Carta de Friedrich Engels, de veinte años, a su hermana Marie, interna en el Instituto Gran Ducal de Mannheim, escrita en Bremen el 18 de febrero de 1841. Traducida de Marx/Engels, Gesamtausgabe (MEGA¹), sección I, tomo 2 (Berlín, 1930), pp. 608-610, por la Escuela de marxismo, 2026. Se conserva completa, con la dirección y los matasellos. Las notas son nuestras. Texto original.
¡Querida Marie!
Esta vez vas a recibir una carta bien pesada. Al principio hasta quería escribirte en cartón, para que tuvieras que soltar un buen porte, pero por desgracia no pude conseguir un trozo liso y ahora tengo que escribir en el papel más pesado que había en nuestro almacén de papel. Si no sabes lo que es una Paukstunde,1 eso demuestra que te has quedado vergonzosamente atrasada en cultura; pero que no lo hayas visto por el dibujo que te mandé demuestra además una cortedad natural, y se ve que contigo no solo se ha echado a perder el lúpulo de la instrucción, sino también la malta del ingenio.2 En vuestro mal alemán, Paukstunde quiere decir clase de esgrima. Ahora me he agenciado también un par de sables de esgrima y unos guantes,3 los únicos guantes que tengo, porque con los de cabritilla y demás yo no me rebajo.
A propósito del Stabat mater dolorosa, etc., se me ocurre: mira a ver si esa pieza es de Pergolesi.4 Si lo es, consígueme a ser posible una copia de la partitura; si lleva instrumentos, esos no me hacen falta, solo las voces. Pero si es de Palestrina o de otro, no la quiero. Pasado mañana cantamos el Paulus de Mendelssohn,5 el mejor oratorio que se ha escrito desde la muerte de Händel. Ya lo conocerás. Al teatro voy muy poco, porque el de aquí es vergonzosamente malo, y solo voy de vez en cuando si dan una obra nueva o una buena ópera que no conozca todavía.
Desde mi última carta hemos tenido aquí una inundación de las buenas. En casa de Treviranus6 el agua llegó a doce o catorce pulgadas de altura en mi cuarto, y tuve que refugiarme en casa del viejo,7 que con su bondad de siempre me tuvo alojado casi quince días. Pero allí fue donde empezó de verdad el baile. El agua llegaba a pie y medio de altura delante de la casa, y para que no entrara en la bodega, que tiene un tragaluz, se lo tapiamos con boñiga de vaca. Pero la maliciosa agua se pasó entonces de la bodega del vecino a la nuestra a través de la pared, y para que no se ahogaran nuestros hermosos barriles de ron y las patatas, y sobre todo la bien surtida bodega de vinos del viejo, tuvimos que bombear día y noche, cuatro noches seguidas, que me pasé las cuatro enteras bombeando. Wilhelm Leupold8 y yo solíamos quedarnos juntos en vela, sentados en el sofá detrás de la mesa, y en la mesa unas cuantas botellas de vino, salchichón y un buen trozo del más noble ahumado de Hamburgo. Y así se fumaba, se charlaba y cada media hora se bombeaba. Fue muy divertido. A las cinco de la mañana llegaba el viejo y relevaba a uno de los dos. Durante esta inundación han pasado cosas conmovedoras. En una casa de las afueras, que estaba llena de agua hasta las ventanas del piso bajo, la gente vio de pronto llegar nadando una cantidad enorme de ratas, que entraron por las ventanas y ocuparon toda la casa. En esa casa, además, solo vivían mujeres que les tenían pánico a las ratas, ni un solo hombre, de modo que las delicadas damas, a pesar de su miedo, tuvieron que decidirse a atacar a la horda salvaje con sables, bastones, etc. En una casa que está justo a orillas del Weser, los empleados del escritorio estaban desayunando cuando bajó flotando un gran témpano que atravesó la pared y metió su descarada cabeza en la habitación, tras lo cual, naturalmente, entró enseguida una buena ración de agua. Ahora también te voy a dar una noticia. Recordarás que una vez te escribí, muy misterioso, de una gran comida que se dio en el consulado real de Sajonia9 y en la que pasaron grandes secretos. Pues ahora te puedo decir que la persona en cuyo honor se dio la comida era la dame souveraine des pensées, la donna amada mais que la vida10 de mi segundo principal, el Wilhelm Leupold que te he nombrado arriba. Durante la inundación me comunicó oficialmente su compromiso, que se hará público por Pascua, y yo, confiando en tu discreción, te lo cuento a ti; pero todavía no puedes contárselo a nadie, porque no será público hasta Pascua. Ya ves cuánto confío en ti, porque si lo cuentas, en tres días podría haberse propagado hasta aquí, hasta Bremen, ya que en todas partes hay mujeres chismosas. Y entonces me vería en un buen aprieto. La novia de W. L[eupold] se llama Therese Meyer y es hija del Stockmeyer de Hamburgo. Y a este lo llaman Stockmeyer porque tiene una fábrica de bastones,11 con la que se ha hecho con un dineral. Lleva, quiero decir, no la fábrica, sino Therese, un spencer12 azul y un vestido claro, tiene diecisiete años y está tan flaca como tú, si es que entretanto no has engordado en Mannheim. Ni siquiera está confirmada todavía. ¿No es terrible?
Hoy me he vuelto a cortar el bigote y he enterrado el joven cadáver entre grandes lamentos. Parezco una mujer, es una vergüenza; y si hubiera sabido que sin bigote tengo una pinta tan vergonzosa, seguro que no me lo habría cortado. Cuando estaba delante del espejo con las tijeras y ya me había rebanado el lado derecho, entró el viejo en el escritorio y no pudo contener la risa al verme con medio bigote. Pero ahora me lo vuelvo a dejar crecer, porque así no puedo dejarme ver en ninguna parte. En la Singakademie13 era el único con bigote, y siempre me divertían los filisteos,14 que no salían de su asombro de que yo tuviera la desfachatez de presentarme tan sin afeitar en una reunión decente. A las damas, sin embargo, les gustaba mucho, y a mi viejo también. Anoche mismo, en el concierto, tenía alrededor a seis jóvenes petimetres, todos de frac y guantes de cabritilla, y yo me puse en medio de ellos con mi levita de diario y sin guantes. Los tipos se pasaron toda la noche comentando mi persona y mi hirsuto labio superior. Lo mejor es que hace tres meses aquí no me conocía nadie, y ahora me conoce todo el mundo, solo por el bigote. ¡Ay, los filisteos!
Br., 18 de febrero de 1841.
Tu Friedrich.
[En el reverso, la dirección:]
Señorita Marie Engels, en el Instituto Gran Ducal
de Mannheim.
[Matasellos:] Bremen, 19 de febrero. Mannheim, 23 de febrero.
«Clase de esgrima», en la jerga de los estudiantes; Engels ya la había nombrado en la carta del 21-28 de diciembre de 1840. ↩
Juego con la frase hecha alemana an dem ist Hopfen und Malz verloren («con ese se pierden el lúpulo y la malta»), que se dice de quien no tiene remedio. ↩
Los Schläger, sables rectos de la esgrima estudiantil, y los guanteletes que se usaban con ellos. ↩
El Stabat mater para soprano, contralto y cuerda de Giovanni Battista Pergolesi (1710-1736), terminado en 1736. Palestrina también compuso uno, para coro sin instrumentos. ↩
El oratorio Paulus de Felix Mendelssohn Bartholdy (1809-1847), estrenado en Düsseldorf en 1836. Engels cantaba en la Singakademie de Bremen. ↩
El pastor Georg Gottfried Treviranus (1788-1868), en cuya casa vivía Engels. ↩
Heinrich Leupold, el dueño de la casa de comercio en la que Engels hacía su aprendizaje. ↩
Hijo de Heinrich Leupold, que trabajaba también en el negocio de su padre. ↩
Heinrich Leupold era cónsul de Sajonia en Bremen. ↩
«La dama soberana de los pensamientos», en francés, y «la dama amada más que la vida», en una mezcla de español y portugués: fórmulas de los libros de caballerías. ↩
Stock significa «bastón». ↩
Chaqueta corta de mujer, ceñida y de talle alto. ↩
La sociedad coral de Bremen. ↩
Philister: en la jerga estudiantil alemana, el burgués acomodado y estrecho de miras. ↩