Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado en The Pall Mall Gazette (Londres), núm. 1841, del 6 de enero de 1871, como una de sus «Notas sobre la guerra» («Notes on the War»). Traducimos del original inglés, según la transcripción de Tony Brown del texto del periódico en el Marx-Engels Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 17 (Berlín, 1962, pp. 222-226), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.
La Navidad ha traído consigo el comienzo del verdadero asedio de París. Hasta entonces solo había habido un cerco de la fortaleza gigante. Se habían construido, es verdad, baterías para cañones pesados de asedio; se había reunido un parque de asedio, pero no se había emplazado un solo cañón, ni abierto una sola tronera, ni disparado un solo tiro. Todos estos preparativos se habían hecho en el frente sur y sudoeste. En los demás frentes se habían levantado también parapetos, pero parecen haber tenido un fin solamente defensivo: contener las salidas y proteger la infantería y la artillería de campaña de los sitiadores. Estos atrincheramientos estaban, naturalmente, a mayor distancia de los fuertes de París de lo que tendrían que estar unas baterías de asedio en regla; entre ellos y los fuertes había una franja más ancha de terreno disputado en el que podían producirse salidas. Cuando fue rechazada la gran salida de Trochu1 del 30 de noviembre, este quedó dueño todavía de cierta parte de ese terreno disputado en el lado este de París, en especial de la meseta aislada de Avron, delante del fuerte de Rosny. Empezó a fortificarla; en qué fecha exacta no lo sabemos, pero el 17 de diciembre encontramos mencionado que tanto el Mont Avron como las alturas de Varennes (en el recodo del Marne) habían sido fortificados y armados con cañones pesados.
Dejando aparte algunos reductos avanzados en el frente sur, cerca de Vitry y Villejuif, que no parecen tener mucha importancia, tenemos aquí el primer intento en gran escala de los defensores de ampliar sus posiciones mediante contraaproches. Y aquí nos remitimos naturalmente, para comparar, a Sebastopol.2 Más de cuatro meses después de que los aliados abrieran las trincheras, hacia finales de febrero de 1855, cuando los sitiadores habían sufrido terriblemente por el invierno, Totleben3 empezó a construir obras avanzadas a distancias que entonces eran considerables delante de sus líneas. El 23 de febrero había construido el reducto Selenguinsk, a 1.100 yardas de la muralla principal; el mismo día fracasó un asalto de los aliados contra la nueva obra; el 1 de marzo se terminó otro reducto (el Volinsk) en una posición todavía más adelantada, a 1.450 yardas de la muralla. Los aliados llamaron a estas dos obras los «ouvrages blancs».4 El 12 de marzo se terminó la luneta de Kamchatka, a 800 yardas de las murallas, el «Mamelón Verde» de los aliados, y delante de todas estas obras se cavaron pozos de tirador. El 22 de marzo fue rechazado un asalto, y se terminaron todas las obras, así como otra a la derecha (propiamente dicha) del Mamelón, la «Cantera», y todos estos reductos se unieron con un camino cubierto. Durante todo abril y mayo los aliados intentaron en vano recuperar el terreno ocupado por estas obras. Tuvieron que avanzar contra ellas con aproches de asedio en regla, y solo el 7 de junio, cuando llegaron refuerzos considerables, pudieron tomarlas al asalto. Así, la caída de Sebastopol se retrasó tres meses largos gracias a estas obras de campaña avanzadas, pese a que las atacaban los cañones navales más poderosos de la época.
La defensa del Mont Avron resulta muy mezquina al lado de esta historia. El 17, cuando los franceses habían tenido más de catorce días para construir sus obras, las baterías están terminadas. Entretanto los sitiadores hicieron venir artillería de asedio, sobre todo cañones viejos ya utilizados en los asedios anteriores. El 22 están terminadas las baterías contra el Mont Avron, pero no se emprende ninguna acción hasta que ha pasado todo peligro de una salida en masa de los franceses y se levantan, el 26, los campamentos del ejército de París en torno a Drancy. Entonces, el 27, las baterías alemanas abren fuego, que continúa el 28 y el 29. El fuego de las obras francesas queda pronto acallado, y las obras son abandonadas el 29 porque, como dice el parte oficial francés, no había en ellas casamatas para abrigar a la guarnición.
Es, sin duda, una defensa pobre, y una excusa más pobre todavía. La culpa principal parece estar en la construcción de las obras. Por todas las descripciones, nos vemos llevados a concluir que en la colina no había un solo reducto cerrado, sino solo baterías abiertas por la gola y sin protección eficaz siquiera en los flancos. Estas baterías, además, parecen haber estado orientadas en una sola dirección, hacia el sur o el sudeste, mientras que muy cerca, al nordeste, estaban las alturas de Raincy y Montfermeil, los emplazamientos más adecuados de todos para baterías contra Avron. Los sitiadores las aprovecharon para rodear Avron con un semicírculo de baterías que pronto acallaron su fuego y expulsaron a su guarnición. Ahora bien, ¿por qué no había abrigo para la guarnición? La helada no es más que media excusa, pues los franceses tuvieron tiempo de sobra; y lo que los rusos pudieron hacer en un invierno de Crimea y en suelo rocoso tiene que haber sido posible también este diciembre delante de París. La artillería empleada contra Avron era, desde luego, mucho más eficaz que la de los aliados delante de Sebastopol; pero era la misma que se usó contra los reductos de Düppel,5 obras de campaña también, que resistieron tres semanas. Se sospecha que la guarnición de infantería huyó y dejó a la artillería al descubierto. Puede que así sea, pero eso no disculparía a los ingenieros que construyeron las obras. El cuerpo de ingenieros de dentro de París tiene que estar muy mal organizado, si hemos de juzgarlo por esta muestra de su trabajo.
La rápida demolición del Mont Avron ha abierto a los sitiadores el apetito de más éxitos del mismo tipo. Han abierto fuego contra los fuertes del este, sobre todo Noisy, Rosny y Nogent. Después de dos días de bombardeo, estos fuertes estaban casi acallados. Qué más se está haciendo contra ellos no lo sabemos. Tampoco se menciona el fuego de los atrincheramientos que se habían construido en los intervalos entre estos fuertes. Pero podemos estar seguros de que los sitiadores hacen todo lo posible por adelantar aproches, aunque sea de manera tosca, contra estos fuertes, y por asegurarse un alojamiento firme en el Mont Avron. No nos extrañaría que lo consiguieran mejor que los franceses, a pesar del tiempo.
Pero ¿qué efecto tiene todo esto en el curso del asedio? Sin duda, si estos tres fuertes cayeran en manos de los prusianos, sería un éxito importante y les permitiría acercar sus baterías a 3.000 o 4.000 yardas del recinto. Sin embargo, no hay ninguna necesidad de que caigan tan pronto. Todos estos fuertes tienen casamatas a prueba de bomba para sus guarniciones, y los sitiadores no tienen hasta ahora morteros rayados, de los que en total solo poseen una pequeña cantidad. Estos morteros son la única clase de artillería que puede destruir en muy poco tiempo un abrigo a prueba de bomba; los morteros antiguos son demasiado inseguros en su alcance para tener un efecto muy rápido, y los de 24 libras (con proyectiles de 64 libras) no pueden elevarse lo bastante para producir el efecto del tiro vertical. Si el fuego de estos fuertes parece acallado, eso significa simplemente que los cañones se han puesto a cubierto para tenerlos disponibles para un asalto. Las baterías prusianas pueden demoler los parapetos de las murallas, pero eso no constituirá una brecha. Para abrir brecha en la mampostería, muy bien cubierta, de la escarpa, incluso con tiro indirecto, tendrán que construir baterías a 1.000 yardas de los fuertes por lo menos, y eso solo puede hacerse con paralelas y aproches en regla. El procedimiento «abreviado» de asedio, del que tanto hablan los prusianos, no consiste más que en acallar el fuego del enemigo desde mayor distancia, para que los aproches puedan hacerse con menos peligro y pérdida de tiempo; a esto sigue un violento bombardeo y la apertura de brecha en la muralla por tiro indirecto. Si todo esto no obliga a rendirse —y en el caso de los fuertes de París es difícil ver cómo podría lograrlo—, no queda más que llevar los aproches de la manera habitual hasta el glacis y arriesgarse a un asalto. El asalto de Düppel se emprendió después de llevar los aproches a unas 250 yardas de las obras arruinadas, y en Estrasburgo6 hubo que adelantar las zapas a la manera más antigua hasta la cresta del glacis y más allá.
Con todo esto, tenemos que volver una y otra vez sobre el punto tantas veces subrayado en estas columnas: que la defensa de París tiene que llevarse de modo activo, y no solo pasivo. Si alguna vez hubo un momento para las salidas, es ahora. No se trata en este momento de romper las líneas del enemigo; se trata de esto: de aceptar un combate localizado que el sitiador impone al sitiado. Que el fuego del sitiador puede hacerse, casi en cualquier circunstancia, superior en un punto dado al del sitiado es un axioma antiguo e indiscutido; y si el sitiado no compensa esta inferioridad que le es propia con actividad, audacia y energía en las salidas, renuncia a su mejor baza. Algunos dicen que las tropas de dentro de París se han desanimado; pero no hay razón para que así sea. Pueden haber perdido la confianza en su jefe, pero eso es otra cosa completamente distinta; y si Trochu persiste en su inactividad, bien puede que acaben desanimándose.
Podemos también referirnos en un par de palabras a la ingeniosa hipótesis de algunos según la cual Trochu se propone retirarse con sus tropas, después de la caída de París, a la península fortificada del Mont Valérien, como a una ciudadela. Esta profunda conjetura la han urdido algunos de los superlistos que pululan en torno al Estado Mayor de Versalles, y se basa sobre todo en el hecho de que muchos carros van y vienen entre París y esa península. Desde luego tiene que ser un general extraordinariamente listo el que elija construirse una ciudadela en una península baja de aluvión, rodeada por todas partes de alturas dominantes desde las que los campamentos de sus tropas pueden abarcarse como un panorama y, por consiguiente, batirse a corta distancia. Pero desde que existe el Estado Mayor prusiano ha tenido que padecer la presencia de algunos hombres de una agudeza sobrehumana. Para ellos lo más probable es siempre que el enemigo haga justamente lo más improbable de todo. Como dice el refrán alemán, «oyen crecer la hierba». Quien se haya ocupado de la literatura militar prusiana habrá tropezado con esta clase de gente, y lo único asombroso es que encuentren a alguien que los crea.
Louis-Jules Trochu (1815-1896), general francés, gobernador de París y presidente del Gobierno de la Defensa Nacional. ↩
Durante la guerra de Crimea, los ejércitos aliados de Gran Bretaña, Francia, Turquía y el Piamonte asediaron Sebastopol desde octubre de 1854 hasta septiembre de 1855. ↩
Eduard Ivánovich Totleben (1818-1884), ingeniero militar ruso, director de las obras de defensa de Sebastopol. ↩
«Obras blancas». ↩
Las posiciones danesas de Düppel (Dybbøl), en Schleswig, fueron tomadas al asalto por los prusianos el 18 de abril de 1864, durante la guerra germano-danesa. ↩
Estrasburgo, sitiada por los alemanes desde agosto de 1870, capituló el 28 de septiembre. ↩