Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado sin firma en The Pall Mall Gazette (Londres), núm. 1860, del 28 de enero de 1871, como una de sus «Notas sobre la guerra» («Notes on the War»). Traducimos del original inglés, según la transcripción de Tony Brown del texto del periódico en el Marx-Engels Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 17 (Berlín, 1962, pp. 250-252), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.

Solo dos veces desde Sedan han causado las operaciones de un ejército francés una inquietud seria al general Moltke.1 La primera fue hacia mediados de noviembre, cuando el Ejército del Loira, tras la derrota de Von der Tann2 en Coulmiers, se desvió hacia la izquierda para acercarse a París por el oeste y avanzó hasta Dreux. Entonces Moltke, con una resolución digna de semejante crisis, se preparó para levantar de inmediato el sitio en caso de que Mecklemburgo,3 aun con todos los refuerzos temporales destacados en su ayuda, no fuera lo bastante fuerte para contener el avance enemigo. Ese avance se contuvo, y el sitio pudo continuar. La segunda vez fue la marcha de Bourbaki4 hacia el este lo que turbó el reposo del cuartel general de Versalles. Lo en serio que se tomó ese movimiento lo mostraron las medidas que se adoptaron en el acto para hacerle frente. Las tropas de Werder5 (el 14.º Cuerpo y las divisiones de reserva de Tresckow y Schmeling)6 fueron reforzadas inmediatamente con otros dos cuerpos, uno de los cuales, el 2.º, salió de París ya el 2 de enero. El lenguaje de los comunicados oficiosos se volvió cauteloso; el 11, la Provinzial-Correspondenz7 llamaba la atención sobre el hecho de que «en el este de Francia se avecinan batallas importantes y decisivas», y de que Bourbaki se proponía, tras liberar Belfort, romper en Nancy la línea de comunicaciones prusiana. Los corresponsales no oficiales, aunque todavía cautelosos, hablan más claro; citaremos solo a uno de ellos, Wickede,8 de la Gaceta de Colonia.9 Inmediatamente después del combate de Villersexel, con el que Werder había asegurado sus comunicaciones con las tropas de Tresckow ante Belfort y su retirada hacia ellas, dice:

«Se ha cuidado de que los franceses no liberen Belfort, y después de los últimos combates afortunados podemos esperar con probabilidad que no conseguirán avanzar por Chaumont hasta Nancy o algún otro punto de nuestra línea férrea, cosa que hace poco había alguna razón para temer que hicieran».

Y el 16 de enero escribe desde Nancy que, tras la llegada de Manteuffel10 con tres divisiones más allá de Châtillon,

«el temor de que un cuerpo enemigo […] pudiera apoderarse de Nancy, temor que con razón (mit Recht) podíamos sentir hace unos días, ha desaparecido ahora por completo». (Inmediatamente después de esta carta viene una de Baden que empieza con estas palabras: «No cabe duda de que la situación ante Belfort se presenta muy seria».)

Pero el señor Wickede estaba condenado a sobresaltos nuevos, pues al día siguiente tuvo que comunicar que había llegado la noticia de la ocupación de Flavigny (a once millas de Nancy) por tropas francesas. En el acto se reforzaron las guardias, se enviaron fuertes patrullas, las veinte locomotoras de la estación se pusieron todas bajo presión, y los oficiales, los empleados del Gobierno y demás alemanes hicieron el equipaje y se prepararon para partir de inmediato. Se esperaba que los hombres de Flavigny fueran la vanguardia de Garibaldi;11 resultaron ser unos veinte francotiradores de los Vosgos, que pronto volvieron a desaparecer. Pero la guarnición prusiana de Nancy no se tranquilizó del todo hasta el 19, cuando llegó la noticia del rechazo definitivo de Bourbaki en el Lisaine, y entonces, por fin, Wickede pudo volver a su tono de antes.

¿No deberían los franceses, después de todas estas derrotas, llegar al convencimiento de que seguir resistiendo es inútil? Tal era la opinión de los más directamente afectados sobre una operación que, después de su fracaso, The Times califica de sencillamente absurda. Podía haber diferencias de opinión sobre si era probable que la operación se hubiera emprendido con fuerzas suficientes; o sobre si, en caso de éxito, sus consecuencias podrían desarrollarse a tiempo de salvar París antes de que el hambre obligara a la rendición; o sobre si esa era o no la mejor dirección para un movimiento contra las comunicaciones alemanas. Pero tachar de sencillamente absurdo un movimiento así, el más eficaz que conoce la estrategia, estaba reservado a los Moltkes de The Times.

Entretanto, el conde Moltke ha operado con su maestría habitual. Llegaba demasiado tarde para reforzar a Werder antes de que llegara Bourbaki; eligió lo mejor que le quedaba y concentró sus refuerzos en Châtillon, donde Manteuffel tenía tres divisiones (la 3.ª, la 4.ª y la 13.ª) el 15 o antes, y donde se les unió el 60.º Regimiento (del 3.er Cuerpo), que el príncipe Federico Carlos12 había dejado en las cercanías. Es de esperar que a estas horas se le haya unido también la 14.ª División. En todo caso, en su avance hacia el sur llevaba consigo por lo menos cuarenta y un batallones, si no cincuenta y tres. Con esas tropas marchó sobre el río Doubs, dejando al sur la ciudad de Dijon, donde se limitó a entretener a Garibaldi con el ataque del 23, pero evidentemente sin intención alguna de retrasar su avance trabándose en serio con él o tomando la ciudad. Al contrario, persiguió con firmeza el objetivo principal: cortar la retirada a Bourbaki. Según los últimos telegramas, ese objetivo estaba casi alcanzado. Sus tropas habían cruzado el Doubs en Quingey y Mouchard, lugar este último donde el ferrocarril de Dijon a Pontarlier y Suiza se cruza con el de Besanzón a Lyon. Queda todavía una buena carretera por la que Bourbaki podría escapar, pero esa carretera está, en Champagnole, a no más de veinticinco millas de Mouchard, y puede que ya esté ocupada. En ese caso solo le quedaría a Bourbaki el camino vecinal que pasa por el nacimiento del Doubs, por donde difícilmente podría avanzar con su artillería; y hasta ese camino puede quedar cortado antes de que esté fuera de peligro. Y si no logra abrirse paso a través de las tropas enemigas, en un terreno muy favorable a la defensa, no tiene más elección que retirarse al amparo de los fuertes de Besanzón o rendirse en campo abierto: la elección entre Metz y Sedan, a menos que se entregue a los suizos.

Es inconcebible que se haya demorado tanto tiempo cerca de Belfort, porque los últimos telegramas prusianos lo sitúan todavía al nordeste de Besanzón. Si no podía derrotar a Werder antes de la llegada de Manteuffel, ¿cuánto menos podía esperar hacerlo después? El deber de Bourbaki era evidentemente retirarse en el acto a una posición segura tras su rechazo definitivo ante Belfort. Por qué no lo ha hecho es del todo inexplicable. Pero si le ocurriera lo peor, después de su misterioso viaje de Metz a Chislehurst y de su negativa a saludar a la República en Lille, es seguro que el antiguo jefe de la Guardia Imperial verá puesta en duda su lealtad.13

  1. Helmuth von Moltke (1800-1891), jefe del Estado Mayor general prusiano. ↩

  2. Ludwig von der Tann (1815-1881), general bávaro, jefe del 1.er Cuerpo bávaro, derrotado en Coulmiers el 9 de noviembre de 1870. ↩

  3. Federico Francisco II (1823-1883), gran duque de Mecklemburgo-Schwerin y general prusiano. ↩

  4. Charles-Denis Bourbaki (1816-1897), general francés, jefe del Ejército del Este. ↩

  5. August von Werder (1808-1887), general prusiano, jefe del 14.º Cuerpo, que operaba en el este de Francia. ↩

  6. Udo von Tresckow (1808-1885), general prusiano que dirigía el sitio de Belfort; Ernst von Schmeling (1814-1891), general prusiano, jefe de la 4.ª División de reserva. ↩

  7. Semanario oficioso del Gobierno prusiano. ↩

  8. Julius von Wickede (1819-1896), escritor militar alemán, corresponsal de guerra de la Kölnische Zeitung. ↩

  9. La Kölnische Zeitung. El original da las dos citas de Wickede en inglés; la segunda conserva entre paréntesis las palabras alemanas mit Recht («con razón»). ↩

  10. Edwin von Manteuffel (1809-1885), general prusiano, jefe del Ejército del Sur, formado para hacer frente a Bourbaki. ↩

  11. Giuseppe Garibaldi (1807-1882) mandaba el Ejército de los Vosgos, formado por voluntarios franceses y extranjeros. ↩

  12. Federico Carlos de Prusia (1828-1885), sobrino del rey Guillermo I, jefe del II Ejército alemán. ↩

  13. Bourbaki, que mandaba la Guardia Imperial en Metz, salió de la plaza sitiada a finales de septiembre de 1870, con salvoconducto alemán, para entrevistarse con la emperatriz Eugenia, refugiada en Chislehurst (Inglaterra), y ya no pudo volver a Metz; después se puso al servicio del Gobierno de la Defensa Nacional, que le confió el mando en el norte, con sede en Lille. ↩