Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado, con la firma «E.», en The Pall Mall Gazette (Londres), núm. 1900, del 16 de marzo de 1871. El original inglés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 17 (Berlín, 1962, pp. 291-294), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Al director de la Pall Mall Gazette
Señor:
El Gobierno inglés declara que no sabe nada de una alianza entre Rusia y Prusia. En Alemania nadie niega la existencia de esa alianza; al contrario, la prensa prusófila se regocija de ella y los periódicos antiprusianos se indignan. Uno de estos últimos, el Volksstaat, cree que el señor Gladstone1 solo quiso dar a entender con su desmentido que no se trata de un tratado de alianza, sino más bien de una relación de vasallaje, y que en ese caso tendría razón. Los telegramas cruzados entre Versalles y San Petersburgo, entre «vuestro fiel hasta la muerte Guillermo» y su más reservado sobrino Alejandro,2 no dejan ya realmente ninguna duda sobre los lazos entre las dos grandes monarquías militares del continente. Esos telegramas, dicho sea de paso, se publicaron primero en el Journal de St. Pétersbourg. Igualmente significativo es el hecho de que en la prensa alemana no se hayan reproducido en su texto íntegro; se suprimió sobre todo la promesa del emperador Guillermo de serle fiel al zar hasta la muerte. En todo caso, el texto íntegro de la correspondencia no deja lugar a dudas de que el emperador Guillermo quiere expresar el profundo sentimiento de obligación que tiene hacia Rusia y su disposición a ponerse a su servicio en contrapartida. Que el emperador haya pasado ya de los setenta y que las convicciones de su presunto heredero3 sean dudosas es, naturalmente, para Rusia un fuerte acicate para batir el hierro mientras está caliente.
Además, la situación interior de Rusia dista mucho de ser satisfactoria. Las finanzas están casi irremediablemente arruinadas; la forma particular en que se han llevado a cabo la emancipación de los siervos4 y los demás cambios sociales y políticos que la acompañaron ha desquiciado la producción agrícola en un grado casi increíble. Las medidas a medias de carácter liberal, concedidas, retiradas y vueltas a conceder alternativamente, han dado a las clases cultas el margen justo para formarse una opinión pública muy definida; y esa opinión pública se opone en todos los puntos a la política exterior que el actual Gobierno parecía seguir hasta ahora. La opinión pública rusa es, en lo esencial, impetuosamente paneslavista, es decir, hostil a los tres grandes «opresores» de la raza eslava: los alemanes, los húngaros y los turcos. Una alianza prusiana le resultaría tan odiosa como una austriaca o una turca. Exige además una acción guerrera inmediata en sentido paneslavista. La acción tranquila, lenta, pero sumamente segura y subterránea de la diplomacia tradicional rusa somete su paciencia a una dolorosa prueba. Éxitos como los que se obtuvieron en la Conferencia,5 por importantes que sean en sí mismos, no significan nada para los paneslavistas rusos. No oyen más que el «grito de angustia» de sus hermanos de raza oprimidos; nada sienten con más fuerza que la necesidad de restablecer la supremacía perdida de la santa Rusia mediante un gran golpe, una guerra de conquista. Saben además que el presunto heredero6 es de los suyos. Si tomamos en cuenta todo esto y, además, las grandes líneas férreas estratégicas hacia el sur y el sudoeste, ya lo bastante avanzadas para servir eficazmente a ataques contra Austria o Turquía, o contra ambas, ¿no hay un fuerte acicate para el Gobierno ruso, y para el emperador Alejandro personalmente, para emplear el viejo remedio bonapartista y defenderse de las dificultades interiores con una guerra exterior mientras la alianza prusiana parezca todavía segura?
En estas circunstancias, el nuevo empréstito ruso de 12 millones de libras esterlinas adquiere un significado muy especial. Es cierto que se ha hecho circular en la Bolsa una protesta patriótica, pero se informa de que estaba sin firmas y que, al parecer, así se ha quedado, y oímos que el importe del empréstito se ha cubierto con creces. Para qué fines, entre otros, han de emplearse esos 12 millones nos lo informa la Ostsee-Zeitung de Stettin, un periódico que no solo ha tenido durante muchos años la mejor información sobre los asuntos rusos, sino que ha sido también lo bastante independiente para publicarla. La guerra franco-alemana, dice el corresponsal de ese periódico en Petersburgo (con fecha del 4 de marzo, según el nuevo calendario),7 ha convencido a las autoridades militares rusas de la completa ineficacia del sistema de fortificación seguido hasta ahora en la construcción de las fortalezas rusas; y el Ministerio de la Guerra ha fijado ya el plan de las modificaciones necesarias.
«Se dice que el nuevo sistema, basado en la introducción de fuertes destacados, se aplicará por primera vez en las fortalezas fronterizas más importantes, cuya reconstrucción debe empezar en el acto. Las primeras fortalezas que se dotarán de fuertes destacados son Brest-Litovsk, Deblin y Modlin.»
Ahora bien, Brest-Litovsk, Deblin (o Ivángorod) y Modlin (o Novogueórguievsk, con su nombre oficial ruso) son precisamente las tres fortalezas que, con Varsovia como punto central, dominan la mayor parte del Reino de Polonia; Varsovia no recibe ahora fuertes destacados por la sencilla razón de que los tiene ya desde hace unos cuantos años. Rusia no pierde el tiempo para afianzar su poder en Polonia y reforzar su base de operaciones contra Austria; y la prisa con que lo hace no es buen presagio para la paz europea.
Todo esto puede considerarse por el momento como una pura medida defensiva. Pero el citado corresponsal informa además:
«Los preparativos bélicos de Rusia, iniciados al estallar la guerra franco-alemana, prosiguen con celo no disminuido. El Ministerio de la Guerra ha dispuesto hace poco la formación de los cuartos batallones. La ejecución de esta orden ha comenzado ya en todos los regimientos, incluidos los del Reino de Polonia. Se han organizado ya los destacamentos para el servicio de ferrocarriles y telégrafos en campaña, así como las compañías sanitarias. Se instruye con celo a los hombres y se los adiestra en sus diversos deberes, y a las compañías sanitarias se les enseña incluso a hacer las primeras curas a los heridos, contener hemorragias y reanimar a los desmayados.»
Ahora bien, en casi todos los grandes ejércitos del continente los regimientos de infantería constan en su efectivo de paz de tres batallones, y el primer paso inequívoco del pie de paz al de guerra es la formación de los cuartos batallones. El día en que Luis Napoleón declaró la guerra decretó también la formación de los cuartos batallones. En Prusia es lo primero que se hace tras la orden de movilización. Y lo mismo en Austria y en Rusia. Piénsese lo que se quiera de la necesidad, súbitamente descubierta, de fuertes destacados para las fortalezas polacas, o del no menos súbito empressement8 por introducir en el servicio ruso los camilleros (Krankenträger)9 prusianos y los destacamentos de ferrocarriles y telégrafos (en un país donde tanto los ferrocarriles como los telégrafos son bastante escasos), aquí, en la formación de los cuartos batallones, tenemos un signo inequívoco de que Rusia ha cruzado ya la frontera entre el estado de paz y el de guerra. Nadie se imaginará que Rusia haya dado ese paso sin un propósito; y si ese paso significa algo, significa el ataque contra alguien. Quizá eso explique para qué se necesitan los 12 millones de libras esterlinas.
Suyo, etc.,
E.
William Ewart Gladstone (1809-1898), primer ministro liberal británico. ↩
Guillermo I (1797-1888), rey de Prusia y, desde el 18 de enero de 1871, emperador alemán; Alejandro II (1818-1881), zar de Rusia, hijo de una hermana de Guillermo. ↩
El príncipe heredero Federico Guillermo (1831-1888), de tendencias liberales. ↩
La reforma de 1861. ↩
La Conferencia de Londres (enero-marzo de 1871), que, a petición de Rusia, abolió la neutralización del mar Negro impuesta por la paz de París de 1856. ↩
El zarévich Alejandro, futuro Alejandro III (1845-1894). ↩
El calendario gregoriano; en Rusia regía todavía el juliano, doce días atrasado. ↩
«Prisa», «afán». ↩
En el original inglés, la palabra alemana Krankenträger. ↩