Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado en The Pall Mall Gazette (Londres), núm. 1744, del 15 de septiembre de 1870, como entrega XVIII de su serie «Notes on the War» («Notas sobre la guerra»). Traducido por la Escuela de marxismo, 2026, del original inglés según la transcripción del periódico hecha por Tony Brown para el Marxists Internet Archive, cotejada con la versión alemana de Marx/Engels, Werke, tomo 17 (Berlín, 1962), pp. 101-104. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.

Parece que todavía hay una gran confusión acerca de las operaciones de sitio que se llevan a cabo ahora en Francia. Algunos de nuestros colegas de la prensa, The Times por ejemplo, se inclinan a pensar que los alemanes, por excelentes que sean en campaña, no saben llevar un sitio; otros suponen que el sitio de Estrasburgo se lleva no tanto para apoderarse de la ciudad como para hacer experimentos y ejercitar a los ingenieros y artilleros alemanes. Y todo porque ni Estrasburgo, ni Toul, ni Metz, ni Phalsbourg se han rendido todavía. Parece haberse olvidado por completo que el último sitio llevado a cabo antes de esta guerra, el de Sebastopol, requirió once meses de trinchera abierta antes de que la plaza quedara reducida.

Para corregir tales nociones toscas, que solo podían salir de gente que no entiende de cosas militares, será necesario recordarles qué clase de operación es en realidad un sitio. La muralla de la mayoría de las fortalezas es abaluartada, es decir, tiene en sus ángulos salientes pentagonales llamados baluartes, que protegen con su fuego tanto el espacio que hay delante de las obras como el foso que queda inmediatamente a su pie. En ese foso, entre cada dos baluartes, hay una obra triangular aislada llamada media luna, que cubre parte de los baluartes y la cortina, es decir, el trozo de muralla que hay entre ellos; el foso se extiende alrededor de esa media luna. Fuera de este foso principal está el camino cubierto, un camino ancho protegido por el borde del glacis, una elevación del terreno de unos siete pies de alto que desciende suavemente hacia fuera. En muchos casos se añaden otras obras para complicar las dificultades del ataque. Las murallas de todas estas obras están revestidas de mampostería en su parte baja o protegidas por agua en los fosos, de modo que el asalto a las obras intactas sea imposible; y las obras están dispuestas de modo que las exteriores estén siempre dominadas —es decir, vistas desde arriba— por las interiores, mientras que ellas mismas dominan el campo por la altura de sus murallas.

Para atacar una fortaleza así se sigue empleando el método perfeccionado por Vauban, aunque la artillería rayada de los sitiados puede obligar a variaciones si el terreno que hay delante de la fortaleza es perfectamente llano hasta una gran distancia. Pero como casi todas estas fortalezas se construyeron cuando reinaba la artillería de ánima lisa, el terreno a más de 800 yardas de las obras queda por lo general fuera del cálculo, y en casi todos los casos dará a los sitiadores un acceso resguardado hasta esa distancia sin trincheras en regla. Lo primero, pues, es cercar la plaza, hacer replegarse sus avanzadas y demás destacamentos, reconocer las obras, llevar al frente los cañones de sitio, las municiones y demás pertrechos y organizar los depósitos. En la guerra actual pertenecía también a este periodo preliminar, que puede durar bastante tiempo, un primer bombardeo con cañones de campaña. Estrasburgo quedó cercado de modo laxo el 10 de agosto, de modo estrecho hacia el 20, fue bombardeado del 23 al 28, y sin embargo el sitio en regla no empezó hasta el 29. Este sitio en regla data de la apertura de la primera paralela, una trinchera con la tierra echada del lado de la fortaleza para ocultar y resguardar a los hombres que pasan por ella. Esta primera paralela rodea por lo general las obras a una distancia de 600 a 700 yardas. En ella se establecen las baterías de enfilada; se colocan en la prolongación de todas las caras, es decir, de las líneas de muralla cuyo fuego domina el campo, y esto en toda la parte de la fortaleza que se somete al ataque. Su objeto es batir de enfilada esas caras y destruir así los cañones y matar a los artilleros colocados en ellas. Tiene que haber por lo menos veinte baterías de esta clase, con dos o tres cañones cada una; digamos cincuenta cañones pesados en total. También solían colocarse en la primera paralela cierto número de morteros para bombardear la ciudad o los almacenes a prueba de bomba de la guarnición; con nuestra artillería actual solo harán falta para este último fin, pues para el primero bastan ahora los cañones rayados.

Desde la primera paralela se hacen avanzar trincheras en líneas cuya prolongación no toque las obras de la fortaleza, de modo que ninguna de las obras pueda batirlas de enfilada; avanzan en zigzag hasta llegar a unas 350 yardas de las obras, donde se traza entonces la segunda paralela, una trinchera semejante a la primera, pero de menor longitud. Esto se hace por lo general la cuarta o la quinta noche después de abrir la trinchera. En la segunda paralela se establecen las contrabaterías, una contra cada una de las caras atacadas y casi paralela a ella; han de demoler frente a frente los cañones y las murallas y cruzar su fuego con el de las baterías de enfilada. Tendrán en total unos sesenta cañones de grueso calibre. Luego los sitiadores vuelven a avanzar con nuevos zigzags, que se hacen más cortos y apretados cuanto más se acercan a la fortaleza. A unas 150 yardas de las obras se excava la media paralela para baterías de morteros, y al pie del glacis, a unas sesenta yardas de las obras, se establece la tercera paralela, que también tiene baterías de morteros. Esto puede estar terminado la novena o la décima noche de trinchera abierta.

A tan corta distancia de las obras empieza la verdadera dificultad. El fuego de artillería de los sitiados, en la medida en que domina el terreno descubierto, estará para entonces casi acallado, pero la fusilería desde las murallas es ahora más eficaz que nunca y retrasará mucho el trabajo en las trincheras. Los aproches tienen que hacerse ahora con mucha más cautela y según un plan distinto, que no podemos explicar aquí en detalle. La undécima noche puede llevar al sitiador a los ángulos salientes del camino cubierto, frente a los salientes de los baluartes y de las medias lunas; y para la decimosexta noche puede haber terminado el coronamiento del glacis, es decir, haber llevado sus trincheras por detrás de la cresta del glacis, paralelas al camino cubierto. Solo entonces estará en condiciones de establecer baterías para romper la mampostería de las murallas, a fin de abrirse paso a través del foso hasta dentro de la fortaleza, y para acallar los cañones de los flancos de los baluartes, que barren el foso e impiden cruzarlo. Esos flancos y sus cañones pueden quedar destruidos y la brecha abierta el decimoséptimo día. La noche siguiente pueden quedar terminados el descenso al foso y un camino cubierto a través de él que proteja a la columna de asalto contra el fuego de flanco, y darse el asalto.

En este esbozo hemos intentado dar una idea de la marcha de las operaciones de sitio contra una de las clases de fortaleza más débiles y sencillas (un hexágono de Vauban) y fijar el tiempo necesario para las diversas fases del sitio —si no lo perturban salidas afortunadas—, suponiendo que la defensa no despliega una actividad, un valor o unos recursos extraordinarios. Y aun en estas circunstancias favorables vemos que hacen falta por lo menos diecisiete días para que pueda abrirse brecha en las murallas principales y quede así la plaza abierta al asalto. Si la guarnición es suficiente en número y está bien abastecida, no hay ninguna razón militar para que se rinda antes; desde un punto de vista puramente militar, no es más que su deber resistir por lo menos ese tiempo. Y luego la gente se queja de que Estrasburgo, que no lleva más que catorce días de trinchera abierta y que tiene obras exteriores en el frente de ataque que le permiten resistir por lo menos cinco días más que la media, de que Estrasburgo no haya sido tomado todavía. Se quejan de que Metz, Toul y Phalsbourg no se hayan rendido aún. Pero todavía no sabemos si se ha abierto una sola trinchera contra Toul, y de las otras fortalezas sabemos que ni siquiera están todavía sitiadas en regla. En cuanto a Metz, de momento no parece haber intención de sitiarla en regla; rendir por hambre al ejército de Bazaine parece el modo más eficaz de tomarla. Estos escritores impacientes deberían saber que hay muy pocos comandantes de fortalezas que se rindan a una patrulla de cuatro lanceros, o incluso a un bombardeo, si disponen de guarniciones y de provisiones más o menos suficientes. Si Stettin se rindió en 18061 a un regimiento de caballería, si las fortalezas fronterizas francesas capitularon en 1815 por efecto de un breve bombardeo, o hasta por miedo a él, no debemos olvidar que Wœrth y Spicheren juntos no suman ni un Jena ni un Waterloo; y, además, sería absurdo dudar de que en el ejército francés hay muchos oficiales capaces de sostener un sitio en regla aun con una guarnición de guardias móviles.

  1. En el periódico se lee «1807»; la fortaleza de Stettin se rindió a la caballería de Lasalle el 29 de octubre de 1806, como corrige la versión alemana de la MEW. ↩