contra el inglés groseramente materialista.

Esto nos lleva a otro punto. Con la nueva legislación del Zollverein, pronto podría llegar el momento en que los propios fabricantes exijan una regulación uniforme del tiempo de trabajo en las fábricas de los Estados de la unión. Sería a todas luces injusto que en un Estado el tiempo de trabajo, sobre todo el de los niños y las mujeres, quedara por completo al arbitrio del fabricante, mientras que en otro está sometido a limitaciones sustanciales. Difícilmente podrá eludirse un acuerdo sobre disposiciones comunes en esta materia, y menos aún si se produjeran de verdad rebajas de los aranceles protectores. Pero en este aspecto en Alemania solo tenemos experiencias sumamente insuficientes, por no decir ninguna, y dependemos por completo de las lecciones que podamos sacar de la legislación de otros países, sobre todo de Inglaterra, y de sus frutos. Y aquí el autor ha prestado un gran servicio a la industria alemana al exponer de la manera más detallada, según los documentos oficiales, la historia de la legislación fabril inglesa y de sus resultados. (Véanse las páginas 207-281 y 399-496, y más adelante en algunos pasajes.) Todo este aspecto de la historia industrial inglesa es prácticamente desconocido en Alemania, y causará asombro saber que, después de que una ley del Parlamento del año en curso2 haya puesto nada menos que a millón y medio de obreros bajo control del Gobierno, en Inglaterra están hoy sometidos a la vigilancia de los funcionarios y a una limitación directa o indirecta del tiempo de trabajo no solo casi todo el trabajo industrial, sino también la mayor parte del doméstico y una parte del agrícola. Exhortamos a nuestros fabricantes a no dejarse disuadir por la tendencia del libro y a estudiar en serio sobre todo esta parte de él: ¡tarde o temprano, la misma cuestión se les planteará sin duda también a ellos!

  1. El Zollverein, la unión aduanera alemana bajo dirección prusiana, se reorganizó por los tratados de julio de 1867, que crearon un Parlamento aduanero (Zollparlament) común a la Confederación de Alemania del Norte y a los Estados del sur. ↩

  2. Las leyes fabriles de 1867 (Factory Acts Extension Act y Workshops' Regulation Act). ↩