Carta de Friedrich Engels, de dieciocho años, a Wilhelm Graeber, en Berlín, empezada en Bremen el 24 de mayo y terminada el 15 de junio de 1839 (el lugar y el año los conjetura la edición). Traducida de Marx/Engels, Gesamtausgabe (MEGA¹), sección I, tomo 2 (Berlín, 1930), pp. 519-523, por la Escuela de marxismo, 2026. Se conserva completa. Las notas son nuestras. Texto original.

My dear William!1

Hoy… ¡24 de mayo, y ni una línea vuestra! Os volvéis a ganar el no recibir poemas. No os entiendo. Mientras tanto, tendrás contribuciones a la literatura del presente.

Obras reunidas de Ludwig Börne. Tomos 1 y 2. Hojas dramatúrgicas.2 Börne, el luchador gigantesco por la libertad y el derecho, se muestra aquí en el terreno estético. Y también aquí está en su casa; lo que dice es tan preciso y claro, nace tan de un sentimiento certero de lo bello y está demostrado de manera tan evidente, que no cabe ni hablar de contradecirlo. Por encima se derrama un mar del ingenio más exuberante, y como rocas emergen aquí y allá las ideas de libertad, firmes y afiladas. La mayoría de estas críticas (porque de ellas se compone el libro) se escribieron al mismo tiempo que se estrenaban las obras, es decir, en una época en que el juicio de la crítica sobre ellas andaba todavía a tientas, ciego y vacilante; pero Börne lo vio y lo penetró todo hasta los hilos más íntimos de la acción. Las más sobresalientes son las críticas sobre el Tell de Schiller, un artículo que desde hace más de veinte años se opone a la opinión común sin que nadie lo haya refutado, precisamente porque es irrefutable; sobre el Cardenio y el Hofer de Immermann, el Isidor y Olga de Raupach, el Mercado de la lana de Clauren —al que van unidos otros intereses—, el Faro y el Retrato de Houwald, que aniquila de tal modo que no queda nada, absolutamente nada, y el Hamlet de Shakespeare.3 En todas partes es el gran hombre que provocó una contienda de consecuencias todavía imprevisibles, y ya solo estos dos tomos asegurarían a Börne un lugar junto a Lessing; pero él fue un Lessing en otro terreno: ¡ojalá le siga en Karl Beck el Goethe!

Noches. Canciones acorazadas, de Karl Beck.4

«Soy un sultán, salvaje y agitado por la tormenta; mi ejército, las figuras acorazadas de la canción; en torno a mi frente la pena ha puesto el turbante en pliegues llenos de misterio».

Si imágenes así aparecen ya en la segunda estrofa de un prólogo, ¿cómo será el libro mismo? Si un joven de veinte años alberga tales pensamientos, ¿cómo cantará el hombre maduro? Karl Beck es un talento poético como no ha surgido otro desde Schiller. Encuentro un parentesco llamativo entre Los bandidos de Schiller y las Noches de Beck: el mismo espíritu ardiente de libertad, la misma fantasía indómita, la misma arrogancia juvenil, los mismos defectos. Schiller aspiraba a la libertad en Los bandidos, que fueron una seria advertencia a su época servil; pero entonces semejante aspiración no podía todavía tomar una forma precisa; ahora tenemos en la Joven Alemania una tendencia precisa y sistemática, y Karl Beck aparece y le grita a su época que reconozca esa tendencia y se sume a ella. Benedictus, qui venit in nomine Domini!5

El poeta errante. Poemas de Karl Beck.6 El joven poeta, apenas publicada la primera, presenta ya una segunda obra que no le va a la zaga a la primera en fuerza, riqueza de ideas, impulso lírico y profundidad, y que en solidez de forma y en clasicismo la supera infinitamente. ¡Qué progreso, de la «Creación» de las Noches a los sonetos sobre Schiller y Goethe de El poeta errante! Gutzkow opina que la forma del soneto perjudica al efecto del conjunto, pero yo sostendría que este soneto shakespeariano mantiene precisamente el justo medio, adecuado a este poema singular, entre la estrofa épica y el poema suelto. No es un poema épico, es puramente lírico, ensartado en un hilo épico flojo, más flojo aún que el Childe Harold de Byron. Pero dichosos nosotros, los alemanes, porque ha nacido Karl Beck.

Blasedow y sus hijos. Novela cómica de Karl Gutzkow. Tomo 1.7 En la base de esta novela en tres tomos está la idea de un Don Quijote moderno, una idea ya usada varias veces, pero casi siempre mal elaborada, y no digamos agotada. El carácter de este Don Quijote moderno (Blasedow, un párroco de pueblo), tal como Gutzkow lo concibió al principio, era excelente; en la ejecución, en cambio, algunas cosas no están logradas. Al menos, frente a la obra de Cervantes, que también es, desde luego, obra de un hombre maduro, esta novela de Gutzkow, que apenas tiene treinta años (y que, además, dicen que la tenía terminada desde hace tres), se queda muy atrás. En cambio, los personajes secundarios —Tobianus parece corresponder a Sancho Panza—, las situaciones y el lenguaje son excelentes.

Hasta aquí mis reseñas; seguiré cuando hayas escrito. ¿Sabes cuándo han llegado vuestras cartas? ¡El… quince de junio! ¡Y las últimas llegaron el quince de abril! ¡Justo dos meses! ¿Os parece bien? Decreto por la presente que, so pena de no volver a recibir poemas nunca más, se le retire a Wurm toda intervención en el envío de las cartas. ¡Y si en el plazo debido Wurm no tiene lista su carta, mandad las vuestras sin la suya! ¿No bastan catorce días para escribirme dos páginas en cuarto? Es una vergüenza. Además, otra vez no pones la fecha, y eso tampoco me parece bien. El artículo del Tel[egraph] es propiedad mía indiscutible y a W. Blank le ha gustado sobremanera; en Barmen también ha tenido un aplauso considerable, y además lo ha citado con grandes elogios el Athenäum de Núremberg.8 Exageraciones sueltas puede que tenga, pero el conjunto da una imagen exacta, vista desde un punto de vista razonable. Claro que si se lee con el prejuicio de que es un engendro confuso, por fuerza tiene que parecerlo. Lo que dices de la comedia es justum.

Justus judex ultionis, / Donum fac remissionis!9

La canzone no la habéis tocado en absoluto. Queda pendiente.

Candidatos del almanaque de las musas10

En cuanto a Leo y Michelet,11 solo conozco el asunto, eso sí, por Los hegelianillos de Leo y varios escritos en contra, y he sacado de ellos: 1. que Leo, que según sus propias palabras renunció hace once años a toda filosofía y por eso no tiene criterio sobre ella; 2. que la vocación para ello solo la ha encontrado en su propio cerebro exaltado y fanfarrón; 3. que ha atacado conclusiones que se seguían necesariamente, por la dialéctica peculiar de Hegel, de premisas generalmente admitidas, en lugar de atacar la dialéctica, sin lo cual tenía que dejar en pie esas consecuencias; 4. que ha refutado los escritos en contra solo con exclamaciones groseras, incluso con insultos; 5. que se considera muy por encima de sus adversarios, se da importancia y en la página siguiente vuelve a coquetear con la humildad más desmedida; 6. que solo ataca a cuatro, cuando con ello atacaba a toda la escuela, que no se puede separar de estos; porque por mucho que Gans,12 etc., se hayan apartado de ellos en cosas concretas, formaban un todo tan estrecho que Leo era el menos capaz de demostrar que los puntos de diferencia fueran importantes. 7. Es el espíritu de la Ev[angelische] K[irchen]-Z[eitung], que se le adelantó a Leo, el que reina en todo el libelo de Leo;13 conclusión: Leo habría hecho mejor en cerrar el pico. ¿Qué «experiencias amarguísimas» han sido esas que obligaron a Leo a arremeter?14 ¿No los había asaltado ya en su folleto sobre Görres,15 y con más violencia aún que en Los hegelianillos? A una polémica científica está llamado todo el que tiene los conocimientos para ello (¿los tenía Leo?), pero quien quiera condenar, que se ande con cuidado; ¿y Leo lo ha hecho? ¿No condena, junto con Michelet, también a Marheineke,16 a quien la Ev[angelische] K[irchen]-Z[eitung] sigue a cada paso, como a uno puesto bajo su vigilancia policial, para ver si todo es bien ortodoxo? Razonando con coherencia, Leo habría tenido que condenar a muchísimos, pero para eso no tuvo valor. Quien quiera atacar a la escuela hegeliana tiene que ser él mismo un Hegel que cree en su lugar una filosofía nueva. Y a despecho de Leo, la escuela se extiende cada día más. ¿Y el ataque de Schubarth, el de Hirschberg, contra el lado político de la escuela hegeliana no viene a ser como el amén del sacristán al credo clerical del león de Halle, que, eso sí, no reniega de su linaje gatuno?17 Por cierto, Leo es el único profesor universitario de Alemania que defiende con celo la aristocracia nobiliaria. ¡Leo llama también amigo suyo a W. Menzel!!!18

Tu fiel amigo
Friedrich Engels, joven alemán.19

¿No habéis ido con el cadáver de Gans? ¿Por qué no me escribís nada de eso?20

  1. En inglés: «¡Mi querido Guillermo!». Wilhelm Graeber, hermano de Friedrich, compañero de Engels en el instituto de Elberfeld, estudiaba teología en Berlín. ↩

  2. Ludwig Börne (1786-1837), el escritor demócrata exiliado en París, autor de las Cartas desde París. Los dos primeros tomos de sus Gesammelte Schriften (Hamburgo, 1829) reúnen sus críticas teatrales con el título Dramaturgische Blätter. ↩

  3. Cardenio und Celinde y Das Trauerspiel in Tyrol (sobre Andreas Hofer), de Karl Immermann (1796-1840); Die Leibeigenen, oder Isidor und Olga, de Ernst Raupach (1784-1852); Der Wollmarkt, comedia de H. Clauren, seudónimo de Karl Heun (1771-1854); Der Leuchtturm y Das Bild, de Ernst von Houwald (1778-1845), autor de dramas de destino. ↩

  4. Karl Beck (1817-1879), poeta nacido en Hungría, Nächte. Gepanzerte Lieder (Leipzig, 1838). Los versos son del poema que abre el libro, «Der Sultan». Engels le dedicó ese mismo año un artículo en el Telegraph für Deutschland. ↩

  5. En latín: «Bendito el que viene en nombre del Señor» (Mateo 21, 9; Salmo 118, 26). ↩

  6. Der fahrende Poet. Dichtungen (Leipzig, 1838), en cuatro cantos. ↩

  7. La novela de Gutzkow se publicó en tres tomos en 1838-1839. ↩

  8. Athenäum für Wissenschaft, Kunst und Leben, revista mensual de Núremberg. ↩

  9. En latín: «Justo juez de la venganza, concédenos el don del perdón», versos del himno Dies irae, que dice Juste judex; Engels escribe Justus para enlazar con el justum («justo») anterior. ↩

  10. En el manuscrito, aquí, un dibujo de Engels con esta leyenda: cinco jóvenes en fila, caricaturizados: uno grueso con gafas y el sombrero en la mano, otro con una pipa larga y un sable, otro con gorra, uno alto y flaco que camina con el sombrero en la mano y uno pequeño y cabezón con anteojos. La edición lo reproduce. ↩

  11. Heinrich Leo (1799-1878), historiador y profesor en Halle, de convicciones ultraconservadoras, atacó a los jóvenes hegelianos en Die Hegelingen. Actenstücke und Belege zu der s. g. Denunciation der ewigen Wahrheit (Halle, 1838); el hegeliano Karl Ludwig Michelet (1801-1893), profesor en Berlín, fue uno de los que le replicaron. Engels ya los había sacado a escena en su tragicomedia de la carta de finales de abril a Friedrich Graeber. ↩

  12. Eduard Gans (1797-1839), jurista hegeliano, profesor en Berlín. ↩

  13. La Evangelische Kirchenzeitung de Berlín, dirigida por Ernst Wilhelm Hengstenberg, órgano de la ortodoxia protestante, había atacado a los hegelianos antes que Leo. ↩

  14. Según la MEGA¹, la expresión no está en Die Hegelingen; quizá Engels alude a un pasaje del apéndice de la edición de Leipzig de 1838, en que Leo dice que ha hecho «experiencias» que le imponen como deber de su vida extirpar «el cáncer de la mentira». ↩

  15. Heinrich Leo, Sendschreiben an J. Görres (Halle, 1838). Joseph Görres (1776-1848), publicista católico. ↩

  16. Philipp Konrad Marheineke (1780-1846), teólogo hegeliano, profesor en Berlín. ↩

  17. Karl Ernst Schubarth (1796-1861), publicista antihegeliano de Hirschberg, en Silesia, autor de Über die Unvereinbarkeit der Hegel'schen Staatslehre mit dem obersten Lebens- und Entwicklungsprinzip des Preußischen Staats (Breslau, 1839). Leo significa «león» en latín. ↩

  18. Wolfgang Menzel (1798-1873), crítico literario de Stuttgart y enemigo declarado de la Joven Alemania. ↩

  19. Es decir, partidario de la Joven Alemania, el grupo de escritores liberales cuyos escritos prohibió la Dieta Federal en 1835. ↩

  20. Eduard Gans murió en Berlín el 5 de mayo de 1839; su entierro fue multitudinario. ↩