Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado en The Pall Mall Gazette, núm. 1710, del 6 de agosto de 1870, con el título «Notes on the War.—IV». Traducido del original inglés según la transcripción del texto de la Pall Mall Gazette hecha por Tony Brown en el Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejado con la versión alemana de la MEW (Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 17, Berlín, 1962, pp. 22-26), por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen erratas evidentes de la transcripción. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.

El 28 de julio el emperador llegó a Metz, y desde la mañana siguiente asumió el mando del Ejército del Rin. Según las tradiciones napoleónicas, esa fecha tendría que haber marcado el comienzo de las operaciones activas; pero ha pasado una semana y aún no hemos oído que el Ejército del Rin, en su conjunto, se haya movido. El 30, la pequeña fuerza prusiana de Saarbrücken pudo rechazar un reconocimiento francés. El 2 de agosto, la segunda división (general Bataille) del 2.º Cuerpo de Ejército (general Frossard)1 tomó las alturas al sur de Saarbrücken y desalojó al enemigo de la ciudad a cañonazos, pero sin intentar pasar el río y asaltar las alturas que dominan la ciudad desde la orilla norte. Así pues, este ataque no forzó la línea del Sarre. Desde entonces no se ha recibido ninguna otra noticia de un avance francés, y hasta ahora la ventaja ganada en la acción del día 2 es casi nula.

Ahora bien, apenas cabe dudar de que, cuando el emperador salió de París para Metz, su intención era cruzar la frontera de inmediato. De haberlo hecho, habría podido trastornar muy seriamente los preparativos del enemigo. El 29 y el 30 de julio los ejércitos alemanes estaban todavía muy lejos de estar concentrados. Los alemanes del Sur seguían convergiendo, por ferrocarril y a pie, hacia los puentes del Rin. La caballería de reserva prusiana pasaba en filas interminables por Coblenza y Ehrenbreitstein, marchando hacia el sur. El 7.º Cuerpo estaba entre Aquisgrán y Tréveris, lejos de todo ferrocarril. El 10.º Cuerpo salía de Hannover, y la Guardia salía de Berlín por ferrocarril. Un avance resuelto en aquel momento difícilmente habría dejado de llevar a los franceses hasta los fuertes avanzados de Maguncia y de asegurarles ventajas considerables sobre las columnas alemanas en retirada; quizá incluso les habría permitido tender un puente sobre el Rin y protegerlo con una cabeza de puente en la orilla derecha. En todo caso, la guerra se habría llevado al país del enemigo, y el efecto moral sobre las tropas francesas habría sido por fuerza excelente.

¿Por qué no se ha producido entonces semejante avance? Por la sencilla razón de que, si los soldados franceses estaban listos, su intendencia no lo estaba. No necesitamos atenernos a ninguno de los rumores que vienen del lado alemán; tenemos el testimonio del capitán Jeannerod, antiguo oficial francés y hoy corresponsal del Temps2 en el ejército. Afirma claramente que el reparto de víveres de campaña no empezó hasta el 1 de agosto; que las tropas andaban escasas de cantimploras, marmitas y demás utensilios de campamento; que la carne estaba podrida y el pan, a menudo, enmohecido. Mucho nos tememos que se dirá que hasta ahora el ejército del Segundo Imperio ha sido derrotado por el propio Segundo Imperio. Con un régimen que tiene que pagar recompensas a sus partidarios por todos los viejos medios establecidos de la corruptela, no cabe esperar que el sistema se detenga a las puertas de la intendencia del ejército. Esta guerra, según confesó el señor Rouher,3 se preparaba desde hacía mucho; el acopio de provisiones, y en especial de equipo, fue evidentemente una de las partes menos vistosas de esa preparación; y, sin embargo, precisamente en este punto se producen tales irregularidades que causan casi una semana de retraso en el período más crítico de la campaña.

Pues bien, esa semana de retraso lo cambió todo para los alemanes. Les dio tiempo para llevar sus tropas al frente y reunirlas en masa en las posiciones elegidas para ellas. Nuestros lectores saben que suponemos que a estas horas todas las fuerzas alemanas están concentradas en la orilla izquierda del Rin, más o menos frente al ejército francés. Todos los informes, públicos y privados, recibidos desde el martes, cuando suministramos a The Times toda la opinión que ha tenido nunca sobre el asunto, y que esta mañana jura que es suya, tienden a confirmar este punto de vista. Los tres ejércitos de Steinmetz, del príncipe Federico Carlos y del príncipe heredero representan en total trece cuerpos de ejército, o por lo menos de 430.000 a 450.000 hombres. Las fuerzas totales que se les oponen no pueden pasar mucho, aun calculando con mucha generosidad, de 330.000 a 350.000 soldados instruidos. Si son más, el exceso tiene que componerse de batallones sin instrucción y recién formados. Pero las fuerzas alemanas están lejos de representar toda la fuerza de Alemania. Solo de tropas de campaña hay tres cuerpos de ejército (el 1.º, el 6.º y el 11.º) que no entran en el cálculo anterior. Dónde puedan estar, no lo sabemos. Sabemos que han salido de sus guarniciones, y hemos seguido la pista a regimientos del 11.º Cuerpo hasta la orilla izquierda del Rin y el Palatinado bávaro. Sabemos también con certeza que en Hannover, Bremen y sus alrededores no hay ahora más tropas que la Landwehr.4 Esto llevaría a la conclusión de que al menos la mayor parte de esos tres cuerpos ha sido enviada también al frente, y en tal caso la superioridad numérica de los alemanes aumentaría en unos cuarenta o sesenta mil hombres. No nos sorprendería que incluso se hubiera enviado un par de divisiones de Landwehr a entrar en campaña en el Sarre; hay ahora 210.000 hombres de la Landwehr completamente listos y 180.000 hombres de los cuartos batallones de línea, etc., casi listos, y algunos de ellos podrían destinarse al primer golpe decisivo. Que nadie suponga que estos hombres existen, en grado alguno, solo sobre el papel. Ahí está la movilización de 1866 para demostrar que la cosa se ha hecho ya, y la movilización actual ha demostrado de nuevo que hay más hombres instruidos listos para marchar de los que se necesitan. Las cifras parecen increíbles; pero ni siquiera ellas agotan la fuerza militar de Alemania.

Así, al final de la presente semana, el emperador se encuentra frente a frente con una fuerza numéricamente superior. Y si la semana pasada quería avanzar pero no podía, ahora puede que ni pueda ni quiera. Que no ignora la fuerza de sus adversarios lo da a entender el informe de París según el cual hay 250.000 prusianos concentrados entre Saarlouis y Neunkirchen. Lo que hay entre Neunkirchen y Kaiserslautern no nos lo dice el parisiense. Es posible, por tanto, que la inactividad del ejército francés hasta el jueves se deba en parte a un cambio en el plan de campaña; que, en lugar de atacar, los franceses se propongan mantenerse a la defensiva y aprovechar la fuerza muy acrecentada que los fusiles de retrocarga y la artillería rayada dan a un ejército que espera el ataque en una posición atrincherada. Pero, si se ha decidido tal cosa, será un comienzo de campaña muy decepcionante para los franceses. Sacrificar media Lorena y Alsacia sin una batalla campal (y dudamos que pueda encontrarse ninguna buena posición para un ejército tan grande más cerca de la frontera que en torno a Metz) es una empresa grave para el emperador.

Contra un movimiento así de los franceses, los alemanes desarrollarían el plan que explicamos antes. Intentarían enredar a sus adversarios en una gran batalla antes de que pudieran llegar a Metz; avanzarían entre Saarlouis y Metz. Tratarían en todo caso de desbordar la posición atrincherada francesa y de cortar sus comunicaciones con la retaguardia.

Un ejército de 300.000 hombres necesita mucha comida y no puede permitirse que se le corten las líneas de abastecimiento ni siquiera unos pocos días. Así podría verse obligado a salir y combatir en campo abierto, y entonces se perdería la ventaja de la posición. Se haga lo que se haga, podemos estar seguros de que algo ha de hacerse pronto. Tres cuartos de millón de hombres no pueden permanecer mucho tiempo concentrados en un espacio de cincuenta millas cuadradas. La imposibilidad de alimentar a semejantes masas de hombres obligará a uno u otro bando a moverse.

En conclusión. Repetimos que partimos de la suposición de que tanto los franceses como los alemanes han llevado al frente a todos los hombres disponibles para tomar parte en la primera gran batalla. En ese caso, seguimos opinando que los alemanes tendrán una superioridad numérica suficiente para asegurarles la victoria, salvo que cometan grandes errores. Todos los informes, públicos y privados, nos confirman en esta suposición. Pero es evidente que todo esto no equivale a una certeza absoluta. Tenemos que deducir de indicios que pueden ser engañosos. No sabemos qué disposiciones se están tomando mientras escribimos, y es imposible prever qué torpezas o qué golpes de genio mostrarán los jefes de uno u otro bando.

Nuestras últimas observaciones de hoy se refieren al asalto de las líneas de Wissembourg, en Alsacia, por los alemanes.5 Las tropas que intervinieron por su parte pertenecían a los cuerpos 5.º y 11.º prusianos y al 2.º bávaro. Tenemos así la confirmación directa de que no solo el 11.º Cuerpo, sino todas las fuerzas principales del príncipe heredero, están en el Palatinado. El regimiento que el parte menciona como «los Granaderos de la Guardia del Rey» es el 7.º o 2.º regimiento de granaderos de Prusia Occidental, que, igual que el 58.º regimiento, pertenece al 5.º Cuerpo. El sistema prusiano consiste siempre en empeñar todo un cuerpo de ejército antes de hacer intervenir tropas de otro cuerpo. Pues bien, aquí se emplean tropas de tres cuerpos, prusianos y bávaros, para una tarea que podría haber realizado a lo sumo un cuerpo. Esto parece como si se quisiera hacer ver a los franceses la presencia de tres cuerpos que amenazan Alsacia. Además, un ataque remontando el valle del Rin quedaría detenido por Estrasburgo, y una marcha de flanco a través de los Vosgos encontraría los pasos cerrados por Bitche, Phalsbourg y La Petite-Pierre, pequeñas fortalezas que bastan para cortar las carreteras. Suponemos que, mientras tres o cuatro brigadas de los tres cuerpos alemanes atacaban Wissembourg, el grueso de esos cuerpos marcharía por Landau y Pirmasens hacia Zweibrücken, mientras que, si lo primero tenía éxito, un par de divisiones de MacMahon6 marcharían en dirección opuesta, hacia el Rin. Allí serían perfectamente inofensivas, pues cualquier invasión del Palatinado por la llanura quedaría detenida por Landau y Germersheim.

Esta acción de Wissembourg se llevó a cabo, evidentemente, con tal superioridad numérica que el éxito era casi seguro. Su efecto moral, como primer combate serio de la guerra, tiene que ser por fuerza grande, sobre todo porque el asalto de una posición atrincherada se considera siempre cosa difícil. Que los alemanes hayan expulsado a los franceses de líneas atrincheradas a punta de bayoneta, a pesar de la artillería rayada, las ametralladoras y los chassepots,7 hará mella en ambos ejércitos. Es sin duda el primer caso en que la bayoneta ha triunfado sobre el fusil de retrocarga, y por eso la acción quedará como memorable.

Por esa misma razón trastornará los planes de Napoleón. Es una noticia que no se puede dar al ejército francés, ni siquiera muy diluida, si no va acompañada de partes de éxitos en otros lugares. Y no se puede mantener en secreto más de doce horas como mucho. Podemos esperar, por tanto, que el emperador ponga en movimiento sus columnas en busca de ese éxito, y será asombroso si no tenemos pronto alguna noticia de victorias francesas. Pero al mismo tiempo, probablemente, se moverán los alemanes, y las cabezas de las columnas opuestas entrarán en contacto en más de un lugar. Hoy, o a más tardar mañana, debería producirse el primer combate general.

  1. Charles Auguste Frossard (1807-1875), general francés, mandaba el 2.º Cuerpo del Ejército del Rin. En el combate de Saarbrücken del 2 de agosto de 1870 estuvieron presentes Napoleón III y el príncipe imperial. ↩

  2. Le Temps: diario liberal parisino fundado en 1861. ↩

  3. Eugène Rouher (1814-1884), antiguo ministro de Estado de Napoleón III y en 1870 presidente del Senado. ↩

  4. Landwehr: en Prusia, la reserva formada por los hombres que ya habían cumplido el servicio en el ejército activo y en su reserva. ↩

  5. Combate de Wissembourg, 4 de agosto de 1870: tropas del III Ejército alemán derrotaron a la división del general Abel Douay, que murió en la acción. ↩

  6. Patrice de MacMahon (1808-1893), mariscal de Francia, mandaba el 1.er Cuerpo del Ejército del Rin, y desde el 5 de agosto también los cuerpos 5.º y 7.º en Alsacia. ↩

  7. Chassepot: fusil de retrocarga reglamentario del ejército francés desde 1866. ↩