Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado en The Pall Mall Gazette, núm. 1720, del 18 de agosto de 1870, con el título «Notes on the War.—IX». Traducido del original inglés según la transcripción del texto de la Pall Mall Gazette hecha por Tony Brown en el Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejado con la versión alemana de la MEW (Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 17, Berlín, 1962, pp. 48-51), por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen erratas evidentes de la transcripción. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.
«El ejército francés empezó a pasar a la orilla izquierda del Mosela. Esta mañana (domingo) unas patrullas de reconocimiento anunciaron la presencia de las vanguardias prusianas. Cuando la mitad del ejército había cruzado, los prusianos atacaron con grandes fuerzas y, tras un combate que duró cuatro horas, fueron rechazados con pérdidas considerables.»
Tal fue la versión del despacho del emperador que el señor Reuter1 facilitó el lunes por la noche. Contenía, sin embargo, un error importante, pues el emperador había dicho expresamente que las patrullas de reconocimiento no habían anunciado la presencia del enemigo, aunque este estaba muy cerca y con fuerzas considerables. Aparte de esto, nada parecía más llano y profesional que este boletín. Se tiene toda la escena claramente ante los ojos: los franceses, muy ocupados en esa arriesgada operación que es el paso de un río; los astutos prusianos, que siempre saben coger al adversario en desventaja, cayendo sobre ellos en cuanto la mitad ha llegado a la otra orilla; luego, la gallarda defensa de los franceses, que corona por fin sus esfuerzos sobrehumanos con un avance impetuoso que rechaza al enemigo con pérdidas considerables. Es muy gráfico, y solo falta una cosa: el nombre del lugar donde ocurrió todo esto.
Por el boletín no podemos sino suponer que este paso del río, y el intento de interrumpirlo tan victoriosamente frustrado, tuvieron lugar en campo abierto. Pero ¿cómo podía ser esto, cuando los franceses tenían para cruzar todos los puentes del interior de Metz, puentes perfectamente a salvo de cualquier injerencia enemiga, y cuando había, además, sitio de sobra para construir más puentes de pontones, en lugares igualmente seguros, en las cinco o seis millas de río que cubren los fuertes que rodean Metz? Seguramente el Estado Mayor francés no querrá darnos a entender que desdeñó a capricho todas estas ventajas, sacó el ejército fuera de Metz, construyó sus puentes en campo abierto y cruzó el río a la vista y al alcance del enemigo, solo para provocar aquella «batalla delante de Metz» que se nos había prometido durante una semana entera.
Y si el paso del Mosela se hizo por puentes situados dentro de las obras de Metz, ¿cómo podían los prusianos atacar a las tropas francesas que seguían en la orilla derecha mientras estas se mantuvieran, como podían haberlo hecho, dentro de la línea de fuertes destacados? La artillería de estos fuertes habría hecho pronto el lugar demasiado caliente para cualquier tropa atacante.
Todo el asunto parece imposible. Lo menos que podía haber hecho el Estado Mayor francés era dar el nombre de la localidad, para que pudiéramos seguir en el mapa las distintas fases de esta gloriosa batalla. Pero ese nombre no quiere darlo. Por suerte para nosotros, los prusianos no son tan misteriosos; dicen que el combate tuvo lugar cerca de Pange, en el camino de Metz. Miramos el mapa y todo queda claro. Pange no está en el Mosela, sino a ocho millas de él, en el Nied, a unas cuatro millas por fuera de los fuertes destacados de Metz. Si los franceses estaban cruzando el Mosela y tenían ya al otro lado la mitad de sus tropas, no tenían, en sentido militar, absolutamente nada que hacer manteniendo fuerzas importantes en Pange o cerca de allí. Si fueron allí, fue por razones que no eran militares.
Napoleón, obligado ya a abandonar Metz y la línea del Mosela, no podía muy bien emprender sin combatir, y, si era posible, sin una victoria real o aparente, una retirada que había de continuar por lo menos hasta Châlons. La ocasión era favorable. Mientras la mitad de sus tropas cruzaba el río, la otra mitad desembocaría por entre los fuertes del este de Metz, haría retroceder a las tropas avanzadas prusianas, provocaría un combate general en la medida en que pareciera conveniente, atraería al enemigo hasta ponerlo al alcance de los cañones de los fuertes y entonces, con un vistoso avance de todo el frente, lo rechazaría a una distancia segura de las obras. Semejante plan no podía fracasar del todo; tenía que conducir a algo que pudiera hacerse pasar por una victoria; devolvería la confianza al ejército, quizá incluso a París, y haría parecer menos humillante la retirada a Châlons.
Este punto de vista explica aquel boletín de Metz, en apariencia sencillo, pero en realidad absurdo. Cada palabra de ese boletín es correcta en cierto sentido, mientras que el conjunto está calculado para producir a primera vista una impresión totalmente falsa. Este punto de vista explica igualmente que ambas partes pudieran atribuirse la victoria. Los prusianos hicieron retroceder a los franceses hasta ponerlos al abrigo de sus fuertes, pero, como se habían acercado demasiado a esos fuertes, tuvieron que retirarse a su vez. Y basta de la célebre «batalla delante de Metz», que lo mismo podía no haberse librado, porque su influencia en el curso de la campaña será nula. Obsérvese que el conde de Palikao,2 al hablar en la Cámara, fue mucho más prudente.
«No ha habido», dijo, «lo que llamaríais una batalla, sino combates parciales, en los que todo hombre con inteligencia militar tiene que ver que los prusianos han sufrido un revés y se han visto obligados a abandonar la línea de retirada del ejército francés.»
La última afirmación del mariscal parece haber sido verdad solo por un momento, pues el cuerpo francés en retirada ha sido sin duda duramente hostigado por los prusianos en Mars-la-Tour y Gravelotte.
Era, en efecto, más que hora de que Napoleón y su ejército salieran de Metz. Mientras se entretenían junto al Mosela, la caballería alemana cruzó el Mosa en Commercy y destruyó el ferrocarril de allí a Bar-le-Duc; apareció también en Vigneulles, amenazando el flanco de las columnas que se retiraban de Metz a Verdun. Lo que se atreven a arriesgar estos jinetes lo vemos por el modo en que un escuadrón suyo entró en Nancy, impuso una contribución de 50.000 francos y obligó a los vecinos a destruir el ferrocarril. ¿Dónde está la caballería francesa? ¿Dónde están los cuarenta y tres regimientos agregados a los ocho cuerpos de ejército y los doce regimientos de caballería de reserva que figuran en el estado del Ejército del Rin?
El único obstáculo que tienen ahora los alemanes en su camino es la fortaleza de Toul, y no tendría importancia alguna si no dominara el ferrocarril. Los alemanes van a necesitar sin falta el ferrocarril, y por eso no cabe duda de que recurrirán al medio más rápido para reducir Toul, que, al ser una fortaleza a la antigua, sin fuertes destacados, está perfectamente expuesta al bombardeo. Probablemente sabremos pronto que se ha rendido tras ser bombardeada con cañones de campaña durante unas doce horas, quizá menos.
Si es cierto, como dicen los periódicos franceses, que MacMahon, tras dejar a su ejército, estaba en Nancy dos días después de la batalla de Wörth, podemos suponer que su cuerpo está totalmente desorganizado y que el contagio ha alcanzado también a las tropas de De Failly. Los alemanes marchan ahora hacia el Marne, casi en la misma línea de frente que los dos ejércitos franceses y con uno de ellos en cada flanco. La línea de marcha de Bazaine va de Metz, por Verdun y Sainte-Menehould, a Châlons; la de los alemanes, de Nancy, por Commercy y Bar-le-Duc, a Vitry; la de las tropas de MacMahon (pues, aunque el mariscal en persona se haya reunido con el emperador en Châlons, tiene que haber sido sin su ejército), por algún punto más al sur, pero sin duda también en dirección a Vitry. Así, la reunión de los dos ejércitos franceses es cada día más dudosa; y, a menos que se haya ordenado a tiempo a las tropas de Douay que vayan de Belfort a Vitry por Vesoul y Chaumont, puede que tengan que reunirse con el ejército por Troyes y París, pues pronto será imposible el paso en tren de soldados franceses por Vitry.
Paul Julius Reuter (1816-1899), fundador de la agencia de noticias Reuter de Londres. ↩
Charles Cousin-Montauban, conde de Palikao (1796-1878), general francés, ministro de la Guerra y jefe del Gobierno desde el 10 de agosto de 1870. Engels lo llama «mariscal» en el párrafo siguiente; era general de división. ↩