Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado en The Pall Mall Gazette (Londres), núm. 1727, del 26 de agosto de 1870, como entrega XII de su serie «Notes on the War» («Notas sobre la guerra»). Traducido por la Escuela de marxismo, 2026, del original inglés según la transcripción del periódico hecha por Tony Brown para el Marxists Internet Archive, cotejada con la versión alemana de Marx/Engels, Werke, tomo 17 (Berlín, 1962), pp. 68-71. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.
Los dos hechos más recientes de la guerra son estos: que el príncipe heredero1 avanza más allá de Châlons y que MacMahon ha sacado de Reims a todo su ejército, sin que se sepa exactamente hacia dónde. A MacMahon, según noticias francesas, la guerra le parece demasiado lenta; para apresurar el desenlace, se dice que marcha ahora de Reims a liberar a Bazaine. Eso sería en verdad precipitar las cosas hacia una crisis casi definitiva.
En nuestro número del miércoles estimamos las fuerzas de MacMahon en 130.000 a 150.000 hombres, suponiendo que se le hubieran unido todas las tropas de París. Acertamos al suponer que tenía en Châlons los restos de sus propias tropas y de las de De Failly; también que las dos divisiones de Douay estaban en Châlons, adonde ahora sabemos que fueron en ferrocarril dando un rodeo por París; también que estaban allí la infantería de marina y otras partes del cuerpo del Báltico. Pero ahora nos enteramos de que en los fuertes de alrededor de París hay todavía tropas de línea; de que una parte de los hombres de MacMahon y de Frossard, sobre todo caballería, ha vuelto a París para reorganizarse, y de que MacMahon solo tiene en el campamento unos 80.000 soldados regulares. Podemos, pues, reducir nuestra estimación en 25.000 hombres largos y fijar en 110.000 a 120.000 hombres el máximo de las fuerzas de MacMahon, un tercio de las cuales serían levas bisoñas. Y con este ejército se dice que se ha puesto en marcha para liberar a Bazaine en Metz.
Ahora bien, el adversario siguiente y más inmediato de MacMahon es el ejército del príncipe heredero. El 24 ocupó con sus avanzadas el antiguo campamento de Châlons2, según nos telegrafían desde Bar-le-Duc. De ello podemos concluir que el cuartel general estaba entonces en esa ciudad. El camino más corto de MacMahon a Metz pasa por Verdún. De Reims a Verdún hay sus buenas setenta millas por un camino vecinal casi recto; por la carretera general, por Sainte-Menehould, hay más de ochenta. Esta última carretera, además, pasa por el campamento de Châlons, es decir, a través de las líneas alemanas. De Bar-le-Duc a Verdún la distancia es de menos de cuarenta millas.
Así pues, el ejército del príncipe heredero no solo puede caer sobre el flanco de la marcha de MacMahon si este toma cualquiera de las dos carreteras mencionadas hacia Verdún, sino que puede ponerse detrás del Mosa y unirse con los otros dos ejércitos alemanes entre Verdún y Metz mucho antes de que MacMahon pueda desembocar de Verdún por la orilla derecha del Mosa. Y todo esto seguiría igual aunque el príncipe heredero hubiera avanzado hasta Vitry-le-François o necesitara un día más para concentrar sus tropas, desplegadas en un amplio frente de marcha: tan grande es la diferencia de distancia a su favor.
En estas circunstancias cabe dudar de que MacMahon tome ninguna de las carreteras indicadas; quizá se retire en seguida de la esfera de acción inmediata del príncipe heredero y escoja el camino que va de Reims a Verdún por Vouziers, Grandpré y Varennes, o el que va por Vouziers a Stenay, donde cruzaría el Mosa para marchar luego hacia el sudeste sobre Metz. Pero eso solo sería asegurarse una ventaja momentánea para hacer doblemente segura la derrota final. Esas dos rutas dan todavía más rodeo y darían todavía más tiempo al príncipe heredero para unir sus fuerzas con las que están delante de Metz y oponer así tanto a MacMahon como a Bazaine una aplastante superioridad numérica.
Así pues, cualquiera que sea el camino que elija MacMahon para acercarse a Metz, no puede quitarse de encima al príncipe heredero, al que además no se puede negar la opción de combatirlo solo o junto con los otros ejércitos alemanes. De aquí resulta evidente que la marcha de MacMahon para liberar a Bazaine sería un grave error mientras no haya acabado del todo con el príncipe heredero. Para llegar a Metz, su camino más corto, más rápido y más seguro pasa justo a través del III Ejército alemán. Si marchara derecho contra él, lo atacara dondequiera que lo encontrase, lo derrotara y lo empujara durante unos días hacia el sudeste, de modo que su ejército victorioso se interpusiera como una cuña entre él y los otros dos ejércitos alemanes —igual que el príncipe heredero le ha enseñado a hacerlo—, entonces, y solo entonces, tendría una oportunidad de llegar a Metz y liberar a Bazaine. Pero si se sintiera bastante fuerte para hacerlo, podemos estar seguros de que lo habría hecho en seguida. Con lo cual la retirada de Reims cobra otro aspecto. No es tanto un movimiento para librar a Bazaine de Steinmetz3 y de Federico Carlos como un movimiento para librar a MacMahon del príncipe heredero. Y desde este punto de vista es el peor que podía hacerse. Abandona a merced del enemigo todas las comunicaciones directas con París. Aleja del centro hacia la periferia las últimas fuerzas disponibles de Francia y las coloca a propósito más lejos del centro de lo que ya está el enemigo. Un movimiento así podría ser disculpable si se emprendiera con fuerzas muy superiores; pero aquí se emprende con fuerzas irremediablemente inferiores y ante la casi certeza de la derrota. ¿Y qué traerá esa derrota? Dondequiera que se produzca, empujará los restos del ejército vencido lejos de París, hacia la frontera del norte, donde podrán ser arrojados a territorio neutral u obligados a capitular. MacMahon, si de verdad ha emprendido ese movimiento, coloca deliberadamente a su ejército exactamente en la misma situación en que puso al ejército prusiano en Jena, en 1806, la marcha de flanco de Napoleón alrededor del extremo sur del bosque de Turingia4. Se coloca deliberadamente a un ejército más débil en número y en moral en una posición en la que, tras una derrota, su única línea de retirada pasa por una estrecha franja de territorio que lleva hacia un territorio neutral o hacia el mar. Napoleón obligó a los prusianos a capitular llegando a Stettin antes que ellos. Las tropas de MacMahon tal vez tengan que rendirse en esa pequeña franja de territorio francés que se mete en Bélgica entre Mézières y Charlemont-Givet. En el mejor de los casos podrán escapar a las fortalezas del norte, Lille, etc., donde en todo caso no harán ningún daño. Y entonces Francia quedará a merced del invasor.
Todo el plan parece tan disparatado que solo puede explicarse por necesidades políticas. Se parece más que a ninguna otra cosa a un golpe de desesperación («coup de désespoir»). Parece como si hubiera que hacer cualquier cosa, arriesgarlo todo, antes de dejar que París comprenda del todo la situación real. Es el plan no de un estratega, sino de un «argelino»5 acostumbrado a combatir contra fuerzas irregulares; el plan no de un soldado, sino de un aventurero político y militar, de esos que en Francia han hecho y deshecho a su antojo estos últimos diecinueve años. El lenguaje que se atribuye a MacMahon para justificar esta decisión cuadra perfectamente con ello. «¿Qué dirían» si no marchara en ayuda de Bazaine? Sí, pero «¿qué dirían» si se metiera en una situación peor que aquella en que se ha metido Bazaine? Es el Segundo Imperio de cabo a rabo. Guardar las apariencias, ocultar la derrota: eso es lo que más importa. Napoleón lo apostó todo a una carta y perdió; y ahora MacMahon va a jugarse otra vez el todo por el todo («va banque») cuando las probabilidades están diez a uno en su contra. Cuanto antes se libre Francia de estos hombres, mejor para ella. Es su única esperanza.
Federico Guillermo de Prusia (1831-1888), hijo del rey Guillermo I y más tarde, por unos meses, emperador con el nombre de Federico III; mandaba el III Ejército alemán. ↩
El campamento militar permanente que Napoleón III había hecho construir en 1857 cerca de Châlons-sur-Marne; allí se había reunido tras las primeras derrotas el nuevo ejército de MacMahon. ↩
Karl Friedrich von Steinmetz (1796-1877), general prusiano, mandaba el I Ejército alemán. ↩
En octubre de 1806 Napoleón, con una marcha de flanco, se interpuso entre el ejército prusiano y sus comunicaciones con Berlín y lo derrotó en Jena y Auerstedt el 14 de octubre; los restos, que se retiraban hacia el Óder, capitularon en Prenzlau y en otros puntos, y la fortaleza de Stettin se rindió sin combate. ↩
Los generales del Segundo Imperio, MacMahon entre ellos, habían hecho su carrera en la conquista de Argelia y en las guerras coloniales. ↩