Editorial escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado sin firma en The Labour Standard (Londres), núm. 8, del 25 de junio de 1881. Traducido del original inglés según la transcripción del texto del periódico en el Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de la MEW (Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 19, Berlín, 1962, pp. 266-269), por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen erratas evidentes de la transcripción. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.

Hemos prometido a nuestros lectores tenerlos al corriente de los movimientos obreros tanto en el extranjero como aquí. De vez en cuando hemos podido dar algunas noticias de América, y hoy estamos en condiciones de comunicar algunos hechos de Francia, hechos de tanta importancia que bien merecen discutirse en nuestras columnas editoriales.

En Francia no conocen los numerosos sistemas de votación pública que todavía se usan en este país. En lugar de haber un tipo de sufragio y un modo de votación para las elecciones parlamentarias, otro para las municipales, un tercero para las de las juntas parroquiales, y así sucesivamente, la regla en todas partes es el sufragio universal puro y simple con voto secreto. Cuando se formó en Francia el Partido Obrero Socialista,1 se decidió presentar candidatos obreros no solo al Parlamento, sino también en todas las elecciones municipales; y, en efecto, en la última renovación de los ayuntamientos de Francia, que tuvo lugar el pasado 9 de enero, el joven partido triunfó en gran número de ciudades industriales y de municipios rurales, sobre todo mineros. No solo sacó adelante candidatos sueltos, sino que en algunos sitios consiguió la mayoría en los concejos, y un concejo por lo menos, como veremos, estaba compuesto exclusivamente por obreros.

Poco antes de la fundación del Labour Standard hubo una huelga de obreros fabriles en la ciudad de Roubaix, junto a la frontera belga. El gobierno envió en el acto tropas a ocupar la ciudad y con ello, so pretexto de mantener el orden (que nunca estuvo amenazado), trató de provocar a los huelguistas a actos tales que pudieran servir de pretexto para la intervención de las tropas. Pero la gente se mantuvo tranquila, y una de las causas principales que le hicieron resistir a todas las provocaciones fue la actuación del ayuntamiento. Estaba compuesto en su mayoría por obreros. La cuestión de la huelga se le sometió y se discutió ampliamente. El resultado fue que el concejo no solo declaró que los huelguistas tenían razón, sino que llegó a votar la suma de 50.000 francos, o 2.000 libras, en apoyo de los huelguistas. Esa subvención no pudo pagarse, porque según la ley francesa el prefecto del departamento tiene derecho a anular cualquier acuerdo de los ayuntamientos que a su juicio exceda de sus atribuciones. Pero, con todo, el fuerte apoyo moral que la representación oficial del municipio dio así a la huelga fue del mayor valor para los obreros.

El 8 de junio, la Compañía Minera de Commentry, en el centro de Francia (departamento del Allier), despidió a 152 hombres que se negaron a someterse a condiciones nuevas y más desfavorables. Como esto formaba parte de un sistema empleado desde hacía algún tiempo para introducir gradualmente peores condiciones de trabajo, todos los mineros, unos 1.600, se declararon en huelga. El gobierno envió en el acto las tropas de costumbre para intimidar o provocar a los huelguistas. Pero también aquí el ayuntamiento abrazó en el acto la causa de los hombres. En su sesión del 12 de junio (domingo, por añadidura) aprobó acuerdos en el siguiente sentido:

  1. Considerando que es deber de la sociedad asegurar la existencia de quienes con su trabajo permiten la existencia de todos; y que si el Estado se niega a cumplir este deber, los municipios están obligados a cumplirlo, este concejo acuerda tomar un préstamo de 25.000 francos (1.000 libras), con el consentimiento de los mayores contribuyentes,2 suma que se destinará a beneficio de los mineros a quienes el despido injustificable de 152 de los suyos ha obligado a ponerse en huelga.

Aprobado por unanimidad, con el solo veto del alcalde.

  1. Considerando que el Estado, al vender a una sociedad anónima la valiosa propiedad nacional de las minas de Commentry, ha entregado con ello a los obreros allí empleados a merced de dicha compañía; que, en consecuencia, el Estado está obligado a velar por que la opresión que la compañía ejerce sobre los mineros no llegue a un grado que amenace su misma existencia; y considerando, sin embargo, que el Estado, al poner tropas a disposición de la compañía durante la presente huelga, ni siquiera ha guardado la neutralidad, sino que ha tomado partido por la compañía,

este concejo, en nombre de los intereses de la clase obrera que tiene el deber de proteger, insta al subprefecto del distrito:

  1. a retirar en el acto las tropas, cuya presencia, del todo injustificada, es una mera provocación; y

  2. a intervenir ante el director de la compañía y moverle a revocar la medida que ha causado la huelga.

Aprobado por unanimidad.

En un tercer acuerdo, aprobado también por unanimidad, el concejo, temiendo que la pobreza del municipio frustre el préstamo votado más arriba, abre una suscripción pública en ayuda de los huelguistas y hace un llamamiento a todos los demás concejos municipales de Francia para que envíen subsidios con el mismo fin.

Aquí tenemos, pues, una prueba palpable de lo que significa la presencia de obreros3 no solo en el Parlamento, sino también en los concejos municipales y en todas las demás corporaciones locales. ¡Qué distinto sería el final de muchas huelgas en Inglaterra si los hombres tuvieran detrás el ayuntamiento de la localidad! Los ayuntamientos y juntas locales ingleses, elegidos en gran parte por obreros, se componen hoy casi exclusivamente de patronos, de sus agentes directos e indirectos (abogados, etc.) y, en el mejor de los casos, de tenderos. En cuanto estalla una huelga o un cierre patronal, todo el poder moral y material de las autoridades locales se emplea a favor de los patronos y en contra de los hombres; hasta la policía, pagada con el dinero de los bolsillos de los hombres, se emplea exactamente igual que en Francia se usa a las tropas: para provocarlos a cometer actos ilegales y darles caza. Las autoridades de la Ley de Pobres se niegan en la mayoría de los casos a socorrer a hombres que, a su juicio, podrían trabajar si quisieran. Y es natural. A los ojos de esta clase de gente, a la que los trabajadores consienten que forme las autoridades locales, una huelga es una rebelión abierta contra el orden social, un atentado contra los sagrados derechos de la propiedad. ¡Y por eso, en toda huelga o cierre patronal, todo el enorme peso moral y físico de las autoridades locales se pondrá en el platillo de los patronos mientras la clase obrera consienta en elegir a patronos y a representantes de los patronos para las corporaciones locales electivas!

Esperamos que la actuación de los dos ayuntamientos franceses abra los ojos a muchos. ¿Ha de decirse para siempre, y también de los obreros ingleses, que «estas cosas las hacen mejor en Francia»?4 La clase obrera inglesa, con su vieja y poderosa organización, sus libertades políticas inmemoriales y su larga experiencia de acción política, tiene inmensas ventajas sobre la de cualquier país del continente. Y, sin embargo, los alemanes consiguieron sacar doce diputados obreros al Parlamento, y tanto ellos como los franceses tienen la mayoría en numerosos ayuntamientos. Es verdad que en Inglaterra el sufragio está restringido; pero incluso ahora la clase obrera tiene la mayoría en todas las grandes ciudades y distritos industriales. No tiene más que quererlo, y esa mayoría potencial se convierte al instante en una mayoría efectiva, en un poder en el Estado, en un poder en todas las localidades donde se concentran los trabajadores. Y una vez que haya obreros en el Parlamento, en los ayuntamientos y en las juntas locales de la Ley de Pobres,5 etc., ¿cuánto tardará en haber también magistrados obreros, capaces de poner palos en las ruedas a esos Dogberrys6 que hoy tan a menudo atropellan al pueblo?

  1. El Parti des travailleurs socialistes de France, fundado en el congreso obrero de Marsella de 1879; en 1880 adoptó el programa electoral cuyo preámbulo había dictado Marx a Jules Guesde en Londres. ↩

  2. Según la ley municipal francesa, ciertos empréstitos de los municipios exigían el voto conjunto del concejo y de los mayores contribuyentes del municipio (les plus imposés). ↩

  3. La transcripción inglesa dice literalmente «una prueba palpable de la presencia de obreros»; seguimos el sentido que da la versión alemana de la MEW. ↩

  4. Eco de la primera frase del Viaje sentimental (1768) de Laurence Sterne: «They order, said I, this matter better in France». ↩

  5. Los Boards of Guardians, juntas electivas que administraban en cada distrito la asistencia de la Ley de Pobres y los asilos. ↩

  6. Dogberry, el alguacil necio y presuntuoso de Mucho ruido y pocas nueces, de Shakespeare. ↩