Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado en The Pall Mall Gazette, núm. 1716, del 13 de agosto de 1870, con el título «Notes on the War.—VII». Traducido del original inglés según la transcripción del texto de la Pall Mall Gazette hecha por Tony Brown en el Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejado con la versión alemana de la MEW (Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 17, Berlín, 1962, pp. 40-43), por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen erratas evidentes de la transcripción. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.
El público ha estado esperando toda esta semana la gran batalla delante de Metz que un boletín francés presentaba como inminente; y, sin embargo, ni uno solo de nuestros críticos militares ha creído oportuno explicar que esa batalla inminente no era más que una tina echada a esa ballena indócil, el pueblo de París, para que jugara con ella.1 ¡Una batalla delante de Metz! ¿Por qué habían de desearla los franceses? Han reunido al amparo de esa fortaleza cuatro cuerpos; están intentando atraer hacia ella algunas de las cuatro divisiones de Canrobert; pueden esperar enterarse pronto de que los tres cuerpos restantes, los de MacMahon, De Failly y Douay, han llegado al Mosela en Nancy y se han puesto a cubierto tras él. ¿Por qué habían de buscar una batalla campal antes de que todo su ejército vuelva a estar unido, cuando los fuertes de Metz los protegen de un ataque? ¿Y por qué habían de romperse la cabeza los alemanes en un asalto sin preparar contra esos fuertes? Si todo el ejército francés estuviera reunido al pie de las murallas de Metz, cabría esperar que los franceses salieran al este del Mosela y ofrecieran batalla delante de su plaza fuerte, pero no antes. Y eso está todavía por conseguir, y aún es dudoso que llegue a conseguirse.
El domingo pasado MacMahon se vio obligado a abandonar Saverne, que los alemanes ocuparon esa misma noche. Llevaba consigo los restos de su propio cuerpo, de una división (la de Conseil-Dumesnil) del cuerpo de Douay y, además, una división del de De Failly, que había cubierto su retirada. Esa misma tarde el I y el II Ejército alemán estaban más allá de Forbach y casi en Saint-Avold. Estos dos lugares están más cerca de Nancy que Saverne; están considerablemente más cerca que Saverne de Pont-à-Mousson y Dieulouard, localidades del Mosela entre Nancy y Metz. Ahora bien, si los alemanes tienen que asegurarse o construir lo antes posible un paso sobre ese río, y precisamente aguas arriba de Metz (por varias razones bastante evidentes); si están más cerca del río que MacMahon y, por tanto, apresurándose, pueden impedir que se reúna con Bazaine; si tienen tropas de sobra, ¿no es casi evidente que intentarán algo por el estilo? Su caballería, como predijimos, está ya recorriendo todo el norte de Lorena y a estas horas tiene que haber entrado en contacto con la derecha de MacMahon; el miércoles había pasado Gros-Tenquin, que está solo a unas veinticinco millas de la carretera directa entre Saverne y Nancy. Sabrán, por tanto, perfectamente dónde está y operarán en consecuencia, y pronto sabremos en qué punto entre Nancy (o, mejor dicho, Frouard) y Metz han alcanzado el Mosela.
Esta es la razón por la que no hemos oído hablar de ningún combate desde los del sábado pasado. Ahora mismo todo el trabajo lo hacen las piernas de los soldados; es una carrera entre MacMahon y Federico Carlos por ver quién de los dos cruza primero el río. Y si Federico Carlos ganara esta carrera, podemos esperar que los franceses salgan de Metz, no para ofrecer batalla a la vista de sus murallas, sino para defender el paso del Mosela; cosa que, en efecto, puede hacerse con un ataque por la orilla derecha o por la izquierda. Puede que los dos trenes de pontones capturados en Forbach tengan que entrar en servicio muy pronto.
De De Failly no sabemos nada concreto. Es cierto que un boletín de Metz afirma que se ha reunido con el ejército. Pero ¿con cuál? ¿Con el de Bazaine o con el de MacMahon? Evidentemente con el segundo, si es que hay algo de verdad en toda la noticia; pues entre Bazaine y él estaban las cabezas de las columnas alemanas desde que se le perdió la pista. Las dos divisiones restantes de Douay (que el 4 de agosto estaba todavía en la frontera suiza, cerca de Basilea) tienen que haber quedado separadas por ahora del resto del ejército por el avance alemán sobre Estrasburgo; solo pueden reunirse con él por Vesoul. De las tropas de Canrobert encontramos de pronto al menos una división (la de Martimprey) en París, haciendo frente, no a los alemanes, sino a los republicanos. Los regimientos 25.º, 26.º y 28.º, que pertenecen a ella, figuran entre las tropas empleadas el martes en la protección del Cuerpo Legislativo.2 El resto debería estar ahora en Metz, lo que elevaría el ejército allí reunido a quince divisiones (de infantería), tres de las cuales, sin embargo, están completamente deshechas por su derrota en Spicheren.
En cuanto a Spicheren, es falso decir que los franceses fueron aplastados en aquel combate por fuerzas superiores en número. Tenemos ahora un parte bastante completo de los generales Steinmetz y Alvensleben3 que muestra con bastante claridad qué tropas intervinieron del lado alemán. El ataque lo hizo la 14.ª división, apoyada por nuestros viejos amigos del 40.º regimiento, en total quince batallones. Ellos solos, en cuanto a infantería, combatieron durante seis horas contra las tres divisiones, o treinta y nueve batallones, que Frossard hizo entrar sucesivamente. Cuando estaban casi aplastados, pero seguían dueños de las alturas de Spicheren, que habían tomado al asalto al principio de la lucha, llegó la 5.ª división del 3.er Cuerpo, o de Brandeburgo, y al menos tres de sus cuatro regimientos tomaron parte en el combate: en total, veinticuatro o veintisiete batallones alemanes. Expulsaron a los franceses de su posición, y solo después de iniciada la retirada llegó al campo de batalla la cabeza de la 13.ª división, que había desbordado la derecha francesa por el valle del Rossel, cayó sobre Forbach y convirtió una retirada ordenada en una desbandada al cortar la carretera directa a Metz. Al terminar el combate, los alemanes tenían otra división (la 6.ª) lista para entrar en acción, y de hecho ligeramente empeñada; pero al mismo tiempo habían llegado dos divisiones francesas, las de Montaudon y Castagny (ambas de Bazaine), y el 69.º regimiento, que forma parte de la segunda, había sufrido mucho. Así, si en Wissembourg y en Wörth los franceses fueron aplastados por masas superiores, en Spicheren fueron batidos por fuerzas inferiores en número. En cuanto a su afirmación habitual de que los superaban en número, no hay que olvidar que los soldados en una batalla no pueden juzgar del número, y que esa es la afirmación habitual de todos los ejércitos vencidos. Además, no hay que olvidar que solo ahora se empiezan a reconocer las sólidas cualidades del ejército alemán. Sabemos oficialmente por el cuartel general francés que el fuego alemán es muy superior al francés en firmeza y precisión, y MacMahon insiste en que los franceses no tienen ninguna probabilidad frente a los alemanes en los bosques, porque estos saben aprovechar mucho mejor los abrigos. En cuanto a la caballería, he aquí lo que dice Jeannerod en el Temps4 del jueves:
«Su caballería es muy superior a la nuestra; los soldados rasos van mejor montados que muchos oficiales de nuestro ejército, y montan mejor. […] He visto uno de sus regimientos de coraceros que era algo espléndido. […] Además, sus caballos van mucho menos cargados que los nuestros. Los coraceros que vi llevaban menos peso sobre sus grandes caballos que nosotros sobre nuestros pequeños caballos árabes y del sur de Francia.»
Elogia también el gran conocimiento que los oficiales tienen del terreno, no solo en su propio país, sino también en Francia. Pero no es de extrañar. Todo teniente está provisto de excelentes copias de los mapas del Estado Mayor francés, mientras que a los oficiales franceses solo se les entrega un mapa ridículo (une carte dérisoire) del teatro de la guerra. Y así sucesivamente. Le habría venido bien al ejército francés que se hubiera enviado a Alemania antes de la guerra un solo corresponsal tan sincero.
Alusión a Historia de una tina (A Tale of a Tub, 1704), de Jonathan Swift, cuyo prefacio cuenta que los marineros, cuando una ballena amenaza el barco, le arrojan una tina vacía para distraerla. ↩
El 9 de agosto de 1870, mientras caía el ministerio Ollivier, una multitud se concentró ante el Palacio Borbón, sede del Cuerpo Legislativo, la cámara baja del Segundo Imperio. ↩
Karl Friedrich von Steinmetz (1796-1877), general prusiano, mandaba el I Ejército; Constantin von Alvensleben (1809-1892), general prusiano, mandaba el 3.er Cuerpo. ↩
Le Temps: diario liberal parisino fundado en 1861. ↩