Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado en The Pall Mall Gazette (Londres), núm. 1848, del 14 de enero de 1871, como una de sus «Notas sobre la guerra» («Notes on the War»). Traducimos del original inglés, según la transcripción de Tony Brown del texto del periódico en el Marx-Engels Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 17 (Berlín, 1962, pp. 232-236), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.

Los ejércitos en campaña han emprendido dos operaciones que fácilmente podrían provocar una crisis de la guerra. La primera es la marcha de Bourbaki1 contra Werder;2 la segunda, la marcha del príncipe Federico Carlos3 contra Chanzy.4

El rumor de la marcha de Bourbaki hacia el este corría desde hacía casi una semana, pero no tenía nada que lo distinguiera del resto de los rumores que ahora vuelan en tanta abundancia. Que el movimiento pudiera ser bueno en sí mismo no era razón para creer en su realidad. Sin embargo, ya no cabe duda de que Bourbaki, por lo menos con los cuerpos 18.º y 20.º y el 24.º, un cuerpo nuevo, ha llegado al este de Francia y ha envuelto la posición de Werder en Vesoul con un movimiento por Besanzón sobre Lure, entre Vesoul y Belfort. Cerca de Lure, Werder lo atacó el día 9 en Villersexel, y se trabó un combate en el que ambas partes se atribuyen la victoria. Fue evidentemente un combate de retaguardia, en el que Werder, al parecer, ha logrado llevar a cabo su retirada. Ganara quien ganara en este primer encuentro, en uno o dos días seguirán sin duda otras batallas más generales que llevarán aquí las cosas a una crisis.

Si este movimiento de Bourbaki se emprende con fuerzas suficientes, es decir, con cada hombre, cada caballo y cada cañón que no fueran absolutamente necesarios en otra parte, y si se lleva a cabo con el vigor necesario, puede resultar el punto de inflexión de la guerra. Ya hemos señalado antes la debilidad de la larga línea de comunicaciones alemana y la posibilidad de liberar París con un ataque en fuerza contra esa línea. Ahora esa carta está sobre la mesa, y dependerá de cómo se juegue que la jugada salga de verdad.

De las fuerzas que invaden ahora Francia, casi todas las tropas de línea están ocupadas en el asedio de París o en su cobertura. De treinta y cinco divisiones (incluida la Landwehr de la Guardia, que todo el tiempo se ha empleado como tropa de línea), treinta y dos están así empleadas. Dos están con Werder (tres brigadas badenses y una prusiana), y una, a las órdenes de Zastrow,5 ha ido a unirse a él. Además de ellas, Werder tiene por lo menos dos divisiones de la Landwehr para llevar adelante el asedio de Belfort y ocupar las fortalezas de la Alsacia meridional. Así, toda la extensión de país al nordeste de la línea que va de Mézières, por Laon y Soissons, a París, y de allí, por Auxerre y Châtillon, a Hüningen, cerca de Basilea, con todas sus fortalezas tomadas, tiene que sostenerla el resto de la Landwehr, en la medida en que se ha podido disponer de ella. Y si consideramos que hay además que vigilar a los prisioneros de guerra en Alemania y guarnecer las fortalezas del país; que solo nueve cuerpos de ejército prusianos (los que existían antes de 1866)6 tenían bastantes soldados veteranos para completar los batallones de la Landwehr, mientras que los demás tendrán que esperar todavía cinco años para poder hacerlo, podemos imaginar que las fuerzas que quedan disponibles para la ocupación de esta parte de Francia no pueden haber sido demasiado numerosas. Es verdad que se están enviando dieciocho batallones de depósito a guarnecer las fortalezas de Alsacia y Lorena, y que los «batallones de guarnición» que se están formando deben relevar a la Landwehr en el interior de Prusia. Pero, según la prensa alemana, la formación de estos batallones de guarnición avanza muy lentamente, y así el ejército de ocupación seguirá siendo durante algún tiempo relativamente débil y apenas capaz de tener en jaque a la población de las provincias que tiene que guardar.

Contra esta parte del ejército alemán se dirige Bourbaki. Evidentemente intentó interponer sus tropas entre Vesoul y Belfort, con lo que aislaría a Werder, al que podría batir por separado empujándolo en dirección noroeste. Pero como Werder está ahora probablemente delante de Belfort y unido a Tresckow,7 Bourbaki tiene que derrotar a ambos para levantar el asedio; rechazar a los sitiadores hacia el valle del Rin, después de lo cual podría avanzar por el lado oriental de los Vosgos hacia Lunéville, donde estaría sobre la línea principal de las comunicaciones alemanas. La destrucción de los túneles ferroviarios cerca de Phalsbourg bloquearía la línea de Estrasburgo durante un tiempo considerable; la del empalme de Frouard cortaría la línea de Saarbrücken y Metz; e incluso podría ser posible enviar una columna volante hacia Thionville para destruir también la línea cerca de ese lugar y cortar así la última línea directa que tienen los alemanes. Esa columna podría siempre retirarse a Luxemburgo o a Bélgica y deponer las armas; habría compensado con creces su pérdida.

Estos son los objetivos que Bourbaki tiene que tener a la vista. Con los alrededores de París agotados, la interrupción de las comunicaciones de París con Alemania, aunque fuera por unos pocos días, sería un asunto muy grave para los 240.000 alemanes que están delante de París, y la presencia de 120.000 a 150.000 soldados franceses en Lorena podría ser un medio más eficaz de levantar el asedio que incluso una victoria de Chanzy sobre Federico Carlos, con la que este, al fin y al cabo, sería rechazado sobre las fuerzas sitiadoras, que le darían apoyo. Es verdad que los alemanes tienen otra línea de comunicaciones ferroviarias por Thionville, Mézières y Reims, que Bourbaki probablemente no podría alcanzar ni siquiera con columnas volantes; pero entonces está la certeza absoluta de un levantamiento general del pueblo en los distritos ocupados en cuanto Bourbaki lograra penetrar en Lorena; y qué seguridad para el tráfico tendría en tales circunstancias esa segunda línea férrea no hace falta explicarlo más. Además, el éxito de Bourbaki obligaría, como primera consecuencia, a Goeben8 a replegarse, y así el Ejército del Norte podría encontrar la ocasión de cortar esa línea entre Soissons y Mézières.

Consideramos este movimiento de Bourbaki el más importante y el más prometedor que haya hecho general francés alguno en esta guerra. Pero, lo repetimos, tiene que llevarse a cabo como es debido. Los mejores planes no valen nada si se ejecutan con flojedad e irresolución; y probablemente no sabremos nada positivo de las fuerzas de Bourbaki ni del modo en que las maneja hasta que se hayan decidido sus combates con Werder.

Pero se nos informa de que, en previsión de una contingencia de este tipo, el cuerpo de Werder va a ampliarse en un gran «V Ejército» a las órdenes de Manteuffel,9 que entregará su «I Ejército» a Goeben y llevará en ayuda de Werder los cuerpos 2.º, 7.º y 14.º.

Ahora bien, del 7.º Cuerpo, la 13.ª División ya ha sido enviada hacia Vesoul a las órdenes de Zastrow; la 14.ª División acaba de tomar Mézières y Rocroi, y por tanto no se la puede esperar en Vesoul muy pronto; el 14.º Cuerpo es precisamente el que Werder ha tenido todo el tiempo (la división badense y los regimientos prusianos 30.º y 34.º, a las órdenes de Goltz); y, en cuanto al 2.º Cuerpo, que está delante de París, suponemos que no se pondrá en marcha antes de que esa ciudad se haya rendido, porque allí no se puede prescindir bien de él. Pero, aunque se enviara ahora, solo llegaría después de que se hubiera librado la acción decisiva de Werder con Bourbaki. En cuanto a otros refuerzos para Werder procedentes de reservas que cabe suponer que existen en Alemania, hay que considerar, en primer lugar, que toda la Landwehr de que se pueda disponer ya ha sido enviada o se está enviando ahora; y, en segundo lugar, que los batallones de depósito, la única otra fuerza de reserva que existe, acaban de quedar vacíos de hombres instruidos y son en este momento meros cuadros. Así, Bourbaki tendrá en todo caso que librar sus primeras y más decisivas acciones antes de que hayan podido llegar los refuerzos previstos; y, si sale victorioso, estará en la posición favorable de batir a esos refuerzos uno tras otro, a medida que vayan llegando sucesivamente y desde direcciones muy distintas.

Por otra parte, el príncipe Federico Carlos, a pesar de su marcha victoriosa sobre Le Mans, puede haber cometido el primer error de los alemanes en esta guerra cuando, para concentrar todas sus fuerzas contra Chanzy, dejó completamente libre a Bourbaki. Ahora bien, Chanzy era sin duda su adversario más inmediato, y por el momento también el más peligroso. Pero la región de Chanzy no es aquella en la que pueden obtenerse éxitos decisivos sobre los franceses. Chanzy acaba de sufrir una grave derrota;10 eso zanja por ahora sus intentos de liberar París. Pero, de momento, no zanja nada más. Chanzy puede retirarse, si quiere, hacia Bretaña o hacia el Calvados. En ambos casos encuentra al final de su retirada un gran arsenal naval, Brest o Cherburgo, con fuertes destacados que le den abrigo hasta que la flota francesa pueda transportar a sus hombres al sur del Loira o al norte del Somme. Por consiguiente, el oeste de Francia es una región donde los franceses pueden hacer una guerra para entretener al enemigo, una guerra de avances y retiradas alternos, sin que nunca se les pueda obligar contra su voluntad a aceptar la batalla. No nos extrañaría que Gambetta,11 que según se dijo se había unido a él y que de seguro subordinaría las consideraciones militares a las políticas, hubiera empujado a Chanzy a combatir. Después de su revés y de la pérdida de Le Mans, Chanzy no podría hacer nada mejor que atraer a Federico Carlos lo más lejos posible hacia el oeste, de modo que esta parte de las fuerzas prusianas quede completamente fuera de juego cuando la campaña de Bourbaki empiece a desarrollarse.

Faidherbe,12 en el norte, es evidentemente demasiado débil para hacer nada decisivo contra Goeben. Como parece que Chanzy no puede derrotar a Federico Carlos y liberar así París, sería mejor enviar muchos hombres al norte para deshacerse de Goeben tanto en Amiens como en Ruán, e intentar con fuerzas concentradas un avance sobre la línea férrea de Mézières a París; sobre todo ahora, mientras Bourbaki amenaza la otra línea férrea alemana. Las comunicaciones son la parte más sensible de la posición de un ejército; y si la línea del norte, tan expuesta a un ataque desde el norte tanto en Soissons como en Rethel, llegara a verse seriamente amenazada mientras Bourbaki actúa en el borde meridional de Lorena, podríamos ver de repente un revuelo de lo más bonito en Versalles.

  1. Charles-Denis Bourbaki (1816-1897), general francés, jefe del 1.er Ejército del Loira, enviado a finales de diciembre de 1870 al este de Francia. ↩

  2. August von Werder (1808-1887), general prusiano, jefe del 14.º Cuerpo, que operaba en el este de Francia. ↩

  3. Federico Carlos de Prusia (1828-1885), sobrino del rey Guillermo I, jefe del II Ejército alemán. ↩

  4. Antoine Chanzy (1823-1883), general francés, jefe del 2.º Ejército del Loira. ↩

  5. Heinrich von Zastrow (1801-1875), general prusiano, jefe del 7.º Cuerpo. ↩

  6. Tras la guerra de 1866, Prusia se anexionó Hannover, Hesse-Kassel, Nassau, Fráncfort y Schleswig-Holstein, y su ejército se amplió con nuevos cuerpos formados en esos territorios y en los Estados de la Confederación de la Alemania del Norte. ↩

  7. Udo von Tresckow (1808-1885), general prusiano que dirigía el asedio de Belfort. ↩

  8. August Karl von Goeben (1816-1880), general prusiano, jefe del 8.º Cuerpo y, desde enero de 1871, del I Ejército alemán. ↩

  9. Edwin von Manteuffel (1809-1885), general prusiano, jefe del I Ejército alemán. ↩

  10. En la batalla de Le Mans (10-12 de enero de 1871). ↩

  11. Léon Gambetta (1838-1882), ministro del Interior y de la Guerra del Gobierno de la Defensa Nacional. ↩

  12. Louis Faidherbe (1818-1889), general francés, jefe del Ejército del Norte. ↩