Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado sin firma en The Pall Mall Gazette (Londres), núm. 1864, del 2 de febrero de 1871, como la última de sus «Notas sobre la guerra» («Notes on the War»). Traducimos del original inglés, según la transcripción de Tony Brown del texto del periódico en el Marx-Engels Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 17 (Berlín, 1962, pp. 253-256), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.
Si hemos de creer el último telegrama de Berna (y ya no hay motivo para desacreditarlo), nuestras previsiones sobre la suerte del ejército de Bourbaki1 se han cumplido. Se informa de que el Consejo Federal suizo ha recibido la noticia oficial de que ese ejército, de unos 80.000 hombres, ha pasado a territorio suizo, donde, naturalmente, tendrá que deponer las armas. No se han indicado los puntos exactos por donde ocurrió, pero tiene que haber sido en algún lugar al sur de Blâmont y no más al sur de Pontarlier. Los distintos destacamentos pasarían la frontera por diferentes puntos, y la mayor masa de las tropas probablemente por Les Brenets, donde la carretera de Besanzón a Neuchâtel entra en territorio suizo.
Así ha desaparecido otro ejército francés, por (para usar la expresión más suave) la irresolución de su jefe. Bourbaki puede ser un oficial brioso al frente de una división; pero el temple necesario para armarse de una resolución audaz en un momento decisivo es cosa muy distinta del temple que permite a un hombre mandar una división con éclat2 bajo el fuego; y, como a muchos hombres de valor personal indudable y brillante, a Bourbaki parece faltarle el valor moral necesario para tomar una resolución decisiva. Como muy tarde en la tarde del 17, cuando su incapacidad para romper las líneas de Werder3 se le hizo del todo evidente, debía haber decidido en el acto su línea de conducta. Tenía que saber que se acercaban refuerzos prusianos a su línea de retirada desde el noroeste; que su posición, con un enemigo victorioso de frente y una larga línea de retirada pegada a una frontera neutral a la espalda, era extremadamente peligrosa; que el objetivo de su expedición había fracasado sin remedio, y que su deber más apremiante, y aun el único, en esas circunstancias, era salvar su ejército. Dicho de otro modo, que tenía que retirarse tan deprisa como lo permitiera el estado de su ejército. Pero esa resolución de retirarse, de confesar con hechos que su expedición había fracasado, parece haber sido demasiado para él. Se entretuvo en el escenario de sus últimas batallas, incapaz de avanzar, sin querer retirarse, y dio así a Manteuffel4 el tiempo de cortarle la retirada. Si se hubiera puesto en marcha en el acto, haciendo solo quince millas diarias, podría haber llegado a Besanzón el 20 y a los alrededores de Dole el 21, justo hacia la hora en que aparecieron allí los primeros prusianos. Esos prusianos no podían ser muy fuertes; y la sola vanguardia de Bourbaki habría bastado, si no para rechazarlos del todo, al menos para confinarlos en la orilla derecha u occidental del Doubs, lo que habría sido del todo suficiente para asegurar la línea de retirada de Bourbaki, sobre todo frente a un adversario del calibre de Manteuffel, que obra con bastante corrección mientras la ejecución de las órdenes de Moltke5 no tropieza con resistencia, pero que cae por debajo del nivel de la mediocridad en cuanto esa resistencia pone en juego sus propias facultades.
Uno de los puntos más curiosos del documento acordado entre Bismarck y Jules Favre6 es que los cuatro departamentos donde operan Bourbaki y Garibaldi7 no quedan incluidos en el armisticio general, sino que los prusianos se reservan de hecho la facultad de seguir combatiendo allí mientras les plazca. Es una estipulación sin precedentes, que muestra más que ninguna otra que el conquistador, al más puro estilo prusiano, exigió hasta el fondo todas las concesiones que su superioridad momentánea le permitía imponer. El armisticio ha de extenderse al oeste, donde Federico Carlos8 encuentra que más le vale no avanzar más allá de Le Mans; al norte, donde a Goeben9 lo detienen las fortalezas; pero no al sudeste, donde el avance de Manteuffel prometía un segundo Sedan. Jules Favre, al consentir esta cláusula, consintió de hecho en la rendición de Bourbaki, a los prusianos o a los suizos; con la sola diferencia a su favor de que se quitaba de encima la responsabilidad del hecho y la cargaba sobre los hombros de Bourbaki.
En conjunto, la capitulación de París es un documento sin precedentes. Cuando Napoleón capituló en Sedan, se negó a entrar en negociaciones que fueran más allá de su propia rendición y la de su ejército: como prisionero, estaba incapacitado para obligar al Gobierno y a Francia. Cuando el señor Jules Favre entrega París y su ejército, entra en estipulaciones que obligan al resto de Francia, aunque está exactamente en la misma situación que Napoleón en Sedan. Peor aún. Napoleón, casi hasta el día de su capitulación, había estado en libre comunicación con el resto de Francia; el señor Jules Favre, durante cinco o seis semanas, solo ha tenido raras y fragmentarias ocasiones de enterarse de lo que pasaba fuera de París. La información sobre la situación militar al otro lado de los fuertes solo podía dársela Bismarck; y sobre esa exposición unilateral, suministrada por el enemigo, se atrevió a actuar.
El señor Jules Favre tenía que elegir entre dos males. Podía hacer lo que ha hecho: conseguir un armisticio de tres semanas en las condiciones del enemigo y obligar a él al verdadero Gobierno de Francia, el de Burdeos. O podía negarse a actuar en nombre del resto de Francia, ofrecerse a tratar solo por París y, en caso de que los sitiadores pusieran dificultades, hacer lo que hizo el comandante de Phalsbourg:10 abrir de par en par las puertas e invitar a los conquistadores a entrar. Lo segundo habría convenido más a su dignidad y a su futuro político.
En cuanto al Gobierno de Burdeos, tendrá que adherirse al armisticio y a la elección de una Asamblea Nacional. No tiene medios para obligar a los generales a repudiar el armisticio, y vacilará en sembrar divisiones en el pueblo. La rendición de Bourbaki a los suizos añade otro golpe aplastante a los muchos que los franceses han recibido últimamente; y, como dijimos anticipándonos al acontecimiento, creemos que este golpe, inmediatamente después de la rendición de París, deprimirá tanto el ánimo de la nación que se hará la paz. En cuanto a los recursos materiales de Francia, están tan lejos de haberse agotado que la lucha podría continuar durante meses. Hay un hecho llamativo que muestra cuán inmensas son las dificultades que se oponen a una conquista completa de Francia. El príncipe Federico Carlos, tras siete días de combates, había hecho retroceder al ejército de Chanzy11 en estado de completa disolución. Salvo unas pocas brigadas, no le quedaban literalmente tropas que oponerle. El terreno que tenía delante era rico y relativamente poco esquilmado. Y sin embargo detiene su marcha en Le Mans, y más allá solo persigue con su vanguardia, y no a grandes distancias. Nuestros lectores recordarán que no esperábamos otro resultado; porque puede decirse, con cierta dosis de verdad, que al conquistar un país grande, mientras la extensión que hay que ocupar crece en progresión aritmética, las dificultades de la ocupación crecen en progresión geométrica.
Con todo, creemos que los repetidos desastres de la campaña de enero tienen que haber quebrantado la moral de la nación hasta tal punto que la Asamblea Nacional propuesta no solo se reunirá, sino que probablemente también hará la paz; y así, junto con la guerra, terminarán estas Notas sobre ella.
Charles-Denis Bourbaki (1816-1897), general francés, jefe del Ejército del Este, que pasó a Suiza, donde fue internado, el 1 de febrero de 1871, ya al mando del general Clinchant. ↩
«Brillo», «lucimiento». ↩
August von Werder (1808-1887), general prusiano, jefe del 14.º Cuerpo, que operaba en el este de Francia. ↩
Edwin von Manteuffel (1809-1885), general prusiano, jefe del Ejército del Sur, formado para hacer frente a Bourbaki. ↩
Helmuth von Moltke (1800-1891), jefe del Estado Mayor general prusiano. ↩
Otto von Bismarck (1815-1898), jefe del Gobierno prusiano y canciller federal; Jules Favre (1809-1880), ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno de la Defensa Nacional. El convenio de armisticio y capitulación de París se firmó en Versalles el 28 de enero de 1871. ↩
Giuseppe Garibaldi (1807-1882) mandaba el Ejército de los Vosgos, formado por voluntarios franceses y extranjeros. ↩
Federico Carlos de Prusia (1828-1885), sobrino del rey Guillermo I, jefe del II Ejército alemán. ↩
August Karl von Goeben (1816-1880), general prusiano, jefe del I Ejército alemán. ↩
La pequeña fortaleza alsaciana de Phalsbourg (Pfalzburg) capituló el 12 de diciembre de 1870, tras agotar sus víveres, sin firmar condiciones: su comandante, Taillant, abrió las puertas a los alemanes. ↩
Antoine Chanzy (1823-1883), general francés, jefe del 2.º Ejército del Loira. ↩