Escrito por Friedrich Engels a finales de octubre de 1882 y publicado en Der Sozialdemokrat (Zúrich), n.º 45, 2 de noviembre de 1882. Traducido del alemán, según Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 19 (Berlín, 1962, pp. 312-314), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
La Norddeutsche Allgemeine Zeitung, el órgano de cámara del príncipe Bismarck, está, en virtud de su posición, por encima no solo de todas las reglas de la decencia, sino también de la lógica y del sentido común.1 Tiene el privilegio de insultar, de calumniar, de mentir y de escribir disparates, tanto de estadista como impropios de un estadista. Salvo algunos lacayos, con y sin uniforme, que acostumbran a venerar las expectoraciones y los excrementos del Dalái Lama como emanaciones de la divinidad y, si hace falta, también a comérselos, todo el mundo sabe que este periódico es el asilo de toda vileza y de toda estupidez.2
Cuando se trata de enlodar a un adversario, de lanzar al mundo una mentira bien gorda, una calumnia bien jugosa, y de meter bien hondo la mano en el fango de la calle, entonces la elegida para ese cargo honorífico es la Norddeutsche Allgemeine. Y lo desempeña con visible complacencia.
Últimamente, este limpio periódico, que por su torpeza y su excesivo descrédito no pudo emplearse en la campaña electoral para el Landtag,3 se ha dedicado con especial predilección a enlodar a la socialdemocracia y a difundir sobre ella las mentiras más disparatadas.
Ciertos sucesos de Francia se deforman del modo más grotesco y se pintarrajean, con los colores más chillones, cuadros espeluznantes destinados a mostrar a la humanidad estremecida que los socialdemócratas son ladrones, asesinos, incendiarios y Dios sabe qué más, y que la República francesa tiene que hundirse necesariamente porque es incapaz de defenderse de semejantes monstruos, para lo cual, naturalmente, solo es capaz una monarquía con un mayordomo de palacio a lo Bismarck.
En el «atentado con robo y asesinato» de Viena fue la Norddeutsche la que con más desvergüenza lo cargó en la cuenta de la socialdemocracia y le añadió las denuncias más canallescas.
Cuando hace catorce días una fiscalía austríaca cometió la cretina desvergüenza de atribuir los disturbios antijudíos de Hungría a maquinaciones secretas de la socialdemocracia, la Norddeutsche Allgemeine fue el único periódico que aplaudió esta jugada tan estúpida como infame y secundó al idiota del fiscal,4 aunque sabe muy bien —lo sabe por su entorno más cercano y por su propia experiencia personal— que el llamado «movimiento antisemita» tiene en los socialdemócratas a sus adversarios más decididos y que en Alemania, especialmente en Berlín, a pesar del celosísimo apoyo del patrón de la Norddeutsche Allgemeine,5 ha fracasado ante la actitud de los socialdemócratas.
La última hazaña mentirosa de la Norddeutsche consiste en una noticia bastante larga según la cual la cuestión de la prórroga de la ley contra los socialistas habría provocado una «violenta disputa» en la socialdemocracia alemana.
El «grupo de Liebknecht» opinaría que la continuación de la ley contra los socialistas conviene a los intereses del partido; otros (¿grupos?) combatirían esta opinión como política de la «frase», «y que la disputa así surgida dentro del partido socialdemócrata se libre con las armas más groseras se entiende por sí mismo». Los lectores del Sozialdemokrat saben lo que hay detrás de este embuste. Del mismo modo que no hay dentro del partido socialdemócrata «grupos» en el sentido de la Norddeutsche, tampoco hay una «disputa» sobre cuestión alguna, y menos aún sobre la de la prórroga o no prórroga de la ley contra los socialistas.
Somos demasiado buenos «políticos realistas» para preocuparnos por huevos que aún no se han puesto, y ante esta cuestión sentimos la más absoluta «indiferencia».6 Si se deroga la ley contra los socialistas, sabemos que no se deroga por amor a nosotros, y seguimos siendo lo que somos; y si no se deroga, con más razón seguimos siendo lo que somos. Por lo demás, en que la ley contra los socialistas ha sido inapreciable para la formación y la consolidación de nuestro partido y ha tenido en general un excelente efecto educativo, en eso coinciden todos los socialdemócratas sin excepción.
La cuestión de si es probable la prórroga o la no prórroga de la ley contra los socialistas sí se ha tratado en el órgano del partido, y solo aquí, pero, como corresponde a la naturaleza del tema, de modo puramente académico. ¿Y dónde está, preguntamos, la «disputa» que se habría «librado con armas tan groseras»? Ni una palabra que justifique la afirmación de la Norddeutsche. El periódico de cámara de Bismarck no conoce todavía, por lo visto, la regla tan indispensable para los mentirosos de profesión de que hay que mentir con verdad, es decir, de que la mentira necesita una mezcla de verdad para poder echar a volar.
De paso, la Norddeutsche ha tenido que oír de la Liberale Correspondenz que con esa noticia suya había cometido una tontería colosal. Porque no podía haber mejor argumento para derogar la ley contra los socialistas que el de que los socialdemócratas deseen su continuación. Hasta ahí, desde luego, no habían alcanzado las luces del periódico de cámara de Bismarck.
La Norddeutsche Allgemeine Zeitung (Berlín, 1861-1918) era el órgano oficioso del Gobierno de Bismarck; Emil Pindter (1836-1897) era su redactor jefe. El título juega con el verbo flunkern, «contar trolas». ↩
El «Dalái Lama» es aquí Bismarck. ↩
Las elecciones a la Cámara de Diputados de Prusia (Landtag) de octubre de 1882. ↩
En 1882 la acusación de crimen ritual contra los judíos de Tiszaeszlár desató en Hungría una campaña y disturbios antisemitas. ↩
La MEW añade entre corchetes el nombre: Bismarck. El movimiento antisemita berlinés de aquellos años lo encabezaba el predicador de la corte Adolf Stoecker. ↩
«Realpolitiker» y «Wurstigkeit» (indiferencia, «me da igual»), dos palabras de moda en la jerga política de la época de Bismarck. ↩