Carta de Friedrich Engels a su hermana Marie, que pasaba el verano en Ostende, escrita en Berlín entre el 2 y el 8 de agosto de 1842. Traducida de Marx/Engels, Gesamtausgabe (MEGA¹), sección I, tomo 2 (Berlín, 1930), pp. 623-627, por la Escuela de marxismo, 2026. Se conserva completa. Las notas son nuestras. Texto original.

Berlín, 2 de agosto de 1842.

¡Querida Marie!

Me he alegrado mucho de tu larga carta, y en vista de tanto papel escrito en cruz1 he leído muy deprisa el sermón, de modo que ya ni siquiera sé qué me reprochas. Ya me imagino que la señorita Jung habrá puesto, sin duda, una cara muy arrugada al leer cómo Hermann2 llamaba al querido Instituto por su verdadero nombre, convento, y también que lo llamó persona frívola. Pero por suerte no toda la gente piensa tan mal de la frivolidad como tu antigua lectora mayor del registro de pecados. Y menos mal. Si no, ¿qué iba a ser de nosotros dos, verdad? Yo también dejo que mi capitán me gruña y me eche broncas y pienso: et soll wol egal sein,3 y le hago burla; y cuando se pasa de la raya, como el miércoles pasado, cuando todos los demás estaban dispensados y yo solo, nada más porque mi asistente no me había dado de baja, tuve que ir a las doce del mediodía al campo de tiro a ver cómo no se llevaba a cabo una chapuza imposible de llevar a cabo, en tales casos me doy de baja por enfermo, y esta vez por dolor de muelas, con lo cual me he ahorrado una marcha nocturna y dos horas de instrucción. Hoy, por desgracia, tendré que darme otra vez de alta. Y mientras tanto me voy de paseo cuando me da la gana: Berlín es grande, y en nuestra compañía solo hay tres oficiales que me conozcan, así que lo más probable es que no me los cruce, y lo único que podría pasar es que me mandaran al cirujano de la compañía, pero eso va para largo, y como mucho, si no me encontrara en casa, me llevaría una bronca. Et soll wol egal sein!

Parece que tienes un talento enorme para hacer amistades. ¡Lleva la niña cuatro semanas en Bonn y ya me conoce de nombre a media universidad, y ya se ha agenciado un interesante estudiante cojo que se la cruza seis veces al día! ¡El interesante estudiante cojo de las gafas y la barba rubia! ¡Seguro que le destrozaron las piernas de un tiro en un duelo! ¿Por qué irá siempre cojeando por el camino? ¿Cojea de manera interesante, o corriente, como los demás cojos? ¿De qué pie cojea, del derecho o de los dos? ¿No llevará un sombrero con una pluma roja de gallo? ¿No será el diable boiteux?4 Me gustaría saber más del interesante, cojo, barbudo, engafado estudiante de mirada aguda.

¿Has seguido en Ostende con lo de hacer amistades? ¿No habrá allí también un interesante flamenco cojitranco que se te cruza seis veces al día en la playa? Ojo con eso.

Del convento salí por fin, dichosa, y puedo moverme libremente, puedo volver a charlar y a reír, ¡y hasta asomarme a la ventana!

¡Ay, qué triste, cuando en el convento, acechada por dueñas5 por todas partes, me pasaba el día trabajando, encerrada y emparedada!

Cantando oía a menudo pasar por fuera a los de Heidelberg,6 y yo no podía asomarme a la ventana, ni ver a los estudiantes calaveras.

Libre soy y quiero gozar de mi libertad recién ganada. ¡Quiero vida verde y fresca después de tanta gris monotonía!

¡Arriba! Quiero ponerme sin tardanza los vestidos nuevos y trasladarme a la más alegre de las universidades.

¡Poppelsdorf y Königswinter! ¡Rolandseck y Drachenfels!7 ¡Asombraos del fuego de mis ojos, asombraos del esmalte de mis dientes!

Y apuesto a que, por muchos que seáis, compañeros de todas las facultades, en ocho días a lo sumo sabréis todos dónde vivimos.

Tú, posadero Stamm, danos las gracias por habernos hospedado en tu casa, porque desde entonces tienes el jardín lleno de estudiantes sin cuento empinando el codo.

¡Y no digamos en el paseo, qué multitudes me rondan, mientras las hijas de los profesores se consumen solas y sin compañía!

¡Mirad la cola de estudiantes calaveras que me cuelga del dedo meñique, el conde d’Alviella, Von Szepanski,8 todos valientes vaciabotellas!

El señor von Diest,9 el muy enamoradizo, me sirve fielmente de recadero, Bunsen me divierte cantando, y si bailo, ¡Chapeau me hace de flautista!

Solo una cosa me ronda la cabeza: que cuando voy lejos del enjambre, siempre veo a un guapo estudiante cojo.

Todos los demás están ocupados, me han prestado sus servicios, pero ¿qué hago yo con ese cojo guapo e interesante?

* * *

Ahora quiero cambiar mi Bonn por la playa llana del mar del Norte; en vez de canciones de estudiantes, oigo ahora el rumor de la resaca del mar.

Entre belgas y franceses me paseo por la playa; como en el convento, tengo que conversar en francés.

También se me ha formado una cola que me sigue por el paseo, que me sigue hasta el mar, cuando por las mañanas voy a bañarme.

Por lo demás, todo es como en Bonn, y no me puedo quejar en absoluto: la comida y el alojamiento son buenos, y hasta el patrón se puede aguantar.

Solo me falta una cosa: entre todos los que han venido hasta ahora a los baños, no encuentro, ¡ay de mí, pobrecita!, ni un solo cojo interesante.

¿Verdad que esto te sale derechito del alma? Te lo voy a poner en música, para que puedas cantarlo. Pero la composición no la tendrás hasta que me contestes la próxima carta, porque con un regalo tan generoso te malcriaría sin duda. Y es que tengo otras cosas que hacer que andar cantándote todo el rato; eso solo se puede permitir como premio a una carta extraordinariamente larga.

Tienes que procurar aprender en Ostende la Vlaemsche o Nederduitsche Taal;10 es una lengua muy tosca, pero tiene sus ventajas y desde luego es muy cómica. Si todavía sabes bajo alemán, tienes que entender el flamenco más o menos.

Yo también tengo ahora un perro, que me dio August Bredt, de Barmen, cuando se marchó de aquí. Es un perro codornicero joven y bonito, mucho más grande que la noble Mira y loco de remate. Destaca por un gran talento para la juerga: por las noches, cuando ceno en una fonda, siempre se sienta a mi lado y se hace dar su parte o se convida en todas las mesas. También destaca por un collar totalmente invisible. Nada de maravilla, pero está demasiado chiflado para aprender trucos. Uno sí le he enseñado: cuando le digo «Sinnombre (así se llama), ese es un aristócrata», se pone furioso sin límites contra el que le señalo y gruñe de un modo espantoso.

Mientras que, según todas las apariencias, este año dará un vino del Rin excelente, el de Grünberg11 ha salido vergonzosamente malo. ¿Conoces el de Grünberg? El de Grünberg es un vino de la Lusacia, crece solo en la arena y nunca da buenas uvas, salvo en un año muy húmedo; cuando las bayas han pasado de la dureza de la piedra a la de la madera, es decir, cuando se las puede cortar con un cuchillo, están maduras. Se prensan con una máquina de vapor, y se calcula que para prensar cien uvas bastan unos doce caballos de fuerza en una hora. El mejor de Grünberg es la cosecha del año 40. No se puede guardar en toneles, porque se come la madera; para saber si es bueno, hay que comerse una docena de alfileres y luego beberse un vaso de Grünberg, y si a los cinco minutos los alfileres no se han disuelto y desaparecido, el vino no vale nada. Es un vino muy persistente, porque si uno bebe un trago tiene la garganta en carne viva cuatro semanas. Tiene un buqué muy fino, de modo que solo los entendidos saben distinguir su olor del del vinagre. Lo que más se le parece de sabor a esta noble bebida es una mezcla de agua fuerte y vinagre de vino. Por lo demás, ya tienes bastante; todavía tengo que escribir a madre. Adiós

Tu hermano Friedrich.

Berlín, 8 de agosto del 42.

  1. Para ahorrar papel y franqueo, se escribía a veces una página en un sentido y luego otra vez encima, en perpendicular. ↩

  2. Hermann Engels (1822-1905), hermano de Friedrich y de Marie. ↩

  3. En dialecto renano: «eso dará igual». ↩

  4. «El diablo cojuelo»: Le Diable boiteux (1707), la novela de Lesage inspirada en El diablo cojuelo de Vélez de Guevara. ↩

  5. Duennen: las dueñas españolas, las señoras que guardaban a las jóvenes. ↩

  6. Los estudiantes de la Universidad de Heidelberg, cerca de Mannheim. ↩

  7. Lugares de excursión en los alrededores de Bonn: Poppelsdorf, con su palacio; Königswinter y el Drachenfels, en el Siebengebirge; Rolandseck, en la orilla izquierda del Rin. ↩

  8. Gustav von Szczepansky, estudiante de filología en Bonn de 1839 a 1842, miembro de la corporación Palatia y autor de unos Bonner Skizzen (1839-42) publicados en 1892-1893. ↩

  9. Otto von Diest, berlinés, estudió derecho en Bonn en 1841-1842. ↩

  10. «La lengua flamenca o bajoalemana», en neerlandés. ↩

  11. Grüneberger: el vino de Grünberg, en Silesia (hoy Zielona Góra, en Polonia), proverbial en Alemania por su acidez. ↩