Escrito por Friedrich Engels en Londres el 4 de diciembre de 1881 y publicado en Der Sozialdemokrat (Zúrich), n.º 50, 8 de diciembre de 1881. Traducido del alemán, según Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 19 (Berlín, 1962, pp. 291-292), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Una vez más la muerte se ha cobrado una víctima en las filas de la vieja guardia del socialismo proletario y revolucionario.

El 2 de diciembre de este año murió en Londres, tras una larga y dolorosa enfermedad, la esposa de Karl Marx.

Había nacido en Salzwedel. Su padre, trasladado poco después a Tréveris como consejero de gobierno,1 trabó allí estrecha amistad con la familia Marx. Los niños crecieron juntos. Las dos naturalezas, ricamente dotadas, se encontraron. Cuando Marx entró en la universidad, la comunidad de sus destinos futuros ya estaba decidida.

En 1843, después de la supresión de la primera Rheinische Zeitung, que Marx había dirigido durante algún tiempo, se celebró la boda. Desde entonces Jenny Marx no solo compartió los destinos, los trabajos y las luchas de su marido: tomó parte en ellos con la más alta comprensión y con la pasión más ardiente.

La joven pareja se fue a París, a un exilio voluntario que muy pronto se convirtió en exilio real. El Gobierno prusiano persiguió a Marx también allí. Alexander von Humboldt se prestó a colaborar en la obtención de una orden de expulsión contra Marx.2 La familia fue empujada a Bruselas.

Llegó la revolución de Febrero. Durante los disturbios que estallaron a su estela también en Bruselas no solo se detuvo a Marx. La policía belga no quiso privarse de meter también en la cárcel a su mujer, sin motivo alguno.3

El impulso revolucionario de 1848 se vino abajo ya al año siguiente. Nuevo exilio, primero en París y después, por una nueva intromisión del Gobierno francés, en Londres. Y esta vez fue de verdad para Jenny Marx un exilio con todos sus horrores. La penuria material, bajo la cual vio bajar a la tumba a sus dos niños y a una niña,4 la habría superado a pesar de todo. Pero que el Gobierno y la oposición burguesa, de la liberal vulgar a la democrática, se unieran en una gran conjura contra su marido; que lo cubrieran con las calumnias más miserables y más infames; que toda la prensa se le cerrara y le cortara toda defensa, de modo que por un tiempo quedó indefenso ante adversarios a los que él y ella no podían sino despreciar: eso la hirió profundamente. Y aquello duró mucho tiempo.

Pero no para siempre. El proletariado europeo volvió a encontrarse en condiciones de existencia en las que podía moverse con cierta independencia. Se fundó la Internacional. La lucha de clases del proletariado fue penetrando de país en país, y entre los primeros combatía su marido, el primero de todos. Empezó entonces para ella una época que compensó no pocos sufrimientos duros. Vivió para ver cómo las calumnias que habían llovido como granizo sobre Marx se dispersaban como paja al viento; cómo sus doctrinas, que todos los partidos reaccionarios, tanto los feudales como los demócratas, se habían esforzado tanto en ahogar, se predicaban ahora desde los tejados en todos los países civilizados y en todas las lenguas cultas. Vivió para ver cómo el movimiento proletario, con el que había crecido unido todo su ser, sacudía el viejo mundo, de Rusia a América, hasta en sus cimientos y avanzaba, contra toda resistencia, cada vez más seguro de la victoria. Y una de sus últimas alegrías fue todavía la prueba contundente de vitalidad indestructible que nuestros obreros alemanes dieron en las últimas elecciones al Reichstag.5

Lo que una mujer así, con una inteligencia tan aguda y crítica, con semejante tacto político, con tal energía y pasión de carácter, con tal entrega a sus compañeros de lucha, hizo en el movimiento durante casi cuarenta años no se ha exhibido en público, no consta en los anales de la prensa contemporánea. Eso hay que haberlo vivido de cerca. Pero una cosa sé: las mujeres de los refugiados de la Comuna la recordarán todavía muchas veces, y los demás echaremos de menos muchas veces su consejo audaz y prudente; audaz sin fanfarronería, prudente sin ceder nunca nada en el honor.

Londres, 4 de diciembre de 1881

Friedrich Engels

  1. Ludwig von Westphalen (1770-1842), alto funcionario prusiano, fue trasladado de Salzwedel a Tréveris en 1816. Jenny von Westphalen (1814-1881) se prometió con Karl Marx en 1836 y se casó con él en Kreuznach el 19 de junio de 1843. ↩

  2. La expulsión de Marx de Francia, decretada por el Gobierno de Guizot en enero de 1845 a instancias de Prusia, alcanzó a los redactores del Vorwärts! de París. Alexander von Humboldt, el naturalista, estaba en París en esas fechas, y se le atribuyó una gestión en ese sentido ante Luis Felipe. ↩

  3. En marzo de 1848, tras la orden de expulsión del Gobierno belga, Marx fue detenido en Bruselas y también lo fue Jenny Marx, que pasó una noche en el calabozo entre prostitutas. ↩

  4. Heinrich Guido (1849-1850), Franziska (1851-1852) y Edgar (1847-1855). ↩

  5. Las elecciones al Reichstag del 27 de octubre de 1881, en las que el partido socialdemócrata, pese a la ley de excepción contra los socialistas, obtuvo más de 300.000 votos y doce diputados. ↩