Escrito por Friedrich Engels en abril de 1875 y publicado en Der Volksstaat (Leipzig), n.º 46, 23 de abril de 1875. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 18 (Berlín, 1962, pp. 576-583), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán

Los reptiles de la prensa del Imperio alemán1 han recibido una vez más la orden de soplar la trompeta de guerra. La Francia impía y corrompida no quiere, por nada del mundo, dejar en paz a la Alemania temerosa de Dios, que tan magníficamente florece bajo el reinado de la especulación bursátil, de las fundaciones de sociedades y del crac.2 Francia se arma a escala colosal, y la velocidad de alta presión con que se llevan a cabo esos armamentos es la mejor prueba de que se propone lanzarse, a ser posible ya el año que viene, sobre el inocente y pacífico Imperio bismarckiano, que, como es sabido, nunca ha roto un plato, que no hace más que desarmarse y del que solo la prensa enemiga del Imperio difunde la calumnia de que acaba de convertir, mediante una ley sobre el Landsturm,3 a dos millones de ciudadanos en soldados de reserva.

Los reptiles de la prensa lo tienen difícil. Mientras al servicio del Ministerio de Asuntos Exteriores tienen que presentar al Imperio como un cordero de mansedumbre inaudita, el Ministerio de la Guerra encuentra conveniente hacer comprender al burgués alemán que por los impuestos que tanto le cuestan también se hace algo, que los armamentos acordados se ejecutan de verdad, que se construyen las fortalezas, que se terminan los cuadros y los planes de movilización para los muchos «licenciados temporales», que la disposición para el combate del ejército aumenta día a día. Y como las comunicaciones hechas a este respecto son auténticas y proceden además de gente entendida, estamos perfectamente en condiciones de juzgar los alaridos de guerra de los sapos de la prensa.

La nueva ley francesa de los cuadros4 sirve de pretexto a todo el alboroto. Comparemos, pues, las instituciones creadas por ella en Francia —de momento todavía sobre el papel— con las que existen realmente en Alemania, y atengámonos para ello, en aras de la brevedad, sobre todo al arma decisiva, la infantería.

En conjunto, resulta que la nueva ley francesa es una edición considerablemente empeorada de la prusiana.

La infantería de línea francesa debe constar de 144 regimientos de línea, 4 de zuavos y 3 de turcos,5 de 4 batallones cada uno, 30 batallones de cazadores, 4 batallones de extranjeros y 5 disciplinarios, en total 643 batallones, mientras que el ejército de línea alemán figura, es cierto, solo con 468 batallones. Pero esa superioridad de la línea francesa es pura apariencia.

En primer lugar, el batallón francés tiene, como el prusiano, cuatro compañías, pero cada compañía solo cuatro oficiales en lugar de cinco, y de esos cuatro uno es oficial de la reserva, especie que hasta ahora no existe todavía en absoluto en Francia. En Francia correspondía hasta ahora un oficial a cada 35-40 hombres, y con el anticuado y engorroso reglamento de instrucción francés eso es también necesario, mientras que en Prusia se arreglaban muy bien con un oficial por cada 50 hombres. Pero esto es también el máximo, y por eso en la comisión de la Asamblea Nacional que discutió esta ley hubo acuerdo en que a lo sumo se podrían encuadrar 200 hombres en la compañía. La compañía francesa es, pues, numéricamente un 25 por ciento más débil que la prusiana, y como el oficial de la reserva no existe por ahora ni existirá en muchos años, tampoco está ni de lejos a su altura en lo que se refiere a la organización. Pero como ahora la compañía —por obra de los fusiles de retrocarga— se ha convertido en la unidad táctica en el combate, y el combate de las columnas de compañía y la lucha de tiradores apoyada en ellas exigen compañías fuertes, la Asamblea Nacional ha causado aquí al ejército francés el mayor daño que podía causarle.

La línea francesa cuenta, por tanto, en pie de guerra con

606 batallones de línea de 800 hombres484.800 hombres,
zuavos, turcos, Legión Extranjera, batallones disciplinarios46.000 hombres,
en total530.800 hombres,

de los cuales, sin embargo, hay que descontar por lo menos 40.000 hombres para Argelia, que solo podrán emplearse cuando nuevas formaciones estén en condiciones de relevarlos. Quedan, pues, para la apertura de la guerra 490.800 hombres de infantería. Los 468 batallones de la infantería alemana cuentan cada uno con 1.050 hombres en pie de guerra, en total, según el dato oficial, 490.480 hombres, casi exactamente tantos como la línea francesa.

Hasta aquí, pues, igualdad numérica, y mejor y más fuerte organización del lado de Alemania. Pero ahora viene la diferencia.

Del lado de Francia, los 643 batallones débiles citados constituyen toda la infantería para la que existe una organización de guerra. Es verdad que las 318 compañías de depósito de la línea y de los cazadores deben comprender en total 249.480 reservistas supernumerarios (incluidos 50 o 40 oficiales y suboficiales, respectivamente, por compañía), pero de ellos hasta ahora solo existen los hombres, y en su mayor parte completamente sin instrucción, y los instruidos, con solo seis meses de servicio la mayoría. De los oficiales y suboficiales existe a lo sumo una cuarta parte. Hasta que estas 318 compañías de depósito se conviertan en 318 batallones móviles, toda la campaña puede estar decidida, y lo que de ellas entre en fuego no superará en calidad a las guardias móviles de 1870. Queda además el ejército territorial, que comprende a los hombres de 30 a 40 años y que debe organizarse en 144 regimientos de 3 batallones, es decir, en 432 batallones. Todo esto existe solo sobre el papel. Para llevar a cabo realmente semejante organización se necesitan unos 10.000 oficiales y 20.000 suboficiales, de los que hasta ahora no existe, casi literalmente, ni uno solo. ¿Y de dónde van a salir esos oficiales? Hicieron falta casi dos generaciones para que en Prusia los voluntarios de un año dieran oficiales de la reserva y de la Landwehr utilizables; todavía en los años cuarenta, en casi todos los regimientos se los consideraba una plaga y se los trataba en consecuencia. Y en Francia, donde una institución así choca con todas las tradiciones de la igualdad revolucionaria, donde los voluntarios de un año son despreciados por los oficiales y odiados por los soldados, todavía menos se puede hacer nada con ellos. Y otra fuente de oficiales de la reserva no existe.

En cuanto a los suboficiales y la tropa, es sabido que los vencedores de Sadowa se jactaban en 1866 de que la larga existencia del sistema de la Landwehr en Prusia les daba una ventaja de veinte años sobre cualquier otro país que adoptara el mismo sistema; solo cuando los reemplazos más antiguos estuvieran formados por hombres que hubieran servido se alcanzaría la igualdad con Prusia. Eso parece haberse olvidado ahora, como también que en Francia solo la mitad del contingente anual sirve realmente y la otra mitad es licenciada tras seis meses de servicio (lo cual, con los pedantescos reglamentos de hoy, es del todo insuficiente), de modo que la reserva y la Landwehr en Francia están formadas en gran parte, en comparación con la prusiana, por reclutas. ¡Y se hace como si se temiera al actual ejército territorial francés, que consta de la misma carne de cañón sin instrucción que en 1870 y 1871, en el Loira y en Le Mans, no pudo sostenerse ante destacamentos alemanes la mitad de fuertes, pero disciplinados!

Y no basta con eso. En Prusia, tras amargas experiencias, se ha aprendido por fin a movilizar. En once días todo el ejército está listo para el combate, y la infantería mucho antes. Pero para ello hace falta que todo esté dispuesto de la manera más sencilla y, sobre todo, que cada licenciado esté asignado de antemano a la unidad en la que debe ingresar. La base para ello es que cada regimiento tenga su distrito de reclutamiento permanente, del que se completa también en primer lugar el regimiento de Landwehr correspondiente. La nueva ley francesa, en cambio, asigna los reclutas y reservistas al regimiento que, en el momento de la movilización, se encuentre precisamente en el distrito. Se hizo así por amor a una tradición arraigada desde Napoleón, según la cual los distintos regimientos deben guarnecer alternativamente todas las regiones de Francia y reclutarse en lo posible en toda Francia. Como hubo que renunciar a lo segundo, se mantuvo con tanta más firmeza lo primero, y con ello se hizo imposible esa conexión orgánica permanente entre el mando del regimiento y el mando del distrito de Landwehr que en Prusia asegura la rapidez de la movilización. Si este cambio absurdo, que en las armas especiales tiene que causar todavía muchos más trastornos que en la infantería, prolongara en esta última la movilización aunque solo fuera en tres días, frente a un adversario activo esos serían los tres días más importantes de toda la campaña.

¿Qué significan, pues, todos esos enormes armamentos franceses? Una infantería de línea igual en número a la alemana, pero peor organizada, que además, para ponerse en pie de guerra, tiene que llamar a filas a cierto número de hombres con solo seis meses de servicio; una primera reserva en la que predominan los hombres que solo han servido seis meses y para la que existe a lo sumo una cuarta parte de los oficiales y suboficiales; una segunda reserva de hombres en su mayoría sin servicio, sin ningún oficial en absoluto, y para ambas reservas, por supuesto, total falta de cuadros fijos. Y con ello la perspectiva segura de que, con las instituciones actuales, los oficiales que faltan no podrán conseguirse nunca, de modo que ambas reservas, en caso de guerra, no serán capaces de mayores proezas que los batallones formados a toda prisa en el otoño y el invierno de 1870.

Y ahora echemos un vistazo al Imperio alemán, manso como un cordero, que supuestamente no tiene dientes y menos aún los enseña. Una infantería de línea de 468 batallones con 490.480 hombres en pie de guerra ya la hemos demostrado. Pero a ella se añaden además las siguientes nuevas formaciones:

Desde comienzos de 1872 se han incorporado a cada batallón 36 reclutas más, lo que da en números redondos 17.000 hombres al año. Además, después de dos años de servicio se ha licenciado a una cuarta parte entera de los hombres, pero a cambio se ha incorporado igualmente un número igual de nuevos reclutas, lo que da en números redondos 28.000 hombres. Así pues, cada año se incorporan e instruyen en total 45.000 hombres más que antes, lo que hasta finales de 1875, en tres años, da 135.000 hombres, a los que hay que añadir 12.000 voluntarios de un año (a razón de 4.000 por año); en total, 147.000 hombres, o justo lo bastante para formar un cuarto batallón en cada uno de los 148 regimientos. Las compañías de reemplazo supernumerarias con este fin están ya «preparadas en cuanto a la organización» en todos los regimientos de línea desde la misma fecha, es decir, los oficiales y suboficiales de línea y de la reserva que deben ingresar en estos batallones están ya designados. Los cuartos batallones pueden, pues, ponerse en marcha a más tardar dos o tres días después de los tres primeros y reforzar el ejército con 148 batallones de 1.050 hombres = 155.400 hombres. Pero estas cifras no expresan ni de lejos el aumento de poder que obtiene con ello el ejército de campaña. Quien vio en 1866 los cuartos batallones prusianos sabe que, formados predominantemente por hombres vigorosos, físicamente hechos, de 24 a 27 años, constituyen la tropa escogida del ejército.

Junto a la formación de los cuartos batallones avanza la organización de los batallones de reemplazo, 148 en número, por no hablar de las compañías de reemplazo de los cazadores. Se componen de los reservistas supernumerarios que han servido y de los hombres sin servicio de la reserva de reemplazo. Su efectivo se fijó oficialmente en 1871 en 188.690 hombres. Pero esto hay que entenderlo en el sentido de que los cuadros de oficiales y suboficiales, fijados ya en tiempo de paz, están en condiciones de instruir a semejante número de hombres, pues la reserva de reemplazo por sí sola, en cuya primera clase se incorporan ahora unos 45.000 hombres al año, proporciona en siete reemplazos mucho más que esa cifra. Los batallones de reemplazo son, en efecto, los depósitos de los que los batallones en campaña, debilitados por los combates y más aún por las fatigas, reciben los refuerzos necesarios de hombres más o menos instruidos, y que a su vez se completan una y otra vez con la reserva de reemplazo.

Al mismo tiempo que la línea y las tropas de reemplazo, se moviliza la Landwehr. Los cuadros de la Landwehr, fijados también ya en tiempo de paz, comprenden 287 batallones (que deben llevarse a 301). En las dos últimas guerras los batallones de la Landwehr solo se llevaron a 800 hombres; si suponemos solo este escaso efectivo reglamentario, el Imperio alemán pone en pie 229.600 hombres de infantería de la Landwehr en tropas organizadas, quedando además a disposición posterior un número de supernumerarios que crece cada año.

Y no basta con eso: también se ha resucitado el Landsturm. Según noticias oficiosas, a finales de 1874 el efectivo de guerra de la infantería alemana se había aumentado ya en 234 batallones de Landsturm (de 800 hombres = 187.200 hombres), sin contar las compañías de cazadores; lo cual solo puede significar que los cuadros de estos batallones están fijados al menos de manera precaria. Pero con eso el Landsturm no está agotado ni mucho menos, pues según la triunfal declaración de Voigts-Rhetz6 en el Reichstag comprende «el cinco por ciento de la población, ¡dos millones de hombres!».

¿Cómo sale, pues, la cuenta?

Francia tiene en infantería de línea, incluidas las tropas que sirven en Argelia, 530.800 hombres, y esa es toda su infantería organizada. Pero si le añadimos además toda la primera reserva, en la medida en que posee alguna organización aparente —254.600 hombres (288 compañías de depósito de 800 hombres, 30 depósitos de cazadores de 540 hombres y 8.000 disciplinarios supernumerarios)—, eso da en total solo 785.400 hombres de a pie.

El Imperio alemán se presenta, once días después de la orden de movilización,

con una infantería de línea de490.480 hombres,
dos o tres días después
con otros 148 batallones155.400 hombres,
al cabo de otros catorce días
con 287 batallones de Landwehr de 800 hombres229.600 hombres,
y al cabo de otros catorce días más
con 234 batallones de Landsturm de 800 hombres187.200 hombres,
en total, con una infantería de1.062.680 hombres,

que ya en tiempo de paz está organizada de pies a cabeza y provista de antemano de todo lo necesario, y que tiene detrás de sí, para cubrir los huecos causados por la campaña, los 148 batallones de reemplazo con un efectivo (véase más arriba) de 188.690 hombres. En total, una masa organizada de infantería de 1.251.370 hombres.

¿Se cree acaso que exageramos? En absoluto. Nos quedamos todavía por debajo de la verdad, al desatender varios factores pequeños que, sin embargo, al sumarlos dan un total muy respetable. He aquí la prueba.

La Kölnische Zeitung del 27 de diciembre de 1874 contiene una «comunicación militar» procedente del Ministerio de la Guerra, de la que se desprende lo siguiente: a finales de 1873 el pie de guerra del ejército alemán era de

1.361.400 hombres, de ellos infantería994.900 hombres.
A ellos se añadieron en 1874 los cuartos batallones155.400 hombres.
y 234 batallones de Landsturm187.200 hombres.
total de infantería1.337.500 hombres,

es decir, casi 100.000 hombres más todavía que nuestro cálculo. El mismo artículo calcula el pie de guerra total de todas las armas en 1.723.148 hombres, entre ellos 39.948 oficiales; ¡y los franceses, en cambio, tienen a lo sumo 950.000 hombres de tropas organizadas de antemano, de ellos 785.000 de infantería!

En cuanto a la calidad de las tropas —suponiendo iguales por término medio las aptitudes guerreras de ambas naciones—, la del ejército francés no ha mejorado ciertamente desde la guerra. El Gobierno ha hecho todo lo posible por desmoralizar a las tropas, sobre todo trasladándolas a campamentos de barracones, donde en invierno el soldado no podía hacer instrucción ni ninguna otra cosa y estaba reducido, por así decirlo, exclusivamente a beber absenta. Faltan suboficiales, las compañías son débiles, los regimientos de caballería están lejos de tener caballos suficientes. Así lo subrayaba todavía el 14 de enero la propia Norddeutsche Allgemeine Zeitung;7 ¡entonces todavía predicaba la paz!

Pero la nueva legislación militar pone a disposición del ministro de la Guerra francés: en la línea, 704.714 hombres; en la reserva, 510.294 hombres; en el ejército territorial, 582.523, y en la reserva de este, 625.633 hombres; en total, 2.423.164 hombres, ¡que en caso de necesidad pueden llevarse a 2.600.000! Es cierto que el general Lewal,8 tras un examen minucioso de los documentos correspondientes, declara que tiene que rebajar esa suma a 2.377.000 hombres. Y también estos son todavía bastantes para volver loco al mejor ministro de la Guerra. ¿Qué diablos va a hacer con esa masa de gente, sin instrucción en casi dos terceras partes? ¿De dónde va a sacar los oficiales y suboficiales sin los cuales no puede instruirla, y menos aún organizarla?

En Alemania las cosas son muy distintas. El efectivo de pie de guerra se supone ya, en la exposición de motivos de la ley militar del Imperio, igual a 1.500.000 hombres. Pero a él se añaden, en virtud de esa misma ley, los cinco reemplazos de la reserva de reemplazo, cuya obligación de servicio se extendió desde los 27 hasta los 31 años cumplidos —45.000 hombres cada año—, es decir, unos 200.000 hombres. Por lo menos 200.000 supernumerarios por encima del pie de guerra figuraban ya antes en los registros. Y a ello se añade el Landsturm, con dos millones enteros de hombres; de modo que el ministro de la Guerra alemán tiene a su disposición 3.900.000, si no cuatro millones de hombres, y además el ejército, como dice el oficioso citado,

«aun con una movilización de hasta 1.800.000 hombres y más, con excepción de los reclutas incorporados al ejército de reemplazo, constará en su totalidad de soldados que han servido y que tienen una perfecta instrucción militar previa, lo cual en Francia, hasta la reserva territorial inclusive, solo podría conseguirse dentro de veinte años».

Como se ve, no es Francia, sino el Imperio alemán de nación prusiana9 el verdadero representante del militarismo. ¡Cuatro millones de soldados, el diez por ciento de la población! Adelante. A nosotros nos parece muy bien que el sistema se lleve hasta su último extremo. No desde fuera, por otro Estado militar victorioso, sino solo desde dentro, por sus propias consecuencias necesarias, puede quebrarse definitivamente este sistema. Y cuanto más se exagere, antes tendrá que derrumbarse. ¡Cuatro millones de soldados! También la socialdemocracia le estará agradecida a Bismarck si eleva la cifra a cinco o seis millones y luego, cuanto antes, alista también a las muchachas.

F. E.

  1. Bismarck había llamado «reptiles» a los enemigos del Gobierno; el nombre se volvió contra la prensa sobornada con el fondo secreto procedente de los bienes confiscados al rey de Hannover, el llamado «fondo de los reptiles». ↩

  2. Alusión a la fiebre de fundación de sociedades por acciones que siguió a la guerra de 1870-1871 (Gründerzeit), con los miles de millones de la indemnización francesa, y al crac bursátil de 1873. ↩

  3. La ley alemana sobre el Landsturm (milicia de última reserva), de febrero de 1875. ↩

  4. Ley francesa de marzo de 1875 sobre la constitución de los cuadros y efectivos del ejército activo y del ejército territorial. ↩

  5. Nombre que se daba a los tiradores argelinos del ejército francés. ↩

  6. Julius von Voigts-Rhetz (1809-1877), general prusiano, que defendió en el Reichstag la ley del Landsturm. ↩

  7. Diario de Berlín, órgano oficioso del Gobierno de Bismarck. ↩

  8. Jules Louis Lewal (1823-1908), general y escritor militar francés. ↩

  9. Juego con el nombre del Sacro Imperio Romano Germánico (Heiliges Römisches Reich deutscher Nation). ↩