Escrito en francés por Friedrich Engels en Londres el 17 de marzo de 1891 y publicado en Le Socialiste (París), n.º 27, 25 de marzo de 1891. Traducido del francés, según la transcripción de Roger Dangeville (La Commune de 1871) en el Marxists Internet Archive, sin las notas ni los añadidos entre paréntesis del editor, y cotejado con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 22 (Berlín, 1963, p. 186), por la Escuela de marxismo, 2026. La MEW da además, al principio, la fecha («Londres, 17 de marzo») y, al final, la firma («F. Engels»), que faltan en la transcripción. Las notas son nuestras. Texto original en francés.
Ciudadanas y ciudadanos:
Hace veinte años, el pueblo obrero de París se levantaba como un solo hombre contra el siniestro complot de los burgueses y los ruraux1 dirigidos por Thiers. Estos enemigos del proletariado temblaban ante la idea de que los obreros parisienses se hubieran armado y organizado para defender sus derechos. Thiers quiso robarles las armas que habían empleado gloriosamente contra la invasión extranjera y que emplearon con más gloria todavía contra los ataques de los mercenarios versalleses. Para vencer al París insurrecto, los burgueses y los ruraux imploraron la ayuda de los prusianos y la obtuvieron. Tras una lucha heroica, París fue aplastado por un enemigo superior en número y en armamento, y fue desarmado.
Hace ya veinte años que los obreros de París están sin armas, como ocurre en todas partes: en todos los grandes países civilizados, el proletariado está despojado de los medios materiales de su defensa. En todas partes son los enemigos y los explotadores de la clase obrera quienes disponen de todas las fuerzas militares y del armamento.
¿Adónde nos lleva esto?
A que todo hombre válido pasa hoy por el ejército: este refleja cada vez más los sentimientos y las opiniones del pueblo, de suerte que el ejército, medio esencial de opresión, se vuelve cada día una institución menos segura. Ya los hombres que están a la cabeza de todos los grandes Estados ven venir con terror el día en que los soldados que están bajo las banderas se nieguen a matar a sus hermanos y a sus padres. Es lo que ocurrió cuando el Tonkinés2 tuvo el descaro de aspirar a la presidencia de la República francesa; es lo que vemos hoy en Berlín, donde el sucesor de Bismarck3 pide al Reichstag los medios para reforzar en el ejército el espíritu de obediencia de los suboficiales, a quienes se trata de comprar con primas de celo, ¡y eso porque entre ellos hay demasiados socialistas! Cuando se ha llegado a esto, cuando hasta en el ejército empieza a despuntar el alba, es que el fin del viejo mundo ya no está muy lejos.
¡Que se cumplan los destinos! ¡Que la burguesía decadente dimita o se hunda, pero viva el proletariado! ¡Viva la revolución social internacional!
Los «rurales»: así llamaban los republicanos a la mayoría monárquica de la Asamblea Nacional elegida en febrero de 1871, compuesta sobre todo por terratenientes y notables del campo. La versión alemana de la MEW dice Krautjunker, «hidalgüelos de aldea». ↩
Jules Ferry (1832-1893), llamado así por la conquista de Tonkín durante su gobierno (1883-1885). Su candidatura a la presidencia de la República en diciembre de 1887 fracasó ante la hostilidad popular en París. ↩
Leo von Caprivi, canciller del Imperio alemán desde marzo de 1890. ↩